Thursday, July 31, 2014

El “Arcoíris” que atrapó a Pinocho

La prominencia de ese órgano sensorial, la nariz, no es precisamente el símbolo seguro de la extensión de la mentira, o del tamaño de la mentira en el mentiroso, aun cuando se reincida voluntariamente en ella. Si así lo fuera, Mariela Castro, el CENESEX y el gobierno del padre de la delfina hace rato hubiera superado a Pinocho.
No hace mucho que, en este mismo blog, escribí sobre las evidentes inexactitudes, contradicciones y mentiras de la señora Castro Espín en su viaje gastronómico a Toronto, pagado con el "buen" dólar canadiense de los tontos útiles del sindicato de los trabajadores gastronómicos y del comercio, de siglas UFCWCanada. Lo pueden leer aquí.
No tuve que esperar mucho para que las mentiras, los propios "asociados" de Mariela y, por transitividad, del CENESEX, la demostraran y expusieran en "cueros destemplados.
Resulta que el grupo oficialista gay "Arcoíris" presentó una queja a la Fiscalía General para que "investigue" las causas por las que el nuevo Código del Trabajo, aprobado recientemente por la Asamblea Nacional, no prohibió la discriminación por identidad de género.
Pero, esperen, ¿no fue por esto que a Mariela Castro le pagaron un viajecito a Toronto, unos cocteles en un evento y un flamante premio de un sindicato canadiense?
¿No es así Syd Ryan?
No lo digo yo, lo desmiente "Arcoíris". Los socios de Mariela. Esos que le sirven de payasos en su conga por la ciudad de La Habana, para que le paguen a la delfina su turístico viaje al flamante evento en el WorldPride en la multiétnica Toronto.
Pide "Arcoíris" que se investigue, en sus propias palabras:
"... todas las instituciones o personas que puedan estar involucradas en ese hecho ilegal y violatorio de los principios de la Democracia Socialista."
¡Patético!
Y se lo piden a la señora Castro Espín, que recibió el premiecito por ese "nuevo" código.
Pinochos, están pidiéndole al verdugo, que ejecuta la sentencia de su padre, el dictador, que investigue su propia decisión. ¿No se dan cuenta, son estúpidos o le sirven la mentira en su propia mesa a la delfina?
¿O las tres cosas?
Pero, de resultas, con esta "denuncia" multicolor, como el florido nombre del grupo “pro-verde-olivo” gay, plantada en un blog oficialista, los mismos mentirosos desmantelan su propia mentira. La de Mariela, de ellos mismos y de la comparsa CENESEX que, por carambola, descabeza de principios al señor Syd Ryan en Toronto.
Nada, que ni un mes tuvimos que esperar para que, los propios mentirosos, se le adelantaran en extensión nasal a Pinocho... y gracias a ellos mismos.
¡Para caerse de la risa!

Wednesday, July 30, 2014

Lógica… ¿entre rejas?

Con el transcurso del tiempo se nos va de la memoria los años pasados en Cuba. Nos acostumbramos al nuevo clima, a las nuevas sensaciones y estaciones del tiempo, a la belleza del otoño con sus anaranjados colores intensos, y la blanca y cristalina belleza de la nieve… sin contar con el frio y las bajas temperaturas, por supuesto.
Cuba tiene una belleza natural, permanente, de verano. No se inmuta con los cambios de estaciones. No existen. Es verde todo el año, e inmutable, y se nos hace aburrido a los cubanos. En cambio, Canadá goza de las establecidas cuatro estaciones, y ese cambio súbito de una a otra trae sus particulares bellezas, y también sus inconvenientes.
Por supuesto, esto es para un cubano que ha vivido una parte de su vida en un clima inmutable, bajo el intenso sol de un trópico indolente y el verdor eterno de los árboles. Para los canadienses, quizás, suceda lo contrario. Anhelan el verde, el calor, lo inalterable de la naturaleza.
Pero no es de las diferencias climáticas, ni de las estaciones del año de lo que quiero hablar, sino de esa foto que hoy me trae los años pasados a la memoria, algunos que ya se me olvidan. La tomé “prestada” de un post de 14yMedio que habla sobre las fuentes “secas” en La Habana.
Y también me trae a la memoria la ilógica que en la mentalidad del cubano, o al menos de la oficialidad cubana, permanece inmutable, como el verde de las hojas en los árboles en la isla.
¿Verde Olivo?
Bromas aparte. Usualmente en verano, y también en invierno, en vez de irme hacia Toronto, esquivo la muchedumbre de la gran ciudad y me voy a Mississauga, una excelente ciudad al oeste de Toronto, quizás más lejos de donde vivo. Pero, a cambio, gozo de la tranquilidad, y la serena presencia de la que ha sido reconocida esa ciudad como la más tranquila, y de menor índice de criminalidad en Canadá. Y también con lugares muy hermosos.
Y aquí, en este parque amplio, con esa fuente enorme “lloviendo” fresca agua de sus contornos, me paso el día con mi familia, y mientras unos juegan con el agua, yo abro mi iPad y leo el libro que aún permanece a mitad, o comparto alguna foto de la tranquila belleza que me rodea. Lo mismo hago en invierno, cuando me llego los fines de semana a este mismo lugar, y a esta misma fuente convertida en pista de hielo.
Y al contraste de estas dos realidades es que me pregunto, ¿por qué en mi país tienen que encerrar entre rejas las fuentes, y los parques, y todo lo que se remoza y restaura?
¿Por qué se imponen leyes absurdas que impiden que los niños, los ancianos, o cualquier persona puedan refrescarse en sus aguas?
¿Qué hay de malo, criminoso, perjudicial que un viajero, o algún pasante por esta Plaza Vieja en plena Habana, quiera hundir sus manos en el agua fresca de un día tórrido de verano y refrescarse su rostro?
Las fuentes están en las ciudades para refrescar la ciudad…pero, primero que a todo, a sus habitantes. No tiene ninguna lógica encerrarla entre rejas, o dejarlas secas.
No entiendo tampoco la dichosa lógica, que expone esa persona en el post de 14yMedio, que dice que “es una indisciplina social” que un niño retoce con el agua de una fuente pública. Para eso existe la fuente, esa es su razón de ser. No es un simple ornato citadino.
La ilógica razón de preservar un servicio público, como es una fuente, encerrándola entre rejas por la supuesta “indisciplina social” de los ciudadanos de un país, es la lógica absurda de los burócratas que no entienden, o no quieren emprender la labor, precisamente, de educar al ciudadano en el respeto y el buen uso social de los servicios públicos, como el que tiene una fuente en un parque.
Muchos cubanos emigran de Cuba, de la propia Habana para Toronto, o Mississauga, de donde son estas fotos, o North York que es donde yo vivo – y otros lugares de los alrededores. No he oído a ninguno que se queje de “indisciplina social”, durante los días sofocantes del verano, de las personas que como ese señor se refresca caminando descalzo por la fuente.
¿O es que llevo ya demasiado tiempo viviendo en un país como Canadá, y se me olvidó la “lógica” entre rejas de la Cuba tropical?
No lo creo.
La libertad no se alcanza encerrando entre rejas lo que es del disfrute público… para supuestamente mantener la belleza, o cuidar la ciudad. La libertad real se alcanza educando a cada ciudadano en compartir esas bellezas, disfrutarlas, y cuidarlas con amor y bondad.
Las rejas no imponen disciplinas, sino lo contrario, prohibición, que es la antesala de la indiferencia y que potencia el irrespeto. Esas rejas de la Plaza Vieja describen un país que discrimina a sus ciudadanos del placer de un servicio público, en beneficio de una belleza inexistente, inmutable.
Y, probablemente, y con mucha seguridad, para el disfrute “estético” de la foto del extranjero turista… ¿canadiense?

