Monday, September 29, 2014

Oposición vieja. Sobrevivencia joven

¿Qué logró fallar en Cuba? ¿Por qué la oposición no representa una fuerza de cambio y sí lo representa el silencio, la escapada, la sobrevida?
Me gustaría contestar, como lo han hecho tantos, que la represión, la lapidación mediática, la vigilancia, el control, los chivatos, las organizaciones de inútiles ordenados, el oportunismo proletario, y otros muchos etcéteras.
Lo han hecho otros, pero nada de eso explica la huelga de brazos caídos que hemos mantenido los cubanos por 56 años frente al abuso, el totalitarismo. En 1959 abrimos las puertas a un Zanjón silencioso, el verdadero. El histórico fue sólo una tregua necesaria que muchos historiadores se encargaron de re-escribir su versión.
No es raro leer algo sobre Cuba, o palpar el sentido de la gente en las calles para llegar a una conclusión: ya casi nadie cree en el régimen… pero nadie se le opone, todo el mundo se queja… pero nadie protesta. Es un extraño mundo donde quejas  y descrédito no conducen a nada, ni a levantar el dedo.
Los que se llaman opositores en Cuba, por otra parte, no aprovechan estas circunstancias. No crean proyectos de oposición interna. Generan círculos cerrados de creyentes, con alguna proyección internacional. Y así encontramos algunos opositores de Youtube, algunos. No tardan en surgir divisiones, no tardan en enfrentar desencuentros, y los “proyectos” se escriben, florecen como “flores del mal”, para citar a Baudelaire de alguna forma. Del mal, porque no conducen a ningún término, lugar, destino exacto en el entorno social.
No aprovechan la tecnología, por ejemplo, para alcanzar la Cuba alternativa. Cuando el país virtual crece, los celulares en manos de la población siguen aumentando, y algún “paquete” recorre los circuitos visuales de la isla alternativa, la Cuba opositora tiene apagado el dial. Algunos, sólo algunos,  utilizan esa tecnología para sembrar un proyecto en el mercado internacional.  Y otra vez la palabra clave aquí es “algunos”. Otros viven en la época de las máquinas de escribir, y el orgullo personal también empina chiringas a la estratosfera.
¿Les pongo un ejemplo?
Miren la cuenta personal de Oscar Biscet en Twitter. Revisen a quienes sigue y chequeen lo que publica. Para un opositor que habla de dictaduras, democracias y de arrogancias castristas, ¿no les parece arrogante su discurso? Habla como el fulano que ya es presidente de facto de una gran nación y se dirige a gobernantes y súbditos, con la mirada desde “allá arriba”, el infinito.
Una gran decepción el señor doctor.
La oposición cubana vive a un siglo de atraso de la realidad cubana, encerrada y enquistada en sus propias cepas de cultivo. Los jóvenes son la célula de cambio en cualquier sociedad. ¿Acaso se le acercan? ¿Comparten sus problemas? ¿Los oyen? ¿Los representan?
Otros sólo se conforman con ser el ojo que capta la señal, el escribiente que teclea el reporte, el componente indiferente del paisaje social. Testimonio visual, escrito, virtual. Cronista novelero. Reportero para internautas. Nada más.
Y la juventud, en cambio, vive su sobrevida. Abraza la tecnología como en cualquier otro lugar. Construye sus nichos de sobrevivencia en una sociedad que no les garantiza el futuro, y les ha hablado, no con la palabra, sino con la acción, que el oportunismo y la doble moral es la garantía de la vida.
La asumen.
Mientras, esa oposición acostumbrada al viejo quehacer de edificar cientos de “proyectos” como ladrillos en un jardín deshecho, sólo emborrona papeles, publica un reporte en algún medio internacional, desgaja alguna figura del aburrido panorama cubano, recoge sus maletas y se va al olvido.
Que es como decir a Miami.
En Cuba estamos entre una oposición muy vieja, alejada de la tecnología y las generaciones jóvenes, y una sobrevivencia muy joven, que sueña o con hacerse de un dinero fácil, cargar el bolsillo, “vivir y dejar vivir”, o si no escaparse con sus sueños a cualquier otro lado.
Los jóvenes construyen su balsa, toman su avión, aceptan una misión imposible en el Africa, recorren unos días Venezuela para naufragar en días, meses, algún tiempo, en Miami. Digo naufragar porque luego regresan. Maletas llenas de artículos brillantes y nuevos, se toman un café en una orilla de la Habana Vieja, recuerdan el “viejo tiempo” en que inventaban por aquellos lares para ganarse la sobrevida, memorias derramadas de desarraigos y fracasos. Vuelven a naufragar, de alguna otra manera. De la manera más onerosa y trágica. Hundiendo mas el país en esa indiferencia que nos ha asfixiado sicológica y socialmente como pueblo.
No son mejores, ni peores. Son los mismos, iguales, distintos.
Tengo que decirlo, pero desde hace mucho tiempo dejé de creer en esa oposición, y en esa juventud. Lo siento, es cuestión de ser realistas. Soñar no nos puede tapar los ojos del entendimiento. De alguna manera Cuba encontrará su camino, de alguna manera, pero no con los proyectos de hoy. No con la sicología y el hombre nuevo que naufraga en Cuba y en Miami… para citar algún lugar. No importa dónde.
Definitivamente, no con esos.

Sunday, September 28, 2014

Estación de Cambio

¿Por qué el régimen de Cuba ha logrado mantenerse en el poder por tanto tiempo? Una pregunta secular que creo a todos nos la han hecho más de una vez. Las respuestas, sin embargo, pueden ser tan largas, complejas y oscuras como para llenar la biblioteca de cualquier gran ciudad.
Y de hecho, hay mucho escrito sobre el tema.
Para mí reside en algo muy simple, pero efectivo: el castrismo ha sabido interpretar con éxito la sicología del cubano, se ha sabido adaptar a los cambios sociales operantes en la sociedad, mientras ha administrado el miedo, y ha suministrado las vías para la adaptación a la sobrevivencia dentro del régimen, el oportunismo.
No tiene nada que ver con las políticas económicas, los cambios de dirección en el mercado, incluso la búsqueda de financiamiento exterior a su desfondado bolsillo. Esos problemas externos, por supuestos, los necesitan resolver… y nunca los han resuelto.
Rusia le dio un suspiro de décadas, hasta morirse el elefante de pies de barro. Hoy el sustento exterior viene en cheque chavista, y tampoco resuelve las carencias profundas de la sociedad cubana. No se renuncia al control macroeconómico con mano de hierro, mientras se desechan migajas que nunca funcionaron.
En un día como hoy, 28 de Septiembre, es importante entonces recordar el componente de represión, vigilancia y control que la sociedad cubana ha tenido desde el inicio, instrumentada a través de su gurú fundacional, Fidel Castro. Las raíces del régimen cubano, inevitablemente, hay que buscarlas en la personalidad del dictador, y su familia.
Debería decir, su carencia de vínculos familiares.
He ahí la clave.
Lo que logró Castro fue introducir la división de la familia cubana como llave de cambio, control de sobrevida de un régimen personalizado. Convertir a cada cubano en el “Snowden” particular, ese que firma su contrato de trabajo como espía – a sabiendas de que lo es – para devolverlo cuando pierde su utilidad, la cámara humanoide de video, el agente de espionaje a nivel celular del país. Dividir la mesa familiar, introducir la política de estado, su política, en el desayuno para lograr la expulsión del ciudadano racional como postre. Células automáticas del poder supremo.
Y eso responde a la esencia antisocial de Fidel Castro.
No conoce de límites humanos para la amistad, la familia, la consanguinidad, el respeto a los tradicionales valores humanos del hogar. Y transmitió esa singularidad personal al régimen. A sus instituciones, su forma de administrar, supervisar y financiar su aventura política. Cuba fue su casa, su ergástula, los cubanos su familia alienada de sangre, instrumentos de cambio y soporte a su doctrina personal del poder. Y la gloria.
No hay nada más pequeño que un grande dominado por su orgullo”. Siempre le dijo Cervantes desde “El Quijote”. ¿Lo habrá leído? Muchos confiesan haberlo hecho, sin realmente leerlo.
Control de vigilancia a nivel de cuadra, casa, ciudadano. Renuncia a la opinión personal para imponer objetivos globales ajenos. Intolerancia y extremismo social. Con complicidad ciudadana, gracias a un complejo sistema de entrega de valores que sucedieron al inicio de la jornada “revolucionaria” en 1959, estableció al chivato como héroe socialista del trabajo social.
Desde entonces el “chivatismo” se cuenta como valor humano en Cuba. Se gana el ticket para un puesto, un sillón ministerial, una prominencia política, un viaje literario, una limosna estatal, un auto, o un  simple aplauso oficial.
El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos”. Nos habla desde siglos Cervantes… O su pesadilla, también. Agregaría yo.
Todo esto funcionó muy bien durante mucho tiempo, y logró su cometido gracias a circunstancias externas favorables. Pero Rusia murió.
Y murió Europa del Este.
Y entonces el dictador llamó a Numancia. A la reconcentración de Weyler. Español aquel, descendiente de español este. Colonialistas ambos.
Ya entonces todos los valores habían cambiado. Generaciones enteras habían convivido con la doble moral, el doble discurso, el oportunismo de bolsillo. Y sucedió el Julio del 2008: el preludio de la posible muerte del gurú político de Cuba.
El régimen interpretó, con acierto una vez más, su senilidad. Se necesitaba un ticket para abordar el próximo tren en la estación de cambio.
Es lo que estamos viviendo hoy en Cuba. Lograron encontrar la misma solución, adaptarla a los tiempos, echar sobre los hombros de los ciudadanos la llave para la sobrevivencia del régimen. Algo que el fulano primero supo detectar a tiempo: la división familiar.
“Ricos” y pobres. “Miamenses” y cubanos. Emigrados e “inmigrados”. Bolsillos lejanos y bolsillos locales.
La renta nacional se re-estructuró para nuestros bolsillos de emigrados. Acudimos a ellos para salvar la dicta-republica-castrista. Así de simple. Negocio redondo dinástico. Y una vez más el régimen supo interpretar nuestra sicología como cubanos, y explotar nuestros sentimientos hacia los que “quedaron atrás”, con los bolsillos deshojados, en manos de un régimen que no ha cambiado en nada.
Absolutamente en nada, en lo esencial.
Sólo entrega migajas que nunca funcionaron. Gastronomía que nunca debió ser expropiada. Timbiriches reformistas. Hoy se la entregarán a los otros, no a los originales, no a los que se la expropiaron. A esos no. A otros. Reinterpretan aquella división originaria del 59. Crean nuevas complicidades.
Los de ahora no querrán ningún regreso de los originales, los de antes, los verdaderos dueños.
Y mientras resurgen viejas políticas seculares. Migajas a agentes de cambios como Pancho Céspedes, el Médico de la Salsa, Isaac Delgado, y otras migajas intelectuales a seudo-cerebros culturales que se consuelan con la baratija de principios.
No con los verdaderos principios.
Si algo debió enseñarnos la vida, la historia y todos estos años a los cubanos es a recordar, una y otra vez, las palabras con que se estableció la censura intelectual en Cuba: “Con la revolución todo, en contra de la revolución nada”.
Remplácese la palabreja “revolución”, en la que nunca he creído ni creeré ni un ápice, y colóquese lo que ha sido, y lo que es: dictadura. Hoy en Cuba sólo vivimos una estación de cambio… a lo mismo.

