Wednesday, December 17, 2014

¡Bienvenido, Poscastrismo!

Un día histórico en las relaciones internacionales post-guerra fría. El gobierno de los Estados Unidos, a través del mismo presidente Obama, ha anunciado al mundo el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Y algo más.
Un rápido resumen telegráfico podría decir algo así: intercambio de rehenes por parte de La Habana, Alan Gross y otros 50 presos políticos, por tres espías presos en los Estados Unidos. Gobierno americano autoriza 12 categorías de posibles visitas a Cuba, haciendo imposible que algún norteamericano no pueda encontrar un nicho entre esas doce posibles opciones para visitar las playas cubanas. Autorización a bancos norteamericanos para transacciones financieras de sus ciudadanos en sus viajes a Cuba, a través de tarjetas de crédito y débito. Gobierno de Estados Unidos autoriza a inversionistas norteamericanos en el área de tecnología y comunicación a invertir en Cuba. Aumento de remesas hacia la isla, y la posibilidad de importar productos de origen cubano. Viaje a La Habana de altos ejecutivos del gobierno americano a principios del próximo año. Y posible viaje de Kerry y el propio Obama antes del fin de la administración actual.
Como se ve es un Plan Marshall a toda vela para impulsar el poscastrismo.
¿Es una sorpresa?
Pues no. La Habana ya había dado señales de que algo se cocinaba en sus oficinas nocturnas.
Recientemente Margallo viajó flamantemente a La Habana para impulsar Veracruz, y obtener combustible político en Latinoamérica para el gobierno español. Fracaso total. Castro no lo recibió. Primera señal.
Editoriales consecutivos del más influyente diario norteamericano pidiendo, ¡vaya casualidad!, casi las mismas medidas anunciadas por Obama en el día de hoy. Viaje del articulista de influencia a La Habana. Recibimiento y copas de champan oficial. Se me hace totalmente evidente que, los editoriales del NYT y la visita de Londoño, fueron sondeos de opinión sobre la avalancha diplomática de la Casa Blanca por venir. Segunda señal.
Semanas atrás el dictador-presidente-general anunciaba la suspensión de las reuniones con la Unión Europea, sin explicaciones y de sorpresa. Años buscando este acercamiento, para rechazarlo a última hora. ¿No les resulta extraño? Tercera señal.
Hoy conocemos que los Estados Unidos y el gobierno de Cuba llevaban 18 meses conspirando la normalización de sus relaciones, gracias al eje Canadá-Vaticano. El Primer Ministro Canadiense y su Santidad el Papa Francisco establecieron el clima adecuado para que los “negociadores” se sentaran y se dividieran el pan. Canadá siempre sirviendo de celestina, y el Papa santificando la unión transexual.
Una minuta directa para la Unión Europea, y especialmente para España: ¡Olvídense de Cuba!
Jugaron por años a burlar el embargo. Establecieron relaciones de negocios, invirtieron en grande en el turismo y en la economía. Burlaron todos los preceptos de moralidad política negociando con una dictadura. Y en un día, hoy, los mandan de patitas para la casa.
No deja de ser una ironía que los que aplaudieron la salida en 1961 de La Habana sean hoy los que aplauden de nuevo su regreso. Los Estados Unidos se convierten en rey de Cuba. Y, saben, los europeos se lo merecen. No se puede jugar con el diablo sin caer en su propia trampa.
Por años los hombres de negocio de los países de la Unión Europea y Canadá han vivido de la explotación de la indefensión del cubano frente a su gobierno. Hoy se restablece el equilibrio para el país del norte. Hoy también los americanos podrán hacer lo mismo con los cubanos, explotar la misma indefensión.
Hay una diferencia, no obstante, y esta es sicológica. Los europeos nunca han podido darse cuenta, y entender, de que el cubano, no importa que sea del gobierno castrista o sea un ciudadano común, sea opositor, o sea jugador de dos bandos, es pro-americano. No en balde la mayor comunidad cubana está en ese país, y no es sólo por las facilidades legislativas, sino por la inclinación natural del criollo al sistema norteamericano de vida. Nos viene de antaño, de nuestra tradición.
No lo han entendido en 56 años, creo podrán entenderlo en los próximos días.
Pero repasemos ahora qué pasará con el embargo, porque a pesar de que Obama casi lo hace añicos, en la práctica con sus decisiones ejecutivas, es una ley, y como ley tiene que ser derogado por el Congreso y el Senado.
¿Será sepultado el embargo?
Yo creo que sí.
¿Quiénes se oponen?
Los legisladores cubanos, los cubanos, parten de su comunidad, al menos aquella parte que tiene poder de decisión. Con respecto a las cifras y estadísticas del electorado cubano en la Florida y el resto de la federación americana, se hace difícil saber quiénes apoyan o no cada bando. Pero yo creo que hoy las cifras están bastantes balanceadas en las dos partes, sino inclinada en una, y no es precisamente la pro-embargo. Sin embargo, no puedo arriesgarme a afirmar esto.
Lo esencial aquí, empero, es que el electorado americano, aquel que no es de origen cubano, y los millones de emigrantes de otras nacionalidades, con toda evidencia favorecen el levantamiento, el establecimiento de la normalidad legislativa en términos de igualdad para la emigración cubana con el resto, y eso será tomado en cuenta por sus legisladores, congresistas y senadores. Habrá discusión, aparecerán recursos de emergencia por parte de algunos, pero al final si la administración Obama presenta una ley para derogar el embargo, y se hace de voluntad para imponerla, mi opinión es que será aprobada.