Monday, July 28, 2014

Medicina y médicos cubanos: la caída de un mito

Acabo de leer una carta publicada en un sitio Ghanés del estudiante de medicina en Cuba Forouk Adams donde explica, de manera sucinta, las vicisitudes de los estudiantes ghaneses que cursan esa profesión en Cuba. No se trata aquí de abordar los problemas, debería decir los muchos problemas, que los estudiantes extranjeros, como los ghaneses, tienen que enfrentar en la isla. Desde el no envío de los prometidos estipendios con que sus gobiernos negociaron su presencia allí, hasta las “normales” circunstancias que enfrentan los cubanos, sus colegas de estudio.
Entiéndase: “normales” en un país que hace mucho no lo es.
Sus colegas cubanos tienen a sus padres y sus familias allí, más toda la inventiva de la sobrevivencia nacional de la que carece un extranjero en un suelo extraño. Los estudiantes pakistaníes, casi un año atrás, denunciaron los mismos problemas, y hasta hubo un intento de alzamiento donde intervinieron las fuerzas especiales de la seguridad.
De nada de eso quiero hablar aquí. Me detendré, sin embargo, en un punto de la carta del Sr. Adams:
“When we come home poorly trained, we are going to attend to the average Ghanaian, who through no fault of his, doesn’t have to opportunity to choose his doctors. (TRADUCCION: Cuando regresemos a casa entrenados pobremente, iremos a atender al Ghanés promedio, quien sin ser su culpa, no tiene la oportunidad de escoger sus médicos)”.
Las dos palabras claves aquí son: “poorly trained”. Entrenados pobremente, o mal entrenados. Escoja Ud. su par, es lo mismo en el significado.
Los que estamos activos en las redes hemos oído términos similares en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros lugares donde el gobierno cubano ha enviado su andanada de médicos como mercancía… gracias al mito de la medicina cubana.
Cada día, sin embargo, el mito sufre los golpes de la realidad y le desgarra su ficción.
Recientemente, por ejemplo, y hablando de estos mitos, un artículo del Diario de Cuba daba fe de cómo un grupo de científicos cubanos cuestionaban la eficacia de un medicamento para curar el cáncer, publicitado a bombo y fanfarria en internet por LABIOFAM. Y los cubanos sabemos, todos, aquí no se queda ni el gato libre, que con la exportación de nuestros médicos, muchas veces los mejores, a través de los proyectos de “colaboración” – llámese mercantilismo, que es la palabra apropiada – con los países del “eje bolivariano”, el sistema cubano de salud ha entrado en crisis.
¿Alguna vez estuvo dejó de estarlo?
No lo creo, de todas formas hoy se agudiza. Y aquí viene lo que de mito ha ganado la medicina cubana, y también sus médicos. Creo todos recordamos aquella película del gordo oportunista Michael Moore, “Sicko”, donde se documentaba la “asistencia cubana” a los rescatistas del 11 de Septiembre. Moore y su carga de oportunismo recorrieron lo selecto de la medicina cubana para los extranjeros.
Pero no recorrieron la medicina del cubano común. No recorrieron Cuba, recorrieron la parte selecta de esa Cuba que el gobierno cubano siempre muestra, con meticulosa selección, al visitante. Esa es la realidad.
Sin embargo, existe otro lado del rostro de los médicos y la medicina en Cuba… y de cualquier parte del mundo.
Desde hace 14 años vivo en Canadá. Conozco el sistema de salud canadiense, lo he tenido que “sufrir”, vivirlo el día a día, pagarlo con sus tasas, temerlo. Cinco horas esperando en una de esas salas de emergencia para ser atendido por un médico que no sabía interpretar un “rayos X” de mi mano izquierda, en una de las múltiples computadoras del complejo hospitalario, me han hecho pensar en aquellos salones desvencijados de Emergencia del “Calixto García” en La Habana.
Dejemos claro: no existen similitudes en confortabilidad y en tecnología. Pero la asistencia, madre mia, me recuerda a La Habana.
Incidentalmente en aquella ocasión, el médico que me chequeaba la radiografía tuvo que llamar al técnico para que se lo explicara y, ¡Dios Bendito!, frente por frente a los dos estudiantes de medicina que atendían su entrenamiento de ocasión. No recuerdo que ningún médico en Cuba tuviera que acudir al técnico para interpretar una simple radiografía de un esguince.
¿”Poorly trained”? Preguntaría el estudiante ghanés. ¿Acuden ahora a los técnicos con estos “malos entrenamientos”?
No es un “mito” canadiense. Lo viví en el 2005, cuando resbalé montando bicicleta en el verano, con la arena esparcida en la calle. Y en el 2007 tuve un accidente de tránsito que me costó la fractura del hombro izquierdo, dos costillas traseras y una costura de siete puntos sobre mi oreja derecha.
¿Quieren otra anécdota interesante?
El médico especialista que me atendió el hombro izquierdo “no detectó” la rotura de mis dos costillas – la 7 y 8, parte trasera izquierda, cercana al hombro fracturado -. Quien me reportó el “hallazgo” fue la fisioterapeuta en los dos meses de rehabilitación, en el mismo hospital.
Y en Canadá la tecnología se derrama en nuestros hospitales. Digo más, los médicos no escatiman usarla para cualquier dolencia. Acuden a ella, son absolutamente “DON NADIE” sin ella. Sin tecnología, aquí, en este país frio, del primer mundo y uno de los referentes de Michael Moore en su “Sicko”, como también lo es Cuba, un médico es una hoja en blanco en uno de esos libros de textos que, una vez, le vi abrir y consultar, delante de mis mismos asombrados ojos, a una médico canadiense en un consultorio de familia.
De más esta decir que deje a la bonita médico, y al consultorio con su libro abierto.
Cuba tiene un retraso de tecnología en el sector médico de más de dos décadas. Es la desnuda realidad. Los hospitales para el cubano común son una vergüenza. Los mejores médicos o los mercantiliza el gobierno con sus “intercambios” utilitarios, importándoles un “comino” la suerte de sus nacionales, o sencillamente huyen, despavoridamente de Cuba, porque se mueren de hambre en un país que no les paga su honrado y esencial trabajo.
Los esquilma.
Y entonces, Ud. puede encontrarse en esas salas de emergencias estos estudiantes tercermundistas de Ghana o Pakistán, en su “entrenamiento pobre”, o algún otro cubano que tiene que suplir la carencia de los otros intercambiados por billetes políticos a Brasil con “Mais Medicos”, o a Venezuela con “Barrio Adentro”.
Yo he encontrado excelentes médicos cubanos en muchas partes, incluso en Cuba. Conozco una pareja que tuvo que irse de Toronto a Alberta para poder ejercer allá su profesión, y sólo elogios los colman. Mi médico de cabecera, un canadiense, admira el ansia de conocimientos y la profesionalidad de los cubanos que conoce. Me lo ha dicho más de una vez.
A mi madre la operaron de cataratas, con esa vieja tecnología cubana, una excelente doctora hace ya mucho tiempo, en la misma Cuba de hospitales achacosos. A mi abuelo materno un simple médico de familia le pudo detectar, en un estadio temprano, un cáncer de pulmón para operarlo a tiempo… sólo con una placa de “Rayos X”, de esa que el médico canadiense, profesor y entrenador de alumnos, no me supo interpretar.
La conclusión de todo esto, sin embargo, es un poco más complicada. Mi primer jefe de departamento cuando me gradué en Cuba me dijo, una vez, que los médicos eran “una suerte de término medio entre el aprendiz de brujo y el artista”, en el buen sentido de los términos. No se me olvida esa frase.
Quien tiene el “aura”, el deseo, la vocación de ser medico de corazón, se levanta sobre dificultades y lo es. La tecnología sólo puede confirmar lo que un médico sospecha, supone, o piensa de una patología en un paciente. Un muy útil instrumento auxiliar.
El gobierno de Cuba olvida que el médico es el alma imprescindible de todo sistema de salud. El gobierno de Canadá, o sus instituciones de salud, creo le prestan demasiada fe a la tecnología.
Los dos casos de “Sicko” funcionan mal en el área de atención a sus nacionales: en la destruida Cuba, y en la tecnológica Canadá.
Si el gobierno de Cuba se “deshace” de sus mejores profesionales de la medicina a través de su mercantilismo, o pagándoles mal y empujándolos a que escapen del país, o sencillamente porque no oye sus quejas, sus reclamos y sus necesidades imprescindibles de vivir una vida honrada y fructífera, aquellos médicos de los que he hablado en líneas anteriores dejarán de existir.
¡Quizás ya no existan en Cuba!
Yo dudo que no los haya. El talento y el amor a una profesión no se cosechan con ideologías. Los sistemas de salud que se centran en la política, Cuba, y en la tecnología, Canadá, destruyen la esencia de la medicina: el médico.
Los médicos y los maestros son dos profesiones esenciales en cualquier sociedad, del tercer y del primer mundo. La vida espiritual y física, material de un país, depende de ellos.
Los “malos entrenados” ghaneses retornarán a su país. Atenderán a ese paciente medio que no puede alistarse en un avión y atenderse en el “Monte Sinaí”, de Nueva York, Estados Unidos, o en el de Toronto. Los nuevos médicos cubanos seguirán siendo tuercas de compromiso político en cualquier lugar, gracias a las directivas oportunistas de su gobierno, y mientras este exista.
Y Cuba seguirá exportando un mito… que ya no existe.
Nota: Sala de Emergencia del Hospital “Trillium”, Mississauga, Ontario, Canadá:
El Departamento de Emergencia del Trillium es el más grande de Canadá, ofreciendo asistencia a 110 mil canadienses cada año.

Sunday, July 27, 2014

¿Venezuela norcoreana o NorCorea venezolana?

