Sunday, November 30, 2014

Entomología política castrista y Ferguson

Al parecer, los sucesos últimos en los Estados Unidos están de moda, en la prensa. No así los sucesos en La Habana, Cuba. No los brotes de violencia, los crímenes, las pateaduras de estado, los abusos de poder y la vagancia improductiva del país caribeño.
Pero Ferguson no es La Habana.
Quienes escriben desde el oficialismo hablando sobre Ferguson, y quienes no lo hacen por ser menos oficialistas, no entienden lo que allí ocurre, desconocen algunos factores, o lo ocultan. Lo que ocurre en Ferguson no es que la democracia esté enferma, como algunos a conveniencia se apuran a concluir, sino que vive, es saludable, restaña sus heridas con el diario quehacer, se encuentra a sí misma y se redefine a diario.
La pregunta sería, en el plano de la verdadera conveniencia, si se pudiera decir eso de lo que ocurre en La Habana.
Dejémoslo claro. No se puede mirar a los demás y criticar, sin mirarnos a nosotros mismos. Los que en Ferguson critican al sistema, judicial y democrático, lo hacen desde sí mismos, no recurren a estratagemas alienistas señalando conflictos en el lejano oriente, entre israelíes y palestinos, o a las protestas en la Puerta del Sol en Madrid, ni tampoco a las campañas occidentales contra ISIS, ni a las marchas anti y pro gays en París.
Ferguson se mira a sí mismo. Se proyecta en el entorno social local, y general de su país, los Estados Unidos. Se enfrenta a su historia de racismo y discriminación, al contexto donde surgió el hecho, el contorno vecinal de violencia, drogas y alcohol que rodeó la muerte de Brown, la familia fracturada de la víctima y su propio pasado de alienación social.
Ferguson mira también la historia de sus propias instituciones, de sus autoridades judiciales y policiales. Su pasado lejano, su conexión reciente, el cúmulo de hechos y circunstancias que rodean y dan una proyección integral del problema en torno a la muerte del adolescente. Concita a sus autoridades, sus líderes sociales, su prensa, la opinión pública y particular de sus ciudadanos, implicados o no, cercanos a Ferguson o lejanos en su fisicalidad geográfica. Todos con derechos a la opinión, y a enfrentar su propia postura frente al conflicto.
Ferguson mira a Ferguson. A nadie más.
¿Sucede así en Cuba
¡Pues no!
Primero Cuba no se mira a sí misma, no concita a sus propios ciudadanos, no cuestiona su propia autoridad y su propia historia. La infalibilidad es la peor cualidad que un gobierno, y un gobernante, puede tener para ejercer su poder ejecutivo. Y en el régimen cubano, esta infalibilidad tiene la omnisciencia de una deidad feudal desde hace 56 años.
El régimen cubano se estructuraliza emocional, política y físicamente como una antigua y ancestral religión de estado. Se tiene fe y se cree, el resto se desprecia como infidelidad “mercenaria”.
Y como toda religión, esa ancestralidad convoca a una fe ciega en una individualidad infalible, transformada en deidad pública. Todas las religiones apelan a la fe, y casi todas no dejan ninguna atadura social y filosófica para la racionalidad intelectual de esa propia fe. La religión estatal castrista no admite interacciones posibles con sus principios básicos, no es racional, no permite cuestionamientos tácticos, y mucho menos criticalidad estratégica a largo plazo con sus lineamientos políticos.
Cuba es un país de extremismo musulmán de estado. Y lo practica en actos y fe.
El individuo entonces no ocupa ningún otro papel activo, no juega otro rol que no sea la aceptación unívoca de esa fe, sin voluntad independiente y sin posible interacción crítica mas allá de la práctica cotidiana de la ilegalidad judicial, constitucional y asertiva de la única autoridad aceptada. El dios poder, en minúscula.
Y es así que esa intolerancia se convierte en esta fe de estado, filosofía de insurgencia extrema contra la individualidad ciudadana, contra el individuo como persona. Los conflictos presentes cotidianamente en la isla, pero negados y ocultados por su prensa, los genera el mismo régimen con su práctica diaria de la intolerancia, la paternalización militarizada de todos los sucesos, acciones y actitudes, la centralización del estado como rector unidimensional de la sociedad, que no admite confrontación, segundas opiniones, líderes que no sean apuntados por los centros de poder.
La violencia cubana “fergusionada” se estructuraliza desde los altos mandos directivos del gobierno, y se instrumentaliza a través de sus órganos represivos, convirtiendo al ciudadano en herramienta útil de represión, en órgano suplente de castigo, en tuerca diseñada para responder, pero no para preguntar, cuestionar y exigir.
Y también, cotidianamente, ocurren los sucesos que replican a Ferguson en su escala física. La violencia policial, el racismo depredador, el desalojo de todos los derechos, materiales, espirituales y de pensamiento. Pero no se admite la respuesta ciudadana, la confrontación popular, la protesta. No se permite que el pueblo salga de sus casas y recorra sus calles, exija una respuesta o instrumentalice su rebeldía.
No se admite Ferguson, desde sus propias leyes constitucionales.
Me pregunto, viendo las manifestaciones en Nueva York y Denver, o del propio Ferguson, ¿qué pensaría ese americano si, desde sus instrumentos constitucionales, no tuvieran el derecho a ejercer su desafío, su protesta contra la autoridad?
La ausencia constitucional de un derecho, aún en una sociedad plena, perfecta y acomodada, representa una dictadura del poder, una violación a la soberanía personal, una represión a la diferencia.
Cuba no es ni plena, mucho menos perfecta y muy lejos de ser acomodada.
En Cuba hay quienes desconocen que ese derecho es un instrumento legal de su vida, una propiedad personal insustituible y necesaria como ser humano, como elemento vital de un país, de una sociedad, de un grupo geográfico humano de convivencia.
¿Por qué?
Simplemente porque en Cuba no está enferma la democracia, como algunos han planteado sobre Ferguson, en el país del Caribe lo que no existe es la democracia. Sustituida por una autocracia familiar de apellido.
Castro.
¿Qué queda entonces?
Un sistema que atrapa al individuo, que prohíbe la respuesta social, que le niega los instrumentos que los ciudadanos de Ferguson utilizan: el liderazgo ciudadano, las organizaciones de defensa de los derechos humanos y civiles, las voces paralelas al poder, los mecanismos judiciales con que el hombre común atiende sus quejas y opiniones, los instrumentos que velan por el orden y la seguridad ciudadana, y aquellos que controlan el ejercicio del poder y de la acción policial.
La decisión del gran jurado, la convocatoria federal a una investigación sobre los sucesos de Ferguson, la reacción expositora de la prensa, la opinión social vertida en campañas y redes sociales, en los medios de información y en la calle, no son permitidas en Cuba.
Y no existen para el ciudadano. Existen para el poder.
¿Qué sucedería si un grupo de cubanos se concentrara en las puertas de los hoteles y no dejara entrar al turismo internacional como protesta por un desalojo?
Pregunto.
¿Qué sucedería si en las tiendas de divisas los cubanos bloquearan las ventas, como lo hicieron en Ferguson y otras ciudades en el “Viernes Negro”?
Pregunto.
Otro lado del asunto es la conveniencia de apuntar a Ferguson, desde La Habana, y ocultar el lado de Ferguson que ocurre diariamente en aquella ciudad del Caribe.
¡Y ocurren!
Desalojos, represión violenta contra disidentes o ciudadanos que reclaman sus derechos, con indefensión judicial y social, crímenes de estado, asaltos a viviendas sin órdenes judiciales ni instrumentos legales, juicios políticos, judicatura atada de manos a las órdenes del poder gubernamental, acosos, secuestros, encarcelamientos temporales y a largo plazo sin cargos establecidos, con la violación total de las propias leyes creadas por el mismo poder que las viola y comete, agresiones publicitadas, e incluso alertadas con tiempo, vigilancia y control.
Instrumentos todos de un poder que condiciona la existencia de una sociedad sólo en la base de su impasibilidad frente a la impunidad policial, represiva, de ese poder.
El cubano no tiene ninguno de los recursos a los que acuden los ciudadanos de Ferguson.
Dejemos claro algo. La violencia civil no tiene justificación moral alguna, y los órganos policiales deben ejercer su función dentro de las normas legales de la democracia. Lo contrario es un actuar autoritario, de dictadura.
Aclarar también que Ferguson nunca será La Habana, por el simple hecho de que una democracia nunca puede actuar como lo hace una dictadura. Violencia existe en todas las sociedades, porque son los hombres los que la estructuran, y los excesos pueden ser cometidos por ellos mismos. Para controlar esos excesos, entonces, deben existir los mecanismos de protección a la civilidad.
En Ferguson, y en los Estados Unidos, existen. En Cuba no.
En Cuba lo que existe es una estructura de protección al poder, con el control de sus ciudadanos. Se ejerce desde las mismas organizaciones que, a contrapelo de sus definiciones constitucionales  como “representantes” de la civilidad, se ocupan no del “hombre nuevo”, sino de los viejos líderes y de su familia.
LA CTC, organización sindical, no reclama derechos para sus afiliados, se los suprime.
La FMC no estructuraliza las reclamaciones sociales de su mujeres, centraliza la proyección estatal política del género sobre sus componentes sociales, y se convierte sólo en la máscara exterior de la ideología mercantil del estado. Nada más.
La UJC no agrupa a los jóvenes, agrupa a un sector ordenado de la juventud, que ha entregado su voluntad política a un acuartelamiento de su poder de convocatoria. Acuartelamiento estratégico de su voluntad. Importante en este sector, el más desafiante de todo poder.
Los CDR no agrupan ciudadanos con derechos civiles. Surgieron como lo que son: organismos de control represivo, de vigilancia y el ordenamiento cuartelario de la libertad.
Cuba no se estructura como sociedad, sino como cuartel. Y esas organizaciones de “masas” tienen sólo una ordenanza y un objetivo de control social. Sirven para invadir la representatividad que, en una sociedad en democracia, debería estar en manos de la ciudadanía.
Y es por esto, y mucho más, que La Habana no puede ser Ferguson. Y viceversa.
Por increíble que parezca, en la isla caribeña ha ocurrido lo que en otras sociedades que han estratificado su estructura civil, y la conciliaron con el poder. ¿Recuerdan aquel bloque soviético de los 60, 70 y 80? No hay sorpresa aquí, es lo cotidiano del comunismo.
Los estratos sociales más desafiantes a las ordenanzas políticas perdieron todo estímulo de vida social, se aplanaron y pasaron al escape. La juventud huye desenfrenadamente del país, de muchas formas. Y huye también estando y quedándose en él.
No desafía al poder, lo obvia. Busca cauces paralelos, que dan el síntoma de su hastío político y social. No crean nada, replican. Circulan formas de vida, modas sociales e intelectuales no autóctonas, importan. Y también eso hace que Ferguson no aparezca en La Habana, que la enemistad social con el poder no se encauce en un movimiento. Los jóvenes escapan, física y espiritualmente, de las fronteras líquidas del país.
Ferguson en Estados Unidos no hace que su juventud huya, escape, sino que se enfrente. Para bien o para mal. Aquí no hago valoración política de los acontecimientos en esa ciudad. Sus propios ciudadanos tienen el ritmo, la actitud y también la tolerancia para hacerlo.
Hablo de Cuba. Nuestro Ferguson está en La Habana, no en Missouri.
De todas formas, podremos estar haciendo comparaciones inútiles, críticas sobre aquellos sucesos y otros, generalizaciones oportunistas y valoraciones justificativas a nuestra conveniencia. Nadie le quita el derecho a nadie de hacerlas. ¿O sí?
Sin embargo, la infeliz oportunidad de apuntarlas, con arrogancia, o como herramienta para la acusación hipócrita y de oportunidad, algo muy común en la política informativa de los órganos cubanos de prensa, es únicamente oportunismo político, tan conocido en la práctica estatal de engaño de la autoridades de Cuba en el ámbito nacional, local, y en su proyección internacional.
Existe un intrigante experimento entomológico ejecutado por investigadores de esa especialidad. Muestra como una mariposa macho ignora a su hembra viviente, de su propia especie, a favor de una pintada en un cartón, dibujada por un artista o un entomólogo, si la de cartón es mayor en tamaño que ella misma, mayor incluso que cualquier otra de las mariposas hembras. Con incredulidad los investigadores de esos pequeños lepidópteros alados, de colores brillantes, observan como el macho salta, una y otra vez, sobre el pedazo de cartón pintado. Mientras, y muy cerca, la mariposa hembra, viva y revoltosa, abre y cierra sus alas en vano.
Algo muy parecido ejecutan los órganos de prensa, de “información” y poder en Cuba, acerca de lo que ocurre en Ferguson. No ha sido la primera vez, no será la última. Esta técnica, casi entomológica, se ha agarrado a la práctica cotidiana de la política estatal para que el mundo, los medios internacionales, y las propias organizaciones políticas, no gubernamentales, independientes o no, partidos políticos de conveniencia o de izquierda, atrapen la sugestión y se rindan a esta entomología política castrista.
¡Lo hemos vivido tantos años en nuestra propia carne los cubanos!
¡Ojo!
¡No somos lepidópteros, y Ferguson no es Cuba!

