Tuesday, January 27, 2015

El Buen Cubano

El gobierno de Cuba no ofrece, ni permite, internet para uso personal privado del cubano. Es harto conocido que la pequeña isla está entre los países con menor conexión a internet, por razones técnicas que ocultan las razones políticas, ideológicas. La realidad es que la voluntad política alimenta las razones técnicas para eludir internet, pero ese no es el tema aquí.
Hoy, sin embargo, saltó del sombrero cubano un conejo WiFi con una red de 9 mil usuarios en la misma capital del apagón virtual, La Habana. La noticia está en todas partes, “descubierta” una vez más por AP y, lo que cruza más allá el margen de la curiosidad para agregar un grano de sal de conjetura, revelando hasta los nombres y las imágenes de los supervisores audaces del proyecto que dice llamarse “SNet” o “Street Net” (Red Callejera).
En un país donde el secretismo no es noticia, donde el Ministerio de Comunicaciones persigue parabólicas y conexiones ilegales, donde el gobierno a través de ese mismo ministerio impone restricciones en sus clubes de computación, salas y cafés de internet a páginas y sitios de la real internet, la revelación de AP causa mucha suspicacia, para decirlo con delicadeza diplomática.
Según Rafael Antonio Broche Moreno, ingeniero eléctrico de 22 años, que ayudó a construir la publicitada red, esta cuenta ya con 9 mil computadoras con antenas pequeñas “ocultas” de WiFi. Hagámosle caso y creámosle. No es el propósito de este post cuestionar sus palabras ni sus declaraciones.
Son curiosas muchas circunstancias aquí, dejémoslo claro.
El gobierno cubano prohíbe el uso de equipos WiFi sin una licencia expedida por el Ministerio de Comunicaciones. Según Broche, SNet no la tiene y así cae dentro de las miles de ilegalidades que existen en Cuba, y que muchos conocemos de siempre y que siguen existiendo "a ciegas" del vigilante de turno. El mismo creador de la red “ilegal” de computadoras aclara, y describe lo que puede entenderse como un “acuerdo tácito con los funcionarios públicos” que permite a los miembros de SNet operar sin problemas e interferencias técnicas ni legales.
Pregunta: ¿de qué funcionarios públicos habla Broche?
Aclarar, SNet no es internet, y es solo una conexión local de computadoras que comparten información cerrada, especie de WAN habanera o mini-habanera, para un grupo cerrado de personas con intereses comunes. La red tiene “administradores voluntarios” que aseguran que los usuarios no compartan pornografía, hablen de política, ni vinculen la dichosa red al mundo real de internet.
Hay unas declaraciones, sin embargo, que son las que acaparan mi interés. Dice Broche:
"Nosotros no nos metemos con nadie. No queremos hacer nada más que jugar, compartir ideas sanas. Es todo un funcionamiento sano que no se compromete, no influencia, ni el gobierno ni lo que sucede en Cuba... Mientras nos mantengamos haciendo lo correcto, ellos nos dejan seguir".
Yo pido un minuto de reflexión, un minuto donde nos preguntemos todos qué hay de verdad en todo esto, qué hay más allá de esa verdad declarada y publicitada, y qué hay de mucha simulación y doblez.
No nos volvamos paranoicos, que el cubano tiene la fácil tendencia a serlo. Dejemos de lado, por el momento, la muy plausible conjetura de que todo esto no sea más que otra jugada traviesa del gobierno, o de algún ensayo de “atrapa-moscas” de cierto departamento de la inteligencia castrista.
Hay ciertas preguntas, sin embargo, que se imponen.
¿Cómo es posible que la AP acceda a la información, la publicite, aparezca en todos los medios como una extraordinaria aventura tecnológica de un grupo de jóvenes que se propuso saltar las vallas de la censura y crear SNet y todo sigue igual, “la sangre no llegó al río”?
Y la pregunta más importante, ¿por qué esta publicidad?
