Thursday, November 20, 2014

La toma de La Habana por Margallo

Tres factores, evidentemente, “justifican” la visita del ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, a Cuba: la cartera de inversiones ofrecida por Raúl Castro de 8 mil millones de euros en 246 proyectos, la acreditación de la dictadura como proyecto viable dentro del sistema democrático de América Latina y el resurgimiento de la extrema izquierda en España con “Podemos”.
Ninguno de esos factores incluye los derechos humanos de los cubanos. Y se comprende.
España desde hace mucho tiempo apostó por el continuismo de la política socialista de Zapatero y Morantinos. No le ha prestado ninguna importancia a la oposición cubana, cuya circunstancia más evidente ha sido el desprecio a las denuncias de Carromero sobre la muerte de Oswaldo Payá. Incidentalmente, Margallo menciona al infeliz español enredado en la trama oscura de la muerte del cubano, de refilón, para hablar de “éxitos” de la política española en la isla.
Visto desde esta óptica casi puede parecer que el gobierno de España se alegra de la muerte de Payá, que pudiera haber sido una piedra incómoda en el zapato de Margallo. Mirado así, ¿estará encubriendo el gobierno de España alguna evidencia en esa muerte? ¿O es simplemente el suspiro de alivio ante la desaparición de lo que hubiera sido un elemento perturbador en las futuras relaciones entre España y la dictadura cubana?
Es difícil decirlo, pero estoy convencido que un Payá con vida hubiera sido un elemento desafortunado en la política de desprecio a la comunidad de cubanos, no sólo en España, en los Estados Unidos y en el mundo democrático, sino también en Cuba por parte del gobierno español.
Incidentalmente, García- Margallo declara, cínicamente, que "España tiene que estar presente en Cuba si quiere ayudar a Cuba a labrar su futuro". Es decir, tiene que estar en La Habana para ayudar a labrar el camino del poscastrismo, que no es precisamente sin el elemento-Castro.
Y aquí se enlaza, de manera muy conveniente, la suculenta cartera de 8 mil millones de euros que, recientemente, el dictador de turno ha lanzado al mercado internacional. Evidentemente, y con las recientes palabras de la administración Obama de no dar un paso para diluir el embargo, las manos ansiosas del gobierno español se frotan de alegría. Especialmente en una España bajo circunstancias particularmente complicadas.
¿Qué ha pasado en España para que Margallo salga a la Toma de La Habana, no precisamente por los ingleses?
Tres factores: la crisis económica que aún golpea al país ibérico, no tan tensa como antes pero todavía presente, los graves escándalos de corrupción dentro del partido en el poder, el Partido Popular, que ha hecho resurgir de manera veloz un grupo de la extrema izquierda y financiado por el chavismo, que es como decir La Habana, “Podemos”. Este es el tercer factor, sin olvidar las ansias separatistas de Cataluña.
Margallo cree que La Habana puede servir de interlocutor con “Podemos”. Casi se pone en evidencia cuando expresa que el régimen cubano tiene un "papel fundamental", no sólo en la alianza bolivariana ALBA, sino también en la UNASUR y ha presidido la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
El gobierno de España, a todas luces, se ha lanzado a la conquista del “corazón tierno” de los dictadores caribeños con la esperanza de conquistar la paz en su propio país. Quiere decir: que La Habana neutralice, o trate de hacerlo, a “Podemos”.
¿Podrá hacerlo?
Nadie puede decirlo, y no creo sea una tarea fácil. No sólo porque Pablo Iglesias tiene su propia agenda, es inteligente, no le importa meter las manos hasta el codo donde sea para agarrarse al poder, es en espíritu y cuerpo un personaje donde la arrogancia, el nihilismo y la audacia se mezclan en estado puro para consolidar una personalidad muy cercana a lo que un día fue, en el trópico, un Fidel Castro.
No creo que La Habana desee detener a Pablo Iglesias, ni que siquiera lo intente. Pero las dobles agendas nunca han estado ausentes del régimen cubano.
¡Jamás!
El ministro del exterior de España ha intentado darle a su zapateo español por las tierras caribeñas un “sabor humano”. Ya sabemos, ha hablado de que, en virtud de la ley de Memoria Histórica, se ha multiplicado por 10 el número de españoles en Cuba. Lo que no dijo es que, muchos de esos cubanos que reciben ese pasaporte, marchan a España y saltan de allí a los Estados Unidos.
Evidentemente, porque no le convenía decirlo.
¿Recibirá García-Margallo a la oposición en Cuba?
Casi que hasta lo dudo. No creo que le interese mucho, en un viaje para atrapar mariposas, enredarse con las moscas. Así es como lo ve el español.
España ve en La Habana una de las salidas apetitosas de la crisis en su infraestructura de pequeños y medianos negocios. Obligados por la crisis en casa, pequeños y medianos empresarios buscan desesperadamente mercados en el exterior, y Cuba es uno de los más apetecibles porque necesita capital, equipamiento y tecnología… y porque no hay competencia americana.
Los cálculos son sencillos, la ganancia seguro... o así piensan en Madrid.
Los españoles no desembarcan ahora en Cuba. Ya lo hicieron desde los primeros días de 1990, cuando la economía cubana enfrentó la salida de los rusos, el desmoronamiento de la URSS y la peor crisis de toda su historia. Entonces, como hoy, el gobierno español ha sido el cómplice del castrismo para enfrentar el embargo.
Los sucesivos gobiernos españoles han sido los aliados de la dictadura para enfrentar la política americana, y esto viene desde la era de Franco, del cual son herederos de sangre el Partido Popular y su actual gobierno.
Así no hay nada nuevo que hallar en la política española. Sólo continuismo. El mismo Morantinos ha hablado, con visible orgullo, de su satisfacción con los acontecimientos. En sus propias palabras: "Lo que nosotros defendíamos ahora los otros lo hacen, y podemos decir que hay continuidad".
¡Más claro ni el agua!
Hoy en Cuba las firmas españolas cuentan con 228 sucursales, y 32 operan en empresas mixtas. Las más importantes cadenas hoteleras españolas aterrizaron hace más de dos décadas, y controlan el 90% de las camas, muchas de ellas en instituciones turísticas en manos de GAESA, que es decir, de la familia Castro.
Poscastrismo asegurado, y con sabor a caramelo ibérico.
Margallo podrá darle su vuelta al asunto, pero su visita a Cuba es para afianzar al régimen de los hermanos Castro, sus sucesores, o la claque que quede al frente en el momento en que la partida histórica de ese apellido ya no exista. Apuesta al poscastrismo, no a la democracia.
Lo demás es puro cuento, palabras necesarias para no descubrir el juego turbio en que ha quedado la posición española en la mancomunidad europea de naciones. Desgraciadamente, y aunque no nos guste decirlo mucho, esto es el fruto inevitable de no haber hecho nada los cubanos, de adentro y también de afuera, para despojarnos de la mafia política que, por más de cinco décadas, nos corrompe el alma de Cuba.
¡Infeliz España!
Retorna a Cuba no como colonizador, aunque intente hacerlo, sino como herramienta propicia de una dictadura.

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