Tuesday, February 24, 2015

Ferguson y Táchira

Dos lugares lejanos geográficamente, y también en su contexto social. Acaban de asesinar, con total impunidad y sancionado por la presidencia de Venezuela, a un niño de 14 años, Kluiberth Roa, que intentaba ayudar a un joven herido, luego de una jornada de protesta en esa zona turbulenta de Venezuela.
Bueno, toda Venezuela hace ya un año que vive en una constante turbulencia social.
Como consecuencia del asesinato un policía está supuestamente detenido, se trata de Javier Mora Ortiz. No se puede entender el uso de la fuerza desmedida contra adolescentes. En realidad, nunca se puede comprender el uso excesivo de la fuerza contra un ser humano, sea quien sea. Pero no se entiende la violencia policial en Venezuela si no se interpreta como el sucedáneo de la violencia política que el chavismo ha generado en todos los estamentos sociales y políticos.
¿No se agredió a legisladores venezolanos en el mismo órgano parlamentario de Venezuela, ante los ojos de todos?
¿No se agredió salvajemente, y con la venia de su presidente, en el parlamento, a Maria Corina y otros miembros de la oposición, solo por emitir su opinión?
Lo que sucede en las calles es el reflejo de lo que ocurre en los órganos legislativos y políticos del país. La violencia genera violencia. Las salvajadas contra la bancada opositora en Venezuela desde los estamentos, supuestamente “democráticos”, deja las manos inmunes a las salvajadas de represores, fuerzas paramilitares del chavismo y agentes del (des)orden público.
La policía política chavista, el SEBIN, reflejo de lo que en Cuba es el G2 con más recursos financieros y también más desvergüenza, actúa como la mano oficial del gobierno para destruir la oposición: encarcelando alcaldes opositores, asaltando oficinas de legisladores parlamentarios sin orden judicial, sin ningún documento en mano y sin dejar que el “acusado” pueda emitir la menor de las protestas o preguntas, un derecho sancionado en todo el mundo... menos en estos lugares, se sobreentiende.
Es el más fiel reflejo del neo-fascismo chavista, o quizás, para situarlo en la bancada que le corresponde, el más fiel reflejo del neo-comunismo stalinista.
La muerte de Kluiberth Roa es la primera después que el presidente de la república de Venezuela diera bandera libre al asesinato legal, en manos de la policía, o de cualquier grupo represor, de los ciudadanos que intenten ejercer su derecho a la protesta.
¿Y hablan de la CIA, Guantánamo e Irak? ¡Mírense el rostro en su propio espejo!
No se puede alegar aquí que ese niño ejercía ninguna violencia, solo ayudaba a un herido e intentó esconderse detrás de un auto para guarecerse cuando llegó la policía. Pero la impunidad en nombre de la máxima representación legal del país le dio los ¿cojones? que le faltaban a este miserable, que dice defender las leyes del orden… violando la vida humana de un niño.
Pero no es Javier Mora Ortiz el único asesino aquí. Lo es también el señor Maduro, y la ministra de "relaciones interiores", y el jefe de las fuerzas represivas en el Táchira, y todos y cada uno de los venezolanos que se olvidan que la vida no puede ser segada por un partido político, una ideología, la negación del elemental derecho a vivir y ejercer la opinión soberana. No se puede justificar un asesinato con memorias, hechos de la historia, similitudes y comparaciones.
Cada crimen es un crimen, sin apellidos y apelaciones.
¿Y en Ferguson?, me lo pregunto.
En Ferguson mataron a un hombre negro, que había asaltado una tienda al menudeo minutos antes. Intentó amedrentar a un policía, no se detuvo ante sus palabras  lo que lo generó que ese policia ejerciera su violencia en contra de ese joven negro. Usó ese agente del orden una fuerza extrema, hay que decirlo, aunque se alegue que el joven se resistió o realizó algún movimiento violento en su contra. No fue un disparo, fueron muchos.
Así se destapó la ola de protestas en los Estados Unidos que se extendió a Nueva York y otras regiones, y que toda la prensa del mundo reflejó, incluida la venezolana, la chavista y la castrista, en la isla que sirve de motor impulsor del chavismo-madurismo, esta putrefacta relación narcolépsica “socialista”. Se hizo las “pascuas” con los hechos de Ferguson, en los Estados Unidos. La propaganda de Telesur y la prensa castrista no dejaron de relamerse sus oportunos relamidos dientes con los sucesos.
¿Sucederá así hoy con lo del Táchira?
Por supuesto, Ferguson y Táchira reflejan dos realidades completamente diferentes, y también dos conflictos totalmente distintos. Y la actuación de las autoridades también difiere. Hay una diferencia enorme entre una protesta cívica contra un gobierno que ha instalado un poder injusto en Venezuela, con las protestas por una acción desmedida en una zona socialmente pobre en los Estados Unidos, donde la población es mayoritariamente negra y hay una incidencia alta de problemas sociales y delictivos.
Pero en los Estados Unidos no se promueve la violencia y el asesinato desde las bancadas legislativas, como lo ha hecho el presidente y el parlamento de Venezuela. En el Congreso americano el presidente de esa cámara no se rie con desvergüenza de la golpiza a algunos de sus oponentes, ni aplaude, ni llama con epítetos bochornosos en un legislador a una mujer agredida, delante de hombres y mujeres.
¿Hombres?
Y es natural que no ocurra ni intenten hacerlo. Una acción de ese tipo desestabiliza un país y genera esa ola de violencia que crece como bola de nieve sin parar en el sur, en el seno del chavismo.
Y es lo que ocurre en Venezuela, y que se refleja en sus calles, en las cárceles, en los estamentos oficiales, la policía, los cuerpos represivos que constantemente disparan, gasean y golpean sobre bases diarias a los que protestan. Cierran periódicos críticos, acusan de salvajadas irrisorias a caricaturistas, agreden a periodistas, inventan los treplemil “golpes de estado”… que no existen.
El poder judicial, el legislativo y la presidencia viven en una nube de acusaciones sin pruebas que poder enseñar a cambio. ¿Qué cosa es eso?
Violencia. Impunidad. Coerción. Y amenaza legal bajo un supuesto estado de “derecho”… que ya hace tiempo dejó de existir.
Acudo a Ferguson en estos momentos no porque sea un hecho de violencia policial que coincide con lo ocurrido en el Táchira, si no porque aquel suceso generó la mediática noticia que la prensa chavista y castrista usó para incriminar la injusticia en el “imperio”. No se cansaron de repetirlo, no se cansaron de mostrarlo en diarios, televisoras y agencias de noticias. ¿Ocurrirá lo mismo con la muerte de Kluiberth Roa?
Lo dudo.
La reacción veloz de la ministra de "relaciones interiores" con respecto al policía que, supuestamente, ejecutó la orden presidencial es la señal clara de que la conciencia les pesa y de que el nerviosismo cunde en las esferas del poder chavista. Y la razón es evidente: fueron ellos los primeros que dieron el “click” al arma de Mora Ortiz, son ellos los responsables de que estas muertes, las violaciones de la legalidad, el chavismo motorizado y las bandas de delincuentes oficiales impongan el terror ordenado en Venezuela.
Yo no puedo valorar cuánto de inhumanidad, o cuánto de ignorancia, existe en estos que, disfrazados con escudos, bastones para golpear, con armas largas, balas de plástico o de metal, motorizados o a pie, ejercen la represión. Me repugna la violencia y los que viven de ella.
No creo en la integridad espiritual de los que hacen de esa profesión un modo de vivir, o sobrevivir, sostener una familia y cruzar este mundo hasta su final. Mueren con la conciencia oscura de los indignos. Ese niño de catorce años no tenía ninguna arma en la mano, no representaba ninguna amenaza evidente al que cortó su vida, no ejerció ninguna resistencia contra esa fuerza policial que abandonó el lugar huyendo, como lo hacen los delincuentes, los forajidos, la delincuencia ilegal que ampara el gobierno chavista. Habrá hasta algunos cínicos que digan que "estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado". Pero de esos ya se sabe que solo se habla cuando se escupe en la historia y en la sociedad humana.
¿Es esa la forma “socialista” de actuar de los órganos del orden venezolanos? ¿Es así como se sostiene una “democracia” o como se “construye” el socialismo y se defiende el “poder” del pueblo?
¿Es matar, bajo cualquier circunstancia, una opción de derecho?
No lo es.
La ministra de "relaciones interiores" podrá ahora acudir a cuanto sofisma y engaño para palabrear mentiras, y actúa veloz no por justicia, ni tampoco por ser la representante del mantenimiento de la paz y la tranquilidad ciudadana. Lo hace porque sabe, conoce muy bien en su tuétano de desvergüenza,  que lo sucedido es la consecuencia de la ilegalidad de la orden presidencial de disparar a los civiles.
En Venezuela hoy no se hace justicia, se impone una ley marcial de manera silenciosa. Lo demuestran el accionar de los órganos judiciales, el encierro de Leopoldo López, el secuestro del alcalde Ledezma, el desaforamiento ilegal de María Corina Machado, y tantas otras acciones que demuestran que la constitucionalidad venezolana dejó de existir, o no existió desde hace tiempo.
¿Hablarán del crimen del Táchira en Cuba? ¿O lo culparán al “intervencionismo norteamericano”?
El policía que mató a este niño servirá, tal vez, de pelele para limpiar otras tropelías que han sucedido y sucederán. Es también una víctima después de haber sido victimario. Es el más vivo ejemplo de que en una dictadura todos sus ciudadanos son víctimas de ese poder absoluto, y que se transcurre con demasiada facilidad de ser victimario a convertirse en el próximo reo en la picota para perder la cabeza por el poder que administran, codiciosamente, los otros.
Táchira no será Ferguson esta vez. Castro callará, Maduro apuntará con el dedo a alguien y la prensa y los gobernantes del populismo de la región le tenderán la mano al chavismo con su silencio, el mismo que ya sentenciaron a Ledezma.

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