Friday, November 28, 2014

Usura de Estado

Un reciente editorial del “The New York Times” aborda el tema del “robo de cerebros” en la política que, supuestamente, sostiene la Casa Blanca con respecto a otorgarle refugio a los médicos cubanos que abandonan su misión. No argumenta sus opiniones, sólo lanza su ronda acusatoria. No ofrece las estadísticas de los otros miles de cubanos que llegan a los Estados Unidos, sin ser médicos, pero huyen de Cuba. No esclarecen el papel causal del gobierno de La Habana de ese escape, de todos los escapes.
Su objetivo es claro: otorgarle a la ley de amparo por refugio al cubano el carácter ideológico del castrismo, la categoría de robo.
Pero, ¿quién roba a quién aquí? ¿Y cómo lo hace?
Si los que escriben, y subscriben, los editoriales del “The New York Times” fueran coherentes con sus predicamentos deberían entonces empezar por casa, y comenzar diciendo que ellos mismos han sido “robados” a otros gobiernos, otros países, otras áreas geográficas del mundo.
Deberían decir, para ser específicos y no caer en la casual acusación como cae el NYT, que el grupo editorial de ese periódico practica delitos de abducción de cerebros en otras partes del planeta. ¿Saben por qué?
Muy sencillo. Ese grupo editorial está compuesto, según el sitio oficial del diario, por 19 profesionales de la información, periodistas que han ejercido la labor en otros medios, incluidos el mismo NYT, y que han nacido muchos en otras partes del mundo. De todos ellos, 6 de sus componentes han nacido en la India, Burma, Colombia, Japón y Francia. El mismo director ejecutivo del grupo editor, Andrew Rosenthal, nació en Nueva Delhi. Y su coeditora, Terry Tang, es también hija de emigrados, como muchos hijos de emigrados de Norteamérica.
De acuerdo al mismo sitio del NYT, el grupo editorial sostiene encuentros para discutir los tópicos actuales de los que se van a ocupar, y los editoriales son escritos por uno de sus miembros y revisados tanto por Rosenthal y Tang, para después ser publicados. Es decir, los editoriales son productos de dos “cerebros robados” según los razonamientos causales del NYT, que no míos.
¿No es así “The New York Times”? ¿O es que sólo la terminología es aplicable al caso de la política norteamericana sobre Cuba, y a sus emigrantes?
Por supuesto, los editoriales, aunque no tienen nombre, pues son firmados por todos, alguien los tiene que escribir. Y en el caso de los que han abordado el tema de Cuba, se hace evidente que lo ha hecho el Sr. Ernesto Londoño, un producto también del “robo de cerebros” de ese diario. ¿O me equivoco?
Es importante decirlo como se debe, pero nadie, ni ningún gobierno, especialmente el norteamericano, va por el mundo acosando a los médicos cubanos para que deserten. Los médicos se van, como se fue el escribidor Londoño de Colombia, a buscar una buena vida en los Estados Unidos.
Y la encontró… escribiendo para que los cubanos no puedan encontrarla.
¿Le molesta? ¿Es algo personal? ¿Envidia quizás?
Que nadie se llame a capítulo, ni piense que es excesiva las inquisiciones al respecto. En la comunidad emigrante norteamericana hay molestias por las preferencias cubanas, y de ahí su oposición evidente a la “Ley de Ajuste”, a la cual también le dedicaron los editorialistas sus dardos. Y puedo comprender sus reparos, incluso sus personales envidias y molestias. La ley que ampara al cubano es discriminatoria por defecto de las demás nacionalidades, pero las demás nacionalidades no están sometidas a una dictadura. Es importante decirlo.
Sin embargo, alejándonos de estas banalidades, vayamos a algo con más sustancia e importancia. ¿Quiénes son verdaderamente los ladrones de cerebros en el caso cubano?
En esto me va a ayudar el mismo señor Londoño con su editorial. Dice:
“Cuba lleva varios años usando sus brigadas médicas como su principal fuente de ingresos y poder persuasivo.”
No es un secreto para nadie, ni para los mismos editorialistas que, escandalosamente, hablan con estos términos pero acusan al lado errado, el norteamericano. Y para colmo de lo vergonzoso, añaden:
“…La Habana podría pagarle a su personal en el exterior de manera más generosa si las brigadas médicas van a seguir representando una importante fuente de ingresos.”
Es decir, para los señores Rosenthal, Tang y Londoño, la práctica de mercantilización de la mano de obra profesional cubana no es escandaloso, ni es un robo, ni es “excesivo”. Denle unos miserables dólares más, y el resto quédenselo de su parte. Les dice al gobierno cubano.
Me pregunto, y les preguntaría si tuviera oportunidad de hacerlo, ¿también practica el diario neoyorquino la usura con sus empleados?
¿Acaso el Sr. Londoño permitiría que el gobierno americano, a través de la compañía que lo emplea, el “The New York Times”, lo usara como mercancía a cambio de un pago miserable?
¿Serían capaces todos, y cada uno de los miembros del equipo editorial del NYT, de entregar tácitamente parte de su abultado salario, sin protestar y sin conocer para qué se utilizaría ese destajo?
Me imagino que no.
Todavía existe un detalle significativo de estos editoriales que es necesario dilucidar. Entre las explicaciones “racionales” dadas por el “robado” Andrew Rosenthal, sobre la andanada de editoriales sobre Cuba, habla de que su diario ha utilizado este bombardeo periodístico en misiones como la lucha por la legalización de la marihuana.
Curioso. Déjenme explicarles por qué.
Al parecer quien estuvo a cargo de  escribir los editoriales sobre la legalización de la marihuana fue la señorita Juliet Lapidos, que se encarga de los temas culturales del equipo editorial, pero que se encargó de enfrentar, con una muy crispada actitud, las críticas que esos editoriales sufrieron. La señorita Lapidos es lo que se conoce, en el argot periodístico, como una “contrarian journalist”. Es decir, para los desconocedores del término, ese tipo de periodista que “parece ser ‘contrario por la fe de serlo’, especialmente a una posición opuesta por una mayoría y a pesar de lo impopular que sea esa opinión”. Proviene del diario digital “contrarian” por excelencia: The Slate.
Me pregunto, ¿habrán tomado nota de esta posición en el NYT y estarán haciendo la misma política editorial del “Slate” para re obtener el mercado perdido años atrás por los escándalos de credibilidad del NYT?
No es una conjetura despreciable. Todos ellos sabían que la comunidad cubanoamericana iba a reaccionar, que los medios anticastristas iban a protestar airadamente, que el castrismo iba a aplaudir con estruendo y furor, que los cubanos todos íbamos a atacarlos de uno y otro bando, acostumbrados a ser una comunidad opinadora, que se hace oír, a veces no en la mejor de las formas.
Contaban con ello. Es, sencillamente, un oportunismo mediático. Y es la forma personal del Sr. Londoño de probar su valía como agente de influencia en el grupo editorial.
Lo escandaloso, sin embargo, está en que el verdadero culpable del robo de cerebros sigue estando enmascarado: el castrismo.
Nadie habla de que ese uso de las brigadas médicas, extensible a todo tipo de profesional cubano, “como principal fuente de ingreso”, como mismo afirma sin vergüenza el NYT, se hace sobre las bases de explotar las carencias materiales, informativas y espirituales de los cubanos.
Esos profesionales marchan a Sierra Leona, Venezuela, Angola y Ecuador a ganarse unos miserables dólares, pero dólares que no pueden obtener en Cuba, donde no pueden vivir una vida decorosa con sus miserables salarios, aún cuando, como reclama el NYT, el régimen de La Habana les “aumentó” sus salarios recientemente a 60 dólares al mes.
Cuesta creerlo, que un profesional de la salud se le pague lo que, posiblemente, el señor Londoño gana en una hora de trabajo en su oficina refrigerada de Nueva York y en su contra.
Y son estos profesionales, los cubanos todos, los que marchan a misiones en condiciones indefendibles muchas veces, o todas las veces, envueltos en el “aura romántica” con que siempre ha caracterizado los chantajes ideológicos la llamada “revolución cubana”, es decir, el castrismo.
El gobierno de Cuba practica la usura ideológica con ellos. Esa política de la zanahoria y el garrote. O marchas y ganas esos pocos miserables dólares en las condiciones establecidas por el régimen cubano, o las puertas las tienes cerradas para siempre, y hay un ojo que comienza a verte desde entonces.
¿Lo conoce el NYT?
Sí, y hasta bochornosamente lo dice:
“Algunos médicos que han desertado dicen que las asignaciones en el exterior han tenido un elemento implícito de coerción, y se han quejado porque el Gobierno cubano se embolsilla la mayor parte del dinero que genera sus servicios.”
¿Cuál es el resultado entonces?
Muy sencillo: la acreditación mediática de que la usura estatal cubana es una política viable, acreditada por organizaciones internacionales como la OMS, la OPS y muchas de las restantes instituciones de las Naciones Unidas.
Y ahora por el “ícono de los diarios”: el “The New York Times”.
¿Se queda ahí el “robo de cerebros” en el caso del régimen de Cuba?
No. Lo sabemos todos los cubanos. No queda ahí.
El “robo del cerebro” comienza en la pérdida de la identidad individual desde que ingresamos en las escuelas primarias, y tenemos que jurar por “héroes” que no nos pertenecen, por historias incompletas, por literatura que no describe ya mas la realidad de Cuba, por dirigentes que hace mucho tiempo descendieron del “limbo revolucionario” para posarse en los nidos acomodados de su mitología infalible.
El “robo de cerebro” está en esa pléyade de autores, artistas y personas que tienen que huir de Cuba para ver su obra crecer, o que viven en la anonimidad para el cubano local por su inconveniencia ideológica. El robo del patrimonio de intelectuales que el propio régimen calló implacablemente, persiguió, encarceló y hoy publica y gana emolumentos a costa de su desaparición física, cuando ya nadie puede reclamar por ellos, y cuando su obra trasciende la obra que prometió construir la llamada “revolución” y que nunca acometió.
Esas víctimas del robo crecieron, superaron a sus victimarios, pero desgraciadamente desaparecieron físicamente para procesar por usura criminal a sus ladrones.
Nadie habla sobre ellos. Son las víctimas las que deben hablar de los ladrones, no los mistificadores de esos robos, sentados desde un periódico que, al parecer, no tiene muchos que lo compren si no apelan a la técnica periodística del bochorno: “contrarian journalism”(*).
Los editores del NYT deberían saber, por experiencia propia, ya que muchos son frutos de ese llamado “robo”, que elegir emigrar de un país, de la forma que sea, no es una anormalidad. La anormalidad es no elegir quedarse en el país.
Y la pregunta importante sería, entonces, ¿por qué no se quedan los cubanos?
Por muchas razones, muchas de ellas bien conocidas por estos traficantes del periodismo del bochorno.
En Cuba, los cubanos hemos vivido 56 años de experiencia atados a esa política de usura. Muchos casi ni reconocen ya cuán gravemente van siendo esquilmados desde las más tempranas edades, llegando a la adultez y tomando una profesión con un salario de miseria para sobrevivir. Los castristas que intelectualizan esta usura claman que el profesional cubano debe pagar sus estudios, la inversión que el estado castrista ha invertido en ellos. Olvidan ponerle un término temporal a esa usura, y también un coto a la exigida probidad ideológica al régimen.
Porque también hay robo cuando se exime al individuo de su opinión, de su parecer personal, de su derecho a la diferencia. Que nunca se ha respectado ni se respeta en ese país.
Los profesionales, y todos los cubanos que lo son o no, son expulsados de sus trabajos y estudios por sus ideas políticas. Se les inhibe de su derecho esencial a tener una vida normal, una profesión de la que poder vivir, no importa cuáles sean sus opiniones y pensamientos.
¿Es que en el conjunto de valores humanos de los editores del NYT no constituye eso un robo?
Y para decir todo lo que merece ser dicho, sin que quede pelos en la lengua ni falte la palabra que haya que decir: no pienso que un colombiano, un indio o un acogido a la ciudadanía americana proveniente de ninguna otra parte del mundo, tenga el mas mínimo derecho moral a reclamar robos de los que ellos mismos no han experimentado en carne propia.
¿O sí?
¡Empezad, entonces, por decirlo!
(*) “contrarían journalism” es un término al que no he encontrado una mejor traducción al español. Algunos lo llaman “periodismo contrario” pero, para mi gusto, sigue siendo demasiado ambiguo y no alcanza a atrapar el significado que tiene en inglés. Es por eso que lo uso en ese idioma.

Tuesday, November 25, 2014

Plantón a MalGallo

Se fue, se ha ido como el gallo demorón, que no de Morón, sin plumas y cacareando. Su alteza real le negó la audiencia, y ya no lo verá en Veracruz.
¿Cómo evaluar el viaje de José Manuel García-Margallo, canciller del gobierno de Rajoy, del Partido Popular, a Cuba?
De muchas maneras, pero la más rotunda es decir que fue, en lo político, un fracaso.
¿Lo esperaba el ministro de exteriores de España?
Pues no, creo que no.
Margallo llegó a La Habana con una agenda donde esperaba darle la mano al general-presidente-dictador. Acoquinarlo para que asistiera a Veracruz, y así asegurar que la próxima Cumbre Iberoamericana tuviera representatividad presidencial. Hace alrededor de 10 años ninguno de los dos dictadores va a ninguna cumbre. Y han adormecido en el aburrimiento. Esperaba el ministro la anuencia de su “alteza habanera”, para así acoger la primera cumbre de Felipe VI por todo lo alto.
La lógica es que, acudiendo el “presidente” de facto de Cuba, acudirían todos los satélites cubanos ALBA-regionales de Venezuela, Bolivia y Co.
Pero no sucedió.
Evidentemente la cancillería española llevaba en su agenda la necesidad de un triunfo político en América, lo que fue mucho tiempo atrás su propio traspatio. Lo necesitaba, lo necesita, teniendo el gobierno de Rajoy tantos dolores de cabeza en la madre patria. Conseguir que Raúl Castro asistiera a Veracruz era garantizar que las adormecidas cumbres, que inauguró España, volvieran a su gloria, y de esa forma obtener combustible político para su gobierno.
Fracasó Margallo.
¿Qué fue lo que molestó a Raúl Castro para que no lo recibiera?
Quizás la clave debiéramos verla en la conferencia que el ministro ofreció en la tarde del Lunes 24 de Noviembre en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Es importante señalar que, de este instituto, han salido muchos de los agentes de influencia de la dictadura, que hoy ejercen su voz en las profundidades de las sociedades democráticas a favor del régimen de La Habana.
Fue, evidentemente, una tarde llena de dobles lecturas, guiños velados, palabras sobre transición a la democracia, grupúsculos, renuncia a la autarquía, firma de convenios internacionales de derechos humanos, creación de condiciones dentro de dictaduras para una transición pacífica.
Demasiados guiños. Demasiadas dobles lecturas.
Demasiado para Raúl Castro.
Margallo se extralimitó. Y en consecuencia, no lo recibiría.
Pero también hay otra respuesta a la pregunta, y esta tiene que ver con “Podemos”.
No fue casual que el ministro español se haya referido a la inserción de Cuba, en los organismos “bolivarianos” del eje del ALBA, antes de viajar a La Habana. Evidentemente buscaba congraciarse con el segundón en mando, allá en Cuba. Buscaba una mediación de la figura que maneja el eje bolivariano con Pablo Iglesias, con “Podemos”. España lo necesitaba, es decir, la España de Rajoy.
Creo que este guiño no se le escapó a La Habana, y no quisieron responderlo. De ninguna de las formas.
¿Qué significa esto?
Significa que el gobierno de Raúl Castro apuesta a la victoria de “Podemos” en las próximas elecciones en España. Apuesta a Pablo Iglesias como “mediador” en Europa, y catalizador de que una dictadura siente precedente de credibilidad y continuismo.
Casi no hay dudas.
Pero existe también una tercera lectura con el fiasco de García-Margallo. Y esta es que al régimen no se le dictan pautas, ni dialoguismos de transición. No aceptan diplomacia blanda para abandonar el poder. No quieren abandonarlo.
Es eso se equivocó el gobierno español. Se han equivocado todos: desde Felipe González, pasando por Zapatero y llegando a Rajoy. El régimen no dialoga salida alguna, sólo acomoda continuismo pos-Castro.
El canciller debe ahora mismo estar repasando, con amargura, el plantón como una respuesta a la mano blanda, tendida por su gobierno, y de continuismo al estilo de Morantinos a su política exterior hacia el régimen. Me imagino que hasta el mismo Morantinos se esté riendo por lo bajo, el también experimentó esa decepción con un poco resentimiento.
Pero debe ser también un suspiro para el PSOE, y su política histórica de acercamiento al régimen de Cuba, porque la dictadura no dará su mano a un gobierno del Partido Popular, no lo aceptará. Sobre todo teniendo la esperanza cifrada en la ultra-izquierda de “Podemos”. Y aquí también se equivocará el PSOE.
No valió ignorar a Carromero y la muerte de Payá. No valió ignorar a la oposición cubana. No valió las palabras de aceptación al retorno de Cuba a las negociaciones con la Unión Europea. No valió nada. La Habana acepta a los empresarios españoles, ofrece 8 mil millones de euros en su cartera de negocios, acepta el financiamiento y el aperturismo controlado a la empresa extranjera.
Pero no acepta condiciones, ni palabras de transiciones a su poder político.
En eso no sólo se equivocó García-Margallo. Se han equivocado todos.
En resumen, el fiasco del ministro español reafirma lo que la política dura del exilio cubano ha estado diciendo: el régimen no reacciona a manos blandas. Nunca lo hará. Por lo que, a todas luces, el fracaso español es una victoria para la línea vertical de enfrentamiento de la política republicana cubanoamericana.
Lo significativo es que no ha sido ni la política de Obama, ni la del exilio tradicional cubanoamericano, ni la postura de la oposición interna cubana mas vertical la que hizo fracasar el diálogo, y la extensión de la mano española.
Fue la misma Habana, el mismo Castro quien apostó a ese fracaso.
Y lo ejecutó.
A Madrid, Malgallo. ¡Sin plumas y cacareando!

