Wednesday, February 18, 2015

Las calles, ni de Fidel ni de Berta

“¡Abajo los traidores!”, “¡Que se vaya!”, “¡No queremos escucharla!”, corea enardecido un grupo de unas activistas del más conocido grupo opositor contra el castrismo “Damas de Blanco”. En el mismo lugar donde tantas veces se han gritados esas ¿consignas? ahora se repiten. No son los grupos de “respuesta rápida” de la policía política cubana, no es el “pueblo enardecido” sin las polainas verde olivo, no son los pioneros arrastrados a una de las tantas bochornosas jornadas de fusilamiento mediático a la disidencia.
No hay tarima ni músicos, ni cordón policial ni vecinos “curiosos”. No está “Fela” la de “Vigilancia”, tampoco los viejos militantes de la cuadra, ni el represor con su equipo de comunicación que ya ni se avergüenza de disimular. Tampoco el seguroso con la cámara fotográfica, ni el “periodista” de “Granma” que nunca publicará la nota. Ni policías, ni guardias, ni militantes juveniles, ni la comparsa divina de la Gestapo tropical.
¡No son ellos!
Son solo mujeres vestidas de blanco. Es la disidencia misma, ¿o es otra?
Los improperios van dirigidos a Alejandrina García de la Riva, quien permanece en una esquina de la sala de la vivienda tratando infructuosamente de hacerse escuchar, pero no la dejan hablar, el coro repite lo mismo que 30 años atrás algunos gritaron frente a la embajada de Perú: “Que se vaya”.
Solos unas pocas de las mujeres tratan de que Alejandrina sea escuchada, que su voz sea permitida en esta hoguera inasible de rencor, intransigencia y brutalidad. Una de ellas es la hija de Laura Pollan, la fundadora del movimiento.
Pero nadie escucha, los gritos se repiten como en aquellas jornadas que ese mismo movimiento vivió tantas veces con Laura, en esa misma calle, frente a esa misma casa.
Trato de encontrar una justificación a este bochornoso acto. Trato de encontrar una respuesta al intelecto que cuestiona estos gritos y estas frases trilladas de repertorio castrista.
Pero no es posible, no puede serlo. Un movimiento que reclama democracia debe vivir en el espíritu de la democracia, aun cuando alguien aparezca como “traidor” o como agente del enemigo, o con alguna diferencia con la línea general del movimiento.
Los cubanos hemos vivido en una sociedad donde la intolerancia se hizo cotidiana, permeó cada uno de los estamentos sociales del país. Se nos hizo tan cotidiano que a veces ya ni nos importa la aparición cotidiana de esas señales imperceptibles de que ocurrirá otra vez, alguna otra vez. Vivimos en cualquier latitud y aun nos persigue ese microbio oculto de la intolerancia, se nos ha metido en la piel, lo arrastramos si percibir apenas que aún subsiste.
La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado”, dijo Gustave Le Bon. Sicólogo francés, físico aficionado y sociólogo. Le Bon fue uno de los grandes difusores de las teorías del inconsciente en un momento crítico para la formación de nuevas teorías sobre la acción social. Autor de numerosos trabajos sobre los rasgos nacionales, la superioridad racial, el comportamiento y la sicología de las masas.
Tantas veces se ha acudido a Le Bon para explicar el fascismo y el nazismo. Tantas veces se acude a él, y se acudió, para comprender qué ocurrió cuando Hitler con Alemania y los alemanes, qué ocurrió con Italia y los italianos en los días de Mussolini.
“Por el simple hecho de ser parte de la multitud, los individuos pierden todo sentido de sí mismos y todo sentido de la responsabilidad. Sin embargo, y al mismo tiempo, adquieren un sentimiento de poder invencible debido a sus cantidad”, decía Le Bon.
Aquellos movimientos políticos, aquellas sociedades totalitarias de los 40 parecen darle la razón. Solo parecen, es difícil asegurarlo categóricamente.
Por su parte, Stanley Milgram aportó la imagen de que la psicología social en el siglo XIX revela una importante lección: a menudo no es tanto el tipo de persona, es decir no es tan decisiva la personalidad del sujeto como el tipo de situación en la que se encuentra a sí mismo, lo que determina cómo va actuar.
Milgram creía que la obediencia ciega en la autoridad, la impulsividad o el social aislamiento eran factores claves y decisivos. Me pregunto cuál de estos factores pudo “funcionar” en el “acto de repudio” contra Alejandrina, ¿el social aislamiento?
La sicología de las masas fue particularmente “estudiada” por la escuela ortodoxa del sicoanálisis, y especialmente por la figura cumbre de ese movimiento, Sigmund Freud. En esa línea de defensa  un  polémico escritor, Wilhelm Reich, sociólogo, psicoanalista y comunista austriaco vio la llegada de Hitler al poder en Alemania en 1933.
Y en ese año escribió su obra “La psicología de masas del fascismo” para tratar de dar una respuesta a la pregunta que en ese momento se hacía toda la izquierda europea: ¿cómo es posible que millones de trabajadores alemanes, el movimiento obrero más grande y mejor organizado de Europa, no impidieran e incluso apoyaran al fascismo a pesar de tratarse de una ideología reaccionaria que trabajaba en contra de sus intereses como clase social?
