Sunday, February 15, 2015

La cuerda floja de Leonardo Padura

Fue Gramsci quien, sin lugar a dudas, reconoció los primeros signos de agotamiento del “socialismo real” como sistema y se propuso redimensionar la teoría marxista a los nuevos tiempos. Surgió así el marxismo cultural como caballo de Troya a las democracias occidentales. Es, tal vez, bajo esa óptica que “podemos” – esa palabra tan de moda en España – explicarnos la aparición de los gobiernos populistas en América, y del surgimiento de su transacción comercial en España, el chavismo Plattista de “Podemos”.
Según el neo-marxista italiano “el grupo social emergente, que lucha por conquistar la hegemonía política, tiende a conquistar la propia ideología intelectual tradicional mientras, al mismo tiempo, forma sus propios intelectuales orgánicos”. Creando lo que Gramsci llamó “el intelectual orgánico”.
“La organicidad del intelectual se mide”, según Gramsci, “con la mayor o menor conexión que mantiene con el grupo social al cual se refiere: ellos operan, tanto en la sociedad civil  que en la sociedad política o estado, donde se ejercita el dominio directo o de mando que se expresa en el Estado y en el gobierno jurídico”.
No me deja de llamar la atención la “autenticidad” de las afirmaciones filosóficas neo-marxistas de Gramsci en el contexto social cubano. Hay un rasgo, sin embargo, que el italiano olvidó insertar “orgánicamente”, o tal vez ¿soñador irremediable él?, no pudo dejar escapar su idilio de fantasía con las futuras generaciones de conversos al Marx contemporáneo, el oportunismo de clase de algunos intelectuales.
O sin clase.
Es en este contexto en que se inserta una parte de la intelectualidad cubana, especialmente de esa que medra con el sistema mientras se orilla convenientemente con una disidencia leal. Los dos casos típicos de esta marca los tenemos en Wendy Guerra y Leonardo Padura.
Wendy ya, en algún post desgranado por ahí, mencionó la “imposibilidad” de escribir sobre Cuba si no se vive en Cuba. No sé si es la desmemoria intelectual, o la conveniencia de esa desmemoria la que hizo accidentarla en un olvido voluntario.
No se entiende que la escritora ¿disidente? olvide que, por ejemplo, Ibsen describiera como nadie Noruega sentado en un buró en la florida Italia. O que el Dublín irlandés de James Joyce deslumbrara desde uno de Paris. Ah, casualmente Willa Carter describió con inigualable brillantez las praderas desde el vecindario moderno de su apartamento en Nueva York, o que Mark Twain escribiera “Huckleberry Finn” desde Hartford, Connecticut. Muy desafortunadamente, para Wendy y alguna que otra compañía, los académicos han aprendido recientemente, y con desmayo, de que Walt Whitman raramente abandonó su habitación y nunca presenció la caída de las espumosas aguas de las Cataratas del Niágara.
Y, sin embargo, ¿quién mejor que Whitman para trasponer a la poesía el Niágara?
Como ellos Martí escribió sus páginas más preclaras desde los Estados Unidos, o un oficioso como Carpentier engendró el nuevo realismo mágico desde su apartamento con vista al Sena en Paris. Y así, la lista de artistas cubanos puede escalofriar a muchos, y ser olvidada por la señora Wendy.
Estos escritores, de alguna forma vaga, sin comprometerse a dar nombres para no tropezar entre los pies de lodo de la controversia de iguales, tratan de justificar su presencia física en la geografía política de la dictadura, navegar con las leyes no escritas de la sobrevivencia artística, no llamar demasiado la atención del ojo represor y nadar entre las aguas venturosas del éxito, una supuesta disidencia intelectual pero con una castidad medrosa con el poder político imperante.
Un caso más “afilado”, sin embargo, lo tenemos en Padura, quien acaba de publicar un artículo en primera plana en el diario español “El País” sobre “el sueño de una noche de…” invierno de Netflix en Cuba.
No se explica cómo un intelectual puede calificar el anuncio de Netflix como “la novedad más significativa dentro del nuevo panorama político abierto para los dos gobiernos”, los Estados Unidos y Cuba.