Viendo las imágenes del congreso de fanfarrias del PSUV. Oyendo las frases grandilocuentes, las proclamaciones pomposas y el estilo del vocabulario del discurso oficial. Observando en detalle la uniformidad de las vestimentas, la actitud hierática de figuras enceradas y envaradas que recuerdan, con pasmosa similitud, las poses artificiales de un muy peculiar museo Madame Tussauds caribeño. ¿Museo de cera del rojo chavismo? Y, sobre todo, esa ostentosa y patética proclamación de “líder eterno” a Chávez, no me queda más remedio que hacerme la inevitable pregunta.
La uniformidad que la Venezuela madurista, chavista, “cabellana”, adopta con estas poses norcoreanas van mas allá del estilo verde olivo caribeño que proclamaba Chávez, en su “amor eterno” a Fidel Castro. Ni los primeros anos de culto de Castro en Cuba se le parecen. La guayabera, además, es repudiada hoy en Cuba como prenda por el cubano común por ser, triste realidad, la cubierta deshonrosa de los miembros de los medios represivos en actos oficiales.
De prenda tradicional de nuestro campesino pasó a convertirse en este engendro que viste lo peor de la sociedad.
En palabras exactas, y con su guayabera roja, Maduro:
“No puede andar el partido por un lado, y el gobierno por el otro”
Palabras de pura raigambre castrista. Mascaras que caen. Títulos democráticos que desaparecen. Dejo de existir la presidencia venezolana. Democracia se convierte en “dictadura”, el apellido de ella ni importa.
Insiste Maduro en “fortalecer el socialismo”. Me pregunto, ¿cuál?
Si Cuba ya no puede reclamar ninguno, y ni Putin insiste en sus visitas con el vocablo en desuso por Europa. Busque el modelo, chequee las fórmulas teóricas y lo que queda del sistema – si queda. Haga un balance de lo que fue, incluso, aquella revolución cubana que “inspiró” un cuartelazo como el 26 de Julio en Santiago. A propósito, ¿se dio cuenta que este “congreso” término su faena un 26 de Julio?
¿Coincidencias accidentales?
Pero, más allá de cualquier conjetura, no hay “socialismo” en Cuba. Hasta la palabra suena sin sentido en los discursos oficiales cubanos, como el de ayer de Ramiro Valdés. Las “reformas raulistas” intituladas en la prensa occidental, los retrocesos al periodo de la “ofensiva revolucionaria” y los amagos de “liberalización” de la minúscula sociedad mercantil cubana, derrumban cualquier intento de nombrar socialismo lo que se dibuja para el futuro cercano de Cuba.
No lo fue entonces, en 1968, cuando Fidel Castro proclamó su malhablada ofensiva. No lo es ahora. Y, ¡válgame Dios!, es precisamente en aquella “ofensiva revolucionaria” lo que me recuerdan estos pronunciamientos “socialistas” de Maduro.
Las coincidencias espacio-tiempo son muchas para no hacerse estas preguntas, encontrar estas similitudes y descubrir estos patéticos paralelismos. La acartonada coreografía gestual de Maduro y comparsa, ¿o debiera decir del ventrílocuo Cabello con un títere Maduro?, me hace ver con extrema lástima en lo que se ha convertido uno de los países más ricos en petróleo, y recursos naturales del planeta.
Una Venezuela norcoreana, o un a NorCorea venezolana.
Usted escoja.

Saturday, July 26, 2014

¿Un guiño prosoviético?

Confluyeron el 26, Artemisa y un antiguo ex jefe de la KGB cubana. La celebración no tuvo la fanfarria de los tiempos del castrismo original, tampoco el general-presidente-dictador habló una palabra. Si algo hay que resaltar de lo ocurrido es, precisamente, lo no ocurrido.
Raúl Castro cedió el lugar a una vieja figura de seguro ADN pro soviético, Ramiro Valdés. Como él, pero diferente.
¿Cómo entender este guiño?
Dos posibles respuestas se pueden aventurar.
La primera es que no había nada que anunciar. Ninguna “reforma” ostensible y apresurada a la vista. Nada que la prensa internacional pudiera digerir en titulares. Todo sigue su curso, pausado, controlado. Lo significativo es que la típica ritualidad de esta fecha se ha ido diluyendo, como si se intentara, a pasos lentos y precisos, eliminar. ¡Quién sabe!, a lo mejor en años futuros ya ni exista este ritual 26.
¿Símbolo de los tiempos?
La segunda respuesta, muy plausible teniendo en cuenta las características intrínsecas del  que hizo la alocución, es que sea un necesario guiño pro soviético después de la visita de Vladimir Putin. Después de todo, Valdés y el ruso comparten una vieja pertenencia a un mismo órgano de vigilancia y represión: G2 y KGB.
Se puede alegar que el “comandante de la revolución” Valdés es artemiseño, el único sobreviviente de aquel golpe cívico-militar frustrado, y del organismo de represión física saltó al organismo de control cibernético en Cuba. Y de eso habló, por supuesto. Pero las coincidencias en espacio, tiempo y personas no son casualidades en una dictadura, y mucho menos en el oficio del castrismo.
En Cuba hablamos de causalidad, pero no casualidad. Lo ocurrido hoy fue sólo un “piropo” para que no se equivoquen con los “cambios”. Todo sigue igual.
Repitió, eso sí, y para no cambiar el libreto, aquello de que hay que “consolidar el socialismo próspero y sostenible”. Viejas palabras, sin contenido real alguno. ¿Quién hoy cree en ellas?
¿De qué “prosperidad” se puede hablar en Cuba mas allá de la que disfruta la oficialidad?
¿O es precisamente esa la que hay que consolidar y sostener?
Es difícil dirimir, poder atrapar en su totalidad el discurso y la gestualidad de lo que ocurrió hoy. Pertenece a una época que desaparece ya, y el discurso, la simbología y los significados se diluyen y pierden sentido. Sobre todo porque ya nada de eso lo tiene. Ya no saben qué inventar, qué vocablos usar, qué palabras repetir en un “socialismo” que ya no existe.
¿Alguna vez existió?
En mi modesta opinión, se quiso hacerle un guiño a los tiempos. Decirle a los que quieran entender que no hay nada, por hoy, que anunciar. Y a la vez, recordarle a los “molestos” del momento que NADA HA CAMBIADO.
Un guiño “transitivo” de la era pro-soviética a la era poscastrista.

Nota: La Foto fue tomada de la Fotogaleria de "14yMedio" titulada "26 de Julio en Artemisa"

Friday, July 25, 2014

Ningún 26

No debió existir ningún 26. No debió existir la confianza en ninguna palabra en aquel hombre, innombrable hoy, desaparecido de la Cuba real. No debió existir ningún movimiento sustentado en el terror, las bombas en La Habana y los juicios sumarios en “La Cabaña”.
Pero existió un pueblo que gusta de caudillos, oye promesas vanas y entrega las llaves de su voluntad a algún otro sinvergüenza, con palabra dulce, astucia bandolera y mano de hierro.
Sin amigos. Sin familia. Sin palabra que no pudiera violar.
Y así aquel 26 que no debió existir es hoy el símbolo de la destrucción de todo: voluntad, espíritu, pertenencia.
La Habana del 26 de Julio de 1953 quemaba banderas americanas y nunca le quemaban a ella la suya propia, símbolo de nuestra nacionalidad.
El 26 que en aquel lugar se celebra, ¿Artemisa?, pero puede ser cualquier rincón de esa isla que navega en balsas hacia algún otra coordenada del planeta, ese 26 también significa que la historia cambió, para mal. La isla pasó de ser agarrotada y se “transformó” en garrotera. En muchas otras “ínsulas” sur-continentales celebrará mañana esa “transición”.
No debió existir ningún 26, y no tendríamos esas imágenes desgarrando Venezuela, o Bolivia, o cualquier otro lugar. Recordando que Cuba no está allí, ni en su espíritu, ni en su esencia, pero está un mercenario vestido con esos colores, invadiendo, llevando lo único que sabe hacer con eficiencia: exportar destrucciones, represión y silencio.
El Carnaval de Santiago se paralizó aquel día, para siempre. Ya no hay carnaval en la “ciudad rebelde”, tampoco hay rebeldía.  Andrajos verde olivo se convirtieron los “festejos”.
Ningún 26 debió existir para derrocar una dictadura en aras de alguna otra, con otro color ideológico, y alguna otra lógica también más rapaz.
Se acabó el imperio del corazón, comenzó a vivir entonces el de la exclusión y el miedo.
Esa bandera que se quema en Venezuela debió ser la de aquel 26. Aquel símbolo sí representa la sangre, la dispersión y el robo, de lo más fundamental,
¡De la Libertad!