Les dejo la lectura del “ladrillo intelectual” del señor Reich como tarea para la casa. Lo he leído y me hizo abordar con premura la obra de Catherine Meyer “El libro negro del sicoanálisis”, se los recomiendo a todos como vacuna contra los sofismas de Freud y de la escuela sicoanalista.
Lo que quiero decir con todo esto es que he tratado de comprender con calma qué ocurrió ese día en la sede del movimiento de “Damas de Blanco” con el acto de repudio miserable. ¿Qué funcionó mal? O para decirlo como debe ser, ¿qué funciona mal?
Desde hace algún tiempo creo que el movimiento de las “Damas de Blanco” sufre un colapso. Lo sufre por dos motivos. El primero de todos es el objetivo de esa agrupación, su razón de ser.
Surgieron a raíz de la “Primavera Negra” para luchar por la libertad de sus familiares. Era el tiempo en que los familiares debían organizarse para defender a sus seres queridos en prisión. Las “Damas” surgieron en el acontecer de esos sucesos y solo con aquel estrecho objetivo: luchar por la libertad de hermanos, esposos y seres queridos.
Terminada aquella etapa, el movimiento no supo enrumbar su destino. Y lo peor, perdió su verdadero líder, Laura Pollan.
Las “Damas” debieron redefinir su lucha, abrirse a la población, incorporar nuevos miembros, re-enfocarse – es mi opinión – a la mujer cubana. Servirle como movimiento auténtico a los reclamos sociales y políticos de las cubanas. Dejar de ser un “club selecto” y ampliar su base. Y, sobre todo, crear un movimiento de nuevo tipo, democrático, transparente, colectivo, donde la voz de todos se oyera, con respeto.
En vez de hacer eso lo que hicieron fue enquistarse.
Se puede comprender que en una sociedad como la cubana, y en un movimiento opositor, la seguridad del estado intentaría introducir sus agentes de influencia. La oportunidad de hacerlo en una asociación abierta, en permanente crecimiento, sería mucho más fácil. Se entiende, y es cierto.
Pero la realidad es que todos estos movimientos opositores siempre han tenido agentes de influencia en sus miembros, y la oposición cubana tiene que acabar de comprender que tiene que convivir con eso y continuar. Tienen que crecer, acercarse al país, dejar de estar mirando al extranjero, a Congresos y Senados foráneos, a legisladores en bancas norteamericanas, a prensa extranjera y acercarse a los que son su objetivo común: el pueblo de Cuba.
La seguridad del estado siempre intentara entorpecer sus acciones, introducirá sus gérmenes corruptos, tratara de diluir la organización, crear el caos. Ocurrió cuando Laura Pollan vivía, con el caso Serpa, hoy mismo ocurre con Soler al frente.
¿Quiénes son los “enemigos”? ¿El pueblo que se incorpore o el propio movimiento que no quiere abrir sus puertas por temor a los agentes de influencia?
Son los dos.
Al cerrarse el grupo pierde representatividad, y pierde influencia, que es lo más peligroso y lo que debería ser el objetivo de un movimiento como el de las “Damas de Blanco”.
Todas las agrupaciones opositoras padecen del mismo mal: vida micro-social opositora en un país que necesita ser cambiado desde la base. Y en ese estadio acuden presurosos a exigir a un gobierno extranjero que no establezca relaciones con la dictadura, ¿con qué derecho se lo han ganado? ¿Cómo pueden pensar que un gobierno foráneo los va a tener en cuenta si no tienen peso político dentro de la vida social del país?
Son estas preguntas las que debieron conducir a las “Damas de Blanco” a crear un movimiento mayor y a comenzar a influir en Cuba, dentro de Cuba. Tuvieron el privilegio de ser las primeras en tomar la calle y demostrar que se podía salir, pacíficamente, y exigir sus derechos. Y tuvieron entonces la oportunidad de abrir esas puertas y hacerse más presente. A medida de que crescan, además, serán más difíciles de reprimir y detener, se volverán un factor de cambio a tener en cuenta, precisamente, por esos gobiernos extranjeros a los que le cuestionan sus cambios de política.
El otro motivo del colapso es el liderazgo.
Para gran desgracia de las “Damas” se perdió la presencia física de una mujer como Laura Pollan, pedagoga, personalidad que impuso un estilo, una coherencia y una estatura intelectual que hoy Berta Soler ha demostrado no poseer.
Algunos cubanos piensan que lo ocurrido con el video sobre el bochornoso “acto de repudio” es una conspiración silenciosa de la seguridad cubana. Condenan al “mensajero” olvidándose de condenar, o haciéndolo con tibieza, la acción bochornosa de Soler y las “Damas de Repudio”.