Saturday, September 27, 2014

Las fragancias del posCastrismo

Nos “estrenamos” al inicio de la semana con las fragancias revolucionarias “Hugo y Ernesto” que, como buenos productos del mercadeo socialista cubano, ha degenerado en segundas partes: el “tronado” anuncio de medidas contra los que la crearon y promovieron, gracias a una vez más las buenas pretensiones de la agencia de prensa AP, en el marco de un concurrido congreso de LabioFam.
Pero resulta de que, en el medio de las “amaderadas” y fruti-olorosas fragancias, se encuentra un sobrino de los dos largometrajes totalitarios de Cuba: José Antonio Fraga Castro.
No se comprende, y no está claro aún, cómo es posible que el directivo de un Centro de Investigación como LabioFam, en medio de un concurrido Congreso con la asistencia de personalidades de alrededor de 21 países, y ante la prensa internacional, especialmente con declaraciones a la AP, se haya atrevido a anunciar las “marcas registradas” elaboradas en colaboración con una firma comercial francesa.
Mucho menos se comprende que todo esto suceda y “nadie” lo haya conocido de antemano.
En un país donde las casualidades nunca han existido, todo se prevé y planifica con tiempo, cada escalón de la escalera de mando mira hacia arriba y pregunta, y no se abre la boca sin que alguien susurre al oído desde el próximo escalón, no se explica, repito, que esto suceda, la “bolita de nieve” crezca en tamaño y nos “despertemos” el fin de semana con esta secuela del filme original.
Las “casualidades” en Cuba son verdes… y se las comió el chivo.
Algunas conjeturas, por lo tanto, se imponen.
O el tal José Antonio Fraga Castro es un ingenuo con el idiota de turno de guardia, lo cual dudo y cuestiono totalmente. Nadie se sienta en el banquillo directivo de un centro de “ojo privilegiado” como esta institución, que constituía uno de los eslabones del “Polo Científico del Oeste”, atendidos en tiempos del Decrépito en Jefe personalmente, o por su “equipo de guatacas de apoyo”, siendo un simple “huele-fragancias”. Fraga Castro puede no sea una “lumbrera” biotecnológica, y esté en el asiento gracias a sus conexiones de apellidos, pero la parada para la guagua del idiota está muy lejos de su casa.
Y mucho menos es un tonto.
Otra conjetura más coherente sería que, previendo y preparándose para su carrera poscastrista, se haya lanzado a ganarse su personal futura fuente de ingresos con las aromáticas fragancias ideológicas de estos dos perfumes “revolucionarios”.
Si es así no es tan bobo ni ingenuo como la primera suposición podría suponerlo. No dejo de ver esa alineación de estrellas del firmamento hollywoodense haciendo la reservación apropiada de las notas frutiolorosas de Hugo, a su paso por el Festival de Cine de La Habana posCastrista.
¿No es así, Sean Penn?
O la amanerada, perdón, “amaderada” estela de fragancia en la alfombra roja de Hollywood al paso de Ford Coppola en el próximo Oscar.
La izquierda caviar, tan de moda en estas épocas revueltas, sería un mercado seguro, de buenos bolsillos capitalistas, como para arriesgar incluso el apellido, el puesto directivo y hasta el miedo encajonado entre las piernas por la tormenta tropical totalitaria de jefecitos segundos.
Desatada ya la tormenta, por cierto.
Otra tercera opción está en las familias de las dos “esencias perfumadas”. Podrían estar garantizando aquí también la tajada futura en el cake cubano, repartiéndose ya en La Habana. No en balde son las recientes emanaciones, ¡perdón!, declaraciones de Alex Castro, hijo del decrépito en jefe, de que “la dinastía familiar no estará siempre en el poder”.
Si no estuviera en el poder, ¿cómo se garantizaría su futuro?
A buen entendedor con pocas palabras, ¿no es cierto?
Por cierto, este Alex Castro será muy fotógrafo e hijo de Fidel Castro, pero de seguro que no visita mucho el diccionario ni conoce el alcance de la palabra “dinastía”.
¿Guanajo el tipo, entretenido o tocándose los botones? ¿O las tres cosas?
Sea cual sea la verdad – nunca la sabremos del todo –, la notita del Consejo de Ministros “huele” mas a cortina de humo ante algo que ha trascendido demasiado el escándalo, que a verdadera ira “revolucionaria” del gobierno raulista. No hablo del pueblo, ese nunca ha significado nada para ese gobierno. Tampoco debería menospreciarse que el “dueño de los papelitos” en Cuba, el verdadero, se haya enterado en el Punto Cero y haya reventado en ira. Y en consecuencia haya aplicado aquello que dijo el muy conocido filósofo canadiense Herbert Marshall McLuhan:
En el momento que encuentras la llave del éxito siempre hay alguien que cambia la cerradura

Thursday, September 25, 2014

La Mosca y la Mariposa

Leyendo las palabras de Fidel Castro sobre la intervención de Maduro me asalta al pensamiento las diferencias esenciales entre la mosca y la mariposa. No precisamente porque Maduro sea una mariposa, todo lo contrario.
Y tampoco porque Fidel Castro sea ese coloreado y maravilloso insecto. Su contrario sería lo correcto.
Algunos, sin embargo, han tratado de colorear la fétida mosca, transformar el zumbido del detestable díptero en silencio y convertir su larva hasta pretender metamorfosearla en la crisálida de la elegante mariposa. No lo han logrado con total éxito, pero no han quedado en el intento.
Retornando a nuestros insectos. ¿Cuál es la diferencia entre los dos?
La mariposa es este ser alado que nos anuncia la primavera. Adorna con sus colores el comienzo de la temporada de verano. Anuncia las flores, las poliniza y ayuda, con su silenciosa labor, a que tengamos frutos en los arboles, y niños que no cesen de cazarlas para investigar sus colores.
Silencio y belleza. Un poema alado, diurno y nocturno, porque la gran mayoría de sus especies “despiertan” de noche. No existen en todos los ecosistemas, y no acompañan al hombre en su vida. Viven en su belleza por un día.
Las moscas, en cambio, y a nuestro pesar, nos persiguen y viven en todos los ecosistema de este mundo descabezado nuestro. En la mitología y la literatura frecuentemente se las describen como agentes de la muerte. Y prefieren hacer de los desechos, humanos y animales, su perfecto y natural hábitat.
A diferencia de la colorida mariposa, silenciosa y útil, la mosca sólo molesta. Zumba en los momentos que no queremos oírla. Contamina todo lo que toca con esos miles de pelillos fétidos que arrastran el producto resultante de todas las excrecencias humanas y bestiales, la mierda.
Aparecen en los momentos más inoportunos, eterna oportunista de humanos en este planeta. En cualquier hábitat, en cualquier ecosistema, bajo cualquier circunstancia de nuestra vida, ahí están.
Molestando.
¿Le recuerda a alguien?
Pues a mí sí. A Fidel Castro.
Presencia en descomposición en cualquier ecosistema y hábitat. Oportunista innato e ignaro, a estas alturas. Punto cero en sistema retro-larvario físico. Esparcido como las moscas en el mundo virtual cada vez que le zumban las alas.
¿Lo dudan?
Aquí lo tenemos. Zumbando por Maduro. Muy a propósito para convertirlo en Podrido. ¿No les parece?
El hábito hace al monje. Como las moscas este díptero todo lo que ha tocado, en su encierro larvario de adulto sin alas, lo ha despedazado, consumido, depredado, corrompido y convertido en fétida materia improductiva.
Una sociedad parásita. Un hombre nuevo parásito. Un pensamiento oportunista cambiario. Una larva de mosca transfigurada por algunos en crisálida de mariposa… para alcanzar bolsillos financieros ajenos.
¿No es así, Maduro?
Y es de esta forma que hoy estira esa patita velluda en función díptera para corromper, con su mercadeo negativo, en el casi vacío auditorio de las Naciones des-Unidas para que recuerden al Maduro. Por supuesto el Maduro-en-post-de-Podrido no hubiera podido alcanzar un espacio en los titulares de los órganos de prensa sin el molesto insecto.
Ya Chávez está muerto, y en la memoria de las moscas. Y ante esa memoria le dedica el señor de todas ellas su preciado don de la palabra. Mercadotecnia negativa, sí, pero comercio de influencias al fin, Maduro terminará por ser recordado, cuando merecía ser lo que fue: olvidado.
Es lo que ha cultivado esta mosca desde siempre. Centro de atención del zumbido mundial. Que se hable de ella. Que moleste. Que genere rabia y maldiciones temporales. En algún otro momento volverá a zumbar.
Después de todo, las mariposas sólo duran un mísero día, con sus colores hermosos y su silencio. En cambio ese díptero molesto dura 15 o 25 veces más que aquel de color, aquel que nos anuncia el estreno de la primavera.
Y algo más. Estos molestos y excretorios insectos, según algunos “científicos” de dípteros (en este mundo hay de todo, no lo duden), logran escapar “gracias” a que cuentan con un muy “sofisticado” sistema de defensa que los hace anticiparse a los movimientos de su atacante, y responder con movimientos muy rápido… para eludir el apropiado manotazo.
¿Lo sabrá la Casa Blanca?