Thursday, July 24, 2014

Hamas y el muro de los gemidos

La imagen representa el paradigma del “sufrimiento” palestino en Gaza, no queda dudas. Nadie puede sentirse indiferente al dolor humano, especialmente las dolorosas lamentaciones de una madre. La literatura, el cine, el arte en general lo tiene como un ícono de referencia al dolor.
Y así se transmite, día tras día, desde el oriente cercano la imagen y el lamento  de mujeres ante hijos, parientes, amigos, conocidos, palestinos. La metralla y las bombas terminan vidas, los lamentos las adornan con un dolor mediático.
Pero en el otro lado está Hamas, un grupo incivil de terroristas que apuntan hacia el otro lado del conflicto con las mismas armas. ¿Quién se las dió? ¿Quién se las vende? ¿Qué organismo internacional condena esas sucias transacciones de muerte?
Israel es así blanco de dos agresiones. La de los terroristas, y la mediática.
No confundir aquí. Los civiles son los que pierden de las dos partes. Especialmente los civiles palestinos porque son usados por este grupo terrorista como escudos, instrumentos y muro de lamentaciones. Las mujeres gimen su dolor, la prensa lo anota, las imágenes se difunden. Se generó el mito.
Y así se olvida que detrás están los cohetes de Hamas, la inestabilidad y la negación intransigente de un grupo extremista a la paz y la convivencia civilizada. Un grupo de terroristas ha secuestrado a un pueblo.
¿Qué haría Ud. si lo atacaran con cohetes desde una posta médica, o de un edificio de viviendas?
¿Qué haría si un niño de 9 años se le acerca, en una posta militar donde Ud. está cumpliendo un servicio de guardia, y le explota su carga mortal en sus manos?
No son preguntas sencillas. Tampoco son sencillas las respuestas
Del otro lado.
Del lado de los oportunismos políticos, países como Venezuela, Cuba, China, Arabia Saudita y Rusia, muy lejanos de respetar los derechos de sus propios ciudadanos, condenan el conflicto sólo de un lado, olvidándose interesadamente del grupo extremista en el otro.
Levantan en sus manos esta fotografía de mujeres gimiendo, lamentándose con sus gritos.
Cuba se “olvida” que aposta batallones de paramilitares para agredir a mujeres con una flor. Rusia mira hacia otro lado cuando le mencionan a las Pussy Riot o a las represiones violentas homofóbicas de su propio Primer Ministro Putin. Arabia Saudita no deja ni manejar a sus mujeres en sus calles. Y Venezuela encarcela a Maria Afiuni, entre tantos, sin dejarle resquicios a su defensa.
Estos gobiernos, y muchos que como ellos condenan a Israel, utilizan los organismos internacionales que desprecian cuando se les condena sus limitaciones democráticas, o sus agresiones descaradas a los derechos humanos de sus propios ciudadanos. Hoy gritan de espanto ante Gaza.
El gobierno cubano “lamenta las muertes de civiles” olvidándose que allá, en Cuba, en la Universidad de Santa Clara, colaboraban con los extremistas palestinos dándoles entrenamiento militar a sus estudiantes. Lejos de la céntrica Habana, donde la prensa no podía capturar sus rostros y su presencia.
¡No se engañen a sí mismos!
No lo hacen por las víctimas inocentes, lo hacen por los terroristas que comenzaron el conflicto sangriento. No tratan de parar las manos del agresor escondido en los túneles, debajo de asentamientos civiles. La inmensa mayoría de esos mismos “civiles”, con mucha probabilidad, iban vestidos de Hamas minutos antes de que el cohete israelí destruyera ese túnel y ahora, con liturgia mediática, se agregan al muro de lamentaciones de estas mujeres.
No se puede olvidar que la astucia es la más extraordinaria mezcla de instinto, creatividad, audacia y oportunismo.
Sí, puede parecer terrible hablar estas verdades. Nunca son fáciles.
No se puede entender que el organismo mundial que debiera garantizar la paz para ambas partes, sólo le importe la de una, pero las bombas, cohetes y metrallas deben cesar en Gaza, y en Israel.
Hamas debe ser destruido, y los primeros que tienen que tomar el poder absoluto en su propia destrucción es el mismo pueblo palestino.
Ni las bombas, ni Israel, ni las Naciones Unidas, ni los gobiernos occidentales detendrán este conflicto hasta el mismo día en que las propias víctimas se hagan cargo de sus victimarios: Hamas.
Pero mientras, seguiremos viendo este muro de lamentos… televisado.
¡Una vergüenza para el mundo civilizado!

Wednesday, July 23, 2014

Fidel Castro ha muerto

Dirá el titular del diario español "El País", y algunos otros de la península de nuestros ancestros. Lo acompañará, quizás, una de esas últimas fotos tomadas por Alex Castro, su "fotógrafo" personal. Algunos le llamarán el "líder de la revolución cubana", muchos lo recordarán como el ex-presidente Castro, quien tuvo que ceder el puesto en el 2006 a su hermano menor. ¿Alguna vez fue este hombre electo?
No tengo memoria de ese hecho. Debió estar en la historia y yo debí faltar a esa clase cuando tenía edad escolar.
Por el "eje bolivariano" acompañarán la esquela fúnebre esos conocidos vocablos "comandante", “invencible”, “compatriota”, “compañero”, especialmente “querido” de muy buena prosapia castro-cubana.
Algunos le llamarán con su verdadero nombre: dictador.

Pocos, quizás muy pocos.

Habrá sucedido lo que tantas veces la prensa internacional conjeturó ante el silencio de su voz o de sus palabras, la inexistencia de esa imagen furtiva, encorvada, alucinante, en alguna foto con el chándal Addidas.

Quizás lo recordará Addidas, o la marca Seiko de aquellas fotos con el tabaco humeante.

Y en Cuba, ¿qué dirán?
¿Alguien lo recordará?

Lo que en Cuba pase ya no tendrá importancia. Este hombre ha estado muriendo por décadas. Se dejó morir él mismo. Vivió, sin ninguna duda, en alguna otra Cuba.

En aquella donde se iba a construir un "hombre nuevo", voluntarioso y sublime, sin el material apego de la abundancia y el dinero. Donde no hacía falta la OEA, ni las elecciones, ni las delicias del imperio. No hacían falta los viajes, los cruceros a Italia y los turistas yanquis. Esa Cuba de los 10 millones de azúcar, del anillo de La Habana, de los círculos infantiles en cada cuadra, para cada madre y niño. La Cuba más culta y sabedora del mundo, la del mejor rendimiento en el deporte, y en el conocimiento. La Cuba más solidaria, más altruista, sin necesidad de la fastidiosa moda. Verde olivo y botas, y gorra militar. Una Cuba sin automóviles, y con clases a distancia, por televisión. La de los miles de maestros y médicos, familiar. La Cuba que podía exportar todo, hasta la minúscula y atómica vida de cada uno de sus habitantes, para morir por otros, largarse a matar africanos en un país desconocido y no importarle los diamantes, ni las maderas preciosas, ni el oro. Sólo retornar aquellos cuerpos caídos en algún lugar, por alguna razón ideológica "elevada" que hoy nadie recuerda demasiado.

Una Cuba en un planeta de su fantasía, de su extravagancia y su capricho.

La Cuba real lo abandonó el mismo día en que comenzó su delirio. Empezó a escapar. Se lanzó al mar, en balsas, yates, avionetas y cometas. Hoy lo sigue haciendo.

En esa Cuba hace mucho tiempo Castro murió. Nadie lo recuerda.

No se puede reverenciar una memoria cuando no se tiene un pan para el desayuno, o la leche desaparece a los siete años para el niño que sale a tomar sus lecciones, en una escuela donde el maestro es tan analfabeto como él mismo, blasfema como un carretero o, incluso, se acerca a la edad del pupitre y los libros de texto.

Así murió para mí. Ya estaba muerto en mi nacimiento.
Y entonces ese titular, esos vocablos que el diario "El País" colocará algún día en su portada, con letras negras, o rojas, para darle el color de un espectro ideológico que reclama ese cuerpo, no me anunciará nada nuevo.

La noticia ya es vieja, señores periodistas.

Tal vez me recuerde lo que sucedió antes de mi nacimiento, en aquella muerte que en retrospectiva anunciarán los diarios, la CNN enclavada en La Habana, teleSur con su lacrimosa elegía del hombre que no pudo morir porque ya estaba muerto.

Alguien, una vez, hace tres años me preguntó qué escribiría a la hora de su muerte en mi blog. Mi respuesta fue esta, sin titubeos: “Nada”.

No publicaré nada. Castro ya murió.

El resto es esta pesadilla que pesa sobre la conciencia cubana y que nadie decide dejarla de soñar, desandarla, romperla en pedazos, o cualquier cosa que no sea esta cobarde y rastrera andanza de sus hijos por las calles acrisoladas de ese país, esperando la muerte que ya ocurrió de un hombre que tampoco existe.

Castro está muerto. Murió, un 8 de Diciembre de 1972.

A 42 años de esa muerte no tiene ningún sentido pensar en escribir algo acerca de ese nombre.

No será hecho.

Punto final.