Pienso que la existencia del video y su publicidad es saludable y beneficiosa para el grupo, para que el grupo acabe de enrumbarse en la línea correcta, para que aparezca una organización totalmente transparente, para que se acabe de estructurar un movimiento verdaderamente democrático, que no responda a un líder sino a una dirección colectiva, y donde acciones como las que se ven en el video no suceden. Las diferencias siempre existirán, lo correcto es enfrentarlas como deben serlo, con tolerancia, y escuchando a cada parte con respeto.
Alejandrina no es el enemigo de las “Damas”, no es un agente de la seguridad como lo fue Serpa, y sus cuestionamientos deben ser oídos por todas y respondidos con serenidad y altura intelectual por Berta, si puede.
Pero nada de esto lo ha tenido esa agrupación, ni aun cuando Laura vivía. Pero entonces la personalidad coherente de Pollan, su tolerancia y su misma forma de ser por su pasado de pedagoga garantizaba una cohesión y una ecuanimidad que ya hoy el movimiento no posee.
Las “Damas de Blanco” han enfrentado en recientes meses dos momentos de crisis, y los dos momentos han sido por la forma en que su dirección, y especialmente Berta Soler, ha enfrentado la subsistencia de ese movimiento.
La primera reacción de Berta sobre el acto contra Alejandrina fue de minimizar y obviar lo ocurrido, ahora condena al “mensajero” como agente de la G2 cubana y sigue menospreciando el alcance de lo sucedido, lo cual demuestra no solo su intolerancia sino también que ha llegado a su límite intelectual como líder de un grupo diverso de mujeres, y también su tozudez al no acabar de comprender el grave peligro por el que transcurre la organización.
Para que las “Damas” subsistan y puedan crecer y continuar con su labor Berta Soler debe abandonar el liderazgo del movimiento. Fue ella la que debía haber intervenido, y no la hija de Pollan, ante el “repudio” de aquellas treinta, por ser la líder, la persona que debía recordarles a todas que ese era un movimiento cívico por la Democracia, y democrático.
En cambio, actuó como pieza de engranaje del repudio.
¿De qué vale hoy acusar al “mensajero” del video? ¿Acaso es miembro de la policía política? ¿Es esto una maniobra para destruir a Berta Soler y a las “Damas”? ¿Algunas de esas treinta son agentes de influencia?
Todo es posible, pero nada de eso es de vital importancia en este momento. Lo importante, tuvo que serlo en aquel momento, era que ese acto nunca debió de existir en un grupo cuyo reclamo ha sido la Democracia – en mayúsculas – en Cuba.
Es vergonzoso ver las imágenes de cacareado video. Ver como un grupo de mujeres de un grupo que lucha por la democracia se comporta con la misma intolerancia y desfachatez de la contra-democracia castrista.
Haya sido una provocación, haya sido una maniobra, o haya sido haya sido – cualesquiera sean las supuestas conspiraciones de cualquier lado – el suceso debió de servirle a su líder para demostrar su estatura, crecerse y detener a tiempo lo ocurrido, y con autoridad, no a base de gritos, si no a base de comprensión, entendimiento y serenidad.
No lo demostró. ¡Fin de la historia!
Convoquen un pleno, elijan una nueva dirección, estructuren el movimiento para que no vuelva a ocurrir el bochorno, re-escriban las bases, los reglamentos, re-dirijan hacia las cubanas la agrupación, incorpórelas, abran la base, conviértanse en la verdadera federación de mujeres por la democracia.
Les regalo el nombre.
Una cosa es clara. La calle no es de Fidel, pero tampoco lo es de Berta. Es de todos.
Nota al Editorial del “Diario de Cuba”
En el día de hoy apareció un patético editorial en el “Diario de Cuba” sobre los últimos “sucesos” de las “Damas de Blanco”. Invita a los medrar con el secretismo, la clandestinidad de una organización que nació pública y que siempre confesó ser transparente, que incluso declaró en voz de sus dirigentes que recibía ayuda financiera del exilio, sin ocultarlo.
Ah, y para que no se me olvide, manda a silenciar a los exiliados, porque ese movimiento solo debe mirarse a sí mismo. Nadie más tiene derecho a opinar ni a decir una palabra.
Para decirlo de una vez y por todas, muy mal estamos si tratamos de desplomar una dictadura que se ha caracterizado por el clandestinaje, el secretismo y la intolerancia con organizaciones que tienen los mismos postulados, usan las mismas herramientas y colindan con las mismas faltas.
Hasta donde sabemos, las “Damas de Blanco” surgieron como una organización pública, sin secretismos y que siempre vocalizó su transparencia. Hoy, al parecer, se quiere que renuncie a ello o, quizás, ya ha renunciado.
Pobre favor se hace a sí misma si, queriendo enmendar viejos entuertos, utilizan los mismos procedimientos corroídos del pasado con que los que hoy están en el poder alimentaron aquellas clandestinas organizaciones contra Batista.
¿Es eso lo que sugiere el “Diario de Cuba”?
Y, si los exiliados no tenemos derecho a opinar sobre lo que ocurre en Cuba, venga de enemigos o de supuestos amigos, ¿para qué entonces se pretende cambiar el régimen?
¡Patético!

1 comments:

Simon-Jose said...

Totalmente de acuerdo.

Un fuerte abrazo,
Simón José.