Wednesday, September 24, 2014

Cuba, territorio virtual

En un post anterior hablaba de las “razones”, desde la  ilógica racionalidad de un tal Vázquez, para que Cuba fuera el Estado 51 de los Estados Unidos. Ironías apartes, sin embargo, hay “razones” más racionales y menos irónicas para casi sospechar lo mismo.
No pasa un día sin que no nos enteremos que un grupo de cubanos naufraga en el Caribe, arriba a Gran Caimán, “tropieza” con México o se pierde por días en el tormentoso estrecho de la Florida en un bidón de basura.
Ninguno de los “náufragos” pretende quedarse en México, Gran Caimán o cualquier otro lado donde su desgracia de balsero los encalla. Todos tienen un único sueño: llegar a los Estados Unidos, zapatear Miami.
Estos balseros son la versión pobre de los “balseros profesionales”: deportistas, bailarines, artistas y funcionarios de prensa, gobierno y hasta miembros de los órganos de la seguridad. Estos no viajan en balsa, o casi no viajan. Algunos cruzan la frontera por Canadá. Otros son centro de un evidente tráfico humano, especialmente peloteros de alto calibre. Hoy mismo tenemos el caso de Héctor Olivera Amaro, que debe haber llegado a las ansiadas costas miamenses a través de alguna vía rápida. Comercio ilícito de sueños.
¡Como todos los sueños!
El país no cesa de escapar. Lo hacen los médicos en las misiones de “trabajo” – léase comercio feudal de intereses ideológicos – o los miles de cubanos que viajan lícitamente a través del visado americano, o vía los programas de emigración de profesionales de embajadas como las de Canadá. Muchos se quedan en este país hermoso.
Otros reculan a Miami. Conozco algunos casos.
Si este tráfico continuara en el futuro, con la misma intensidad de estos últimos meses, llegará el momento que La Habana no será la capital de los cubanos, sino su imagen vecina en la Florida.
A algunos les puede alegrar la ocurrencia. A mí se me antoja una muy triste tragedia de la historia.
En los cincuenta Cuba era la meca de la música y la cultura, y uno de los países de punta de America Latina. A La Habana viajaban los más importantes artistas de este hemisferio, y también de Europa, para actuar en sus espléndidos teatros, en la televisión local – que fue pionera en el mundo –. Las más importantes firmas disqueras americanas miraban al mundo artístico cubano con especial interés. La música cubana imponía sus tendencias, su ritmo y su color en ese país del norte.
Hoy sucede lo contrario. América influye y corrompe nuestra música, o cualquier otro lado. Los ritmos cubanos han dejado su sabor local para importar el pastiche dominicano, o el rap, cualquier rocambolesca melodía para mover las caderas calientes en la isla. Y no hablar de los artistas. Merolicos del bolsillo de la oportunidad. Viajan a Miami a recolectar dólares en clubes locales, y los trafican con adulaciones dieciochescas a un patriarca desdentado.
Y en la televisión tenemos “el paquete”. Digo “televisión”, el mercado paralelo de la oficialista televisión. El “paquete” no tiene nada de cubano y sí mucho de cualquier otro lugar, incluido el apéndice cubano: el conocido Miami.
Que ya no es apéndice, si no lo contrario.
Lo más dramático de esta realidad y hasta una burla cínica de toda esta tragicomedia, sin embargo, es que hasta el uniforme escolar cubano tiene su mercado miamense. Al parecer ya ni las escuelas cubanas se visten de su suministro local. Los uniformes navegan como balsas socialistas el viaje de regreso. Boinas rojas, pañoletas, camisas blancas, ¡quién sabe si mañana mismo hasta la gorra verde-olivo de aquel innombrable se confecciona en alguna industria local miamense, y se envía a La Habana, a algún punto cero!
Cero escrúpulos hay en todo esto, porque a la vez que los suministros de los timbiriches reformistas raulistas viajan desde Miami, su aeropuerto, las aduanas cubanas con destinos a las calles de la capital y otras regiones de Cuba, el gobierno de esa isla impone restricciones aduanales para “proteger” productos que no produce, o que no logra imponer en el mercado normal por ineficiencias, precios abusivos y cualquier otra justificación embargada al descaro.
En ese país nadie tiene un proyecto de nación. Ni el mismo gobierno, que sólo reclama aperturas norteamericanas sin conceder aperturas de ningún tipo para su propia gente. Y todo esto cuando ayer, diez años atrás, veinte, o aquel día de enero de cinco lejanas pasadas décadas dijeron que no les interesaba para nada Estados Unidos.
Si no les interesaba, ¿por qué entonces tanto reclamo hoy?
No les queda nada más que inventar. Han metido las manos en bolsillos socialistas rusos. Se desfondaron, y los rusos tuvieron que conceder que, sus antiguos aliados, inevitablemente no pagarían jamás.
Intentaron comprar galletitas de la “fortuna” chinas, con la mala memoria de que los chinos sí que no tienen ni un pelo de bobos… aunque no los tengan en su cabeza. No prestan sin nada a cambio.
Y hoy embargan el bolsillo venezolano de tal forma que, de tanto meter la mano, se les va a ir por algún hueco. ¡Y adiós Venezuela!
Sólo les queda la gallina de los huevos de oro: los Estados Unidos.
Todo esto puede parecer una ilusión, cuasi fantasía de palabras y pensamientos hilvanados. Pero deténgase, póngase a pensar. ¿Cuánto dinero recibe el cubano por remesas?
Mucho más de lo que reciben de salario por lo poco que producen.
¿Cuánta ropa, artículos de uso y consumo, comida, artículos electrónicos y de limpieza, entretenimiento, medicinas? Piense en cualquier cosa, y la aduana cubana es testigo de ese tránsito.
Conozco personas que envían 200 dólares mensuales a sus familiares. Veinte meses de salarios cubanos en un mes. El gobierno cubano, que controla la inmensa mayoría de sus centros laborales y de producción, escuelas, bancos, comercios, burundanga, no le paga al cubano.
Les paga usted. El que vive en Miami, New York, Madrid, Toronto o Sidney, que también conozco cubanos en Australia.
Cuba es una isla virtual que no existe en el mapa del Caribe, sino en nuestras maletas, cuentas bancarias y pensamientos.
Usted, sí, el que vive del lado de acá del charco entre-floridano-y-habanero, le paga al cubano para que soporte a una dictadura.
No vire la cara hacia algún lado, no se haga el desentendido o justifique con categorías humanistas un parto comunista.
Cuba sí es el territorio virtual del estado 51 de la Unión Americana… “gracias” a todos.

