Wednesday, November 5, 2014

La inocencia, la ingenuidad y la astucia.

Alan Gross en una cárcel en Cuba. La comunidad judía en los dos lados del estrecho de la Florida. La dictadura cubana en La Habana y el gobierno de Obama en Washington. Y los tres espías presos en Estados Unidos.
Están son las piezas de juego en un gambito de ajedrez político de resultados impredecibles.
Debí decir, el gobierno de Obama en su último período presidencial. Los detalles son a veces muy importantes.
A algunos puede parecerle un desperdicio de inteligencia, espacio y tiempo el hecho de que el ícono del periodismo norteamericano, "The New York Times", le haya dedicado un editorial a pedir al gobierno de su país que intercambie dos de estas piezas de ajedrez, las esenciales: Alan Gross y los tres espías. No lo es.
El diario neoyorquino, sin embargo, hace una confesión reveladora, e importante, que deberíamos prestarle un poco mas de atención. Su urgente afirmación de que "queda muy poco tiempo".
A raíz de la victoria republicana en los comicios legislativos que le dará la mayoría en enero en las dos cámaras, la de representantes y el senado, la pregunta que deberíamos hacernos también es: ¿poco tiempo para qué?
¿Para que los demócratas pierdan el Congreso y tenga menos posibilidades las propuestas del NYT sobre el levantamiento del embargo y el cambio Gross-espías?
¿O se trata del "poco tiempo" de Obama en la Casa Blanca?
¿Cuál es la urgencia?
NYT no es un grupo alucinante de ingenuos, desconocedores e ignorantes. Con mucha probabilidad conocían del desenlace de estas elecciones intermedias, llevan bien el pulso de la política interna en los Estados Unidos aunque se inclinen a un lado, como casi todo el mundo. Por tanto, la primera pregunta puede ser afirmativa. 
Pero también lo puede ser la segunda.
Después de enero, Obama estará mucho más atado de pies y manos, y bastante solo. A los que le hacen el lobby a la dictadura les queda, por lo tanto, sólo dos escasos meses de sobrevida en este ring de apuestas. La urgencia del diario neoyorquino no es gratuita, pero ¿quién se mueve detrás de ellos?
A las desesperadas advertencias del NYT sobre  la cortedad del tiempo se une ahora la aparición del blog de uno de los espías libres, René González, con el sugerente nombre de "Soy un espía, dicen". Lo que me recuerda mucho aquel intento de publicar su "confesión" O. J. Simpson bajo el muy sugestivo, y parecido titulo, de "If I Did It, Here's How It Happened".
¿Coincidencias entre dos criminales?
El libro de Simpson no pudo ser publicado. Hubiera sido demasiado escandaloso, y aún más vergonzoso para la justicia norteamericana. El intento, y ejecución, del proyecto del Sr González, sin embargo, sigue el “curso normal” porque, después de todo, en Cuba no existe democracia, la criminalidad de estado es política gubernamental y, a fin de cuentas, todo el mundo conoce que René González no puede dejar de hacerlo.
En esencia, sus jefes invirtieron mucho en su vida personal, y en la de los otros, a pesar del bochornoso fiasco de "su misión", haberse dejado coger tan mansamente por tantas comidas gratuitas en restaurantes cubanos de Hialeah, a costa de oficinas y oficiales en un palacio de gobierno en La Habana, y terminar haciendo el papel del tonto héroe que nunca fue.
Quien compra voluntades doblega escrúpulos, vergüenza y sentimientos de dignidad.
Sin embargo, la solución del dilema del NYT no resuelve el gambito de ajedrez que planteé al inicio: Gross-tres espías.
La pregunta esencial que debiéramos hacernos entonces debería ser: ¿qué fue a hacer Gross a Cuba?
¿Ayudar a la comunidad judía con equipos de comunicación que eran de perfecto conocimiento su prohibición de entrada a la isla?
¿Provocación instrumentada vía USAID para detener el proceso de acercamiento del ejecutivo norteamericano a Cuba?
O lo contrario, ¿provocación de un agente de influencia dentro de la USAID para crear, artificialmente, una "pieza de cambio" (Gross) en este juego de ajedrez político por los espías?
¿Cuán "ingenuo" es un colaborador asiduo a los programas de ayuda de la USAID a grupos sociales y sociedad civil dentro de regímenes totalitarios?
¿Donde se termina la inocencia de Gross y comienza su complicidad?
¿Es el Sr. Gross una víctima de los manejos “irresponsables” (de USAID y el gobierno americano, como dice el NYT) o es una víctima totalmente inocente de su rol en esta telaraña de conflictos?
