Saturday, December 27, 2014

El león, la bruja y el armario

El último editorial del NYT sobre Cuba aborda el tema de la oposición cubana, y la dimensiona en el nuevo entorno político de las recién lanzadas relaciones diplomáticas, por establecer, entre los Estados Unidos y el régimen de La Habana.
Alucina por exceso, a pesar de que logra ofrecer un esbozo bastante coherente de algunas de las tendencias de la disidencia cubana. No todas, pero al menos es un intento decoroso.
El mayor error que comete el editorial, evidentemente redactado por el topo neoyorquino que visitó recientemente La Habana (Ernesto Londoño), es que concede demasiada importancia a lo que ocurrirá en la Cumbre de las Américas. Y demasiada importancia a dos presidentes que no harán absolutamente nada para colaborar con la apertura democrática de Cuba, y mucho menos con su oposición.
Dice el editorial:
“If Cuban dissidents and civil society leaders are allowed to participate in the summit meeting, as Washington has advocated, Ms. Rousseff may well be speaking to the future leaders of a democratic Cuba.”
Traducción: "Si a la disidencia cubana y a los líderes de la sociedad civil se les permitiera participar en los encuentros de la Cumbre (de las Américas), como Washington ha abogado para que lo hagan, Ms. Rousseff pudiera muy bien estar hablando con los líderes del futuro de una Cuba democrática”.
He leído algunas evaluaciones sobre cómo los miembros editoriales de este diario norteamericano, sin lugar a dudas el de mayor circulación en aquel país, sobrevaluan en exceso la importancia de su propia influencia en los medios políticos, y sociales. Esta vez, creo, saltan la barrera de ese exceso, y se lanzan con la alabarda cual Quijote contra los molinos, alucinando, creyendo poder dirimir con una divina omnisciencia los asuntos internacionales, con tanta influencia y capacidad, que piensan y creen (que es lo más peligroso), que las partículas atómicas de su potencia intelectual pueden barrer las arenas del populismo que recorren los palacios de gobierno de América Latina.
¡Pobre tontos!
No sé si por ignorancia, desconocimiento, o sencillamente petulancia egotista.
Primer error. Escogen al gobierno de un país que más ha hecho por acercarse a Cuba, y ayudarlo con inversiones millonarias en el mayor y más moderno puerto comercial de su área geográfica - ¿preparando el terreno?, me pregunto.
Segundo error. Un gobierno que ha dicho que trata con respeto a democracias y dictaduras, por igual, sin discriminación. ¿Qué les dice esto al NYT? ¿O es que lo desconocen?
Tercero. Un gobierno cuya presidencia ha pertenecido a ese grupo de la izquierda ortodoxa de raigambre castrista, que ha estrechado sus manos, ha cultivado su adulación ideológica, y lo ha defendido, como mínimo, con su silencio.
¿No es suficiente saberlo?
Brasil, tanto con Lula como con Rousseff, ha desconocido y despreciado la oposición cubana. Se ha negado incluso a emitir la menor de las condenas cuando la muerte de Orlando Zapata, estando su titular entonces, y muy a propósito, en La Habana en el momento de aquella muerte.
¿Y el NYT espera que ese gobierno, y su presidente, conversen o permitan la presencia de la oposición cubana en la Cumbre de las Américas?
¿De qué América está hablando el NYT?
Nicolás Maquiavelo dijo en alguna ocasión que la naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad, y abyectos y humildes en la adversidad. Precisamente lo que hemos visto estos días en La Habana en boca del régimen.
Precisamente lo que escucharemos en la Cumbre en boca de los que aplauden a ese régimen.
El NYT le pide a los dos gobiernos más reluctantes de América Latina, México y Brasil, que actúen a favor de una salida hacia la democracia de un régimen totalitario al que no le han hecho el más mínimo gesto, y palabra, y señalamiento, en todos los años de su idilio amoroso con aquel gobierno sobre sus métodos de represión.
El único calificativo que me merece el editorial, y sus escribidores, es de ser sencillamente lunáticos. No existe otro.
No hace mucho el gobierno de Peña Nieto conversó en términos demasiados amistosos con La Habana. Rousseff ha aplaudido hasta el placer los gestos de Obama. La Latinoamérica del populismo aplaude como victoria “antiimperialista” la defección de la administración americana de la política tradicional de aquel país hacia la dictadura.
Evidentemente el diario de marras padece de soberbia, petulancia y de una arrogante autocomplacencia de su supuesta influencia en el mundo político, y especialmente en las arenas del sur. Importancia e influencia que no tiene, y que tampoco goza en el mismo suelo de su país.
No, no se puede alegar ignorancia de factores a los catedráticos del ícono del periodismo internacional.
No, no se puede alegar desconocimiento de hechos en el tramado latinoamericano.
Quien escribió estas líneas fue saludado, no sólo por los que lo recibieron en el grupo editorial del NYT, sino hasta por los que lo despidieron del Washington Post como poseedor de “una capacidad extraordinaria para ver historias donde la competencia no lo hizo”.
¡Bravo!
Ha nacido para el mundo literario del periodismo el próximo Clive Staples Lewis. Sólo le falta por publicarles sus modernas crónicas de Narnia.
Adivinen, a contrapelo del inglés amigo de Tolkien, el colombiano se apresta a escribir “El león, la bruja y el armario”. No importa el plagio, ni las segundas partes. ¡Es el New York Times!
Les convido a que adivinen quiénes son los personajes del relato asombroso.

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