Tuesday, September 23, 2014

El Presidente Norteamericano de Cuba

Confieso que hasta hace unas pocas horas no entendía mucho la lógica del gobierno de La Habana. Es difícil, la testaruda realidad de estar viviendo hace más de una década en un país democrático puede cambiarle significativamente la sicología sico-social a cualquiera. Al parecer.
Pero en eso llegó Roberto Vázquez, director de Inversiones del Instituto Nacional de la Vivienda del gobierno del Estado de Cuba, y ya entendí.
Cuba es el estado 51 de los Estados Unidos de América, según la lógica de Vázquez.
Será una pena para la memoria de Martí, que murió soñando con la independencia de Cuba, sin verla. Y una gloria para Narciso López,  que también murió soñando ver lo contrario, que fueramos lo que tal parece, según Vázquez, somos hoy: un apéndice norteamericano.
O al menos un deseo castrista de serlo. ¡Y con qué pasión lo pelean!
De los dos, los verdaderos cubanos hacemos culto a la soberanía de Cuba, y el honor a la bandera de la única estrella en el triángulo rojo.
Pero, ¡no!
Según Vázquez las goteras, salideros y la obstrucción de los albañales de las viviendas es la natural consecuencia de no obtener recursos del gobierno federal de la nación norteamericana. Lo cual es una verdadera contradicción con lo que ocurre con el estado independiente de Puerto Rico, que no presenta esa situación.
No se sabe si es por mala gestión de la gubernatura local de la isla. Aunque lo dudo, porque si no cómo se explica el florecimiento de tantos hoteles en Varadero, cayos cubanos adyacentes y La Habana. No se explica tampoco la confesión, inoportuna en tiempo, de que el estado 51 construirá una moderna terminal de cruceros para turistas canadienses, en Cienfuegos.
Digo canadienses porque, como todos sabemos, Cuba es el paraíso trasero del país del norte de la Unión. Muy a propósito también.
Se hace muy sospechoso, sin embargo, que tantas viviendas de cubanos sin oficinas refrigeradas como la de Vázquez, se estén cayendo a pedazos, tengan que robarle los materiales a las obras del turismo canadiense en cualquier lado (que nunca tienen goteras), los albañales de los solares habaneros se obstruyan sin remedios “Made in Varadero”, y el agua de beber de los guantanameros sea una lavado oscuro de río revuelto.
Mientras, las cinco estrellas florecen en todos los destinos turísticos sin que se hayan reportados las obstrucciones ocasionadas por el embargo. Hmmm, ¿habrán embargado la inteligencia a Vázquez? ¿Quién será el culpable?
Esta disfunción gubernamental del estado 51 de la Unión me recuerda el cierre parcial, casi continuo, que la administración Obama tuvo que enfrentar recientemente “gracias” al pataleo republicano. Lo cual, sin lugar a dudas, hace sospechar que quienes han ganado “las elecciones” en La Habana pertenecen a ese partido.
Pero, un momento, tampoco hay elecciones en La Habana. Y el Partido Republicano, según algunos reportes durante la visita de Benedicto XVI, fue desalojado de una iglesia en una populosa vecindad de La Habana por protestar.
Pero sigamos la lógica girondina de Vázquez.
De acuerdo a su teoría, confesada a una agencia local, Prensa Latina – el español es la lengua oficial del Estado 51  de la Unión -, las vacas desaparecieron de ese estado por la gestión del gobierno federal norteamericano, por lo que el gobierno local decretó que no hay leche para niños mayores de siete anos. Las grandes extensiones de tierra no se cultivan porque el Congreso norteamericano ordenó la expropiación de todas las tierras cultivables de Cuba. Y las gallinas ya no tienen huevos porque fueron prohibidas sus privadas propiedades, que digo, las granjas privadas de sus criadores en conjunto con el libre comercio, la bolsa de valores y la expropiación de los bancos bajo los poderes extraordinarios otorgados por no se sabe quien a “alguien”. Definitivamente de tendencia republicana, de otra forma no se entiende esta diatriba anti-demócrata de Vázquez desde el gobierno local del estado 51: la isla.
A todas estas, y además de las goteras, los baches de las calles, el desastroso transporte urbano, la falta de libertad de prensa, los presos de conciencia y la censura a todos los niveles del arte y la publicidad, no se entiende por qué el gobierno local no resuelve un problema tan sencillo como una aspirina, una vitamina C o el simple complejo vitamínico B en las farmacias, cuando envía médicos y profesionales de la salud a África a combatir el ébola.
No se entiende como el presidente norteamericano puede tener culpa en la falta de libertades políticas en el Estado 51 de la Unión, si la constitución americana lo garantiza para todos. Y a Obama le entran a galletas mediáticas todas las noches desde los canales de diversión, entretenimiento y noticias.
¿O es que el estado 51 no es un estado democrático?
No lo sé. Honradamente, la lógica de este director de marras se contradice con los planes de campos de golf, los hoteles cinco estrellas, y las grandes inversiones en el Mariel. No se puede entender que haya pintura para fachadas de oficinas de gobierno, viviendas personales de ministros, incluido el mencionado Vázquez, y esas cadenas de turismo que ya mencioné.
Para esos planes no importa cuán lejos va el barco, el avión y el encargado de negocios. Tampoco se entiende por qué tanta insistencia con los Estados Unidos. A ver, ¿por qué no China?
Yendo a este último detalle, para que nada quede en el tintero. Cada vez que voy a un comercio aquí, en el frio Canadá, y trato de comprar cualquier artículo, un tubo de ¾ para arreglar alguna “obstrucción”, poniendo el caso del sr Vázquez, la cubierta plasticada del tubo dice un extraño cartelito: “Made in China”.
Canadá y los Estados Unidos fueron a comprarlo allá, pero el estado 51 de la Unión quiere comprarlo “allí”, en la capital de la Unión.
Algo no cuadra en la lógica cartesiana de este director de un Instituto que no construye viviendas para los cubanos pero sí hoteles para los canadienses.
¿O esas son las turo-viviendas de las mulatas cubanas reservadas por los turo-canadienses?
De alguna forma también el gobierno sin-republicanos de la isla, estado 51 de la Unión, ha estado en una parálisis total a consecuencia de la actitud del partido local en el poder, el ventiúnico,  liderado, “muy a su pesar”, por un tal Raúl Castro que dice haber sido elegido por alguien… que no se conoce.
De todas formas, mientras se resuelve este cierre parcial del estado 51 – esta cuestión se diluye por 56 años, no los voy a aburrir por qué –, posiblemente tendremos la esperada visita del Presidente Norteamericano de Cuba en la próximas sesiones del llamado Parlamento Cubano.
No se sabe de qué va a hablar, si lo hace. Hace  mucho tiempo no se sabe qué se habla en ese parlamento, que no cesa de levantar la mano para entorpecer la política demócrata del mandatario norte-cubano-americano, Barack Obama.
Esperemos que algún día suceda. Mientras, el señor Vázquez desbarra desde La Habana, antes de irse a tomar un bañito en Varadero... donde no hay “obstrucciones”.

Monday, September 22, 2014

Canadá y la chambelona cubana

Canadá nunca rompió relaciones con Cuba, ¿lo sabía usted? Un primer ministro canadiense, Pierre Trudeau, fue el primer jefe de gobierno de las naciones occidentales que visitó La Habana, y estrechó la mano de Castro. [Entre paréntesis: hoy sufrimos un retoño de aquel en el Parlamento Canadiense, con las mismas teorías comunistoides. La historia se repite dos veces, la segunda como una burla a la inteligencia, casi siempre]. Hombres de negocios canadienses fueron de los primeros que establecieron relaciones comerciales con la dictadura.
Puede que muchos desconozcan esto. Otros se los callan, a conveniencia.
Resultado de la historia. Castro nunca ha pronunciado públicamente ninguna de estas oraciones que acabo de escribir. Lo que prueba que le interesa mucho México, que hizo mucho menos, y desprecia a Canadá, quizás porque políticamente el gobierno canadiense ha expresado, algunas veces, unas tibias reservas con el gobierno de La Habana, le ha hecho críticas a sus políticas discriminatorias y a las violaciones de los derechos humanos en la isla.
La embajada canadiense ofrece, a cambio de las balsas hacia Miami, una vía más segura: el programa de emigración de profesionales y personal calificado. No tiene, sin embargo, ninguna “Ley de Ajuste Cubano”. Los emigrados aquí todos tenemos los mismos derechos y oportunidades, en  igualdad con el resto de los que emigran de todas partes del mundo.
Al menos, muy bien eso último.
En política exterior Canadá practica eso de “vivir y dejar vivir”… hasta que la cosa se calienta demasiado y la barbarie llega a grados de Libia o Egipto, entonces los primeros ministros adoptan la cara de marañón y levantan el dedo.
En la isla, los negociantes canadienses practican con asiduidad lo que sus colegas de otros países hacen diariamente. Pagan el diezmo miserable por debajo de la mesa a sus empleados cubanos, mientras sonríen hipócritamente por encima de la mesa al empleador socialista, pagándole la renta de estadia en el negocio conjunto. Es una práctica que todo el mundo conoce en La Habana.
Incluido los impugnados en “delitos de corrupción”.
Hablando de delitos, y de corruptelas que todos en ese país conocen, practican y saludan en privado. Desde los más altos niveles hasta el simple empleado de un hotel con gestión extranjera, pasando por los petro-cubanos en los lugares semi-administrados por las firmas canadienses en Varadero.
Hay una excepción a esta corruptela: los que ya tienen la mano metida en el bolsillo financiero de Cuba. Esos no necesitan nada más. Son dueños de los “caballitos”, bancos y loterías personales. Lo que hacen es repartir la corruptela entre los otros… elegidos a dedos y fidelidad de silencio.
De vez en vez, sin embargo, salta un “perico” en los negocios bilaterales entre Canadá y Cuba. Como es el caso de Vahe Cy Tokmakjian, que no es el primero, por cierto. Ni será el último.
Pero el “socio cubano” se hizo demasiado visible, al parecer, con los diezmos, o quizás no salpicó mucho a las alturas, o a lo mejor, como muchos conjeturan, hizo denuncias de extorsiones demasiado evidentes. De alguna forma Tokmakjian se hizo “insoportable” al gobierno cubano. La visibilidad del escándalo es algo que los dueños de los bolsillos socialistas no admiten.
Suerte de de Ochoa canadiense este Tokmakjian. Gambito de cambio, para limpiar expedientes locales.
De todas formas, la política canadiense bordea mucho la hipocresía, cierra mucho los ojos a la evidencia, y calla mientras sea necesario para cubrir las apariencias y proteger a los inversores canadienses en la isla. Cuba es, además, la playa tropicalista de Canadá. El hotel de veraneo de Toronto y Quebec. El tabaco de Vancouver y la mulata de Calgary y las praderas.
Las nalgas socialistas de Cuba distraen demasiado los ojos de los primeros ministros. Alguna pregunta me asalta, sin embargo.
¿Habrá que esperar por un PM abiertamente gay para que esto desaparezca, o será alguna otra cosa entonces?
Lo cierto es que Canadá, y su política exterior hacia elementos antidemocráticos en la sociedad de naciones como Cuba, tiene muchas coincidencias, por ejemplo, con lo que recientemente dijo Dilma Rosseuff.
Respetan dictaduras y democracias. Se hacen de ojos ciegos mientras la sangre no llega al río y todo se convierte en un gran escándalo publicitario. Pero, para desgracia cubana, Cuba no es Libia y no tenemos a un blogger local que invite a levantarse a una población hace mucho tiempo dormida o escapada.
De alguna forma ese “respeto a  democracia y dictaduras”, que es en realidad respeto al atropello mas que a la tolerancia, es lo que piden algunos emigrados cubanos. ¡Que dejen vivir al gato!
En 56 años hemos aprendido a convivir con el atropello, la vigilancia, la boca cerrada, el silencio y el oportunismo, en vez de terminar con esas ideologías del despojo.
¡Bienvenida la dictadura en este mundo DictaBlando!
¿No es así?
Pero retornando al asunto en cuestión: el bochornoso comportamiento del veraneante tropicalista del norte. La política canadiense la venimos apreciando desde el mismo 1959. Desde entonces nada ha cambiado. No se acabará. No son los cubanos, ni ese gobierno, ni ninguna revolución la que ha “vencido” al embargo. Han sido los socios occidentales de Estados Unidos, Canadá incluido, quienes lo han hecho por los nativos isleños.
Por desgracia estas verdades se esconden en mucha hipocresía del intelecto, mucha ignorancia del periodismo y mucho oportunismo de la izquierda.
La chambelona cubana no dejará de ser apreciada por la melosa lengüetada canadiense. La nieve no sólo enfría el cerebro, también reclama la nostalgia tropical que nos trae el sol de Cuba, las arenas doradas y un paisaje montañoso de nalgas en un ensueño caribeño. Y así ningún político en Ottawa se le ocurrirá mencionar cerrar las puertas del hotel de invierno a su electorado, so pena de acabar de perder su asiento en el Parlamento.

