Sunday, December 28, 2014

La Memoria Incómoda

En estos días muchos sitios cubanos, y también blogs personales, les ha dado por la moda de elegir las “personalidades” del año 2014. Una suerte de usanza como sacada del cesto mediático de Hollywood, o de algún otro cesto. He estado leyendo todos ellos y, como suele suceder muchas veces, se encuentra uno con ese recurrente e injusto olvido, el de la memoria inconveniente de un nombre.
Nadie menciona el nombre de Angel Santiesteban. Nadie lo recuerda, es como si la memoria colectiva de los cubanos hubiera borrado aquel nombre, por maldito e impronunciable, desterrado el apellido a alguna zona oscura donde no se pueden encontrar sus letras.
Y, sí, las letras de ese nombre están en la zona oscura de las inconveniencias e incomodidades políticas, sociales e intelectuales de la Cuba transitiva.
Pero yo no lo entiendo. No puedo entenderlo, y a la vez casi que logro “comprender” – los verbos muchas veces son pobres vehículos de los pensamientos justos - la corriente subterránea que recorre este olvido.
Son símbolos de los tiempos, símbolos de ese eje extraño en que algunos sectores intelectuales giran, circunvalan, rotan en su trayectoria esquivando elegantemente los compromisos demasiados inconvenientes, aquellos que los harían demasiado incómodos como para no ser “olvidados”, o "recordados”, por los centros represores del régimen.
No sé qué puede ser peor, si el olvido o el recuerdo por parte de esos centros de poder, de represión.
A veces los olvidos reflejan complicidades, auto complicidades como las de Wendy Guerra o Leonardo Padura, o complicidades auxiliares del aparatitch, como las de Miguel Barnet, al frente del órgano de censura cultural del régimen (UNEAC), o como las de Nancy Morejón, al frente de la Academia Castrista de la Lengua.
Independiente de esos auto-olvidos y de sus vecinos auxiliares, resulta demasiado extraño que aquellos sitios que, supuestamente, no padecen de nada de esto, también olviden a Angel.
Y entonces nos encontramos también con esta suerte de carnaval de vocablos, epítetos que cierta prensa, demasiado comprometida con una “apertura” a medias, controlada, o comprometida con algún estatus económico de reacomodo, acuña en sitios, diarios y análisis de columpio intelectual.
Digamos, para citar un caso, el detalle curioso del diario “El País”, donde se ha acuñado un término demasiado extraño, sospechosamente curioso. Habla de “exiliados de baja intensidad”.
¿Qué significa ese término? ¿Cuál es la alta intensidad? ¿Cuál es la baja?
Y entonces ahí relacionan a los auto-olvidados que ya mencioné, Padura y la señorita Guerra, junto a otros como Ronaldo Menéndez y Pedro Juan Gutiérrez. Esta suerte de cuño, estampa criollera de dividir mitades ya divididas, etiquetado de subproductos de una intelectualidad de dictadura es ya, de por sí, bastante sospechoso de acudir a la limpieza aséptica de una memoria incómoda, una memoria que no quiere ser utilizada como lo que es, la herramienta honrada de la conciencia.
Estos personajes de “baja intensidad” pueden darse el lujo de vivir o no vivir, viajar o no viajar, de ver publicados sus libros o no verlos, en la isla pero son silenciosamente tolerados, y cuanto más sólo una mano larga les hala un poquito las orejas, las esquinas, con esos “dedos de rosa” demasiado onerosos para no significar complicidad, demasiados dúctiles para no compartir el poder de la limosna oficial de desagravio.
¿O me equivoco?
Los años setenta fueron llamados la “década gris” de la intelectualidad cubana. Sí, aquella época floreció de mucha basura reciclada, mucho compromiso aplaudidor, mucha censura del intelecto, pero también conoció de una memoria incómoda que no se perdió, no se dobló ante ningún trono, un conjunto de voces que no dejaron de reclamar lo justo por los que vivían en una condena, en la cárcel de rejas, o en la cárcel del silencio.
Heberto Padilla sufrió la oportuna solidaridad de esa intelectualidad gris, y también la sufrió Lezama y Virgilio. Hoy Santiesteban no sufre ninguna solidaridad de nadie, de ninguno de sus iguales, ni siquiera de estos de “baja intensidad”, lo que me hace pensar que aquella “década gris” era, o fue, más solidaria, más humana, y también más decorosa que esta década de compromisos de medio lado, silenciosos y precavidos.
No en balde Miguel de Montaigne dijo que “el intelectual es heroico hasta la muerte exclusive”. En Cuba asistimos a la muerte de toda heroicidad, de toda intelectualidad consciente.
¿Es esta la “década rosa”? ¿La del labio besador con la mejilla de medio lado para sufrir la cachetada suave del represor y seguir subsistiendo?
Existen otros hechos inconfesados que me llegan de vez en vez, a cuentagotas, y me hacen ser un poco cauto, pero no menos claro en determinadas sutilezas del intelecto. Y, por encima de todo, no puedo callar sin faltar a mi honradez, y a mi pensamiento de hombre libre.
Me han llegado noticias demasiado reveladoras, y demasiado perturbadoras como para preguntarme si todo esto no es sino un complot de silencio, no establecido, por cierto, sólo por los medios de represión y los círculos castristas, sino también por determinados intelectuales “disidentes”, ciertos activistas “pro-derechos humanos”, que han influido activamente ante organizaciones como Amnistía Internacional, para que no consideren a Angel Santiesteban como preso de conciencia, y ante CADAL, para que dicha organización regional obvie el nombre del escritor preso en un juicio oscuro y amañado, precisamente por estos intelectuales de conveniencia de “baja intensidad”.
Y no son los círculos castristas, que han usado y usan la muy conocida y recurrida técnica del silencio, y la ignorancia informativa. No, son supuestos miembros de la oposición, activistas anti-dictadura, “luchadores” de los “derechos humanos”.
¿Es que acaso los derechos están también divididos para unos y otros, gracias a las “bajas intensidades” y las conveniencias?
Y de la misma forma también me han llegado informaciones sobre personajillos de estos “derechos humanos” a conveniencia, activistas según su acuñación mediática, que se han encargado de la bochornosa labor de presionar, acudir al chantaje y la blasfemia e, incluso, a la amenaza, a aquellos pocos nombres que aún tienen el valor, los pantalones intelectuales de ayudar con su recuerdo, y su posición vertical, a Angel Santiesteban, para que no se pierda su memoria.
No acuño nombres, aunque los conozco. No quiero hacer más incómodas esas vidas decorosas que aún quieren seguir con la memoria, también incómoda e inconveniente, de Angel. Ya que llegamos a fin de año, y se hacen listas por todos los lados del cuadrado en que se ha convertido Cuba, yo sólo quiero poner en mi lista particular un único nombre: Angel Santiesteban.
Ya que se habla en términos de “fin de la guerra fría” en el Caribe, y algunos intelectuales de hojaldre se catalizan como estrellas mediáticas del espectro mundial del 2014, sería decoroso y digno que se recordara a aquellos que están en la cárcel, no por ser “estrellas autocomplacientes” del régimen, o de su silencio, ni tampoco por cosechar laureles innombrados en coquetas de intelecto engañoso, sino por constituir la piedra en el zapato intelectual de esos topos con la memoria incómoda del Angel caído… del que no quieren hablar.

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