Monday, November 24, 2014

La Jutía de la AP

En ocasiones es fascinante conocer qué es lo que las agencias de prensa extranjeras reportan desde Cuba, cuál es su contenido, qué temas abordan, con quienes hablan y cómo enfocan la problemática cubana.
Siempre he pensado que el periodismo es una de las profesiones más difíciles de enfrentar. Puede parecer una exageración, pero no lo es.
Porque el periodismo trabaja con la opinión, es difícil descamisarse de conceptos y preconcebidas inhibiciones que todos tenemos sobre países, áreas geográficas, asociaciones, gobiernos, religiones y filosofías. El ser humano opina desde la base espiritual y cultural que tiene. Desde sus conocimientos e ideas, y también desde sus limitaciones humanas.
Pero el periodismo debe funcionar desde la realidad, y saltar al papel o al medio virtual. Cuando surge desde una sociedad abierta, o medianamente abierta, la opinión fluye, y es claramente reconocible el contorno social de donde parte el reporte de prensa, o la opinión o simple noticia.
Pero cuando es de Cuba, una sociedad donde la información es casi una mala palabra, los contenidos se transforman hasta distorsionarse en proporciones pantagruélicas.
Y tenemos a “Granma” entonces.
Con los reporteros extranjeros sucede un caso peculiar.
Ya se sabe, están sometidos a presiones de todo tipo. Desde la constante alerta de sus casas matrices de no “molestar” indebidamente al patrón local, como para que lo saquen de patitas de aquella casa, hasta las advertencias siniestras, directas o veladas de esos mismos patrones.
Sin olvidar la autosugestión y el propio autocontrol, que son la consecuencia de ambas presiones.
Todo eso lo entiendo, pero…
¡Que un reportero de AP se dedique a hablar de jutías domésticas!
Vamos, ¿es esto una broma?
¿Qué noticia es esta? ¿Qué color local tiene? ¿Qué profundidad y a qué razón responde?
La periodista de AP Andrea Rodríguez acaba de publicar un pequeño reporte de prensa sobre una “jutía domesticada” en una casa cubana. Y ya está el desafortunado reporte en los canales de noticias, y proviniendo de Cuba, playa del traspatio canadiense, ya lo está reproduciendo coloradamente CTV, una agencia de noticias de este frio país con canales de televisión, y prensa escrita.
Jutías cubanas con colorido canadiense, para decirlo de algún modo.
Es triste saber que una ¿noticia? de este tipo recorre el canal virtual, electrónico y de papel en Canadá, mientras tantas otras historias se olvidan, se obvian o se esquivan por el celo patronal local, el celo patronal de las casas matrices de esas agencias de prensa extranjera, o el celo patronal propio.
La autocensura es la peor de todas, porque parte de la moralidad personal de quien la ejecuta: el mismo periodista.
Es triste conocer, como todo cubano conoce, los cientos de humanas noticias, o hechos e historias que pudieran develar realmente el contorno social cubano y no se dicen, para sacrificar el espacio que debieran ocupar esas noticias, hechos e historias… por estas, de jutías domesticadas.
Por cierto, algo que debiera haber dicho Andrea es que esas mismas jutías están en peligro de extinción en Cuba. Pero no lo dijo. Escapó el grano mínimo de realidad que pudiera haber dado una base de credibilidad a su reporte.
Lo siento tanto por la jutía, ese animalito que existió en abundancia en décadas pasadas y se han ido extinguiendo, por tantas razones. Pero los humanos de Cuba también se extinguen por otras tan importantes para que se digan, se cuenten y se reporten como la historia de esta jutía que se llama “Congui”, y el feliz destino de su prole en casa de esos cubanos.
¿Para esto es que van a Cuba los reporteros de la AP?
¿Vale la pena ser periodista entonces?
Quizás juzgue con demasiada severidad la labor de alguien que dice ser profesional de la información pero, en la escala de valores humanos, ¿vale tanto o más o menos una jutía o el humano que se extingue en un barrio insalubre de Cuba?
¿Por qué tantos reporteros coinciden en novelar las favelas de Brasil y no sus parientes caribeñas en La Habana?
¿Por qué en Canadá reportan sin pelos en la lengua, y en la punta del lápiz o del teletipo electrónico, la matanza indiscriminada de las focas y ni siquiera esta reportera de la AP hace el mínimo apunte de la casi extinción de esa pequeña especie roedora cubana?
¿Es que la extinción de un animal local cubano también tiene un carácter ideológico?
¿Implica esa línea en el reporte un llamado de alerta de la patronal local cubana de estado sobre el “reporte subversivo” de la AP?
Demasiadas preguntas.
Pero se hace ridículo encontrar, entre tantas cosas que pudiera decir una periodista de una agencia noticiosa internacional enclavada en Cuba, que el “único sabor local” de realidad que es capaz de apuntar es… la cría doméstica de jutías.
¿Y nada más?

Nota: La Foto que encabeza el post acompaña el reporte de la jutía de Andrea Rodríguez de AP

Sunday, November 23, 2014

Cuatro F(uck)

Así al parecer se llamará el periódico del chavismo.
¿Para qué habrá nacido? Pues dejémoslo decir por ellos mismos, los que encabezan el fin de la libertad de prensa en Venezuela, y el establecimiento de un hito mas del castrismo.
Dijo Maduro en el lanzamiento del primer número:
"No nos escudamos en pretexto de imparcialidad, de objetividad; no, aquí está una visión revolucionaria, bolivariana, antiimperialista y profundamente chavista que va a derrotar la maquinaria de la mentira"
¿Son originales las palabras de Maduro?
Permítanme defraudarles, pero no. Las hizo, de una manera mucho más intelectualizada, con su verbo cínico,  su trabalenguas “desfrenillado”, siempre lo característico desde sus orígenes dudosos como figura de las letras ilustres “revolucionarias”, el ¿doctor? Armando Hart Dávalos, un 24 de Octubre de 1959, en una muy curiosa y temprana celebración del “Día del Reportero”.
¿Qué dijo Hart entonces?
“La objetividad es un mito de la civilización. La única base de la objetividad es aquella que refleja a la opinión pública. Y ¿dónde está la opinión pública? Cuando habla el doctor (Fidel) Castro lo hace en nombre del pueblo y expresa la opinión pública. Aquellos que ignoran la opinión pública defienden los intereses de la oligarquía”
¿Aclarada la falta de originalidad?
Pero no hacía falta, ya sabemos que lo que ocurre en Venezuela es la segunda parte corrompida de lo que ocurrió en Cuba, que nació con raíces de brutalidad y arrogancia. Y también de corrupción, valga agregar.
La “revolución” de Fidel Castro necesitó sólo año y medio para destruir la prensa libre. La misma prensa que ese líder utilizó para opinar, dar a conocer su amenaza de volver como guerrilla, denunciar una dictadura y utilizarla como escenario de su propio fallecimiento como órgano de información y opinión.
Órgano de alabanza. Trompetilla de prensa. Vodevil (des)informativo desde entonces.
Al amanecer del día 4 de octubre de 1965 salió impreso el primer número del diario “Granma” y su director era… Isidoro Malmierca, quien fuera mucho tiempo después Ministro de Relaciones Exteriores del régimen. Los cilindros del naciente régimen de credulidad imprimieron 498 784 ejemplares, muchos miles más que la tirada de la veintena de diarios capitalinos juntos antes de 1959.
“Granma” surgió luego de “fundir” dos periódicos con una supuesta común visión política: “El Mundo” y “Revolución”. Aunque “El Mundo” no era un diario esencialmente político, según las palabras de los gestores del nuevo libelo, es decir, de Fidel Castro. "Granma sólo ha tenido un editor, ya saben.
Años antes, el 15 de junio de 1960, Castro celebró “el Día de la Libertad de Prensa” en la isla, que duró poco. El 4 de julio del mismo año se le arrebataron las oficinas a “Prensa Libre”, edificación que había costado 3 millones de dólares, una cifra enorme entonces, y tenía una de las mejores rotativas de América. En el último piso se esperaba que funcionase una estación de radio. Tras la toma, Fidel Castro consideró que el lugar debía ser utilizado como el Ministerio de Información en el país. Y sitial para la nueva empresa propagandista del régimen.
El tiempo pasó, muy corto, y en Cuba sólo quedaron los restos de la prensa… silenciados. Un mes antes al fallecimiento prematuro de “Prensa Libre” – cuyo nombre ya es todo un poema – había desaparecido el otro competidor de los diarios “revolucionarios”: el “Diario de La Marina”.
Sucedió como esos actos de repudio a los disidentes que tantos conocemos. Con conga “revolucionaria”, pachanga de golpes y festín de gritería cuartelaría. Las revoluciones, al parecer, carecen tan poco de modales educados desde la época de la guillotina en Paris. Con la destrucción se fueron otros 4 millones de dólares invertidos en las rotativas modernas de un país que era, entonces, la avanzada en el periodismo. Todo eso lo rompieron los vándalos “revolucionarios” en su festín de ideas.
¿No les recuerda a ustedes mucho la repetición de estos gestos?
¡Destruir es tan fácil!
Quizás por eso surgen las revoluciones. Sólo conocen de destrucción, marginación e intransigencia… revolucionaria.
Los apellidos funcionan. También en Venezuela.
Por eso hoy que surge “Cuatro F(uck)” por allá, en maduradas intenciones castristas por sostener un partido de extremos “revolucionarios”. No se abalanzaron las masas para destruir los equipos, las rotativas modernas, quemar los 3 o 4 millones de dólares de entonces, hoy quizás multiplicados por 100. Una piltrafa para la cúpula petrochavista, ¿no es asi?
Les suprimieron el papel. Lanzaron a periodistas a la calle. Despidieron caricaturistas o analistas incómodos, o sencillamente los condenaron en públicos actos sin posible respuesta mediática. Compraron a través de operaciones oscuras a los medios de prensa más importantes y críticos al gobierno. Lanzaron medidas cautelares sobre directores y columnistas de la prensa opositora. Hoy Venezuela está al borde del silencio de su voz crítica.
Crearon la "Mesa Redonda Chavista". Sin esquinas angulares, sin espinas ni escollos. Sin opiniones.
La Sociedad Interamericana de Prensa ha denunciado varias veces estos intentos de secuestro de la opinión libre, pero de nada ha valido. Las dictaduras no les importa las voces libres, mucho menos la de los órganos de información.
En Venezuela se afinca un estado de sitio a la prensa. Ha demorado, es cierto, mucho más que aquella dictadura en Cuba. Pero cada vez quedan menos.
¿Qué será lo próximo?
¿Quizás la subida al poder en España de “Podemos”, y su ya clara amenaza de imponer medidas cautelares a su prensa?
¿Sucederá?
¿Nos estaremos acercando a un nuevo orden del mundo occidental al estilo estalinista?
Por lo pronto, este diario de letras y números me suena demasiado familiar a la voz que un día dijo esa prensa  reflejaría la realidad de Cuba. Me pregunto, ¿de cuál Cuba?
¿De la imaginaria y nunca existente, o de la que navega como una balsa hacia cualquier rincón del mundo?
Ya lo saben, lo aclaró tempranamente Armando Hart, en 1960: “La objetividad es un mito de la civilización.
Me pregunto ¿de cuál?

