Monday, December 1, 2014

Carreras cortas y carreras largas

Entre tantos posts sobre la problemática cubana a veces uno se pierde, invierte un tiempo precioso, leve, en esos artículos donde pelamos la naranja, nos enredamos con el zumo amargo de su cáscara, y las molestias usuales que causan algunas semillas. Olvidamos que su jugo es dulce, provocador, que a veces lo que se corta no tiene que ser de un tamaño exuberante, y la prosa no tiene que ser carpentiana. Alejo, por otra parte, tenia acento francés, impostado, manía libresca aristocrática y muchos olvidos esenciales a la hora de la vergüenza extraliteraria.
Perdemos mucho tiempo en la corta carrera sin relevos. Esa que ve las huellas mediáticas, superficiales de la sociedad, y nos olvidamos de las carreras largas, agotadoras, donde hay que sostener el aliento, mantener el ritmo, garantizar la levedad y la constancia para llegar a la meta.
Abunda la cáscara en la polifonía periodística cubana, y el jugo se pierde, casi ahogado por lo superficial, lo anodino, lo intrascendente.
El último post de Raúl Rivero sobre Angel Santiesteban merece una mejor lectura por parte de todos los cubanos. Trata de un intelectual preso, de un escritor al que le han dedicado muy poco sus colegas su atención. Desgranando las noches, horas y minutos, lo olvidan muchos.
Me he preguntado por qué hay tanto silencio, por qué los que lo acompañan en el oficio no estiman su suerte, siendo de los suyos. En este capítulo de su vida él está definiendo la propia suerte de todos ellos.
¿Miedo? ¿Falta de valor? ¿Indiferencia?
Y aquí viene la brevedad cristalina de un buen poeta a salvarlo del olvido. De todo lo que Rivero habla sobre Angel hay algo que merece ser recordado muchas veces. Tantas veces. Todas las veces. Dice Raúl:
“Un intelectual que no ha dejado de escribir ni de defenderse sin tratar de imponer una escuela o una conducta o de proclamarse campeón ni maestro de nada.”
Quizás en esa corta oración, magistral, está la sentencia que cursa el destino de Santiesteban, de su olvido. No reclama ego-centricidad, sólo establece su propia voz.
Hay intelectuales cubanos, bueno, llamemos “intelectuales de bolsillos rotos”, que se lavan la cara y lo pregonan en cada esquina del mundo, sólo hacen algo para imponer una escuela o proclamarse campeón o maestro de algo. Abundan, se arraciman, se caen podridos de las matas celestiales.
¿Es el talento la meretriz de las palabras, o de los silencios, de las tempestades en los vasos de agua?
No lo sé, no lo puedo atestiguar.
La realidad es que las carreras cortas las corren todos los tipos humanos. Son fáciles. No tienen muchos obstáculos y el merito se alcanza en la brevedad de su distancia.
De las largas, en cambio, únicamente se encargan los verdaderos corredores.
Son las que valen, las imprescindibles.
El escrito de Rivero es de una substancia vital para los que se interesan en la esencia del problema cubano. Define lo que somos, y lo que no somos, Y, sobre todo, lo que algunos pretenden ser.
Gracias a Dios que existen esos posts, y que aún quedan intelectuales de estatura correcta. Ni altos que no se puedan alcanzar, ni tan pequeños que reclamen la calza de gigantes… que nunca han sido.
Gracias, Raúl Rivero (el apellido se hace imprescindible, algunas veces)

2 comments:

elisa said...

Hermoso, sentido y honesto post. Te doy las gracias en nombre de Ángel Santiesteban.
Elisa Tabakman, La Editora.

Sara said...

Creo que los intelectuales hoy día deberían introducirnos un poco más a las carreras universitarias sobre todo para cuando uno necesita saber donde estudiar