¿Quiénes son estos “supervisores voluntarios”, audaces recién graduados ingenieros en telecomunicación, o cualquier otra de las carreras tecnológicas asociadas al trasiego de la información y las redes de computadoras?
¿No le causa a nadie ninguna conjetura poco, digamos, “saludable” que se publicite nombres y fotos, que SNet aparezca al desnudo y no pase nada?
Un momento, ¿tiene eso que ver con las muy “correctas” declaraciones de Broche de que solo es para jugar, chatear banalmente sobre la luna y los corazones románticos de las cubanas?
Les dejo las respuestas a ustedes, porque no es, ni mucho menos, el centro esencial de mis preocupaciones con SNet. Pero se hace imprescindible aclarar, con toda intención, que hay que tener mucha dosis de ingenuidad para aceptar a “palo seco” todo esto.
Apartémoslo, sin embargo. El centro neurálgico de mi post es ese subtitulado en rojo que he subrayado en las palabras del “audaz ingeniero”, “supervisor voluntario” de SNet.
“Mientras nos mantengamos haciendo lo correcto”, subraya.
Y, ¿qué es lo correcto?
No hablar de política, ni de Cuba, ni del gobierno. La Red Callejera de la Banalidad y el Juego, ¿no es así?
¡Qué triste!
Hemos creado al “buen cubano”. Al joven correcto, banal, desinfectado de la realidad, desideologizado. Hombre nuevo del juego de guerra y juguetes virtuales en la red esterilizada de computadoras socialistas. Así de sencillo. ¿No acusan al capitalismo de infestar de banalidad y mercachifleria el mundo?
Pues, ¡no!, ¡qué va! Cuba es la capital de las 9 mil banalidades.
Ya no solo se necesita ser “correcto” para vivir en Cuba. Ahora para poder unirse a este club hay que también firmar esa corrección. Ser inmune al contagio de la pregunta, el cuestionamiento usual de toda persona por la realidad que le circunvala en su vida, que la sufre.
Ahí no se permite hablar ni del pan sin grasa, ni de los estantes vacios en los mercados, ni tan siquiera ¿alegrarse? del próximo restablecimiento de relaciones Cuba-EEUU.
¡No!
Los “supervisores voluntarios” pasan la cuenta. Suspendida la computadora incorrecta.
La sociedad cubana ha creado el germen silencioso de la indiferencia. Usted lo puede ver no solo en los cubanos que viven en Cuba, en los miles que residen en cualquier parte de este mundo. Se preocupan por los suyos, que los demás se preocupen por lo de los otros. 56 años de “hombre nuevo” han creado esta sociedad nihilista del egoísmo y del culto social a la indiferencia, un abandono total de todo espíritu de rebeldía y de disentimiento popular.
Existen dos Cuba que no están interconectadas. La oficial, la de los periódicos y publicidades ideológicas; y la real, la de la calle, que corre paralela a aquella, y olvida al país para ocuparse del transcurso diario de la tragedia de la sobrevida y el escape.
¡Triste geografía social la cubana!
Y es eso lo que más me preocupa, mas allá de si esta sea una “operación atrapa-moscas”, un mercadeo burdo de una disidencia leal tecnológica o sencillamente la próxima jugada de la ciber-policia castrista. La paranoia tiene un límite, y los cubanos somos muy inclinados a las creencias surrealistas sobre cualquier conspiración. Seamos justos, las hemos vivido, las hemos sufrido y ya todo nos huele a la próxima conspiración, cada vez que algún fenómeno nuevo sucede, como este.
Hay algo que Jean-François Revel dijo en su magnífico libro “La Gran Mascarada”:
“En toda sociedad, incluidas las sociedades democráticas, hay una proporción importante de hombres y mujeres que odian la libertad – y, por tanto, la verdad-. La aspiración a vivir en un sistema tiránico, ya sea para ser partícipe del ejercicio de dicha tiranía, ya sea, lo que es más curioso, para sufrirla”
Hay muchos cubanos que son partícipes del ejercicio cotidiano de esa tiranía, a todos los niveles, y hay muchos que viven en una indiferencia sublimizada de sufrimiento y cohabito con esa dictadura. Sumen 9 mil mas a esos últimos.

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