Sunday, September 21, 2014

A bailar en casa del trompo

Mírenles los rostros. Descubran la mirada descarada del oportunista sin camisa, con la mano en el bolsillo y la gorrita del tigre que salta… la frontera, para protestar en México, pero no en Cuba. O quizás ese otro, acodado en la mesa de concreto, el reloj en la mano derecha, con la mirada y el gesto adusto en los labios.
¿Les parecen opositores en Cuba?
¿Creen que protestarían, levantarían un dedo en La Habana, en contra del dictador?
¿Harían huelga de hambre en alguna plaza, o siquiera en una casa particular por alguna de las violaciones a sus derechos humanos en la isla?
Estos protestones de marioneta, que no protestantes, no profesan ninguna religión, ninguna ideología y oposición política que no sea la de sus bolsillos, su oportunismo y su indiferencia en Cuba, hicieron una “huelga de hambre” en México en Mayo del 2012. Muchos leyeron las noticias propagadas por las agencias de prensa.
No les dejaban libremente pasar de México a los Estados Unidos. Y enseguida reclamaron su derecho a la opinión, a la protesta y a una huelga de estómagos.
A la vista de todos. CNN, AP, Reuters incluida.
Huelga de charlatanes que cruzan fronteras, colgados de cualquier pretexto viajan a México y a correr a los Estados Unidos, reclamar la estadía permanente gracias a la “Ley de Ajuste”.
“Pies mojados” en México que claman inmediatamente, a la Comisión Nacional de Derechos Humanos… en ese país que no en Cuba, que se le “violan los derechos”.
En La Habana le violan los derechos, los izquierdos y hasta el bolsillo trasero al de la gorrita. ¿Han protestado?
Ocurrió en Mayo del 2012, pero también ocurrió en Mayo de este año, y en Abril y Junio y hoy y mañana y pasado, ocurre todos los días, cada vez con más frecuencia. Todos aspiran a cruzar la frontera, engancharse al carro americano, esperar un añito, clamar por residencias y nacionalidades y brincar el charco inmediatamente para ver a la tía en La Habana.
¿Refugiados?
¿Perseguidos?
¿Opositores políticos?
Sí, del bolsillo, del pantalón socialista, de la chancleta cubana que zapatea por las ruinosas calles de La Habana pensando en irse a Miami y regresar exhibiendo billetes, o quizás ganarse unos dólares  e invertirlo en un timbiriche raulista en Cuba.
Sociedad civil “Made in Reformismo Raulista”.
Esto es lo que tenemos en casa del trompo. Tropita de oportunistas de bolsillo que, con mucha prontitud, se lanzan a defender su mendicidad de pensamiento con “finales de ideologías”, “libertad de expresión” en internet, que no en Cuba, “libertad de movimiento” en Miami o New York, quizás en Madrid algunos afortunados “galleguitos”.
Libertinaje de mentiras y oportunismos.
Rápidos de justificaciones, palabras necesarias y confesiones de medio lado. El castrismo sólo les logró enseñar lo propio del sistema: doble moral, oportunismo mediático, definiciones precisas de categorías filosóficas castro-marxistas que exigen a los demás, y se las prohíben a sí mismos.
Esto es lo que consigue, en su inmensa mayoría, atrapar la “ley de Ajuste Cubano” en los Estados Unidos. Deberían cambiarle el nombre y ponerle “Ley de Ajuste del Oportunismo Cubano”.
Así de sencillo.
Y acabar de una vez y por todas con esas mediocridades de leyes, que no resuelven nada en el espectro dictatorial en Cuba, y sí atrapar a estas caritas con la mano en el bolsillo oportunista.
Esos son los que esperan para viajar mañana, en alguna estación en Gran Caimán, en la frontera mexicana, en Costa Rica, en cualquier otro lado que logre acogerlos de resaca.
Estos son los hijos del “trompo” que bailan en cercado ajeno, pero no en casa.
¡A bailarse allá, donde nadie lo hace!

Friday, September 19, 2014

De Colaboracionismos y Amnistías

La historia guarda celosamente la crónica del doloroso camino hacia el derrocamiento de las dictaduras, de todas las dictaduras. De derechas, y de izquierdas. O debiéramos decir, quizás con más propiedad, de las dictaduras. A los que defendemos la libertad del ser humano no nos importan los colores, y lados, y las etiquetas ideológicas de las dictaduras.
Todas lo son.
Pero las que etiquetan de “derechas” son más ¿fáciles? de derrocar, que las del otro lado del andamio socio-político. El término “fácil” no es muy feliz al uso, porque el derrocamiento de los regímenes dictatoriales siempre está ligado el ser humano, su destino ante la injusticia y su vida. No me gusta usarlo, aclarémoslo de una vez y déjenmelo sólo utilizar prestado de ocasión.
Las dictaduras “de derechas” no destruyen todo el aparato de la democracia, y no socavan la sociedad en su estructura económica. Y muy difícilmente logran la complicidad de los ciudadanos de un país, su colaboración activa y pasiva, hasta lograr destruir todo proceso de enfrentamiento. Tienen, además, la resistencia de los hombres honrados de todas las tendencias políticas, y también la colaboración de la claque intelectual de izquierda local, e internacional.
Las dictaduras de izquierdas, en cambio, se hacen dolosa y doblemente difíciles de derrocar precisamente por todo eso. Convierten al individuo en la célula activa destructora del entramado social que lo rodea. Complicidad y colaboracionismo se adjuntan en un combo para tocar la música de la orquesta del dictador de turno.
Cuba comenzó a tocar esta musiquita estalinista en 1959. Una continuación dramática de una dictadura de “derechas” a una de “izquierdas”. Mutación tropical pro-soviética.
La lucha contra Batista logró la complicidad y la simpatía de todo el teatro político cubano, cualquiera fuera su matiz, y lanzó a Fidel Castro a convertirse en esta adoración hollywoodense, con proto-estatura de semi-Dios encíclico, de una nueva era “revolucionaria”.
El mismo tipo de “revolución” democrática al estilo Robespierre, con la guillotina en los bajos del ventanal palaciego tropical.
Desde entonces la izquierda alcanzó la trinchera que necesitaba para, no sólo el aplauso, sino la colaboración cómplice y, en los peores momentos, el silencio ante la barbarie.
Pero en el país los cubanos nos arremangamos las mangas, y tocamos los timbales de la orquestica melodiosa socialista también.
Construimos así la amnistía total a un dictador. Le aplaudimos sus órganos de vigilancia. Nos convertimos en miembros de esos órganos. Aplaudimos al chivato, entramamos la prostitución ideológica de la fidelidad colgando el conocido cartelito de “Esta casa es de Fidel”. Levantamos automáticamente la mano, como un millón en alguna plaza, cuando al ritmo de palabras grandilocuentes se anunció el Socialismo renegado… por el mismo que dijo no lo era.
Se marcharon unos, nos marchamos otros. Y ahora se regresan muchos.
¿Todos?
No sé. Las cifras no interesan mucho. Uno, dos mil, “rempanganagua”. ¡Los que sean!
Cuando les dejamos que nos robaran las propiedades, fuimos cómplices. Nos callamos. Huimos. Amnistía para Castro.
Cuando aplaudimos la creación de la chivatería organizada. Aplaudimos. Levantamos la mano. O nos callamos. Amnistía para Castro.
Cuando abrimos Camarioca, o el Mariel, y gritamos “Gusanos” y “Que se vayan”. Gritamos. Aplaudimos. Carcajeamos. Y los demás se cosieron las palabras. Amnistía para Castro.
Cuando los dejamos volver, le abrimos los hoteles, implantamos impuestos y tarjetas blancas. No protestamos. No quemamos nuestros pasaportes. Hicimos la “colita” en las embajadas y consulados. Y nos callamos. Amnistía para Castro.
Cuando impusieron impuestos en Aduanas. Quitaron y pusieron prohibiciones de aeropuertos, productos y mercachiflería capitalista-norte-americanizada. Nadie bloqueó las embajadas. Nadie embargó los tickets aéreos. Seguimos pagando, volviendo, visitando y acatando como corderos. Amnistía para Castro.

Diremos. ¡No fuimos nosotros! Fue él. Innombrable y nombrable. Pero fuimos, porque callamos y dejamos hacer.
Somos colaboracionistas pasivos de un régimen que ha sabido imponer el ritmo de este comercio ilícito de colaboraciones. Ilícito por el no consentimiento, pero lícito por nuestro silencio.
Usted. Ese que grita tanto por el “fin de las ideologías”. Siguen existiendo.
Aquel, que regresa a alguna plaza para “cantarle al pueblo”. Plaza usufructuada. Colaborador pasivo silenciado.
Cada uno que compra un ticket de regreso, para lo que sea. Para ver esa abuela que nos crió, cuidó duramente en los momentos difíciles y nos lloró la partida. Además de la amnistía colaboramos con el dinero automático del regreso.
Dinero colaboracionista.
El embargo, bloqueo, póngale el nombre que desee, es la historia lacrimosa de un pueblo que ha entregado su espíritu de lucha a algún otro, al presidente de los Estados Unidos, para que comande la batalla por la libertad que sólo le pertenece comandarla al cubano.
Somos un pueblo indigno de recordar el nombre del Apóstol. El, que si estaba la bandera, pues... "no se, yo no puedo entrar".
¡Porque en vez de luchar hemos colaborado! 

