Monday, November 10, 2014

Revoluciones de Bolsillo

¿Cuánta información tiene el cubano y cómo la usa? ¿Hasta dónde la tecnología burla al poder, la censura y rellena vacios informativos en Cuba?
Se ha dicho muchas veces que el poseer información empodera una persona. Y es cierto. El acceso a las fuentes de información nos da el poder del escrutinio, el análisis, la crítica a las decisiones y proyectos asumidos e, incluso, la elaboración de nuestro propio personal proyecto.
La información nos ayuda a encaminar nuestra vida personal engarzada en la telaraña social de la sociedad donde vivimos. En un mundo donde la tecnología y los procesos sociales cada día más se entrelazan, la información oportuna, precisa e imprescindible es una herramienta de poder.
Dejémoslo claro, lo ha sido siempre.
Dicha esta premisa con objetividad, sin embargo, se hace necesario contextualizar el momento, el lugar, el grupo social, el país, y la época.
Muchas veces nos ocurre que estando en nuestro poder información por nuestra labor profesional pensamos, absolutizando, que la sociedad donde vivimos la tiene, accede a ella e, incluso, se interesa por obtenerla. Esto es particularmente engañoso cuando de tecnología, y procesos informativos, se trata. Y cuando los que la utilizamos y accedemos a ella somos profesionales de esa labor. Creemos entonces que nuestra necesidad es la de todos, que nuestro conocimiento también lo es para todos y nuestras exigencias informativas rigen para el resto de la sociedad.
Pero no es así, no tiene que serlo necesariamente.
Recientemente he leído las declaraciones de Yoani Sánchez sobre las memorias flash y la "revolución underground" que, supuestamente, está ocurriendo en Cuba. La pregunta que me asalta y persigue es, ¿es esto cierto? Y si lo es, ¿en qué medida lo es y para qué?
No podemos confundir el deseo natural de las personas a conocer mas allá de las barreras y los límites establecidos por las sociedades cerradas como Cuba, con el hecho de establecer un vínculo con su rechazo a esa sociedad y la toma de conciencia sobre ese rechazo.
Esto último está muy absolutizado en el contexto cubano.
En realidad, ¿cuán informado está el cubano hoy?
Una pregunta que es difícil responder dada la naturaleza obstruccionista del sistema en Cuba, y la ausencia de transparencia en sus sistemas estadísticos.
Pero también porque los niveles de información difieren en las regiones geográficas específicas del país. No es lo mismo el cubano que vive en La Habana, la capital, que el que vive en Camajuaní, en el centro de Cuba. Y también difiere por los grupos sociales y de edades existentes. La juventud es un consumidor insaciable de información, lo que no significa que esa información la vaya a estructurar en un sistema, la intelectualice y tome conciencia de ella.
La juventud cubana ha decidido alienarse del sistema político a causa de la agresión constante que ese sistema político ha ejercido sobre la vida de muchas generaciones de sus jóvenes. Cuando algo así ocurre la solución puede ser enfrentarlo o alienarse del mismo. La segunda variante ocurre en el caso de Cuba.
Pero contestando la pregunta esencial del inicio, ¿está el cubano informado? Se puede decir el ciudadano común tiene determinado nivel de información, y a la vez no la tiene. Puede parecer una paradoja, pero no lo es.
Conoce mucho de marcas de ropa, electrónicos y autos, y otras muchas banalidades informativas, y desconoce otras muchas menos banales y más esenciales para su vida como ente integrado en una sociedad que esté viva y realmente lo estime. Las vías de las que se agencia para su conocimiento difieren mucho de las heroicas “memorias flash” de la señora Sánchez.
El cubano accede y conoce de películas, modas, series americanas de ocasión, sudcoreanas y brasileñas. Pero desconoce de sus derechos como esenciales como ciudadano.
Conoce de artículos y prendas de vestir, artistas, músicos y hasta de pequeños escándalos mediáticos. Pero desconoce de las propias leyes de su país y de su derecho a exigir su cumplimiento.
Habla de deportes, clubes y equipos, atletas y sus rendimientos, nombres de famosos y recién llegados. Pero desconoce de quienes realmente manejan los hilos del poder en Cuba.
Conocen, o dicen conocer, de política, de Miami, los chismes del barrio, sucesos trágicos y crímenes que no publica la prensa. Pero desconoce de contextos, a veces razones, y matices que cambian la óptica de lo que hablan y creen conocer.
Las autoridades políticas, y la maquinaria publicitaria del régimen lo han condicionado para que así proceda.
La prensa cubana no informa. Es sólo un mecanismo reparador de parches en la autopista global de la información. Funciona absolutizando conflictos, ocultando otros muy inconvenientes de publicar, justificando muchos, y saliendo al paso a una noticia que ya no lo es, porque todo el mundo la conoce, pero a la que tiene que reaccionar de algún modo para reajustar el timón en el vehículo torpe de la realidad nacional.
Los periódicos nacionales, los órganos de prensa en general en ese contexto, son como las brigadas "coge-baches" en sus destartaladas calles. Tratan de cubrir un hueco en el asfalto informativo ¡Nada más!
Y es así que el ciudadano busca alternativas. Para su recreo, para alienarse del sinfín de necesidades y problemas, para vivir una vida separada, alienada de la que tiene cuando abre la puerta de su casa.
Es en este contexto en el que se inserta la aparición de las memorias flash. No es un fenómeno nuevo, ni mucho menos, si no una herramienta diferente para hacer lo mismo: alienarse.
Dos décadas atrás, años 90, existían los bancos de cintas de video y circulaba de todo. Era "el paquete" del momento. El estado entonces reaccionó de la miksma manera que ahora lo hace: creó sus salas de video, con cierto éxito inicial y un final previsible, el fracaso.
El flujo de información no puede remediarse controlándolo, poniendo parches temporales, sino dejándolo correr su curso natural. La información cada día mas es esencial para el desarrollo de una sociedad y un país. Cuando ese flujo se entorpece, la sociedad en su conjunto sufre, se congestiona, retrocede.
Las soluciones a medias estilo las salas y bancos estatales de video, y la actual "mochila" de hoy día serán siempre "cubre-baches", porque es en el mercado ilegal donde está la verdadera autopista de información.
Entonces, en aquellos paleolíticos 90, ya existía de todo. Novelas, series, documentales y películas prohibidas. Información alternativa. Disidencia intelectual.
¿Generó alguna "revolución underground"?
No.
Es ridículo pensar que exista ahora, que suceda alguna "revolución" por espíritu santo de alguna “memoria flash”. Es absolutizar un fenómeno tecnológico que existe puntualmente en sectores sociales, grupos de edades e incluso aéreas geográficas privilegiadas como La Habana, Varadero y Cárdenas.
El resto de Cuba conoce lo que habla el recién visitante de Miami, las prendas y marcas de sus vestimentas y regalos, pero la tecnología se separa en distancia como mismo se alejan los pueblos de la capital. Me he encontrado en la amarga situación de observar cómo los cubanos conocen más de marcas, modas y modismos que yo mismo que vivo en Canadá, en un gran centro urbano y financiero de referencia, Toronto. Y también cuan poco le importan la reclamación de sus derechos. Nadie quiere “buscarse problemas”.
Quizás sirva aquí alguna anécdota ocasional. 
Cinco años atrás fui a Cuba.  Llevé paquetes de ropa y de aseo para mi familia grande, primos, tíos, parientes. Muchos amigos canadienses me regalaron artículos de vestir, muchos de ellos aún sin usar, nuevos y con su etiqueta de precios. Artículos de grandes marcas como "Gap", "Diesel", "Guess" y otros desconocidos, sin ninguna relevancia. Muy buenos todos.
¡Con cuanta ilusión cargue aquellas maletas y cruce todas las amargas puertas aduanales!
Cuando les di las maletas a los que les llevaba los regalos me encontré con la triste y decepcionante situación de verlos dividir la selección entre aquellos con una marca prestigiosa y los otros, "los inútiles", los "sin-marca", que desechaban con menosprecio. No importaba el esfuerzo de haber molestado a mis amistades y sus buenas intenciones, ni lo que pagué de sobrepeso en los dos aeropuertos, ni la hora que tuve que discutir, poner mala cara y molestarme en la aduana cubana.
"Objetos inútiles", consecuencia de no cubrir una marca de nombre.
Triste situación de una sociedad más obnubilada con los nombres tarifados por la moda que por su utilidad. ¡Y hablan del capitalismo!
Este es el resultado de la "revolución underground".
¿Significa esto que es despreciable la presencia de esta “revolución de bolsillos"?
No, sólo que es lo que es: lo mismo de ayer en otra forma y medio tecnológico.
¡Nada más!