¿Es que Netflix es mas importante que las nuevas medidas aperturistas del gobierno de Obama sobre el comercio, o las propuestas de leyes para derogar el embargo, o los anuncios desesperados de agricultores norteamericanos, senadores y congresistas de viajar a Cuba, las noticias sobre las compañías de viaje de establecer vuelos regulares a La Habana?
¿O es que el tema de Netflix tiene menos espinas políticas que todo lo demás?
Después de todo, la cultura artística norteamericana hace mucho tiempo navega el mercado oficial cubano y es, curiosamente, la derogación del embargo lo que podría poner en peligro la desaparición de esa cultura audiovisual en Cuba, ya que impondría el regular pago por la difusión de esos materiales en el país.
Pero no es aquí donde Padura navega por la cuerda floja. Hay un párrafo en su escrito que ilustra a las claras como un “intelectual orgánico”, para usar la calificación Gramsciana, navega con suerte por medios occidentales sin molestar demasiado al poder. Lo desgraciado de esta posición de saltimbanqui es que, a pesar de congraciarse convenientemente, estos terminan inevitablemente doliéndole al sistema, de algún modo.
Dice Padura:
“No es un secreto que en Cuba la difusión de la información es asunto de Estado. Los medios de comunicación son dirigidos por diferentes instancias oficiales, que responden a la línea política del gobierno. Y la televisión, por su gran impacto y capacidad de penetración, siempre ha tenido una especial atención en cuanto a los contenidos que se difunden desde sus canales y programas.”
Nótese que elude, rigurosamente, los términos “censura”, “control” y “manipulación”.
Camina por una soga, calculando atentamente qué palabras colocar al pisar, qué vocablos y giros emplear: “la información es asunto de Estado” – no “es manipulada por” – , “los medios de comunicación son dirigidos” – no “controlados” –, “la televisión… siempre ha tenido una especial atención” – no “ha estado bajo censura” –, etc.
Aunque pueda parecer un rompecabezas, no es lo mismo decir “dirigir” que “controlar”. La primera es un término mas “débil”, “responsable”, mientras que “controlada” es un término “enemigo”, difícil de justificar ante un guardián tan celoso como el Estado cubano, con el cual rinde duelo de vocablos el señor Padura.
Lo curioso de todo esto es, sin embargo, que lo que más se critica en Europa, la invasión de la cultura audiovisual norteamericana, no es lo que le preocupa a Padura, y debería serlo. Agrega una pequeña píldora sobre el estado de las producciones nacionales, pero solo una gota en ese paladar azucarado en la que no se apura en agregar  que “la calidad de la oferta televisiva cubana puede estar entre las más altas del mundo”.
Es decir, que la propuesta oficial de dirección estatal y especial atención del régimen puede producir una oferta televisiva de mayor calidad que la de cualquier país occidental de Europa. Todo esto obviando lo que es evidente, la censura a la que esa televisión y el producto cultural cubano obtiene en esa oferta estatal.
Es claro que de esta forma “podemos” tener a un escritor como Padura saliendo y entrando en Cuba, viajando y sobreviviendo en la geografía política castrense cubana, mientras que un intelectual y también escritor cubano como Angel Santiesteban, inconveniente, es atrapado en el entresijo de la manipulación judicial y solo puede viajar de cárcel en cárcel, entrando y saliendo en su prisión de Guardafronteras en Jaimanitas y en Villa Marista, la mazmorra oficial de la policía política cubana.
Esta suerte de cuerda floja en que la actual intelectualidad cubana hace maromas es la que permite que, escritores de real talento artístico, pero poca escrupulosidad espiritual, como Wendy Guerra y Leonardo Padura, sobrevivan en las páginas de nuestro “1984” caribeño o entre las praderas del “Nosotros” cubano, de un Zamyatin anónimo tropical.
Ovejas con un diente de lobo, jugando ese circense malabarismo intelectual sobre una cuerda floja para sobrevivir en cualquier terreno político y en cualquier época, con cualquier gobierno, con cualquier nombre oficial en el trono político.

0 comments: