Saturday, January 31, 2015

Incoherencias de un acercamiento

Nadie podía imaginar lo que el viejo Lázaro podía desatar el día de su culto. Al viejo Lázaro le han pedido sanaciones de todo tipo, sobre todo el pueblo humilde, el cubano de la calle, las personas desahuciadas por una enfermedad, por un milagro social o por un viaje sin regreso. Al viejo Lázaro le han pedido de todo, y él quizás lo ha escuchado con mucho asombro, temor y cautela, hasta que un 17 de Diciembre alguien en su nombre desató algún milagro. Otro “milagro”.
56 años de peticiones no pueden venir sin amarguras, decepciones, pugilato, aplausos y desencantos. También algunas mentiras.
Pero nada de eso se lo deben al viejo Lázaro.
Aquel día las aguas se dividieron una vez más para dejar pasar otro Moisés que no es el bíblico, y que todavía no existe. En cambio los cubanos se apresuran porque la propia realidad parece decirle que las aguas se retiraron mucho antes, y ese 17 de Diciembre solo fue el grito de que los dos mares se iban a unir y no dejar pasar al pueblo de Dios a la tierra prometida.
Pero de todo eso nadie aún conoce el fin de la historia, hasta que la anuncien en los dos extremos del conflicto. Lo que se trasiega en público son las consecuencias mediáticas de aquel acto.
Preguntas, respuestas, aseveraciones, discrepancias y acusaciones iniciales. Y en el medio de todo este circo romano, un dictador viajó a la Roma latina de presidentes bolivarianos y formuló cuatro puntos divinos para normalizar la entrada de Zeus a su trono.
Estos son los cuatro: fin del embargo, fin de la ley de ajuste cubano, borrón de la lista de países promotores del terrorismo y Guantánamo.
Si se lee con ecuanimidad las palabras del dictador se tiene que coincidir que son casi las mismas del otro, del empecinado I, de la mosca zumbona que ahora no deja de volar sobre los desechos civiles de una geografía humana que convirtió en diáspora. Los cubanos huyen, la isla queda atrás convertida en ruinas, pero el discurso no cambia a pesar de las consecuencias.
¿Y cuál es este discurso?
El mismo, de la misma inspiración destructora. Nada ha cambiado, pero la administración de la democracia quiere cambiar de timón, reconvertirlo, porque el mar ha empujado una nación a las esquinas del populismo, a tomar decisiones fáciles y convertirse en una más del montón, perderse en la arena infinitesimal del desierto mediocre del resto.
La administración Obama quiere cerrar el tratado con la dictadura del Caribe, y lo intentará a todo trance, con firme voluntad, enfrentándose a un congreso y un senado hostil a su gestión, a una minúscula facción de la oposición cubana que no simpatiza con el tiempo, y a la telaraña de la mosca ensartada entre amigos y enemigos.
No sé por qué se me hace conspicua las oposiciones anti-obamistas de algunos, y también se me tuerce el entendimiento cuando veo la delimitación de los bandos, los Moisés de miniatura trebejando por alcanzar algo más que la honrosa libertad del país. El resultado de las listas de prisioneros, que fue la hoja de parra de Obama para abrir Egipto a las aguas, se me antoja el resultado de alguna mano oculta trabajando en el bando equivocado por los menesterosos de 56 años de poder.
Alguien aquí trabaja en la dirección equivocada. ¿Será la administración Obama?
No creo lo fuere, pero sus incoherencias con las respuestas a las exigencias de la pequeña península donde se levanta la dictadura desconciertan.
No se entiende, por ejemplo, que Obama declare en su discurso del Estado de la Unión la necesidad de derogar el embargo, y después el vocero y hasta Jacobson desmienta, una y otra vez, los rumores del fin de la ley de “pies secos-pies mojados”.
¿O es porque algunos congresistas cubanoamericanos han declarado la necesidad de cambiar esa ley?
No se entiende, por ejemplo, que Obama insista en que los Estados Unidos debe abandonar la pretensión de resolver los conflictos por la vía militar y emprender la diplomacia y el diálogo, y a la vez mantener una base de Guantánamo que, cuando ya no albergue terroristas, no será entregada a Cuba.
Guantánamo es, y ya lo han dicho muchos altos jefes del Pentágono, obsoleta ante el resto del enclavado norteamericano en el área. A su alrededor se encuentra el enclave de minas para separar un país de una base extranjera más grande del mundo. Uno de los lugares más peligrosos, y un centro de disputa internacional por lo que en los últimos años ha albergado: terroristas.
Devolver Guantánamo a Cuba no es devolverla a la dictadura, puesto que una Cuba democrática también tendría que pedir su devolución, es lo justo. Puedo entender que las administraciones, y los jefes militares de alto rango, no les simpatice entregar algo que tanto tiempo ha estado como un punto geográfico de su poder. A nadie le gusta ceder nada, y menos con un dictador.
Pero no se entiende que Obama se quiera congraciar con el embargo, que es una medida contra un gobierno totalitario, y se niegue a congraciarse con un país por Guantánamo.
No me malinterpreten. Yo tampoco le entregaría Guantánamo, ni embargo, ni la casa de los tomates a Castro, pero la administración norteamericana quiere cambiar y establece prioridades. Y estas son las suyas
¿Cómo entender este galimatías?
Se niega a borrar la Ley de Ajuste Cubano, que no ha hecho nada, ni hace, para lograr la democracia en la isla. Todo lo contrario, es el cebo, la zanahoria de escape del cubano. Y, además, el ticket de sorna en cuanto evento internacional de la diplomacia de la dictadura.
Ahora mismo Castro, Josefina Vidal, la hormiga zumbona tomando jugo de moringa para sobrevivir 100 años mas se burlan de Obama, y le siguen recordando que le tumbaron el águila en aquella plaza frente al mar, por esos mismos cuatro puntos, o por tres, cuando aquello lo de la lista de los promotores de terrorismo no estaba de moda.
Tampoco se entiende que hablen de levantar el embargo y de exigir en la mesa de conversaciones el pago de las confiscaciones de las propiedades norteamericanas o de ciudadanos norteamericanos.
¿Cómo se va a levantar una ley si no hay un compromiso o un paso en firme para cumplimentar la otra?
Y hablando de compromisos. ¿Cómo se puede confiar en que los que hoy se comprometan no hagan lo mismo que han hecho siempre, borrón y cuenta nueva, romper los compromisos firmados?
Son los mismos de entonces. No ha habido reconversión.
Vuelvo y repito, no soy yo quien ha establecido las prioridades, es la Administración Obama.
Por lo que se ve también van a ceder en lo de sacar a Cuba de la lista de promotores del terrorismo. Al mismo gobierno que intentó derrocar tantos otros elegidos de forma democrática en este hemisferio. Que fusiló miles en La Cabaña, que sentenció a largos años de prisión por su pensamiento a cubanos. Que hundió embarcaciones con niños y escondió sus cadáveres, y que lo volvió a hacer en los últimas semanas.
¿Es que matar a sus ciudadanos no es un acto de terrorismo de estado por parte de un gobierno?
Y es el mismo que hoy sigue apoyando a Hamas, que tarda en condenar y lo hace de medio lado los atentados terroristas en Paris o en Ottawa, que culpa al mismo “imperio” de haber diseñado el 11 de Septiembre, que acoge a todo proscripto que huye de la ley por crímenes de sangre en los propios Estados Unidos y que, ahora mismo se dice, las propias administraciones no hacen el esfuerzo por poner esos incumplimientos en la mesa de negociación.
Las confiscaciones cubanas la realizó un orate al lado de su hermano en una plaza pública, la ejecutó como ley, sin ninguna institución democrática y sin ningún órgano establecido de consulta popular. Miles levantaron la mano, con ese “entusiasmo” automático de las grandes multitudes en los candeleros públicos, levantando el propio tablado del verdugo, aplaudiendo la soga, consagrando el crimen humano.
Pero, al final de todo el cuento, ¿qué es lo que pretende la administración norteamericana?
Porque no está claro el motivo por el cual hoy Cuba es una prioridad y no lo fue ayer. Me dirán, es el último periodo de Obama como Presidente, no tiene ahora que ir a campaña, y él mismo lo dijo. ¿Significa que somos entonces un simple peón en la jugada para la próxima administración demócrata?
¿Somos su “carta de triunfo”?
Es lo que parece, y es quizás por eso que pida eliminar el embargo, pero se niega a derogar la Ley de Ajuste. La comunidad cubanoamericana en la Florida, un estado importante en las elecciones presidenciales, apoya el levantamiento del embargo. Eso dicen algunas encuestas, digo. Pero esos mismos cubanoamericanos no quieren eliminar el “ajuste cubano” porque impediría la entrada de sus amigos y familiares.
¿No es así, Obama?
Está todo muy claro. No es la democracia, ni los derechos humanos, ni la oposición que cada día es más un títere sin cabeza tomando cocteles, mojitos y fumando tabaco en Miami.
Es una bofetada a los republicanos. Para eso hemos quedado.
¡Pobre Cuba!

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