Wednesday, November 12, 2014

Homosexualidad de Estado

Desde los días iniciales de lo que se hizo llamar "revolución" cubana existió, entre la "nata y crema" de la aristocracia revolucionaria, el homosexual castrista. Acompañó la “revolución”, participó de hechos y usuras, convivió con héroes, pronombres que subsistieron purgas revolucionarias, o fueron removidos de la memoria histórica en esas mismas purgas.
Algunos acompañaron a componentes de la ranciedad castrista en asaltos a televisoras privadas para reconvertirlas al sainete revolucionario del momento, como Alfredo Guevara, y así se transformaron en esas aves plumíferas que prestidigitan veleidades en conversatorios y encuentros en recintos académicos occidentales. Se convirtieron en diplomáticos de una intelectualidad plegada al poder, prostituida a la nueva clase, transgenizada al castrismo del sur al norte (ya me entenderán al final lo que quiero decir).
Los mas sucumbieron o se enquistaron en instituciones, agazapados en puestos burocráticos y oficinas de organismos estatales, lugares donde se quería catalogar la cultura, la intelectualidad, la academia y la intelligentsia como se hace con las fichas de libros, discos y periódicos en una biblioteca pública de un estado celoso, cuartelario. La frontera de esta reconversión puede situarse en aquellas “Palabras a los Intelectuales” celebrada en una de esas bibliotecas, la Nacional de Cuba.
Desde entonces muchos se auto silenciaron. Escritores inconvenientes pero imprescindibles en la cultura, como Lezama Lima o Virgilio Piñera, se encerraron en su mundo intelectual. Enclaustrados, aislados por su sexualidad y sus ideas políticas, lejanas a la corriente de simpatía de destrucción revolucionaria, la cultura cubana oficial los vio olvidarse, los quiso olvidar, e intentó olvidarlos, ignorar su existencia.
Ocurrió entonces un doble olvido, voluntario y oficioso. El régimen no los condenó públicamente, tampoco los intentó entramparlos en procesos legales o tramas políticas. Decidió creerles su no-existencia. Su silencio se transformó en su no-vida.
Así mismo transcurrió la vida paralela, oculta, de muchos intelectuales que compartían la sexualidad prohibida, que no reverenciaban el machismo castrista, ni la arengada cojonuda masculinidad de barbas, uniformes y botas.
Otros decidieron simpatizar, aplaudir, convertirse en tuercas o tornillos transmisores de la corriente ideológica del momento, aunque el uniforme verde-olivo les venía mejor en un perchero que en sus geografias corporales. Fueron “soportados”, algunos permitidos, otros elevados a santos espirituales de instituciones culturales como el ICAIC. Sargentos políticos intelectuales como Guevara, con un muy buen expediente homosexual, pero también con una memoria peligrosa para los nuevos jerarcas del machismo revolucionario, se convirtieron en intocables.
La homosexualidad en Cuba, desde la acera oficial, ha vivido tres etapas. La etapa de la definición ante la “revolución macha”, como la definiera “Bola de Nieves”. La etapa UMAP, o de la reconversión de los cubanos “defectuosos” para la ideología masculina del castrismo. Y la etapa pos-UMAP, a veces mas traumática que las dos primeras.
Callado, agazapado en instituciones culturales, veloz en agregarse a la línea política del momento o, en su lugar, transformándose en un componente "invisible" del grupo social que aplaudía al régimen. Así transcurrió la vida de muchos componentes de esos grupos homosexuales en la Cuba pos-UMAP.
Y es que, como se sabe y ha sido repetido más de una vez, en los inicios todo régimen comunista insiste y persiste en la doctrina de la reconversión con el aislamiento. Y así apareció la UMAP.
Pero la "solución" temporal se convirtió en la propia trampa del régimen. Las minorías sexuales se encontraron con otras minorías: políticas, religiosas, grupos de personas que no estaban Castro-centradas, que se encontraban en la orilla o alienadas del proceso destructor. Les ayudó a reconocer que no eran los únicos blancos de la discriminación social, que no estaban solos.
Pero, y sobre todo, la UMAP constituyó un precedente de resonancia mediática fatídica para el régimen, que ha intentado todo, absolutamente todo, para borrarlo de su historia, o re-escribirla, o transformarla en un cuento de lo real-maravilloso del comunismo romántico-científico. Sus actores protagónicos, por ser los mismos siguen detentando hoy el poder, han trasvertido aquella experiencia en una mueva institución con una nueva política, esta vez de asimilación.