Nota: La foto que encabeza este post se corresponde con la "pachanga revolucionaria" para destruir el "Diario de La Marina", un 11 de Mayo de 1960, en La Habana. A continuación otra que muestra equipos destruidos por el “festín revolucionario” de esas masas "fervorosas de ideas". (Fotos tomadas del Blog de Tania Quintero).

Después del trabajo, turismo político

Ernesto Londoño está “feliz” en La Habana, “en un viaje de trabajo”. Me pregunto si ahora el turismo político es trabajo, o los términos en este mundo nuestro, o en la redacción del “The New York Times”, han cambiado.
Cabe esperarse que el régimen le abra risueñamente las puertas. Londoño es uno de aquellos jóvenes que visitaba Cuba con la barriada de estudiantes de Colegios norteamericanos. Un turismo político que patrocinaba el régimen, con esa hambruna de influenciar políticamente las futuras fuentes del mundo académico norteamericano.
Con el colombiano, sembraron la raíz. Hoy cosechan sus frutos en la campaña publicitaria del periódico neoyorquino.
El periodista comenzó a pertenecer al equipo editorial del NYT después del 16 de Julio de este año. Pertenecía a la redacción el “The Washington Post”, otro gran ícono del periodismo en los Estados Unidos, pero en contraste con el NYT de diferente enfoque político.
Los que les gustan etiquetar dirían, pasó de la derecha a la izquierda en el periodismo. Quizás por aquello de que no podía ejercer su función de agente de influencia en ese periódico conservador.
En realidad pasó de ser un sencillo corresponsal del Post, que cubriera sobre las guerras de Afganistán e Irak, a ser miembro del equipo editorial del NYT. Ganó en salario, en prestigio y en rango como periodista. Hoy analista.
Es curioso, sin embargo, que el Washington Post haya dicho de Londoño:
“Whether from Washington or overseas, Ernesto has time and again demonstrated an uncanny ability to see stories where the competition did not and to execute those stories with intelligence and grace. [Traducción: Ya sea desde Washington o en el extranjero, Ernesto ha demostrado una y otra vez una capacidad extraordinaria para ver historias donde la competencia no lo hizo y para ejecutar esas historias con gracia e inteligencia]” 
Es decir, siguiendo la ¿lógica? del Post en sus palabras de despedida al colombiano, que ha visto el problema Cuba desde los ojos del castrismo. Porque de eso es lo que trata los editoriales del NYT. Basta repasarlos.
No habla de la oposición en la isla. La ignora, como lo hacen casi todos los reporteros de las agencias internacionales de noticias. No habla de las políticas erradas en el sector económico por parte de la dictadura, que son las verdaderas razones del descalabro económico del país y de las cuales hay por donde hablar e informar a los Estados Unidos.
No habla de la explotación de los trabajadores cubanos del turismo en los hoteles de las cadenas extranjeras ancladas en La Habana, un tema que debería ser, por principios de humanidad, centro de atención de todo periodista que tenga “una capacidad extraordinaria para ver historias donde la competencia no lo hizo”, citando al Post, y si realmente el periodista – devenido “analista” – le interesara la humanidad detrás de la más larga dictadura del hemisferio occidental.
Un tema extraordinariamente escandaloso, del cual nadie habla en occidente. Quizás por las ganancias que da a las compañías hoteleras internacionales. Muchas de ellas trabajando con el heredero financiero del poscastrismo: Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro.
Pero, ya se sabe, el señor Londoño estará visitando esos hoteles.
No habla de las razones fundamentales por la que los cubanos se marchan del país, y las estadísticas de su escape. No habla de la situación de la vivienda, de la improductividad del trabajo, del abandono de la agricultura, de la infinidad de problemas que enfrenta la red de abastecimiento fitosanitario del país, en todas sus ciudades y regiones, incluida la capital. No habla del básico derecho a la diferencia de opinión, de palabra.
¿Cuántos otros temas?
Muchos, que no tienen nada que ver con la existencia de leyes americanas, “robos de cerebros” y “embargos”, que no sean los del propio gobierno castrista.
Sobre todo esto nadie habla. No conviene, al parecer. O no importa, que es otro parecer.
A propósito del “robo de cerebros”. ¿Por qué este “analista” cierra los ojos al uso mercantilizado del régimen de sus profesionales con objetivos vergonzosamente políticos?
La alucinación sobre Cuba es, desde tiempos inmemoriales, de que negociando con una dictadura ese mismo régimen va abrir las puertas a la democracia. Otra alucinación: que el “debate” tiene que ser sobre las políticas occidentales, especialmente americanas, para combatir la dictadura.
Y no al revés.
¿Es que alguna dictadura ha sobrevivido el acercamiento, el “debate” de las políticas occidentales y el restablecimiento de las relaciones con las democracias?
Sí, todas.
Vietnam, China, Irán, Namibia, Angola, Corea del Norte. ¡Póngales nombre!
No creo, sin embargo, que el principal objetivo de Londoño en La Habana sea analizar imparcialmente la realidad de Cuba. Sólo hace turismo, después del trabajo. Va al país con la nariz respingada del “analista del gran diario”. Ya hizo su trabajo en el grupo editorial del NYT, y sucio: hablarle a la competencia… desde la mirada del castrismo.
Por supuesto, nadie más lo había hecho.
Y sobre esa proyecciones históricas del diario neoyorquino, unas palabras. Pocas.
¿Se acuerda muy bien el colombiano, ahora que es miembro privilegiado del paquete periodístico editorial, de las “predicciones” del diario de marras sobre Corea del Norte a principios del 2013?
Kim Jong Un era, para este rotativo icónico, la “voz de las reformas” en Corea.
Daria risa, si no fuera una tragedia.
Pero, así estamos, alucinando en New York, con algunos disfrutando de turismo en La Habana.
Político, turismo político.