Se me hace muy difícil creer que un colaborador asiduo a la USAID desconozca lo esencial: que viaja con material prohibido por el gobierno de Cuba. ¿Todavia existen esta legión de ingenuos en una agencia norteamericana encargada de colaborar a derrocar dictaduras?
¿Quién puede creer esto?
Se hace casi imposible creerle su ingenuidad, su desconocimiento. No estamos hablando aqui de un miembro improvisado, con pocos años en la agencia, que no ha ejecutado ninguna otra labor en ningún otro lugar, sino de una persona con tiempo y aval de experiencia en ella.
Un detalle, sin embargo, que descubre un matiz muy poco explorado lo es el hecho de que a Gross no le detienen a su paso por la aduana de Cuba, ni le decomisan sus equipos. Lo dejan partir a su labor, con todo su equipaje, y probablemente con la conveniente “colita” de vigilancia por parte de los “amigos” del KJ del G2. En cambio, es a su salida cuando se ejecuta su arresto, lo que devela que al colaborador de USAID, Alan Gross, se le conocía con anterioridad su viaje, qué era lo que llevaba y para quienes.
¿Quien, entonces, dio el aviso al gobierno de Castro?
Cuando el NYT llama irresponsable al gobierno de Obama en el caso de Alan Gross está encubriendo, y con toda intención, la sucesión de hechos en que ocurrió la detención del miembro de USAID. ¿Por qué lo hace y qué oculta esa omisión?
No están muy claras las intenciones del diario neoyorquino. No son simplemente los "defensores del libre comercio" americano, y mucho menos de los años de angustias de los cubanos, pero ¿y del castrismo?
Por otro lado, el comportamiento de la cúpula de la comunidad judía cubana, a quien Gross fue a prestar su generosa ayuda, ha sido vergonzoso. Durante el juicio al norteamericano, y después del juicio, durante estos años de encierro. Demuestra lo que siempre se ha dicho: las organizaciones reconocidas por el oficialismo castrista son tuerca en el tornillo del poder.
¿Y la comunidad judía norteamericana?
Lo revelador en el lado norteamericano ha sido el tibio impacto, y las escasas gestiones de las organizaciones judías de Estados Unidos frente al caso Gross. La infrecuente tibieza de la reacción de la comunidad judía, conocida por su mediática vocalidad frente a cualquier suceso con uno de sus miembros, hace pensar que esa comunidad quizás, o al menos sus líderes, estaban en conocimiento de que Alan Gross era algo más que un simple empleado de la USAID. ¿O no?
A pesar de la falta de vínculos del gobierno de Cuba con Israel, de su defensa a ultranza del mundo árabe y, en especial, de los palestinos y su apoyo a Hamas. A pesar de que Cuba no escatima una ocasión para atacar a israelíes, y norteamericanos, por su posición en la ONU frente al embargo. A pesar de todos los pesares, la comunidad judía de los Estados Unidos tradicionalmente ha sentido especial simpatía y fascinación por Castro, se ha reunido con él, le ha hecho lobby en muchas universidades y recintos académicos, ha visitado Cuba y él les ha reciprocado su visita en las ocasiones que ha estado en New York. Hoy en Cuba hay hoteles, incluso, construidos con capital israelí.
Mucho más revelador, sin embargo, son los artículos publicados por un reconvertido “judío”, emigrado castrista hacia Israel y recurvado convenientemente hacia la comunidad académica de Denver, Estados Unidos, establecido por no se sabe quién como “analista de asuntos cubanos”: el Sr. Arturo López Levy. Quien se ha dedicado a enterrar al Sr. Gross, muy oportunamente, en la tumba del “derrocamiento del régimen” para condenarlo, y no absolverlo. Agente de influencia convenientemente sembrado, como postura judía postiza, en el país natural del verdadero judío Gross. Los matices a veces dicen todo de las intenciones.
No sería extraño ni sorprendente, por lo tanto, que algo subterráneo estuviera escondido con la presencia de Gross en este conflicto. Después de todo, los accionistas principales del “ícono” del periodismo mundial, el “The New York Times”, son la familia Ochs-Sulzberger. Judíos.
Me pregunto, ¿estarán luchando por uno de los suyos o sencillamente estarán luchando por poner sus acciones en Cuba?
¿Le habrá prometido el gobierno de Cuba alguna “migaja” en la era pos-embargo? ¿O siguen siendo “tan caritativos” con el bolsillo del otro, de sus socios accionistas, el Sr. Carlos Slim, amigo de Fidel Castro?
La transitividad, muchas veces, transcurre de las amistades a los negocios, especialmente en dictaduras en su estado de descomposición total.

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