Tuesday, July 22, 2014

El Caballo de Troya

“El caballo estaba en pie, y los teucros, sentados a su alrededor, decían muy confusas razones”. Asi comienza Demódoco a cantar, invitado por Odiseo, como estaba “dispuesto el caballo construido por Epeo con la ayuda de Atenea”.
Primero se deslumbraron y le abrieron sus puertas. Sorprendidos, henchidos de felicidad por tamaña ofrenda de los dioses a su resistencia, se emborracharon de felicidad, y se durmieron en sueños de victoria. ¡Era tanta la hermosura!
Y sucedió lo inevitable. Así nos cuenta Homero en “La Odisea”, 8.514:
“Cantó cómo los aqueos, saliendo del caballo y dejando la hueca emboscada, asolaron la ciudad; cantó asimismo cómo, dispersos unos por un lado y otros por otro, iban devastando la excelsa urbe”
Cayó Troya. Desapareció una civilización. Comenzó el mito.
El caballo de Troya nos recuerda que, muchas veces, la ingenuidad y la decencia en política conducen al desastre. Y se me ocurre que esta invención de Atenea, del ayer griego, puede ser la invención del filibustero oportunista dentro de las mismas murallas de la Troya moderna, los Estados Unidos.
Odiseo hoy no representa ninguna cultura moderna, sino la contracultura del retroceso, de la esclavitud del hombre a un mito. Y el caballo está allí, convertido en nombres, intelectos convertidos en poleas conductoras del mal, dentro de las mismas murallas de la Troya demócrata.
¿Nombres?
Arturo López-Callejas, alias Levy, se me ocurre.
Este gusano convertido en mariposa ponzoñosa que, con una rara operación transformista, desmontó un apellido de su nombre para engancharse otro, y ganar el camino hacia la tierra prometida de Israel. Puerta perfecta para su entrada, en estado larvario, en los predios académicos del imperio moderno: los Estados Unidos. Troya académica e intelectual de la modernidad.
Y allí engullir las mieles del saber, títulos honorarios, gargantillas académicas con que reclamar una intelectualidad servicial, no al liberalismo que dice reclamar para sí mismo, sino para el oculto empleador de su origen. Una vieja larva represiva, adormecida en las ramas verdes y frondosas de la académica Troya moderna, con manoplas de plumas y palabra azucarada, convertida en mariposa multicolor, engalanada con el florido verbo de la duplicidad y el engaño.
Arturo López-Callejas, alias Levy, con autentico ADN castrista. Que se dice liberal, y sólo acude al mercado de las palabras para atacar a verdaderos liberales con posturas verticales contra el imperio del poder que encarna su empleador, en esa isla cercada del Caribe.
Ayer lo hizo contra Carlos Alberto Montaner, pero el gran cubano, que conoce muy bien la psique enroscada en estas larvas troyanas, le suministró el oportuno jarabe del desprecio. La justa medicina para estos insectos en su transformación en mariposa.
Hoy lo hace con Enrique Krauze en el sitio de CubaEncuentro que, por alguna extraña razón, le abre las puertas de su Troya. ¿Cuándo fue la última vez que vi algún escrito de Montaner en ese sitio?
Hmmm, no recuerdo. ¿Lo hubo alguna vez?
Hoy le envié a Krauze, vía Twitter, alguna advertencia.
No es que dude de su altura para responder a este aprendiz de mariposa con ponzoña. No, no dudo de Krauze. Pero el peligro está en la respuesta. Temo que el mexicano alargue su manopla de inteligencia y lo aplaste, provocando la atención, que es lo que él pretende atrapar.
Individuos como estos no reclaman la discusión intelectual, reclaman sólo la atención, la buscan, desesperadamente tratan de imponerse en el mercado de las palabras y las referencias. Mercadeo de centralidad para convertirse, o apoderarse, o ambas, de una marca que no poseen.
Ese es su objetivo. Convertirse en referencia. Que su palabra y su nombre se transforme en marca registrada en política, y se acuñe cada vez que se mencione Cuba. No es discusión académica. No ahora, ahora es la ocasión de conseguir un nombre, un escalón, un título que se cuelgue como una etiqueta en los diarios, internet y el mundo académico cada vez que, en la nueva Troya, se mencione “revolución cubana”, Cuba, sus servidores y su ADN materno.
¡Ojo! Lo que se necesita es el sombrero de la astucia.
Ignorarlo. Despreciarlo. Olvidarlo. ¡El mismo oportuno jarabe de Montaner!
Ante las puertas se encuentra este “caballo de Troya”, esperando a que los teucros sigan “con sus confusas razones”. Y nos cuenta Homero:
“y vacilaban en la elección de uno de estos tres pareceres; hender el vacío leño con el cruel bronce, subirlo a una altura y despeñarlo, o dejar el gran simulacro como ofrenda propiciatoria a los dioses; esta última resolución debía prevalecer, porque era fatal que la ciudad se arruinase cuando tuviera dentro aquel enorme caballo de madera
¿Dejaremos esas puertas abiertas para este agente de inteligencia, transformista de apellidos, con sangre auténticamente castrense?

Sunday, July 20, 2014

Perfil de un hombre débil, Putin

Este hombre pequeño, fibroso y enteco en cada componente muscular de su cuerpo. Que practica la asiduidad del deporte marcial, no con la ordenanza filosófica y la disciplina elevada, orgánica y natural, del alma oriental, sino con la vigilancia meticulosa del gesto, de la acción y del orden del hombre que se reconoce atado a una masculinidad limitada por sus propias flaquezas, ocultas, no libres.
Este hombre que cultiva la manicura con la asiduidad de la doncella coqueta, de oculta lujuria. Que estrecha firme y fuerte la mano con estudiada tecnicidad. Que mira por debajo de las pestañas y entre ellas, con la mirada de acero, distante, escondida en la caverna de su espíritu, de aquel que intuye la segunda naturaleza de su alma,  demasiado tierna, demasiado amanerada y exquisita, demasiado aristocrática y afeminada para el pantalón, el talle estrecho y el saco ancho y fornido.
Y salta del avión. Y se ciñe el cinturón negro del judoca. Y se lanza por la ondulada montaña de nieve en su esquí, controlando el golpeteo nervioso de sus miedos en la sien sudorosa. Y desnuda el torso, y habla en voz serena, demasiado, con la vigilada lentitud del que cuida sus verbos, escoge ordenadamente sus vocablos, utiliza con sobriedad preposiciones y adjetivos, que no adjetiva mucho, ni alaba dulcemente.
Este hombre que quiere provocar temor, que alardea silenciosamente. Que expone al miedo y al temor a otros, mientras oculta los suyos. Que descubre el ridículo de los demás para no exponerse a su propio ridículo, frente al espejo. Que disimula demasiado bien, y amargamente, su pequeñez donde todo hombre la desprecia. Y que parece caminar seguro sobre un colchón de lana y fieltro, calculando aritméticamente la cantidad de pasos a dar para alcanzar al interlocutor de ocasión, antes de darlos.
Que rechaza lo dulce en la sobremesa, a pesar de su oculta inclinación a los postres y las delicias francesas. Escoge la ropa interior delicada, blanca y cara, y se deleita en esa sensación amanerada ante la seda de sus medias, el algodón egipcio de sus calzoncillos blancos, y el suave escozor de la camiseta ajustada a los apretados pechos. Tentaciones sublimes de un alma meretricia, acostumbrada al usual mercadeo de sensaciones prohibidas y ocultas.
Este hombre que no golpea con el puño el buro de su oficina ordenada, sino que apoya con fuerza brutal sus dos manos blancas y transpira su furor, sus miedos y su odio, y los deja allí, marcados en la deslumbrante superficie casi líquida de la madera. Que desprecia el bolígrafo fuera de su lugar, el tintero con una mancha azul en el borde inferior de su tapa, y el documento esquinado en la mesa del burócrata de ocasión, o de la oficina gubernamental.
Que aprieta los labios entecos y finos, levemente humedecidos, sonrosados por el cultivo del control facial, de la inteligencia moscovita de la vigilancia y el orden. Que nunca levanta la voz demasiado alto, no para no ofender, sino para ocultar soberbia y desdén. Disimulo a la perfección, o perfección del disimulo.
Ese que levanta hombros para intentar colocar unas pulgadas de más a su estatura de alfeñique, e íntimamente, casi con dolor visceral, se adivina, se reprocha no traer al mundo hijos, sino procrear mujeres, almas débiles como la de los homosexuales que desprecia, o dice despreciar, y no tolera y reprime. Que se cuida el traje y se curte la imagen de hombre macho, quizás para ocultar su típica inseguridad frente a la diferencia, a lo diferente, a lo distinto, a lo que desestabiliza su control, desfigura el orden artificial de su mundo y amenaza con mostrar su segundo yo, enterrado y oculto, escondido en algún rincón del pensamiento mecánico de su psique.
Tatyana Yumasheva, la hija del antiguo inquilino del Kremlin, Boris Yeltsin, tiene razón cuando describe a Putin como débil e indeciso, y recuerda como el ruso le pidió a su alcoholizado progenitor que no dimitiera hasta que él pudiera adquirir experiencia.
“I saw that Putin was struggling to come to terms with the idea that responsibility for the country would be on his shoulders, recuenta. (*)
Sobrio, demasiado para los estándares rusos. Con la elegancia amanerada de un dandi, y el control secular de un benedictino en un monasterio montañoso de la edad media. Vladimir Putin no es un hombre fuerte por naturaleza, sino por autocontrol y orden. Es, esencialmente, el producto intrínseco de la auto represión y de ese sistema cerrado donde la vigilancia suprimió al libre albedrio, a la libertad y a la naturaleza abierta y honrada del ser humano. Una secreción física de Orwell bajo el gran hermano.
No, Putin no es un hombre libre, tampoco es un hombre fuerte.
Débil, canijo, pequeño. Esencialmente débil.