Las verdades son duras, contradictorias y difíciles. Mucha gente no puede hacer paz con su pasado de colaboración, pasivo o activo. Muchos no pueden entender, o no quieren entender, o su gramo de oportunismo promovido, regenerado como la savia perfecta del castrismo, no les permite reconocer que han sido, y siguen siendo colaboradores del régimen.
No se logra entender que las dictaduras de izquierda no dialogan, muy difícilmente lo hacen las de “derechas”, a pesar de todas las presiones promovidas por amigos y enemigos.
Y entonces se nos enciman las energías oportunistas de los aplaudidores de mano zurda. Muy dados a servir de claque sólo por intereses locales, ideológicos, e indignos de su partido en algún enclave democrático del mundo.
Sí, todo eso es cierto. Los cubanos hemos tenido la complicidad abrumadora de la izquierda mundial para darle también su amnistía a Castro. Pero el culpable principal, y el colaborador usual es el mismo cubano que no quiere ni saberlo, ni reconocerlo, ni siquiera admitirlo en sueños y pesadillas.
Que envía dinero, ropas y vituallas.
Que sufraga timbiriches reformistas “Made in Raúl Castro”.
Que regresa a tocar “timbales” en un teatro metropolitano socialista… para “cantarle a su público cubano”. “Su” publico.
Que alquila una habitación en algún hotel, se pasea por Varadero o carga con medio WalMart por las puertas de las aduanas.
De colaboración y amnistía estamos podridos todos.
Y esa es la principal trinchera de defensa de esta dictadura. Comercio indigno de sentimientos, finales bochornosos de llamadas “ideologías”. Disdidientes prefabricados, porque en esta cumbancha hay de todo… como en botica.
Duro, ¿verdad?
Lo siento. Los 56 años no son una chambelona en la puerta de un colegio.

Thursday, September 18, 2014

Entre Baraguá y el Zanjón

No soy historiador, ni pretendo serlo. Tampoco es mi propósito re-escribir la historia. Convertirme en otro Emilio Roig de Leuchsenring, o un nuevo José Luciano Franco. La historia siempre me ha interesado, sin embargo. Debería haber dicho fascinado.
Y la historia de Cuba, casi siempre, echa sus luces, y sus sombras, sobre lo que nos sucede hoy como pueblo, y como sociedad.
Tendemos a mirar las luchas independentistas del siglo XIX marcadas por dos sucesos trascendentes: el Pacto del Zanjón, y la Protesta de Baraguá. Y, ante esos dos hechos, la historiografía repite clichés, re-interpreta desde lejos y al final por los vencedores – como casi siempre, o siempre – lo ocurrido.
La escuelita socialista de maestros, escribanos hípicos del proceso reciente y el periodismo oficial nos remite demasiado a Baraguá, y nos condena el Zanjón a la traición. Se olvida, con demasiada facilidad, con demasiada sospechosa facilidad, las mismas palabras de Roig de Leuchsenring:
“Fue el poder de la Revolución, a pesar de estar moribunda, el que impuso a España las obligaciones que ésta adquirió en el Zanjón”
Esta visión de aquel pacto necesario, ante el agotamiento de las fuerzas mambisas, no se recuerda demasiado en las escuelas, en los libros de la re-historia socialista. No se recuerda en nada. Unos pocos textos del estimado Emilio, publicados sí, pero muy poco leídos en Cuba, por los cubanos.
Los cubanos ignoran a su propia historia… si no se las repiten, o se las dicen otros.
Me pregunto, ¿por qué?
¿Por qué este silencio o cuasi-silencio?
¿Será por el peligroso parecido de la situación cubana actual?
¿Estamos ante un  Zanjón, o es Baraguá el referente como el decrépito en Jefe siempre ha estigmatizado al proceso?
Rechazo las sugerencias que, con demasiada frecuencia, el altar sacralizado del castrismo nos “regala” en su historia.
No me gustan las intransigencias militares, tampoco las bravuconadas lanzadas aun por los más insignes patriotas cubanos. Los patriotas los enuncia la historia, y los que la escriben. No los que la hacen.
Para mí el Zanjón fue el descanso necesario, la paz imprescindible para cosechar un período de acumulación de fuerzas. Creo que hasta el mismo Marti lo entendió de esa forma. Las fuerzas cubanas estaban agotadas. Cansancio, divisionismos, caudillismo – de lo cual estamos enfermos hasta la médula –, y otros ismos.
El Zanjón no fue una traición. Y los que se retiraron tampoco fueron los presuntos traidores que nos regalan en la escuela.
En cambio, la reacción de Maceo me parece más la  intransigencia de la ignorancia, de la incompetencia por no poder reconocer las causas y consecuencias de la debilidad mambisa frente a España, que la intransigencia de la inteligencia, el patriotismo y la valentía.
Pura bravuconería.
Y la bravuconería no apela al raciocinio, sino a la brutalidad.
Baraguá se me remonta demasiado a la bota militar, al pensamiento castrado de “Socialismo o Muerte”, de “Numancia y Maguncia”, de aquel que hoy desaparece en el merecedor olvido del cubano. Se me aparece con la pequeñez del que escribió, sobre la muerte del Apóstol, “ya tuvo que morir el hombrecito”, en carta a Máximo Gómez. Otro que también sufrió de los mismos padecimientos que llevaron al Zanjón de entonces.
Y aquí estamos, arrastrando Baraguá. Despojando al Zanjón de su necesaria existencia. Condenádolo a ciegas. Repitiendo clichés.
Si algo ha caracterizado al cubano ha sido, precisamente, esa “irracionalidad baraguense”, la bravuconería y la falta de realismo. Y en consecuencia, nos olvidamos que ese mismo Maceo tuvo que aceptar un mes más tarde el retiro. Y en las mismas condiciones.
Sí, nos lo dibujan heroico, sublime, magnánimo. Una estatua de bronce.
Inhumanidad de mármol que tanto conocemos en los monumentos.
No me gustan las estatuas de bronce. Los héroes enardecidos. Las botas militares. Las hojas arrancadas a un Apóstol por un “generalísimo”. Los “no nos entendemos”.
Apestan a militancia ciega. Trinchera de intransigencias. Altivez de comandancias militares y cuarteles. Apestan mucho a la Cuba que hoy todos conocemos muy bien, y que nos hace olvidar las lecciones de nuestra propia historia. La misma que Roig de Leuchsenring recordaba sobre el vapuleado y apaleado Zanjón:
“En el Zanjón no fue aniquilado el ideal de independencia, sino vencido el régimen absolutista establecido el año 1837. España reconoció la personalidad de Cuba al pactar con el Comité Revolucionario del Centro.”
Estas palabras no son frecuentes en la doctrina oficial del gobierno de Cuba. ¿Por qué?
¿Será porque hoy sí se habrá “aniquilado el ideal de independencia” del ciudadano ante un gobierno que ha convertido a su pueblo en una ruina?
A propósito del tema, el Padre Varela decía algo que hoy tampoco se recuerda mucho en los colegios cubanos:
“Ningún gobierno tiene derechos. Los tiene, sí, el pueblo, para variarlo cuando él se convierta en medio de ruina en vez de serlo de prosperidad”
Lo que ha llevado a la ruina en Cuba ha sido el espíritu “baraguense” transmutado en “zanjonero”, como despectivamente la historiografía castro-socialista nos la re-escribe.
Es un Zanjón lo que vivió Cuba en 1959, y no un Baraguá.
Es el espíritu zanjo-castrista lo que arrastra el cubano en sus calles y pueblos, y que algunos estampan con el romance de "revolución".
Depuso las armas. Entregó los brazos. Comerció con su alma. ¡Claudicó sin Pactos!
El Zanjón de la Guerra Grande no destruyó el espíritu patriótico del cubano digno, ni a sus héroes. Y España firmó el armisticio dejándole partir al mambí con su digna gallardía intacta.
El Baraguá de hoy no se la deja recuperar al cubano.
¿Quién aquí es el verdadero “zanjonero”?
¿Qué cosa es verdaderamente Baraguá?
En dos instantes muy diferentes de la historia, los caminos se descruzan y cambian de dirección. La historia repite la bofetada… y en esta ocasión, nadie puede reclamar ningún héroe.