Saturday, November 22, 2014

Se marchan

Cubano detenido en el Centro de Aprehensión de Extranjeros en Costa Rica
Recientemente el “The New York Times” arremetió contra el socorrido “robo de cerebros” del gobierno de los Estados Unidos con respecto a los supuestos “privilegios” que tiene la captación de médicos cubanos en ese país. No abordó el famoso diario la andanada de otros profesionales, y cubanos en general, hacia esa nación. Y lo más grave, sobre todo para un medio informativo que quiere reclamar seriedad y credibilidad, ignoró las reales causas detrás del socorrido “robo”.
Lo que lo hizo acercarse, peligrosamente, a la terminología del periodismo castrista. ¡Que no es periodismo!
Los cubanos se marchan, lo siguen haciendo y lo continuarán en el futuro.
¿Es una tendencia mundial la emigración?
Sí, de las zonas pobres a las áreas de riqueza y bienestar. El problema reside en la concientización de esas zonas pobres tengan del fenómeno, y su accionar político para frenar la tendencia.
Si se miran las predicciones económicas generales de Cuba hasta el 2050, se podrá observar el cuadro de deterioro que se espera de la misma si esas tendencias de la política interna se mantienen, lo que es de esperar.
El poscastrismo llevará en el 2050 a que la isla tenga un millón menos de habitantes, que la tasa de desempleo no disminuya sino se duplique (6.4) y que el balance comercial también lo haga de manera negativa (-120 220 millones de dólares).
¿Cómo se explica entonces que perdiendo Cuba un millón de habitantes aumente su tasa de desempleo?
¿Cuáles son las causas de esta disminución drástica de la población?
Dos razones: la disminución de la tasa de natalidad y la emigración. Ambas han sufrido distorsiones drásticas que reflejan la apreciación del cubano de la realidad nacional. Y especialmente los jóvenes.
Porque son los jóvenes los que crean familia, buscan pareja y tratan de formar un hogar. Pero no quieren tener hijos en Cuba, por la tragedia de mantenerlos, por las consecuencias no sólo económicas sino también políticas e ideológicas de hacerlos crecer en un país que no refleja sus expectativas, ansiedades y esperanzas.
Y son los jóvenes también los que emigran. Las mismas agencias internacionales enclavadas en la isla lo han informado. Muchos no desean atender universidad porque una profesión no les procura bienestar evidente, y otros se gradúan y sólo piensan en marcharse del país. El proyecto de la mayoría joven en Cuba es marcharse.
¡Y se marchan!
Recientemente autoridades costarricenses han expresado que 3 733 cubanos han ingresado de manera ilegal por los puestos migratorios de ese país en lo que va de año, una tendencia que les preocupa. Su deseo era únicamente cruzar Costa Rica, y llegar a los Estados Unidos. Es el país natural de la emigración cubana: por las leyes que lo protegen, es cierto, pero también porque es allí donde existe la mayor comunidad cubana, exitosa y vibrante, que también les sirve como una fuente segura de empleo.
Kathya Rodríguez Araica, directora de Migración y Extranjería de Costa Rica, ha dicho que “con las medidas que tome Costa Rica, no vamos a eliminar ese flujo; debe ser una estrategia regional”.
Sí, debe haber una estrategia regional que proteja al que emigra de los traficantes humanos, pero también de los gobiernos depredadores como el de Cuba, que recibe a los deportados y los encarcela para terminar, algunos de ellos, en un calabozo de la seguridad del estado y optar por su suicidio como solución a su desesperación. E incumpliendo compromisos internacionales contraídos con terceros por su deportación.
¿No es esto también tráfico humano como política de estado?
La realidad es mucho más siniestra y compleja con el sistema de comercialización humana que el castrismo tiene con sus profesionales y sus fuerzas laborales. Las exporta como aval político para su sobrevivencia como gobierno. Con ellas compra políticamente a las autoridades internacionales de la salud, la OMS, los altos estamentos directivos de la ONU. Compromete la credibilidad de las estadísticas internacionales de los órganos de las Naciones Unidas como la FAO y la UNICEF. Ellos son también cómplices en este tráfico humano de profesionales.
Engañan a beneficio propio y perjuicio del crédito universal del sistema internacional.
Y esto es lo que oculta la cara desvergonzada de un editorial en el periódico mas icónico del mundo: el “The New York Times”.
Es peligroso mentir, es doblemente peligroso mentir a favor de una dictadura. Pero lo peor de las mentiras es no buscar, o esconder,  las verdaderas respuestas a las mentiras, los hechos reales que suceden, la avalancha de profesionales y de cubanos en general hacia los Estados Unidos.
La primera respuesta, y la única está en el país que se abandona.
Si los profesionales cubanos percibieran su futuro de manera positiva. Si su salario les diera un estatus de vida honorable, si no tuvieran que mentir, tener una doble moralidad, si tuvieran acceso a viviendas, comodidades humanas normales, una prosperidad, de las que algunos periodistas de agencias extranjeras en La Habana prostituyen sus reportes con mentiras, la tendencia escapista no fuera alta, la población no disminuiría por la emigración incontenible, la tasa de fecundidad aumentara y las tendencias predecibles para el 2050 no fueran de menos de un millón de cubanos de lo que existe hoy.
Las condiciones en los demás países, especialmente los de economía desarrollada, no cambiarán significativamente. Y siempre habrá un grupo que deseara emigrar para cualquier parte. De lo que se trata es de garantizar que los nacionales cubanos tengan un futuro en su propia nación, que es lo que no quiere decir, por conveniencia política, el diario de marras de la ciudad de los rascacielos.
Encontrar la culpa en los demás ha sido la política estatal del gobierno de Cuba para justificar las consecuencias desastrosas de sus políticas locales.
No es Estados Unidos quien “roba” cerebros, es el gobierno de Cuba quien los exporta.
Y en condiciones miserables, vale aclarar.

Thursday, November 20, 2014

La toma de La Habana por Margallo

Tres factores, evidentemente, “justifican” la visita del ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, a Cuba: la cartera de inversiones ofrecida por Raúl Castro de 8 mil millones de euros en 246 proyectos, la acreditación de la dictadura como proyecto viable dentro del sistema democrático de América Latina y el resurgimiento de la extrema izquierda en España con “Podemos”.
Ninguno de esos factores incluye los derechos humanos de los cubanos. Y se comprende.
España desde hace mucho tiempo apostó por el continuismo de la política socialista de Zapatero y Morantinos. No le ha prestado ninguna importancia a la oposición cubana, cuya circunstancia más evidente ha sido el desprecio a las denuncias de Carromero sobre la muerte de Oswaldo Payá. Incidentalmente, Margallo menciona al infeliz español enredado en la trama oscura de la muerte del cubano, de refilón, para hablar de “éxitos” de la política española en la isla.
Visto desde esta óptica casi puede parecer que el gobierno de España se alegra de la muerte de Payá, que pudiera haber sido una piedra incómoda en el zapato de Margallo. Mirado así, ¿estará encubriendo el gobierno de España alguna evidencia en esa muerte? ¿O es simplemente el suspiro de alivio ante la desaparición de lo que hubiera sido un elemento perturbador en las futuras relaciones entre España y la dictadura cubana?
Es difícil decirlo, pero estoy convencido que un Payá con vida hubiera sido un elemento desafortunado en la política de desprecio a la comunidad de cubanos, no sólo en España, en los Estados Unidos y en el mundo democrático, sino también en Cuba por parte del gobierno español.
Incidentalmente, García- Margallo declara, cínicamente, que "España tiene que estar presente en Cuba si quiere ayudar a Cuba a labrar su futuro". Es decir, tiene que estar en La Habana para ayudar a labrar el camino del poscastrismo, que no es precisamente sin el elemento-Castro.
Y aquí se enlaza, de manera muy conveniente, la suculenta cartera de 8 mil millones de euros que, recientemente, el dictador de turno ha lanzado al mercado internacional. Evidentemente, y con las recientes palabras de la administración Obama de no dar un paso para diluir el embargo, las manos ansiosas del gobierno español se frotan de alegría. Especialmente en una España bajo circunstancias particularmente complicadas.
¿Qué ha pasado en España para que Margallo salga a la Toma de La Habana, no precisamente por los ingleses?
Tres factores: la crisis económica que aún golpea al país ibérico, no tan tensa como antes pero todavía presente, los graves escándalos de corrupción dentro del partido en el poder, el Partido Popular, que ha hecho resurgir de manera veloz un grupo de la extrema izquierda y financiado por el chavismo, que es como decir La Habana, “Podemos”. Este es el tercer factor, sin olvidar las ansias separatistas de Cataluña.
Margallo cree que La Habana puede servir de interlocutor con “Podemos”. Casi se pone en evidencia cuando expresa que el régimen cubano tiene un "papel fundamental", no sólo en la alianza bolivariana ALBA, sino también en la UNASUR y ha presidido la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
El gobierno de España, a todas luces, se ha lanzado a la conquista del “corazón tierno” de los dictadores caribeños con la esperanza de conquistar la paz en su propio país. Quiere decir: que La Habana neutralice, o trate de hacerlo, a “Podemos”.
¿Podrá hacerlo?
Nadie puede decirlo, y no creo sea una tarea fácil. No sólo porque Pablo Iglesias tiene su propia agenda, es inteligente, no le importa meter las manos hasta el codo donde sea para agarrarse al poder, es en espíritu y cuerpo un personaje donde la arrogancia, el nihilismo y la audacia se mezclan en estado puro para consolidar una personalidad muy cercana a lo que un día fue, en el trópico, un Fidel Castro.
No creo que La Habana desee detener a Pablo Iglesias, ni que siquiera lo intente. Pero las dobles agendas nunca han estado ausentes del régimen cubano.
¡Jamás!
El ministro del exterior de España ha intentado darle a su zapateo español por las tierras caribeñas un “sabor humano”. Ya sabemos, ha hablado de que, en virtud de la ley de Memoria Histórica, se ha multiplicado por 10 el número de españoles en Cuba. Lo que no dijo es que, muchos de esos cubanos que reciben ese pasaporte, marchan a España y saltan de allí a los Estados Unidos.
Evidentemente, porque no le convenía decirlo.
¿Recibirá García-Margallo a la oposición en Cuba?
Casi que hasta lo dudo. No creo que le interese mucho, en un viaje para atrapar mariposas, enredarse con las moscas. Así es como lo ve el español.
España ve en La Habana una de las salidas apetitosas de la crisis en su infraestructura de pequeños y medianos negocios. Obligados por la crisis en casa, pequeños y medianos empresarios buscan desesperadamente mercados en el exterior, y Cuba es uno de los más apetecibles porque necesita capital, equipamiento y tecnología… y porque no hay competencia americana.
Los cálculos son sencillos, la ganancia seguro... o así piensan en Madrid.
Los españoles no desembarcan ahora en Cuba. Ya lo hicieron desde los primeros días de 1990, cuando la economía cubana enfrentó la salida de los rusos, el desmoronamiento de la URSS y la peor crisis de toda su historia. Entonces, como hoy, el gobierno español ha sido el cómplice del castrismo para enfrentar el embargo.
Los sucesivos gobiernos españoles han sido los aliados de la dictadura para enfrentar la política americana, y esto viene desde la era de Franco, del cual son herederos de sangre el Partido Popular y su actual gobierno.
Así no hay nada nuevo que hallar en la política española. Sólo continuismo. El mismo Morantinos ha hablado, con visible orgullo, de su satisfacción con los acontecimientos. En sus propias palabras: "Lo que nosotros defendíamos ahora los otros lo hacen, y podemos decir que hay continuidad".
¡Más claro ni el agua!
Hoy en Cuba las firmas españolas cuentan con 228 sucursales, y 32 operan en empresas mixtas. Las más importantes cadenas hoteleras españolas aterrizaron hace más de dos décadas, y controlan el 90% de las camas, muchas de ellas en instituciones turísticas en manos de GAESA, que es decir, de la familia Castro.
Poscastrismo asegurado, y con sabor a caramelo ibérico.
Margallo podrá darle su vuelta al asunto, pero su visita a Cuba es para afianzar al régimen de los hermanos Castro, sus sucesores, o la claque que quede al frente en el momento en que la partida histórica de ese apellido ya no exista. Apuesta al poscastrismo, no a la democracia.
Lo demás es puro cuento, palabras necesarias para no descubrir el juego turbio en que ha quedado la posición española en la mancomunidad europea de naciones. Desgraciadamente, y aunque no nos guste decirlo mucho, esto es el fruto inevitable de no haber hecho nada los cubanos, de adentro y también de afuera, para despojarnos de la mafia política que, por más de cinco décadas, nos corrompe el alma de Cuba.
¡Infeliz España!
Retorna a Cuba no como colonizador, aunque intente hacerlo, sino como herramienta propicia de una dictadura.