En el pasado he predicho, varias veces, que lo que hoy ocurrió ocurriría alguna vez, si la administración y su Presidente se lo propusieran. Les parecía a ellos un imposible. Pues aquí lo tenemos, lo imposible, Watson, se hizo posible.
Desde hace mucho tiempo dije que la decisión de levantar las restricciones a Cuba era, con total exclusividad, una prerrogativa de la administración americana. Fueron ellos quienes la establecieron. Fueron los Estados Unidos quienes rompieron relaciones con Cuba. Eran ellos quienes debían decidir. Nadie más.
Hoy decidieron, a su conveniencia, como era de esperar, no a la de Cuba, no a la del pueblo cubano.
La oposición, la disidencia, la parte de la población que se opone, pasivamente o de forma directa, al castrismo en Cuba, y en su exilio, siempre ha puesto su voluntad en manos extranjeras, especialmente norteamericanas. Craso error. Nunca debió haber sido, nunca debió suceder, ni ser pensado, pero las alucinaciones políticas son consecuencias de las propias circunstancias políticas en que surgió el conflicto.
Hoy el conflicto llega, de cierto modo, a su fin. Aún queda el conflicto entre los propios cubanos, que son ellos mismos los que tienen que resolverlo.
Pero eso, amigos, nunca lo hemos llegado a comprender, o al menos algunos, muchos, casi todos.
El señor Marco Rubio podrá anunciar medidas para oponerse a la decisión Obama. Los congresistas harán lo propio también, pero nada puede cambiar la realidad de que es Cuba, y los cubanos, quienes tienen que actuar.
En otro lado del espectro, las relaciones diplomáticas y el levantamiento en la práctica del embargo, que es lo que ha ocurrido, no generarán ningún cambio en el régimen castrista. Cuba no será más democrática porque una embajada americana se estrene en La Habana, o porque haya hombres de negocios de ese país, o porque las compañías americanas inviertan en Cuba, o porque los turistas caminen por las arenas de Varadero, o porque los periodistas reporten abiertamente desde La Habana, que nunca lo harán mientras esté Castro o alguno de sus espectros.
¡Lo que ha ocurrido hoy es simplemente OXIGENO!
Oxígeno para un enfermo de 56 años, que clamaba por una inyección salvadora americana. Ya lo oyó desde los labios de su presidente. Ya la administración se apresta a luchar por la derogación del embargo. Ya llegarán las maquiladoras americanas a La Habana, y el castrismo le seguirá pagando su salario miserable al cubano, desplazando inversionistas de un lado, favoreciendo otros, apresando nuevos Tokmakjian canadienses para ofrecerle la plaza al nuevo contribuyente norteamericano.
Esto es sólo un tablero de dominó al que se le ha dado agua, y un paciente terminal al que se le concedió otro término de vida. Ya se podrá morir “el difunto” con complacencias de inmortalidad. Ya han aplaudido a los que han regresado, “victoriosos” y sublimes. Mañana serán un olvido, como tantos otros.
Ese sistema es un sistema de olvidados. Cada cual tiene su turno.
Para no dejar nada en el plato quisiera agregar dos últimos ingredientes a este ajiaco de poscastrismo.
El gambito de intercambio que fue Alan Gross nunca fue totalmente inocente. Es mi plena convicción que nunca lo fue. El conocía adónde iba, conocía a qué se exponía, y sabia cuál podría ser las consecuencias. Lo hizo. Jugó su ficha. El gobierno cubano jugó la suya. Y Obama ahora movió su alfil.
Todo ha sido una jugada de una mano de la cual se desconoce, en el día de hoy, su nacionalidad y filiación ideológica. Este chef culinario aún no tiene nombre.
Pudo ser planificada por la misma administración americana, o por sus órganos de inteligencia a partir de una orientación de la administración americana, para descongelar las relaciones Cuba-Estados Unidos.
O pudo ser Cuba a través de sus agentes de inteligencia en las propias instituciones norteamericanas.
Quien haya sido, Alan Gross fue sólo su ficha de cambio.
El segundo ingrediente del ajiaco: Venezuela.
No deja de ser una ironía de enormes proporciones el que hoy, la casa matriz del chavismo, el patrón, el dueño de los hilos que mueve los títeres del andamio venezolano, aplaude y se apura a estrechar las relaciones con el “imperio”, mientras que su títere, Maduro, hace todo lo posible por romper esas relaciones.
Me pregunto si todo esto no es si no otra maniobra aislacionista de Cuba, para retener Venezuela por más tiempo, comprometerla aún más y mantener esa mano insaciable en el bolsillo ajeno, a costa de todo, incluso, de destruir aquel país.
Vivir para ver.

3 comments:

Blas Anaya said...

Ya vamos entrando en caja, ¿no?

PolO said...

El que todavía crea en una Cuba libre, mejor se vaya preparando para la guerra civil; porque tras la palabrería republicana, y el mangoneo de Obama, ya es claro que estamos solos, y solos tenemos que arreglar nuestro problema.

Mientras los Castro mantenga la estabilidad en Cuba, los americanos no van a mover un dedo para ayudar a la causa de la libertad y la dmocracia en la isla. Solo desestabilizando el país podemos esperar ayuda efectiva dsde los EEUU para acabar con la tiran;ia castrista. Lo inevitable es decidirse a poner el muerto.

adribosch said...

Excelente José lo estoy publicando en mi blog!