(*) “Vi que Putin estaba luchando para llegar a términos con la idea de que la responsabilidad del país estaría sobre sus hombros”

Thursday, July 17, 2014

El regreso de las Matrioskas

No, no se trata de la conocida muñeca rusa, cuyo origen se remonta a 1890 y, aparentemente, inspirada en un antiguo juego de muñecas japonés. El fin de semana nos, ¿sorprendió?, vamos a decir tropezamos con la visita de Vladimir Putin a Cuba. Esta vez, a diferencia de otras, los rituales oficiales se vieron cambiar.
No hubo la coreografiada ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, con el “flamante presidente” de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba de la época soviética de Fidel Castro. Ni el recorrido de banderitas y pueblo de los tiempos de Brezhnev, o del Gorbachov del 89. No se realizó la recepción solemne e imposición de la medalla “José Marti” en aquel palacio que está detrás, a la espalda del Apóstol, en aquella otra plaza.
Acorde con los tiempos… “y las reformas”, lo recibió Diaz-Canel con una sobria bienvenida y un apretón de mano, y el mas homófobo de los presidentes-visitantes se trasladó a darle un muy viejo guiño a su época de jefe de la KGB: visitar el monumento del soldado soviético.
Vamos, en la neolengua Orwelliana, al soldado invasor soviético.
De la visita de Putin, de sus preámbulos y acuerdos finales se ha hablado y conjeturado mucho. Desde la condonación del 90% de la deuda cubana de la era pre-Putin, hasta la supuesta reactivación del centro de espionaje en Lourdes.
Conjeturas aparate, la visita caribeña del ruso es más simbólica que otra cosa. La deuda cubana no iba a ser pagada por el gobierno de Cuba. Eso lo sabia Putin, así que lo que hizo fue algo muy práctico: borron y cuenta nueva. Algo han aprendido de su contraparte americana.
Veremos si la cuenta “nueva” la pagan los endeudados en el futuro.
Del espionaje de Lourdes hay muchas preguntas que hacer.
¿Fue realmente desmantelado ese centro? Y si lo fue, ¿cómo saberlo? ¿Qué pasó y ha pasado con el equipamiento de ese lugar?
En algún momento se dijo que se lo habían llevado los rusos pos-Gorgachov. ¿Ocurrió asi?
¿Se llevaron hasta las persianas y los marcos de las puertas y ventanas, como hicieron los “colaboradores” de la era soviética en La Habana en aquellos edificios estilo caja de sardinas?
Muchas preguntas, pero pocas respuestas se pueden dar. Sin embargo, de esta visita se puede sacar una muy buena conclusión. Y es aquí donde las famosas, y muy turísticas muñecas rusas, nos pueden ayudar.
El retorno del aliado ha demostrado que las “reformas raulistas”, con titulares  esporádicos en los diarios occidentales, no abarcan los predios del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Al menos, formalmente, es de allí donde debe partir las directivas de la política exterior. ¿O no?
Putin hace ya bastante rato salió de la antigua muñeca pre-Gorbachoviana para retornar a lo que fue: el jefe de la KGB, “capo di tutti capi”. Los negocios rusos de Ucrania lo han demostrado con creces.
En el caso cubano, el apretón de mano, las sonrisas melosas y las bromas amelcochadas de Raúl Castro ante el oso ruso han venido a reafirmar que Cuba sigue siendo lo que fue con Fidel Castro desde Nikita Khrushchev: el satélite caribeño de siempre.
Matrioska Rusa y Matrioska cubana. Diferentes tamaños y propósitos, pero la misma esencia y la misma carencia absoluta de reformas. Emperador ruso-romano y su acólito, el cubano gobernador, con la sonrisa halagadora ante la visita de su “majestad” a la Galia caribeña.
La política exterior cubana no deja de ser la misma, y nadie cuestiona su vejez, su peligrosidad, y su desagradable tufillo de la época en que los cohetes nucleares viajaban a ocultas en los navios sovieticos para ser instalados en sus silos en Cuba.
La alineación sigue siendo la que el gobernador originario de la Galia caribeña diseñó para el país… ¿para siempre?

Monday, July 14, 2014

El Carnaval de Balseros de 1994

Veinte años atrás y regresaba a casa, después de un día de trabajo largo y caluroso. Eran casi las nueve y media de la noche, y mis pasos se confundían con la inconfundible música de presentación de la novela brasileña de ocasión, no recuerdo cuál. Era esa familiar melodía la que me anunciaba la hora, y lo tarde que se me hacía en la noche. Sin embargo, la humedad y el vapor de todo el día hacia transpirar las viejas piedras de la calle Chacón, casi llegando a la esquina a Compostela. Y fue allí que escuché las voces, una algarabía de palabras, risas y alguien que cantaba una muy vieja rumba con una letra de ocasión.
Cinco jóvenes cargaban sobre sus cabezas lo que, a todas luces, era una balsa hecha con los gigantescos neumáticos de algún camión, o tractor. Detrás, un carnaval de personas, acompañándolos. Algunos tocaban la rumba conocida con algunas latas, alguien se había auxiliado hasta de un pequeño tambor y unas maracas. Desde los balcones de Compostela, y al paso de aquella caravana alegre, risueña y jolgoriosa, se levantaba un conocido murmullo, “Se van pa’la yuma”.
¿Qué pensé entonces? ¿Cuáles fueron mis primeros pensamientos y mi reacción aquella noche, en aquel lugar?
No puedo decirlo con la meridiana claridad de otros recuerdos. Sorpresa, consternación quizás. Era la primera vez que veía aquel “carnaval” jolgorioso de balseros en plena calle, sin que la policía, ni la conocida “maquinita” de la seguridad aparecieran.
Aquel inusitado jolgorio era “una primera vez”.
Un carnaval, quizás pensé. Y eso era. Los jóvenes iban descalzos. Uno tenía amarrada la camisa a la cintura, descubriendo un largo tatuaje en el pecho que terminaba en un aro metálico, colgando de su tetilla izquierda, balanceándose al ritmo trepidante de la rumba, el fandango y el peso de la balsa sobre su cabeza. Ese es el recuerdo más preciso que guardo de los cinco jóvenes. Ni los rostros, ni la edad. ¿18 o 19 años?
Sé que eran jóvenes, muy jóvenes. Pero es aquel aro enganchado, y balanceándose al ritmo de la parranda nocturna y de la risa y, sobre todo, la sensación punzante de dolor que debió haberle causado aquella inoportuna perforación, para la oportuna argolla parrandera. ¡Cuán extraño son los recuerdos!
La pura curiosidad me hizo seguirlos hasta el Malecón y allí, para mi asombro, ya había otro grupo en el mismo “carnaval de balsas”. Y la misma risa y bachata populachera. Algunos hacían chistes, una oportuna botella de ron circulaba entre los presentes. Los mismos cuentos, las mismas palabras. Todo como si fuera una muy bien coreografiada comparsa habanera del viejo carnaval que conocía de niño.
Mas allá, en la oscuridad, el olor del salitre, la escasa brisa de la noche y el sonido acompasado del mar al chocar en el rocoso litoral. La profunda oscuridad del horizonte, de aquel incógnito camino “a la yuma”, me paralizó el aliento, allí, viendo echarse al mar la balsa y sus cinco "tripulantes".
Lo ha hecho siempre.
Lo que cuento no es ni literatura, ni una historia novelada y colorida. Me sucedió un día de Agosto de 1994 en plena noche habanera, regresando de casa de mi novia y en camino a mi hogar. Allí, en la esquina de Monserrate y Malecón, viendo como aquellos cinco jóvenes lanzaban su rústico artilugio marino para alcanzar las orillas de la Florida, tropecé por primera vez con la tragicomedia de nuestra realidad cubana.
Sí, tragicomedia, no he confundido la palabra. Este mismo jolgorio de escape lo viví aquellos días en tres ocasiones y lugares diferentes. Las otras dos fueron a la altura de la Avenida de los Presidentes y Carlos III, y en Playa – no recuerdo exactamente hoy la dirección. El tiempo, la lejanía y la edad han provocado la pérdida de la memoria.
El “carnaval de los balseros”… en plena Habana. Con la anuencia del mismo gobierno cubano que había anunciado, públicamente, su “generosa” actitud conformista de permitir este escape jolgorioso, parrandero, de cubanos con balsas, artilugios de todo tipo, en rumbo a Miami.
¿Alguno de ellos se detuvo a pensar en la magnitud de aquel mar?
No lo sé.
En todos estos años he oído palabras de aliento de una parte, y condena de la otra. Las palabras y las actitudes han cambiado de acuerdo a las circunstancias, los pronunciamientos políticos, las posturas hieráticas ideológicas del momento. Cambian de posición, de las dos orillas marinas que delimitan las dos posiciones políticas de nuestra tragicomedia social.
Pero esos cinco jóvenes con que me tropecé en Chacón y Compostela, en la Habana Vieja, no conocían la magnitud del peligro a que se lanzaban. Y la conga carnavalesca que le seguía detrás tampoco lo pensaba mucho.
Los gobiernos, sí. Los gobiernos sabían de esos peligros, de esas vicisitudes. Pero el cubano común era sólo una pieza atrapada en los intereses de la política del momento que, con la irresponsabilidad de varias décadas, nunca había cesado de jugar el mismo juego de siempre.
El joven del aro en la tetilla era un simple peón que había atrapado, con los otros cuatro, la oportunidad de escapar “legalmente”… en una balsa.
En la oscuridad del horizonte, me imagino pensaba ese joven, estarían los barcos del Presidente Clinton, esperándolos para “darle la bienvenida”… a Guantánamo - ¿se acuerdan?
En La Habana, la movida de ajedrez era diferente. “Carte Blanche” para el escape, para crearle a los Clinton la misma crisis que destrozó a Carter. Cuba ha sido un ajedrez, desde el traspatio de la estatua del apóstol en la plaza, para el inquilino del palacio de poder.
Y en el medio, el ciudadano común. El joven del aro, la mulata nalgona con su lata y su cuchara tocando su vieja rumba, detrás de los jóvenes y la balsa, los rostros sonrientes de vecinos, “animadores” involuntarios del momento, que aplaudían, o se sorprendían, o se preguntaban qué estaba ocurriendo esa noche de jueves, en el verano de agosto de 1994.

