Monday, November 3, 2014

La utilidad política de las desgracias

Fidel Castro lo comprendió enseguida, sobre todo después de la amarga experiencia de Bolivia. Las guerrillas provocaban inestabilidad en los procesos democráticos de la región, pero "no resolvían" el problema, de acuerdo al guión del régimen cubano.
Comprendió también que el sector al que tenía que seducir no era el segmento pobre, sin poder y sin influencia política en el área latinoamericana, sino aquel que decidía los destinos de esa región. Los gobiernos, los partidos políticos, especialmente y en primer lugar los de tendencia de izquierda, los hombres de negocios, intelectualidad afín, la flor y nata de lo que constituye las fuerzas políticas de las naciones de la región.
La estrategia sería "una campaña para los pobres" pero para seducir a los ricos, al poder.
El primer lanzamiento de esa política puede situarse en los inicios de los 70, cuando ocurrió el terrible terremoto en el Perú. La avanzada entonces, como hoy, fueron los médicos.
La estrategia no dio todos los resultados esperados en lo inmediato, pero sí acaparó los grandes titulares en la prensa occidental y regional En el momento de la catástrofe Perú no mantenía relaciones diplomáticas con la dictadura. No se restablecieron de inmediato.
El régimen no esperaba una apertura, pero era el comienzo de una carrera para romper su aislamiento.
En otro rumbo afortunado, además, estableció un precedente en los organismos internacionales de las Naciones Unidas, y especialmente en sus organizaciones de salud: OMS y la OPS, regional.
Era una estrategia a largo plazo, aunque como surgió, al calor de la desgracia peruana, Castro le apostó duramente a razón de obtener grandes beneficios mediatos.
Los obtuvo.
La maquinaria de la publicidad gratuita de la prensa mundial, especialmente la norteamericana con sus poderosos órganos de influencia, y especialmente el "The New York Times". La presencia cubana en áreas donde su geopolítica no existía generó el marketing político adecuado.
Se había sentado un precedente importante en la política de seducción del poder en el hemisferio. Pero Castro aún no le daba suficiente crédito, sobre todo para obtener frutos a corto plazo.
En ese capítulo aún apostaba a las armas. Y entonces surgió Angola.
El país africano suponía una fuente más rápida de ganar acceso a una región inexplorada totalmente por las potencias occidentales. En realidad, occidente abandonaba ese continente en su geopolítica. Y en lo particular, Portugal abandonaba Angola.
Se pensó, que es decir Castro pensó, que la nueva aventura africana sería corta, eficaz y con resultados evidentes en muy corto plazo. Esperaba, además, seducir, o seguir seduciendo, la política de inyección militar de la Rusia soviética en armas. Objetivo primordial para seguir suministrando pertrechos a las guerrillas regionales. La más importante se centraba en Centroamérica, El Salvador.
Pero Angola languideció porque se encontró con un obstáculo inesperado: Savimbi.
Viejo guerrillero de la aventura africana del argentino sanguinario Che. Astuto, retorcido como sus maestros, los cubanos y el argentino, con mucha dosis de valor y temeridad, Savimbi tenía la experiencia que no tenían los exógenos invasores caribeños. Conocía la sicología del angolano, la geografía y su población autóctona.
Cuentan que cuando invadía alguna aldea le pedía al grupo de hombres de más confianza que le dispararan ráfagas de salvas, desde lejos, con sus fusiles, mientras los pobladores del lugar observaban aquel teatro concienzudamente preparado para ellos. Lógico marketing de infalibilidad, invencibilidad y sobrevivencia.
Había aprendido la lección de los mismos cubanos, que no tuvo tiempo de aprender y comprender su maestro argentino, y por lo cual murió. El mercadeo de la invencibilidad era mas eficaz que las mismas balas en aquellos parajes de ignorancia.
La anécdota creció y se hizo leyenda. Todavía la recuerdan muchos cubanos, veteranos de aquella guerra de más de 10 años.
Angola supuso el escollo principal en el progreso de la política de mercadeo de la desgracia. Muchos de los recursos y personal los tuvo que emplear el castrismo en aquella guerra de desgaste. Pero todavía el bolsillo generoso soviético funcionaba. Cuba recibía no sólo dinero, financiamiento y préstamos, recibía armas de todo tipo, entrenamiento, colaboración en el aparato de espionaje soviético destacado en Europa, a través de la estación de Checoslovaquia, tan usada desde la época de las aventuras africanas del tutor de Savimbi. 
Pero también el régimen de Cuba recibía ayuda generosa gracias a precios de preferencia en petróleo, todos los renglones de la industria, colaboración en el espionaje electrónico con el establecimiento de la Estación Radioelectrónica de Lourdes, abastecimiento infinito para su mercado local. La URSS era el almacén voluntario y benevolente de Castro, de sus aventuras y codicia política.
Entonces el comercio ideológico de la desgracia podía tener un componente más 'caritativo', digamos. Castro no cobraba un céntimo, pero se iba embolsillando voluntades y creando pautas en el terreno internacional.
Un apetitoso resumé de 'buenas obras' ante los organismos de Naciones Unidas. Con el tiempo ese aval serviría para doblegar más de una voluntad.
Al final, Angola terminó y un poco después también le llegó el final a la Rusia caritativa. Desapareció el Socialismo. Castro se quedó sin tutor, pero seguían sus clientes usuales de desgracias, que habían florecido con las aventuras militares en Africa, y con las 'misiones' civiles en los lugares de catástrofes naturales y epidemias.
La "danza de los millones rusos" sembró el país del material humano al que Castro acudió en épocas de "vacas flacas" para ese comercio.
Por otra parte, el tiempo de las armas, las guerrillas y aventuras militares había desaparecido. El mundo que habia visto nacer al régimen de los hermanos Castro había cambiado, casi barrido del mapa mundial. Algunos acuden al manido término del inicio del "fin de las ideologías". Pero no hubo tal fin, sino un cambio de estrategias.
Las ideologías no terminan, como tantas veces se ha demostrado, se reconvierten adecuadamente gracias a la astucia de los políticos, detentadores del poder y dictadores de turno.
Le quedaba, entonces, al castrismo la estratégica y muy útil política del mercadeo de las misiones civiles, especialmente de médicos.
Y así la caridad política cedió al comercio político. Misiones dondequiera que ocurriera una desgracia. Colaboración rápida, eficiente, con los organismos de la ONU. Ya nada era de gratuidad, precios bajos sí, no se podía aun destapar la zorra antes de serlo.
Se puede decir perfectamente que Castro logró con el mercadeo de la desgracia lo que no alcanzó con su política de guerrillas y financiamiento de la inestabilidad de la región.
Latinoamérica se abrió a Cuba. El régimen conquistó políticos, militares ambiciosos que se reconvirtieron en presidentes populistas, millonarios benevolentes y caritativos hasta en el mismo seno del odiado 'imperio', que se ‘agraciaron’ con su amistad y le aplaudieron su tráfico de intereses.
Y entonces el populismo se sentó en la silla presidencial en América Latina.
Africa, gracias a Angola, que dio frutos con la caída del Apartheit, ayudó en la compra de voluntades en aquel continente. Pero fueron los intercambios de humanos profesionales con la región lo que aseguró a Castro la 'simpatía' política necesaria en las organizaciones internacionales. Voto comprado gracias al tráfico silencioso de vidas humanas.
Hoy la explotan. Es su cartera de inversiones, dinero y préstamos. Ese trasiego humano ingresa más capital que la industria más floreciente del régimen, el turismo. El éxito de este mercadeo ideológico es lo que llevó a  Ban Ki-Moon a llamar al régimen por el ébola. Conocía que Cuba, el gobierno, es una pieza clave en el comercio político de la desgracia.
Y la usó.
Todos lo saben. El dinero fluye a través de "Mas Medicos" en Brasil, "Barrio Adentro" en Venezuela, el nuevo supermercado del ébola. Cualquier otro que aparezca.
Al resumé exitoso de ese tráfico de humanos e intereses ha agregado hasta un componente norteamericano, y de lujo. 
La bendición del Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y las recurrentes amabilidades de los oficiales del gobierno de Obama. Componentes esenciales en la ganancia política, ya no contra la desgracia, sino contra el embargo.
No lo ocultan. No tienen ni la vergüenza de hacerlo. El canciller castrista, Bruno Rodríguez, lo dijo explícitamente en la misma ONU en la anual plañidera sesión contra el embargo.
Cuba trafica hasta con la complacencia de su enemigo.
En última instancia, no ha sido ni las armas, ni las narco-guerrillas ni los mismos pobres los que han acudido a sostener la dictadura cubana.
Han sido los propios sectores ricos, de poder y en el poder, partidos de izquierda y hasta de derecha, antiguos dictadores españoles, gobernadores de ultraderecha y hasta multimillonarios mexicanos, y la benevolencia tonta del ‘imperio’. ¿No es así como le llaman?
El resultado de Angola fue el establecimiento del gobierno más corrupto de Africa, Dos Santos. Y también la dictadura namibia. Y más de 2 mil cubanos muertos, inútilmente.
Y el resultado del comercio político de los desastres, y las desgracias, ha sido la credibilidad, dudosa sí, pero establecida de facto de la dictadura cubana.
Los pobres, casi siempre víctimas de los todos los desastres, sujetos  y productos de este mercadeo político castrista, son sólo el sujeto conveniente de ese marketing. Los cubanos, profesionales y miembros de las misiones políticas de este comercio, son también sus víctimas.
Hoy cosechan dinero, a la par de crédito político, para una dictadura que no se avergüenza de imponer condiciones salvajes a su comercio.
El resultado final es casi evidente.
Se puede predecir con toda seguridad que esta política de mercadeo será quien acredite, por primera vez, a una dictadura en un mundo donde la democracia cierra los ojos a la injusticia.
Y así estamos. ¡Bien Jodidos!