1 comments:

Simon-Jose said...

Un saludo cubanísimo, mi estimado amigo.

Al leer este Post, con el cual coincido plenamente, en la parte donde mencionas los años noventa, recuerdo aquella "corriente" de intercambios y préstamos de cintas de video que alcanzó su máximo durante "el período especial" cuando el régimen alquiló las salas de cine a "cuentapropistas" que exibían películas de cualquier tipo.
Obviamente las reglas de "la demanda y la oferta" más la intención de ganar la mayor cantidad de dinero provocaron que la mayoría de las películas exibidas fueran pornográficas ya que éstas siempre llenaban las salas de exibición y, obviamente, dejaban más ganancias.
Pero como en Cuba todo tiene que estar controlado, para evitar "que se riegue el ganado", pronto apareció el aparato de control que vio el peligro de que la juventud se relacionara de modo libre por todo el país, entró en el negocio y SE CELEBRO EN CONSOLACION DEL SUR "EL PRIMER FESTIVAL NACIONAL DE CINE EROTICO" auspiciado por el ICAIC y ahí mismo quedo conformada la "organización", con su junta directiva, que se encargaría de inscribir a los que se dedicaban a tales "oficios" y se establecía que a por medio de esa organización se efectuaran los intercambios de cintas y todos "los amarres" que normalmente se hacen entre amigos para llevar a cabo esas actividades.
Resumen:
Ya ese sector también quedaba bajo el control del aparato encargado de que nadie se salga fuera "del area de juego".
Ese "festival" se celebró por alla por el 95 o 96.
Yo recuerdo muy bien haber leído toda la información en el ¿periódico? provincial "El Guerrillero".

Un fuerte abrazo,
Simón José.