Sunday, July 13, 2014

El remolcador de un país

Un día como hoy se cumplen 20 de años de la tragedia del “Remolcador 13 de Marzo”. Esa madrugada un grupo compuesto entre 68 o 72 personas abordaron la pequeña embarcación encargada, como otras, en conducir grandes barcos a la bahía de La Habana, para intentar irse del país.
El sueño de tantos cubanos.
37 personas perdieron la vida, entre ellas 10 niños.
Solo esa última cifra debe servir para calificar de monstruosa una acción. Los que la hundieron a golpes de chorros de agua, y de hacerla encallar golpeándola, eran cubanos, trabajadores del puerto de La Habana.
¿Estaban bajo las órdenes de la Seguridad del Estado?
¿Respondían a un “llamado de Fidel”?
¿Recibían órdenes?
¡Qué importa!
Las órdenes de matar se pueden negar a cumplir y no es justificación moral, espiritual y legal contra un crimen, ni en el medio de las guerras, ni en el frente de batalla.
Aquel día comenzó el largo camino hacia el 5 de Agosto, y el desborde de protestas en las calles del centro de la ciudad, aledañas al puerto y al malecón. El llamado “Maleconazo” que tanto se cita como la primera gran protesta contra el régimen castrista.
¿Lo fue?
Un día como hoy debe servirnos para hacer las paces con nuestras conciencias. Saber enfrentar lo que es una realidad en Cuba. Lo que fue entonces, aquella madrugada del 13 de Julio, y lo que llegó a ser el 5 de Agosto. Y es sintomático que todo haya comenzado con la tragedia del remolcador. Deténgase a pensar. Un remolcador arrastra un buque de gran calado a un puerto.
Aquel quiso arrastrar a un país fuera del puerto.
No lo dejaron hacer. Lo hundieron. Provocaron el crimen antes de permitirlo. Nunca pidieron perdón. No dejaron nombres, ni admitieron culpas. Justificaron. Callaron. Prohibieron.
Lo que ocurrió después del remolcador fue el desbordamiento de la ira de un pueblo, de una parte de él, que quería abandonar el país y le fue impedido. Rompieron cristales. Se lanzaron contra el símbolo de un segundo país al que no podían acceder con su vida normal, con su modesto bolsillo de ciudadano común.
Tiendas en la moneda que no tenían. Hoteles para turistas. Algunos autos en el camino. Ira desbordada porque no los dejaban irse, remolcados por aquella embarcación, o cualquier otra.
El puerto se militarizó. Las fuerzas de seguridad, y los voluntarios que la secundan, la policía, los miembros “aguerridos” de un contingente obrero de la construcción con palos y cabillas de hierro, se lanzaron sobre ellos. La ira fue aplacada en la tarde, los cristales, la destrucción y los sueños de escaparse del país quedaron bajo los golpes y la represión.
Cubanos contra cubanos.
¿Cuántos de esos que golpearon entonces hoy están en algún otro lugar del planeta, o sueñan con irse?
Me pregunto. ¡Hay tantos en Miami!
El 5 de Agosto no fue una protesta contra el régimen de Fidel Castro. No lo fue. Hagamos paz con nuestros demonios. Fue una protesta contra la imposibilidad de irse del país, que no es lo mismo. Hoy Cuba es la misma de entonces, y se sigue escapando.
No hay protestas, ni ira. El cubano, calladamente, aprendió la lección: escaparse de alguna forma, en silencio.
Triste.
En balsas, en las misiones en Brasil y Venezuela. En Honduras, Islas Caimán, México, en cualquier lugar. En los 80 se quedaban en Gander, Canadá, rumbo a Rusia o de regreso. ¿Volverá a ocurrir con la visita del “fiel aliado”?
La tragedia del remolcador “13 de Marzo” simboliza la tragedia de Cuba. Aquella embarcación, que difícilmente pudiera haber sobrevivido el cruce del estrecho de la Florida – no estaba construida para eso -, arrastraba a un país detrás de ella.
Hoy lo sigue haciendo, y esa es la tragedia mayor.
No hay proyecto de país. No hay país, porque una juventud sueña con irse, no con estar y hacer.
Y lo peor, los que ordenaron el crimen de entonces, aún no se han dado cuenta, o no les interesa, o las dos.
Enlaces de Interés:
Balseros en el Deporte Cubano: Cuba excluyó aseis peloteros de su selección

Saturday, July 12, 2014

La estrategia de la pobreza

Un reciente escrito aparecido en “The Prince George Citizen”, con la autoría de Andrea Rodríguez, cita las palabras de Phillip Peters, presidente del “Centro de Investigación sobre Cuba” con sede en Virginia, Estados Unidos, sobre la pobre venta de automóviles en Cuba. Los criterios de este “experto” sobre temas cubanos, sirve de piedra angular para un artículo aparecido en ese medio de prensa sobre la venta de automóviles en Cuba.
Como se sabe, después de más de medio siglo de prohibición, el gobierno de Castro “liberó” la venta de autos sin necesidad de ningún permiso especial gubernamental, pero con los precios multiplicados en un 400% del valor normal en el mercado mundial, muy pocos  cubanos pueden permitirse acceder al tan soñado artículo.
Una vez más, sueños y realidades se han alejado de Cuba.
Según Phillip Peters, y lo cito:
"At those prices, they obviously didn't want to sell many cars. And they're not (TRADUCCION: A esos precios, es obvio que ellos (gobierno cubano) no desean vender muchos autos. Y no lo han hecho).”
Según el “experto” norteamericano:
"I think there's only one explanation ... the government does not want to use its foreign exchange reserves to import cars for a retail market (TRADUCCION: Creo que sólo hay una explicación… El gobierno  cubano no quiere usar sus reservas de divisa en importar autos para venderlos en el mercado nacional).”
La explicación, muy convincente, del “experto cubanólogo” puede parecer lógica… si conociera la “lógica” (in)natural del castrismo. La realidad es un poco más pedestre.
La realidad, y esto es sólo un botón de muestra de la filosofía política de más de 50 años de castrismo, es que la alta oficialidad del gobierno cubano no desea al nacional en una posición de solvencia. Ser rico ha sido, por décadas en Cuba, estigma para la política oficial del gobierno… porque la riqueza personal independiza al ciudadano del gobierno.
Para decirlo en sus justas palabras: convierte al cubano en lo que debe ser, un ciudadano.
Y el gobierno no desea al cubano independiente. Mucho menos investirlo con sus atributos de ciudadano normal, dueño de su propia vida.
El castrismo, como también el chavismo y el madurismo en Venezuela, quiere al nacional ahogado en la necesidad de la sobrevivencia diaria. Es la forma más “eficiente” de tener atada una voluntad, y que el hombre común no pueda vivir ajeno, independiente del poder omnímodo del estado, a quien ve como el “padre” nutricio.
Esa mentalidad “paternalista” – que no lo es – es sólo la estrategia de la pobreza que tanto el gobierno militar cubano, primero con Fidel Castro, y ahora con su hermano menor Raúl, ha diseñado para la sociedad en su totalidad.
Y es así como se enmarca también el que se hayan encaprichado, por tantos años, en no “liberar” los servicios y el comercio a la propiedad privada, y que hoy le pongan tanto freno, tantos impuestos e inspecciones, a pesar de que “liberalizan” este sector a manos privadas, los supertimbiriches.
Ahogar al ciudadano independiente, tenerlo como ese simple y agobiado peón de ajedrez al que se puede manipular al antojo oficial, agregarlo automáticamente a las manifestaciones políticas diseñadas para el momento, utilizarlo y excluirlo cuando es necesario.
Sometida a la marginalidad de la pobreza como estrategia de gobierno, ha vivido la sociedad cubana por más de 50 años. Excluida del poder, marginada de la vida política nacional e internacional, amurallada por las necesidades perentorias del malvivir diario.
Es esa, y no otra, la conclusión que debiera haber llegado un llamado “experto” en Cuba, si realmente lo es, como dice serlo Phillip Peters, pero desafortunadamente para el señor Peters, los verdaderos expertos de la calamidad cubana viven en su propio país, y no tienen acceso a sus palabras por ningún medio posible.
La carencia de información es también parte de la estrategia de la pobreza del gobierno de los hermanos Castro.
Ni autos ni riquezas, pobreza como estrategia de poder.