Wednesday, November 19, 2014

De los vivos y los bobos

Emigrados de vacaciones en Varadero
Un nuevo servicio ha entrado en la paleta del buscón estado que se llama castrismo: la cena en Cuba de familiares de cubanos emigrados, y su pago en el extranjero. Suerte de remesa culinaria.
Así estamos los cubanos. Sufragando el castrismo, porque de esto es lo que se trata.
De alguna forma esto me trae a la memoria a Israel, ese país del oriente cercano recibe una inmensa cantidad de remesas de la comunidad judía internacional. Sólo que allí los judíos construyen su país, ayudan a construir una nación que estaba perdida en las edades de la historia y lo hacen sobre una estructura de democracia, sin inventar el pago de las comelatas de sus ciudadanos. Israel ha hecho lo que ninguna otra civilización: revivir una lengua que había desaparecido de la geografía filológica de este mundo nuestro.
En Cuba, los cubanos sufragamos zánganos.
Les enviamos remesas por más de 2 600 millones de dólares, de suerte que es un negocio mejor que el mismo turismo para ese buscón estado. Y no se cuente las importaciones emigradas de tecnología, comida, víveres, ropa y alimentos, medicinas y artículos electrónicos, memorias flash que parecen convertirse en luchadoras por la democracia más que los humanos.
Todo, menos una gota de entusiasmo para que luchen por lo que deben luchar: su libertad.
La emigración se ha constituido en el proveedor monopolista del estado castrista. Financiando sus aventuras y su politica, contribuyendo a la campaña de liberación de los cinco espías, y hasta sosteniendo l;a finquita agropecuaria donde el dictador en jefe pasa sus últimos días, alucinando que está creando nuevas maravillas alimentarias. 

Y son ellos, casi ellos mismos, los oficiales ejecutivos del castrismo. Sin contar que hay muchos emigrados que son, nominalmente, castristas en su ADN. Algunos merodean por New York y se hacen pasar como buenos masones, sin serlos de corazón y mucho menos de pensamiento.
Otros cabalgan las pampas argentinas, visitan en la cárcel a escritores disidentes y se enorgullecen de su proeza en burlar la vigilancia “gedocista”. ¡Como si el G2 fuera el tonto de las aventuras de aquella televisión en blanco y negro de los 70!
Burlones de burlados, los cubanos creen hasta el cuento de la buena pipa proviniendo de pronombres que, diciéndose luchadores de humanos derechos, tienen ADN de Díaz-Canel y otras cornucopias, y lo propagan como proeza de su disidencia. ¡Y se los creen!
Hasta la inteligencia se les ha escapado de la isla, y de sus propios cerebros. Nos creemos el primer cuento y ahora les pagamos hasta el plato en el restaurante de lujo.
Turismo de alpargata.
¿Es esto combatir el castrismo?
¿Alguien puede defender este turismo financiero?
Porque los habrá. Aparecerán justificaciones oportunas. Respuestas benevolentes. La misma receta de siempre: los vivos viviendo de los bobos. Y los bobos, rápidos en su bobería, siguen encontrando respuestas adecuadas para seguir en la misma bobería.

No es un trabalenguas.
Esta suerte de vivos que se escapan de Cuba para retornar al mes, después de tener asegurada alguna residencia, o refugio por una “persecución” que no existe.
Tiempo ha pasado que la emigración era exilio. Hoy la inmensa mayoría de la emigración cubana es una emigración castrista, pasiva o activa. Los hay que son simples agentes, ha ocurrido desde siempre. Ahí están los “cinco” torpedos de espías, escapados como los balseros, quedados, refugiados, emigrados en avionetas “secuestradas”.
Se llevan a cuesta su castrismo.
Y están los otros. Los que sacuden “huelgas de hambre” en México, pero no tienen los pantalones bien ajustados a sus cinturas para reclamárselas al gobierno de La Habana. Figurines. Trompetilleros. Babalawos de santos ajenos.
Otros, bueno, otros hacen disidencia de papelitos. Que reclaman levantamientos de embargos para que suceda esta receta financiera: pago en Miami, comelata en La Habana.
Y están los demás, los que nada les interesa. Justificándolo todo. Dándole la vuelta al trompo de las preguntas para encontrar una respuesta cómoda a su castrismo pasivo.
¿Se molestan?
Sigan haciéndolo. Las instituciones académicas están llenas de estos “trompetas” de bolsillos calientes, plantados por el castrismo, amancebados para su labor de pesca virtual de idiotas útiles. Aplaudidores de cuanta “apertura” al poscastrismo, pero no a la democracia. Se creen que levantando algo se levantan ellos mismos, pero no el país. ¡No se levantan ni ellos mismos!
El país sigue de rodillas con estos inventos a los que corren refugiados que no tienen nada de que refugiarse, emigrados de bolsillos, y areneros de cubeta. La Habana ha logrado sembrar el fruto necesario para recoger estas fórmulas de usurerismo estatal. Es triste y desolador observar el panorama que ofrece la sociedad cubana. Descorazonador ver que algunos disidentes hacen proyectos políticos de "comedores populares"... y reciben premios internacionales.
¿Qué inventarán mañana?
¿Qué nueva invención creará el catsrismo para que sus emigrados sigan ejerciendo su dolosa función de soporte económico, financiero y hasta politico de su proyecto de dictadura?
¿El pago de las fabricación de desodorantes en las sovietólogas fábricas estatales que se caen en pedazos? ¿La pavimentación de las calles habaneras, el bacheo, la impresión de libros escolares con la historia del castrismo romántico, los uniformes y pañoletas?
Perdón. ¡Ya esto último lo han inventado!
Las recetas y fórmulas que aparezcan sólo intentarán remediar el castrismo, aplatanarlo aún más, contenerlo en el nuevo paquete de acaramelada ponzoña, pero nada hará sembrar la democracia. No se lucha pagando la comelata en el “Gato Tuerto” a familiares y amigos, ni con la habitación en Varadero y hoteles de primera, ni en paseos en bote por clubes turísticos, ni vendiendo uniformes escolares en Miami e inventando la fábrica rusa de desodorante en Hialeah.
Se habla de la Cuba que no protesta ni dice nada. Hablemos también de esta emigración castrista que se le “parten las patas” corriendo para pagar el último invento de los hermanos Castro.
Sencillamente, ¡damos lástima!

Sunday, November 16, 2014

¿Reajuste a la Ley de Ajuste?