Wednesday, September 17, 2014

Né’bola

El régimen de La Habana ha anunciado, a bombo y platillo, su próximo comercio ideológico: el envío de 165 médicos y personal de salud a la lucha contra el ébola. El grupo incluiría médicos, enfermeras, epidemiólogos y especialistas en control de infecciones y en cuidados intensivos. Responden así a la llamada telefónica de Ban Ki-moon en solicitud de ayuda.
La oficina del asiático ONUnero estuvo muy ocupada llamando a sus gerencias satelitales en el trópico.
No recuerdo aún si Ban Ki-moon llamó al gobierno de Cuba para preocuparse por los afectados, en el Oriente del país, del último huracán que azotó por aquella zona. Por ahí están los reportes sobre la eterna espera por los recursos que nunca llegaron. ¿Levantó el teléfono entonces Ban Ki-moon?
No recuerdo, además, ninguna llamada del organismo internacional de salud, OMS, para pedirle información y precisión estadística sobre el número de afectados por el cólera, el dengue – que ya es endémico en el país, y el chicunguña.
Las estadísticas se quedaron en el platillo de la taza de café degustado en La Habana, después del pelado del chino.
Pero tampoco recuerdo ninguna respuesta de solidaridad del gobierno de Cuba ante esas hipotéticas llamadas pidiendo ayuda para su propio pueblo. ¿Cómo es posible que un gobierno se solidarice con cualquier otro punto lejano del planeta y no pueda hacerlo con su propio pueblo?
Algo mas, ¿de qué moralidad se puede hablar cuando se ejerce un comercio ideológico a costa de desnudar el servicio de salud de un país?
¿Cuál es la ideología que defiende apoyar la sanidad extranjera, en el África Occidental, mientras los servicios sanitarios, de salud y acueductos, de tantas zonas del país, necesitan de esa respuesta a una hipotética llamada que nunca ocurre?
En 1997 viajé a Guantánamo, ya entonces el agua “potable” allí era negra, en el vaso que me colocaban cada noche en el restaurante del hotel de Guantánamo. Un hotel que, supuestamente, recibía al turismo extranjero.
El ébola, sí, está acabando en África. Como también está acabando la partida de gobiernos corruptos que gobiernan a esos pueblos. Eso también es parte del ébola, que es su consecuencia. En Cuba está acabando otro gobierno, y la misma indiferencia, ante el cúmulo de problemas, a los cuales no quieren darle la solución que merece, que necesita. Comercian servicios de salud, que es exportar médicos a trotamundos, sobre el apaleamiento de  los que se quedan detrás, soportando la carga de los que se van. Y aún más, de los que entonces no regresan, porque abandonan la misión.
Repito. ¿Cómo se puede ser solidario con los otros y no ejercer la solidaridad con el nacional?
¿Cómo despojar de recursos humanos los servicios esenciales de un país para la plusvalía política internacional?
Además de recibir informaciones que no verifican, ni cuestionan. Además de aplaudir sin conocer los vericuetos del problema cubano. Además de levantar el teléfono y pedir médicos y ayuda a un país que necesita de sus recursos humanos para reconstruir su infraestructura sanitaria. Además de todo eso, la ONU es parte esencial del problema del totalitarismo en Cuba.
Los organismos, regionales y su dependencia central, de la ONU se convierten en cómplices al solicitar estas transacciones comerciales humanas. Eso también es tráfico humano, bajo los servicios de organismos internacionales que, supuestamente, los condenan.
Ellos, Ban Ki-moon and Co’s, conocen que ese gobierno está hambriento de estos gestos. Son promotores a conciencia de estas argucias, mientras ganan salarios enormes a costa de expoliar profesionales en la pobreza, y en la indefensión política en manos de gobiernos totalitarios que usan los servicios de salud, sus profesionales y los recursos que deberían ser de sus nacionales, como agenda de cambio para sus comedias de altruismo mediático.
Y no hartos con eso, se lavan las manos a la hora de responder a las críticas y a los argumentos en contra de su complicidad.
El ébola esta en Africa, pero en Cuba las condiciones higiénicas en la misma capital, sin necesidad de irse a Guantánamo, han provocado enfermedades que supuestamente ese sistema había “eliminado”.  ¿Se lo recuerda Ban K-moon a Raúl Castro en su llamada desde New York?
El deterioro de la vivienda, la inexistencia o escases de los servicios de agua potable, el deterioro de las instituciones de salud, de la atención al adulto mayor, la indefensión de los más pobres, nada de eso escapa al trasiego de inmoralidad de este comercio. No escapa tampoco el desabastecimiento de los medicamentos de uso básico, como una simple vitamina C. Ni las farmacias como almacenes de estantes vacios. Ni el mercadeo ilícito que sale de hospitales, instituciones de salud para abastecer la red del mercado negro de medicamentos que es, también, un mal endémico de los servicios de salud de Cuba.
Mientras, el gobierno trafica profesionales del sector en Brasil, Venezuela, Portugal y ahora Sierra Leona. Por un teléfono que suena desde la ONU.
Nadie llama para los habitantes de las barbacoas en la Habana Vieja, que lanzan los desechos humanos a la calle. Tampoco por los habitantes de tantos pueblos de Cuba que carecen de los básicos servicios de alcantarillado y de agua potable.
Esta mezcla de insta café ideológico aguado, con solidaridad hipócrita de sabor amargo, es lo que yo llamo Né'bola.
Né Solidaridad con Cuba y sí mucha bola comercial ideológica.
Né altruismo al nacional, al que muere por falta de un medicamento escapado para la calle para el bolsillo de sobrevivencia del pillo, y sí mucha propaganda a costa del sacrificio de una isla en usufructo.
Ebola desangrando Africa.
Né’bola destruyendo Cuba… pero Ban Ki-moon no responde a esa llamada.

Tuesday, September 16, 2014

Una isla en usufructo

¿Ir o no a Cuba? Es la pregunta que con iteración algorítmica parece retornar a los sitios, diarios digitales, redes sociales, prensa, declaraciones, malentendidos, polémicas. No se trata del retorno del simple ciudadano, si no del otro, del artista que se fue para levantar el vuelo en una carrera que no tenía, ni tiene, un futuro material y profesional dentro de la isla.
No la tiene.
Pero empecemos por el principio, que es el regreso. ¿Por qué se regresa? ¿Adónde se regresa? Y ¿bajo qué condiciones se regresa?
Son preguntas que esos mismos artistas deberían responder con honradez, si aún la tienen. Ya sabemos que el bolsillo oportunista hace estragos en el sector artístico desde hace mucho tiempo en Cuba. Cantantes que viajan a Miami, dicen no ser políticos ni querer hablar de política, para regresar entonces y hablar en el regreso de política… y como cotorras.
O el reverso. Hacen una carrera, se ganan algunos dólares y retornan para poder vivir su libertad en Cuba. ¿Es que no la tuvieron cuando vivían en el extranjero? ¿O es que hablan de la libertad de comprarse una casa barata en Cuba, sin impuestos, intereses hipotecarios y un dólar multiplicado exponencialmente por el mercadeo inflacionario?
¡Libertades de bolsillos, que no de almas!
El último en la lista de los regresos es Pancho Céspedes. Ya se ha escrito mucho sobre el cuento, pero mañana será otro, cualquier otro. Y la polémica regresará olvidando siempre el mismo punto básico: ¿adónde se regresa?
Y ¿para qué?
Si la respuesta es para cantarle al que sería su público por excelencia, el argumento puede ser comprensible. Todos queremos que nuestro entorno nos reconozca como triunfadores, o que al menos conozcan qué hemos hecho en todo este tiempo lejos del lugar donde se nació, y nos vio crecer.
Entendible, ¿no es cierto?
El problema es que se regresa a la plaza, el teatro, el cabaret, el evento oficial que servirá de tablado al retorno. Todos ellos pertenecen a un solo dueño: el gobierno de Cuba.
Las plazas, los estadiums, los teatros y salas de conciertos, las plazas públicas – aun cuando supuestamente deben ser de todos, pero no lo son –, los museos, los salones de exposición, las pequeñas galerías de arte, las universidades, la radio, la televisión, los medios, la prensa, los eventos, concursos y festivales, todo donde un artista tiene que retornar para demostrar su arte tiene un único dueño, empleador ideológico que no admite ningún rasguño a su política “cultural” – llámese ideología.
Póngale DOR, Partido Comunista, Buro Político, Raúl Castro, el otro decrépito en un punto cero rodeado de moringa, póngale el nombre que quiera. Todo eso tiene ese dueño que o castiga con el silencio, o con la puerta cerrada o con la simple advertencia del verdugo.
No se hace política, dicen algunos. Vamos a cantarle al pueblo. ¿Dónde? En los lugares donde el dueño y empleador es el mismo: el régimen. Todo el dinero recaudado va a esas arcas, a ninguna otra. Y los que invitan, organizan y festejan tienen la misma agenda del gobierno. Responden a ella. Imponen las condiciones de esa elite de poder.
¿Es o no es así, Pancho Céspedes?
Nos guste, o disguste a unos, a otros, o a todos. Cuando se regresa no se retorna a Cuba. Se retorna a algún otro lugar en usufructo al que apodan Cuba. Se baja el cogote a ese dueño ideológico, del que se niega públicamente ser una perla privada del collar de la dama republicana, asida a la presidencia por 56 años. Aun cuando se cante en una plaza pública, donde no se recolecte ninguna entrada, ni se pase el sombrero socialista para ninguna obra igualitaria, se está asistiendo a un usufructo.
Al usufructo de Cuba, de su cultura, de sus artistas y su arte, del futuro del país, del alma libre de cada ciudadano con decoro, y en nombre del verdadero dueño que no es el pueblo. Ese sujeto de que hablaba Pancho, o algún otro, el de mañana o pasado. El próximo que retorne y se desate esta, la misma polémica de siempre.
¿Cuántas veces más la vamos a replicar?
Las condiciones pueden ser más o menos onerosas. El régimen  sabe siempre hilar astutamente su viejo collar. Atando algunos con un nudo más suelto, exigiéndoles más cordel a otros. Cosiéndole la palabra a todos.
El para qué se regresa entonces es irrelevante. Muchos de estos que retornan lo hacen para vivir una vida fácil. No hicieron la zafra de dólares adonde se marcharon. No brillaron “las estrellas” en el cielo musical. Recolectaron unos cuantos billetes y regresan para consumirlos con gotero socialista.
Bolsillo oportunista capitalista en pantalón cubano socialista. ¿No es así, Descemer?
A tomarse el jugo multiplicado, cantar la chambelona socialista y regresar a recolectar algún jueves en cualquier otro club generoso de Miami, donde se declarará “artista” y no un político, y pedirá respeto a sus opiniones, libertad de palabra y pensamiento. Nada de lo que se arriesga a pedir en Cuba. Olvidándose, por cierto, de que la palabra libertad es esencialmente de raigambre política.
Quizás ese día en la clase estaban chupándose la chambelona, o algo así.
El hombre nuevo que formó la Cuba castrista es un oportunista en esencia. Utiliza la palabra como artículo de venta y compra. La coherencia es una prenda de vestir utilitaria, fácilmente desprendible. Un calzoncillo que se puede ensuciar y arrojar a la basura capitalista. Después de todo, se goza de bolsillos cosmopolitas, jugosamente dolarizados. Ah, y la muy criolla honradez es un producto desechable.
Jineterismo cultural de trópico.
Yo siento mucho no poder comprender ese espécimen. Me eduqué en un núcleo familiar donde mis abuelos hacían culto a la honradez, y a la decencia. A la coherencia de vivir pobre, sí, pero con la frente alta, sin tener que esconder los ojos ante la pregunta difícil. Sin tener que ir a pedir perdón a Dios por la palabra hipócrita, la mentira condescendiente, y el engaño oportunista.
Todos estos que regresan lo hacen por todo eso. Unos para subsistir de un bolsillo capitalista en propiedad ajena. Otros porque no han podido ser mucho más de lo que fueron en Cuba, quizás mucho menos. Todos porque sencillamente nunca han sido honestos ni con ellos mismos. No saben qué quieren hacer con sus vidas, qué lograr, qué principios defender, qué espiritualidad cultivar, con qué valores realmente culturales vivir.
Lin Yutang dijo que “el hombre superior ama su alma, el hombre inferior ama su propiedad”.
Estos ya no tienen alma, pero tampoco les queda ninguna propiedad. Viven sencillamente en usufructo sus vidas.
Pobres almas. ¡Nunca fueron libres!