Friday, July 11, 2014

Los dolorosos lamentos de Fidel Castro

¿Se ha preguntado alguna vez de qué podría estarse arrepintiendo Fidel Castro, en este momento de su vida?
Me he hecho esa pregunta varias veces, y la respuesta siempre ha sido diferente. Hoy, y después de leer una muy curiosa noticia en varios sitios sobre Cuba, tengo dos respuestas.
PRIMERA:
Pienso que hoy, de manera callada y sin publicarlo en la prensa, Castro debe estarse arrepintiendo de todos esos años en que no permitió al cubano viajar libremente. En esos años en que, con terquedad malintencionada, propia de su herencia gallega, ignorante e intolerante, mantuvo aquella “carta blanca”, aquel permiso de salida, aquella pieza de “(in)fidelidad callada”.
Hoy ya esa carta es totalmente blanca, inexistente, pertenece a un período “pre-raulista”. Los cubanos viajan, unos más que otros. Patrocinados por parientes, instituciones, asociaciones, foros democráticos, y otros males – de acuerdo a la mentalidad del viejo Castro.
Pobre viejo, ¡cuánto se estará maldiciendo su propia terquedad!
¡Cuánta bilis segregada por esa boca desdentada!
Lo que tantas veces se le abofeteó políticamente en la prensa, en las redes sociales y en el mundo espiritual, hoy no existe… y ¡nada ha pasado!
¡Nada pasó!
Mucho más. Ayudó a que muchos que creían de buena fe en rostros, oposiciones y palabras se volvieran escépticos de esos mismos rostros, de esas mismas oposiciones, de esas mismas palabras.
Lo que no le facturó la cárcel en la “Primavera Negra del 2003”, se lo regaló la suspensión de la “carta blanca”. Disidentes van, disidentes vienen. Opositores van, opositores vienen. Blogueros van, blogueros vienen.
Y, ¡válgame Dios!, no critico a nadie puntual. Solo lean cotidianamente las noticias, respóndanse ustedes mismos. Pongan ustedes los nombres.
Esta semana, para solo poner un ejemplo, leí en “CubaEncuentro” un escrito sobre la “Formación para líderes cubanos sobre la transición española”. ¡El mejor chiste de la semana!
En una parte del artículo se dice:
“… este tipo de talleres son ‘esenciales’ para que los ‘demócratas cubanos’ aprendan a llevar a cabo una transición…”
A ver. ¿Carlos Manuel de Céspedes asistió a algún foro para ‘aprender la transición’?
¿Y Martí?
Desde nuestras guerras de independencia hasta este dichoso foro español, saque usted su pluma o su lápiz y apunte nombres de opositores, luchadores por la libertad de Cuba, demócratas cubanos. “Se le hará larga la lista”, así que acopie paciencia y un buen bloc de notas.
¡Quién lo diría, Fidel Castro!
¿No te arrepientes de eso?
SEGUNDO:
El mejor aliado que ha tenido el “raulato” (generalato, castrato) para deshacerse de “indeseables” cubanos en la isla, ¿adivinen quién fue?
La alta jerarquía de la Iglesia Católica. Pero no aquella que tenía como Obispo de Santiago a Monseñor Pedro Meurice, que evidentemente fue la mano espiritual que movió la pluma de la jerarquía católica en su famosa Carta Pastoral de principios de los 90.
No, la Iglesia de aquel obispo redentor que hizo temblar a Santiago en presencia de Juan Pablo II, no es la Iglesia de la que hablo. Monseñor Meurice tuvo que jubilarse, y fallecer, desgraciadamente para los buenos católicos y para Cuba, y así tener el raulismo su aliado “feliz”… para deshacerse de “indeseables” opositores.
Todos enviados a España.
Curiosa la historia, ¿verdad?
Esta vez no fue como en el 71 cuando Castro embarcó hacia Canadá y España a los padres de la Iglesia Católica Cubana, por molestos. Esta vez fueron los “padres de la iglesia” los que embarcaron para España a los “molestos de Castro II”.
¡Cuánto te tienes que estar arrepintiendo, Fidel Castro!
¿Te das cuenta?
Y estas son mis dos respuestas de hoy.
Pobre Cuba.

Thursday, July 10, 2014

El Turismo Gastronómico de Mariela Castro en Toronto

En el marco del WorldPride celebrado en Toronto, entre tantos disfraces políticos con que algunas ‘personalidades’ se disfrazan para cosechar aplausos y vítores oportunistas entre la comunidad LGBT, suerte de demagogia multicolor como el arcoíris con que los patrocinadores adornan esa jornada, se nos apareció uno caribeño: la hijastra transgénica de la dictadura más letárgica de América.
Mariela Castro estuvo en Toronto entre los días 8 y 9 de Julio, patrocinada por la Unión Sindical de los Trabajadores de la Gastronomía y del Comercio (UFCWCanada), y con todos los gastos pagos por ese sindicato canadiense. ¡Ah!, e incluida la oportuna actualización de su blog con las palabras de la ‘princesa caribeña’ en el ‘evento’… por la misma agrupación sindical canadiense.
Negocio redondo: brindis, coctel y comelata.
En medio de estas celebraciones, el señor Syd Ryan, presidente de la Federación del Trabajo en Ontario (OFL), le otorgó a la señora Mariela Castro el Premio Internacional de los “Derechos Laborales” de la OFL, ¡sorpréndase!, por los grandes “avances” logrados por el último código del trabajo en Cuba, “gracias” - según Syd Ryan - a que ese ‘nuevo código’ “prohíbe la discriminación y la violencia de los trabajadores cubanos”.
No se sorprendan, muchos canadienses no saben de qué hablan cuando se trata de Cuba. Eso sí, conocen el sol, las arenas de Varadero y sus hermosas mulatas. De derechos les interesan los suyos, de los derechos de los demás no conocen mucho. No profundizan en el tema, a diferencia de sus colegas cubanos tienen internet, pero sólo la usan para conocer los chismes de Miley Cyrus o el precio de algún hotel en cualquier país del Caribe y, además, para creer las verdades transgénicas de estas máscaras ideológicas al estilo de la señora Castro.
Sin embargo, algunas preguntas, por vergüenza y también por dignidad, debió haberle hecho este Syd Ryan a Mariela Castro.
Por ejemplo, si se supone que hay tantos avances en Cuba 'gracias' a la nueva legislación laboral, ¿cómo es que los trabajadores cubanos siguen sin tener el esencial derecho a huelga como los que tienen los miembros de la UFCWCanada, aquí en Toronto, que tuvieron además los fondos y el derecho de pagarle el turismo a la señora Castro?
Si Mariela Castro lucha tanto contra la discriminación sexual en Cuba, ¿por qué no se ha interesado en el caso tan notorio de David Bustamante, activista LGBT cubano, encarcelado por protestar y exigir derechos sociales que no otorga esa nueva legislación?

¿Es que, tanto para Mariela Castro como para Syd Ryan, hay "derechos" para unos y no los hay para los demás?
¿Cómo se puede entender los grandes ‘avances’ en el ‘nuevo’ código laboral cubano cuando sigue prohibiendo la creación de sindicatos independientes, y sólo admite la membrecía en los controlados por el estado castrista?
¿Qué realmente conoce el señor Syd Ryan de Cuba?
Puedo asegurarles que este señor es sólo ese último idiota útil que, quizás, en algún momento se paseó por las blancas y espumosas arenas blancas de algún hotel en Varadero, con el patrocinio del padre de Mariela Castro – que no tiene dinero propio, pero se lo quita a los trabajadores cubanos - y, días atrás, sólo reciprocó aquel gesto con una visita gastronómica a Toronto de la princesita del CENESEX.
De Cuba Syd Ryan no sabe nada, ni le interesa. Otra cosa ocurriría si ese ‘nuevo código laboral cubano’ lo intentara imponer aquí en Toronto el Parlamento de Ontario, y gracias al también nuevo gobierno liberal.
Convencido estoy  que, si eso ocurriera, el señor Syd Ryan estaría en la primera línea de los piquetes en huelga junto a los miembros de la Unión Gastronómica y de Comercio (UFCWCanada) - los mismos que le pagaron el boleto de avión, la habitación confortable en Church Street y el turismo gastronómico a la hija del dictador de Cuba.
Desgraciadamente, ese derecho que tendría, y tiene, entonces el señor Syd Ryan para protestar en este país, Canadá, no lo tienen los cubanos en Cuba… ni con el ‘viejo’ ni con el ‘nuevo código laboral’.

Nota: Las palabras de esa máscara transgénica del castrismo en Toronto la pueden encontrar en el enlace del primer párrafo. No reproduzco mentiras en mi blog.