1 comments:

Esperanza E. Serrano said...

Buen tema. Excelente post. Solo te sugiero que investigues cuanto pagaba Agostino Neto por cada combatiente cubano en Angola, cuanto pagaba por cada soldado y cuanto pagaba por cada oficial. Te asombrarás al descubrir la verdadera esencia del internacionalismo proletario por el cual se han sacrificado cientos de miles de cubanos.
En Angola murieron 10 mil cubanos. Cuantos realmente murieron combatiendo es una cifra que posiblemente nunca sabremos. A Cuba regresaron algunos combatientes locos pero ninguno mutilado. Los heridos de gravedad en los campos de batalla eran rematados por los propios cubanos. Ni siquiera recogían los cadáveres, solo la medalla que los identificaba.
Cuando se acabó la guerra en Angola, en Cuba montaron el espectáculo más grotesco de la historia con las 10 mil cajitas con los restos de los cubanos muertos en Angola. Cada municipio organizó un funeral colectivo con velatorio y entierro incluido, para homenajear a sus muertos, y para cerrar con broche de oro tal barbaridad, se hizo una selección del ¨"muerto mas destacado en la guerra, el vanguardia caído en tierra angolana, para que representara a su municipio natal en el cementerio del Cacagual,junto a la tumba del Titán de Bronce Antonio Maceo...
Sobre la guerra en Angola hay muchas cosas que la mayoría de los cubanos desconoce.
Saludos
Espe