Me han estado llegando una inusual cantidad de correos electrónicos desde los Estados Unidos refiriéndose a la posibilidad de cambios, o reajustes, a la "Ley de Ajuste cubano". Específicamente, en lo referido a los viajes a Cuba de los recién acogidos a dicha ley.
Todos, o casi todos los correos, mencionan legisladores federales, pero sin referirse a nombres ni develar identidades. De acuerdo a esas fuentes anónimas, de las cuales no confió – nunca he confiado en fuentes anónimas, para decirlo definitivamente –, se está haciendo un cambio minucioso en dicha ley que entrará en vigor el próximo 1ro de Enero del 2015.
Las fuentes afirman que los cambios no favorecerán a los que al año y un día se acojan a la misma para aplicar por una residencia permanente, afirmando que todo aquel que se haya favorecido y después de haber sido permitida su entrada, después de haber obtenido dicha residencia, regrese a Cuba por las razones que sean serán despojados de sus privilegios.
Según las mismas fuentes, el gobierno norteamericano destinará un presupuesto para cuando sean detectados los infractores por violar el estatus de asilado político, sean puestos inmediatamente a disposición de los agentes de inmigración para su posterior deportación.
Las fuentes claman que se ha tomado esta medida extrema por la enorme cantidad de quejas recibidas en los últimos diez años por parte de la comunidad latina, incluyendo a los exiliados políticos cubanos.
Hasta aquí la información según “fuentes legislativas anónimas”.
Antes de continuar con unos pocos comentarios quisiera volver a repetir que esto es lo que clama casi todos los correos que he recibido hasta ahora, y según fuentes anónimas.
¿Será verdad?
Y si lo es, ¿hasta dónde se extiende aquí la verdad?
La Ley de Ajuste cubano no legisla sólo cómo se otorga la residencia, y ya con anterioridad ha tenido reajustes, sobre todo a cuanto se refiere a “pies secos y pies mojados”. Es decir, a los que tocan suelo americano que sí pueden acogerse a sus beneficios, y a los que son interceptados en alta mar.
Sí es cierto que la comunidad latina, exceptuando la de origen cubano, ha protestado y siempre se ha quejado de esta legislación, que es un privilegio del exilio cubano. Pero hoy ese exilio es exiguo, aunque muchos siguen acogiéndose a las “cualidades de exiliado”, para después retornar por avión a visitar La Habana, y toda la extensión castrista de la isla.
El espíritu del “chisme político” que estos correos demuestran es una verdad que muchos conocemos. Esa ley ya no cumple ningún cometido, y en mi opinión debe ser abolida.
Totalmente abolida.
Los emigrados cubanos deben tener los mismos privilegios que el resto de los emigrados latinos, las mismas condiciones y requisitos, lo cual no significa desamparar al verdadero refugiado. Pero, desgraciadamente, lo que ha ocurrido es el relajo cubano. Los escapados se han acogido a la ley como tabla de salvación para reclamar privilegios que deberían ser exclusivos de los verdaderos perseguidos políticos, que nunca han regresado ni han podido regresar a Cuba.
El relajo ha hecho su zafra, además, para introducir la emigración castrista en los círculos de poder de los Estados Unidos, en los centros académicos, en lugares donde el castrismo puede influenciar la conducción de la política americana. Y para introducir los espías, y los elementos de influencia entre la misma comunidad cubanoamericana.
También para llenarlos de oportunistas, que ni son refugiados, mucho menos perseguidos ni han tirado un chícharo de opinión contra el poder en Cuba.
Sencillamente, es hora de que se acabe esa ley que, además, no cumple el cometido de promover ninguna democracia, ni libertad ni nada en el seno de la sociedad cubana, y que origina esencialmente el espíritu escapista de los estamentos jóvenes en ese país.
El régimen cubano, además, la utiliza para culparla de las muertes y ocultar en ella las verdaderas causas de la huida de su juventud hacia los Estados Unidos. Es, para colmo, una ley que debilita el embargo inyectando esta sangría oportunista que no acabada de recoger sus documentos de residencia está preparando sus maletas para el viaje de regreso turístico a la isla.
Curiosamente, a la par de haber estado rechazando los editoriales del “The New York Times”, la administración Obama ha dicho que introducirá cambios a su política hacia Cuba, que no incluye ningún derrocamiento del embargo ni el intercambio de los espías.
¿Cuáles serán esos cambios?
¿Será este reajuste uno de ellos?
No lo sé. No creo que lo haga, pero puede suceder.
El actual presidente ya está solo. Se ha acabado la administración, y hoy navega contra la misma corriente de su partido que se separa de su Presidente con vistas a las futuras elecciones. Si agregáramos la victoria republicana reciente podemos decir categóricamente que Obama está en una encrucijada política en lo que respecta a Cuba.
O legislan cambios, como lo pide el NYT, o sencillamente los ignora. Si los hace será recordado, para bien o para mal, en dependencia de cuáles sean esos. Si no los hace no habrá hecho mucho para añadir a su resumé de presidente.
De todas formas, si la elección de cambios fuera hacerlos en esta ley, y de esta forma como sugieren los correos que he recibido, sería una buena oportunidad para la administración del olvido Obama tener algo que agregar a su expediente sobre Cuba.
Para mí la opción sería derogar esa ley. Y punto. Pero yo no soy presidente, y mucho menos puedo influir en la administración Obama. Y confieso, además, que mi posición sobre esta ley no es muy popular.
Mientras tanto, sólo queda esta suerte de correos especulativos sobre palabras, rumores y extrañas fuentes anónimas.
Cuidado con darle demasiado crédito. No los tiene.
Es mi opinión.

El regreso de Rusia al Caribe

La Crisis de los Cohetes, que es como occidente conoció lo que en Cuba se llamó la “Crisis de Octubre”, comenzó por el deseo de los gobernantes soviéticos de instalar una base de ojivas nucleares a la puerta de los Estados Unidos, su mismo traspatio. No funcionó entonces por muchos factores, entre ellos la existencia de unos Estados Unidos fuertes, influyentes, que dirigían los compases de las democracias occidentales.
También la situación política del hemisferio occidental, y especialmente de América Latina, fue factor decisivo, a pesar de los “encantos” románticos de la revolución castrista. O, quizás, a pesar de esos mismos “encantos”. No es lo mismo una “revolución” que se enfrenta con voluntad popular y casi nada más, que una “revolución” con ojivas nucleares.
De alguna forma, la crisis de los cohetes destiñó de romanticismo, una vez más, otra de las revoluciones.
El comienzo del final.
Desde entonces Cuba sirvió por lo que es, su estatus de colonia. Así lo veían los sucesores soviéticos en el Kremlin. Generoso dinero, generosa ayuda en tecnología atrasada, generosa instrucción tecnológica, visitas de ayudas, estudios universitarios y tecnológicos en los campus universitarios rusos, armas, víveres, tecnócratas y bases de vigilancia electrónica.
Cuba era lo que se alistó a ser: una colonia soviética, destinada a ser punta de lanza del imperialismo ruso en América. Ya que hablan de tanto imperialismo, ponerlos todos sobre la mesa es importante.
Todo se acabó en 1991, o quizás un poco antes. Hoy retorna.
¿Por qué?
La razón principal puede hallarse en dos factores fundamentales: Putin y Ucrania.
De alguna forma, y con no mucha sutileza, la tradición rusa nunca la ha tenido desde Rasputín, la democracia rusa nunca ha sido tal democracia, sino una suerte de club de mafiosos jugando al golf de la democracia en un campo de tiro. El mismo Putin fue miembro de la KGB, y nunca abandonó su espíritu de suspicacia. De ahí su aspiración al retorno de la grandeza rusa, aquella de la época de los cohetes, la guerra fría y el juego de los dos imperios.
Hoy la situación es distinta a entonces. Estados Unidos es débil, con un presidente que parece más un dandi de Hollywood invitando a fiestas musicales en la Casa Blanca. Una Europa que se desgrana en problemas, conflictos y cuyo euro ha estado perdiendo poder. Y una China que se agiganta artificialmente, extiende sus tentáculos a América Latina, también para invadir territorio que fue tradicionalmente americano.
Entonces surge Ucrania, y su respuesta es Cuba.
Putin sale a retornar la mano “amiga” a Cuba para amenazar, evidentemente, el retorno a los tiempos coloniales rusos en Cuba y su estancia como punta de lanza en las puertas de América. Y la estación radioelectrónica de Lourdes, el fantasma de los cohetes nucleares del 62, la financiación a través de las venas cubanas de cuanta desestabilización latinoamericana podía aventurarse Cuba, vuelven a jugar un contrapeso en la política del Kremlin.
Putin está en La Habana, retorna a su vieja colonia como el antiguo monarca que se fue, y hoy retorna. No es ni el hijo pródigo, tampoco el padre pródigo. Perdona deudas, ofrece contratos ventajosos para deslumbrar el poscastrismo, vende viejas naves aéreas a una industria cubana altamente hambrienta de una necesaria renovación. Precios baratos, tecnologías viejas, sí. Viejos amigos en el campo del coloniaje.
Es lo mismo. Para el ruso la sicología es simple. “Si América juega en su traspatio con Ucrania, yo también se hacerlo con Cuba”.
El retorno ruso es aritmética geopolítica. Y así se inserta las declaraciones del ministro ruso de defensa, Sergei Shoigu, de las negociaciones sobre el patrullaje de bombarderos putinescos por el Caribe. Entre los países que apoyarán el reabastecimiento de esos bombarderos está Cuba, y sus acólitos. Esos que son la sombrilla de su sostén económico, pero que también son sus rehenes diplomáticos, especialmente Nicaragua y Venezuela.
Y Putin conoce de esto, por supuesto.
Lo que viene a agravar la problemática de este retorno, no sólo para los cubanos, sino para la región, es precisamente la debilidad norteamericana, la payasería musical de un individuo que, en la Casa Blanca, ha sabido ser más huésped de musicales fiestas que de verdadera diplomacia política.
Para Cuba tiene una doble consecuencia.
Por una parte el gobierno de Castro recibe a su antigua metrópolis de vuelta, lo que le da seguridad militar, estratégica. Por otra, expande su importancia diplomática. El raulismo ha entendido que el regreso de Moscú no es por otra cosa que por su posición estratégica frente a las costas americanas. Lo supo bien desde un inicio, desde aquellos cohetes nucleares de entonces.
Hoy no los necesita. Es mucho más peligrosa una base cubana abasteciendo combustible a bombarderos que las mismas cabezas nucleares. Y no tienen el sesgo que disolvió el “encanto” romántico de aquella revolución que se fue a bolina un día de Octubre de 1961.
Sin olvidar que el combustible será bien pagado. Operación doble, entiéndase.
Pero Rusia vuelve por el peso diplomático de Cuba en sus neo-satélites latinoamericanos. Los necesita en su bolsillo chejoviano.
El reverso de la moneda es, con muchas posibilidades, el desprecio a cualquier diplomacia occidental en los organismos internacionales por el recrudecimiento posible de las acciones contra la disidencia interna.
Con el banco financiero en Venezuela, el apoyo estratégico de la contraparte imperial rusa, la diplomacia de la sonrisa con China y su inyección en la economía cubana, el gobierno raulista tiene lo que necesita para abrirle las puertas al poscastrismo.
En cierta medida, el retorno de las botas rusas es más importante que la misma Venezuela, sobre todo en las condiciones en que está hoy Maduro.
¿Significara esto el retorno de la “danza de los millones” rusos de los 70 en Cuba?
No. No volverán. Putin puede ser generoso en lo estratégico, pero no tonto como sus antiguos jefes soviéticos. Los mafiosos no regalan dinero, pagan favores.
Nada más.
Para aquellos que piensan que Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos, deberían tomar bien en cuenta las palabras del ministro de defensa ruso. Equivocarse puede costar caro, especialmente si es por segunda vez.