Sunday, September 14, 2014

Lecciones de la Iglesia de Europa del Este para Cuba

En los 56 años de dictadura cubana muchos analistas, periodistas, escritores, católicos, no creyentes pero sostenedores de la libertad de credos y personalidades de la cultura, cubanos y no cubanos, se han cuestionado el papel de la Iglesia Católica en Cuba. Los ecos de esos cuestionamientos surgen hoy, más que nunca, ante el rol tan esencialmente controversial ejercido por su primado en Cuba: el Cardenal Jaime Ortega.
Y es que, en principios, la religión y sus instituciones, especialmente la Iglesia Católica, enfrentaron los mismos retos de sus correligionarios en Europa del Este, después de la caída de Hitler y la ocupación de sus territorios por las tropas soviéticas, con el establecimiento artificial de los regímenes pro-estalinistas en la región.
Entonces, el clero se enfrentó a las circunstancias de que la religión tenía que funcionar dentro de un sistema político que lo describía como su mayor enemigo. Algunos pensaron que cierto grado de cooperación e, incluso, colaboración, con el comunismo sería su única opción de supervivencia. Otros los enfrentaron con estoicismo.
La historia de esas dos tendencias es ejemplarmente descrita en la actitud de los Cardenales Mindszenty y Wyszynski, de Hungría y Polonia respectivamente. Mientras el húngaro Mindszenty eligió el camino de la disensión abierta en contra del comunismo, de manera directa y política,  Wyszynski optó por llegar a acuerdos con el poder pro soviético y estalinista.
Mindszenty no se anduvo con rodeos y no transigió ni negoció su palabra y su libertad personal ante Dios. Respondió a todos los ataques contra la Iglesia con duros contraataques, y no se mostró dispuesto a firmar ningún acuerdo con el poder hasta que el régimen restableciera las libertades religiosas, de congregación y de fe, todas las libertades personales. Fue encarcelado, torturado y permaneció en prisión hasta mucho después de la muerte de Stalin.
Wyszynski, en cambio, escogió otra clase de táctica. Se sintió más inclinado a llegar a acuerdos, a negociar con flexibilidad la existencia de cierta libertad espiritual y religiosa en la naciente Polonia pro-soviética. Se abstuvo de dar sermones encendidos y criticar públicamente al régimen. Prefirió protestar entre bastidores. Amargamente, en sus memorias, se lamentó de que los polacos no comprendieran sus tácticas. Llego a intentar identificar algunos puntos de acuerdos con la ideología comunista, señalando la defensa tradicional de la Iglesia de la justicia social, por ejemplo. La Iglesia llegó, incluso, a comprometerse en no apoyar a ningún grupo disidente ni de oposición al régimen, y así firmó un acuerdo en 1950 que obligaba a los líderes religiosos polacos a decir al pueblo que su trabajo era pastoral, y que debería fomentar el respeto por las leyes y prerrogativas del estado.
Todos estos hechos, por cierto, son sospechosamente posibles de haber sido seguidos por la actual jerarquía católica cubana.
El polaco luchó por encontrar tiempo para la Iglesia polaca y reconstruirla, ya que fue terriblemente devastada en ese país durante la guerra por ambos bandos en litigio, y su obsesión, que lo expresó en sus memorias, era evitar la devastación que había sufrido la iglesia ortodoxa rusa durante la revolución comunista en aquel país. Al final, Wyszynski también sufrió cárcel.
Las dos posturas dieron lugar a resultados muy diferentes.
Mindszenty tuvo el mérito histórico y el valor personal de su claridad en el enfrentamiento, y fue admirado por su insistencia en la verdad. Su franqueza lo convirtió en un símbolo de lucha contra el comunismo en la Europa pro-soviética. Pero no evitó que la Iglesia húngara sufriera represión.
Wyszynski tuvo el “mérito” de la flexibilidad que persiguió evitar la confrontación, evitar que los sacerdotes entraran en la cárcel, y mantener las instituciones católicas abiertas, lo más que pudieran estarlo. Su actitud no tenía la claridad moral del húngaro, ni tampoco la misma capacidad de inspiración, y sus sermones frustraban a los fieles por su ambigüedad y silencios. Sin embargo, para ser justos, esto ayudó a que fuera arrestado mucho mas tarde que el húngaro, y que la Iglesia polaca atravesara el período estalinista indemne, al menos en comparación con los otros territorios invadidos por los rusos.
Las dos tácticas en Cuba
Casi podemos delinear las dos líneas tácticas en Cuba. El período de enfrentamiento frontal desde el inicio de los 60 y llegando a su etapa final con la expulsión de los sacerdotes y monjas extranjeros, fundamentalmente canadienses y españoles en los 70. Hasta la famosa Carta Pastoral de la Iglesia Católica cubana de 1991: “El Amor todo lo Espera”.
Los cubanos conocemos los resultados. Los ataques frontales en la prensa, por miembros de la claque periodística oficial en Granma y el resto de las fotocopias de prensa. Los ataques “de costado” por confesos católicos, como Cintio Vitier, que hacían más daño por su posición oportunista. Las evidentes presiones al Arzobispo de La Habana, Jaime Ortega y Alamino, por la redacción de aquella carta, realmente inspirada por el Arzobispo de Santiago, Pedro Meurice, quien fue el lanzador designado para hablar en Santiago durante la visita papal de su Santidad Juan Pablo II en 1998.
Podemos casi aventurarnos a delinear las dos actitudes. Mindszenty en Monsenor Pedro Meurice y Wyszynski en la piel de Jaime Ortega.
El retiro de Monseñor Meurice marcó, definitivamente, la declinación del enfrentamiento directo, y el establecimiento de un acuerdo de colaboración entre las autoridades comunistas y la alta jerarquía católica, encabezada por Jaime Ortega, ya entonces Cardenal. Sin lugar a dudas, la Carta Pastoral del 91 le abrió las puertas cardenalicias a Ortega, mientras que el retiro y posterior fallecimiento de Monseñor Meurice abrieron el camino a las tácticas conciliatorias y colaboracionistas del Cardenal.
Esa colaboración silenciosa “ayudó” a la excarcelación de decenas de presos políticos, en realidad expulsión sumarísima hacia España, algunos de ellos miembros de la famosa “Primavera Negra” del 2003, otros con un pasado más controversial, algunos cuestionados por no ser evidentemente presos de conciencia. La colaboración cardenalicia les abrió las puertas aduanales para su expulsión de Cuba. Fue así de sencillo.
Pero esa misma colaboración le permitió sacar los símbolos religiosos a las calles, enclaustrados por decenas de años en los muros eclesiales. Salidas controladas y seguidas muy de cerca por la policía política. Muchos en Cuba sospechan que quienes “sostienen” la Virgen en los eventos públicos son miembros o colaboradores de la G2, es casi un hecho.
Hoy la “Táctica Wyszynski” arroja la construcción del primer templo católico en la Cuba castrista, el acceso parcial a los órganos de prensa oficiales, la celebración más reposada de los eventos religiosos en el país, la presencia masiva del cubano en los precintos religiosos, especialmente en las celebraciones especiales de la Iglesia. Pero también se percibe la colaboración con cierres de publicaciones que apoyan la disidencia u ofrecen una ventana de opinión más liberal. Cambios en plantillas de colaboradores y de dirección en órganos públicos de la Iglesia Católica, que significaban la presencia de “opositores leales”. Algunos ven en este resurgimiento de la ortodoxia pro-régimen, la mano del Cardenal Ortega.
¿Es así?
Hay que decir, además, que el comienzo de la masividad a los templos católicos comenzó con aquella carta maldita de 1991. Es decir, fruto del “estilo Mindszenty”. “El Amor Todo lo Espera” abrió las puertas de los templos al cubano, les hizo regresar, les dio esperanza de que el clero tenia la voz del pueblo. Hoy algunos grupos disidentes denuncian el colaboracionismo de las instancias eclesiales católicas con el régimen, su hipocresía. El Cardenal, esperando ya su retiro, también ha estado teniendo una muy sospechosa presencia en la prensa oficial, con entrevistas y palabras con un muy marcado “estilo Wyszynski”, corrigiendo pasados controversiales que el régimen quiere re-escribir, como el bochornoso capítulo de la UMAP. De esto ya escribí en otro post.
La Iglesia en Cuba ha tenido dos etapas fundamentales, las mismas que tuvo la Iglesia en la Europa del Este. No se sabe qué es lo que deparará el futuro para esta institución en Cuba. El retiro de Ortega es una pregunta que debe ser contestada por la propia institución. La continuación del colaboracionismo también tiene que ser re-definido por el Vaticano, quien en recientes días ha publicado una carta de su Santidad el Papa Francisco a los cubanos.
¿Qué ocurrirá en Cuba después del Cardenal?
¿Tendremos una continuación de las “Tácticas Wyszynski”?
¿Retornará el “estilo Mindszenty” de la Carta Pastoral de 1991?
¿Tendremos a un nuevo Monseñor Pedro Meurice que le hale las barbas canijas y el bigotito hitleriano a los hermanos Castro?
Sólo hemos encontrado una respuesta clara en las palabras del arzobispo Bruno Musaró, nuncio apostólico del Vaticano en La Habana, pero no es cubano. La Iglesia cubana sigue estando muda, y las “Tácticas Wyszynski” siguen, al parecer, en la agenda del clero de la isla, aunque en Miami alguno se aventure a decir algo más.
Nada está claro.
Sin embargo, Cuba hoy no es la Europa del Este del período estalinista, y la Iglesia debería recuperar su moral con claridad y dirección, dejar la hipocresía y el colaboracionismo. La dialéctica no es un concepto marxista, ni mucho menos, y creo debería ejecutarse un cambio de timón, y exigirle al Cardenal Ortega que acabe de callarse y se retire definitivamente de la escenografía social de Cuba.
Es mi opinión. Las respuestas a las preguntas deben darla los Obispos a su Pueblo.