Y así aparece el CENESEX con la transexual ideológica de apellido dinástico: Mariela Castro.
Si entonces quisieron alienarlos, olvidarlos o sencillamente ignorarlos, hoy los quieren asimilar como instrumento útil para la disuasión política internacional.
Suerte de marxismo cultural, asimilado de la teoría de Gramsci, aplicado como política de estado.
Fue Gramsci el primero que supo comprender, con amargura, que el comunismo estaba destinado al fracaso desde su modelo económico. Y entonces su propuesta fue, lejos de competir con el capitalismo, intentar corromperlo, destruirlo desde las mismas instituciones democráticas, sus grupos sociales, sus minorías, su cuerpo social.
El resultado lo estamos viendo hoy, en nuestras propias sociedades occidentales. En Canadá, en Estados Unidos, en la Europa unificada.
En todas esas sociedades occidentales los grupos homosexuales han pasado de ser discriminados, apartados e ignorados a constituir un fuerte lobby mediático, altamente vocal, aparatoso y, aunque minoritario, poderoso, que está ejerciendo, bochornosamente, otra suerte de discriminación, y en esta ocasión contra la mayoría heterosexual que no comparte sus gustos, su sexualidad e incluso que hasta los rechaza.
El rechazo siempre existirá en toda sociedad, por un grupo, un estamento, una porción del cuerpo vital de cada país. No hay nada denigrante, oneroso e impúdico en el rechazo, lo denigrante es ejercer el rechazo como política coercitiva contra otros grupos sociales. Ayer se ejerció contra la homosexualidad y los homosexuales. Hoy estas minorías, en orden de defender sus derechos, ejercen su mediática vocalización contra toda suerte de rechazo, incompatibilidad de estilos de vida e, incluso, disidencia social sin que siquiera signifique discriminación de ningún tipo.
Después de todo la discriminación sólo puede ser ejercida desde una posición de poder, de cualquier poder y a cualquier nivel.
Es aquí donde se engarza la reconversión política de la homosexualidad estatal cubana.
La astucia ha estado en comprender que ni la reconversión, ni el olvido, ni la discriminación ejercieron ninguna influencia para acallar esa minoría social, y en consecuencia, han querido instrumentar su regulación, su control estatal. El CENESEX, como tantas otras instituciones y organizaciones estatales de la Cuba castrista, trata de encauzar una porción de la sociedad dentro de las fronteras de su ideología. El resto, los que no se agregan y se suman a la comparsa, los intolerables, son reprimidos.
Es así como, por ejemplo, la princesa de la homosexualidad de estado en Cuba, Mariela Castro, sale a formar su sainete los días de la “Parada Gay” en La Habana, una ciudad que no tolera ver caminar a mujeres con gladiolos blancos, para vocalizar la liberación de los “cinco”, ya saben, héroes=espías. El cartel, la escenografía de fondo y la claque rumbera es el arcoíris de la tolerancia… de la cintura para abajo, de ciertas cinturas para abajo.
De la cintura para arriba el CENESEX no le interesa defender la tolerancia, después de todo es sólo un organismo sexo-ideológico, y el sexo se encuentra allá en el sur, apartado de ideas políticas “incestuosas”, no en el norte, donde se adjuntan pasiones democráticas y anhelos libertarios. En resumen, al sur de la cintura no están los peligros, al menos ciertos peligros siempre que estén controlados, sino en el norte, allá, donde se timonea la vida social de cada ciudadano y cada cual puede reclamar parte de su individual aporte a alguna razón, alguna idea, algún desencuentro con la oficialidad.
La homosexualidad estatal es otra de esas herramientas útiles, al estilo de Gramsci esta vez, para insertarse en la vocalidad internacional de los grupos LGBT en nuestras sociedades occidentales, y abrirle la puerta a la dictadura, darle aval político, sentarla como compañera en el conjunto de naciones libres, aún cuando todos sabemos que ese sainete de tolerancia sigue siendo una dictadura.
Dictadura con arcoíris de escenografía, tolerancia de cintura, e intolerancia de inteligencia y cerebro. Una bonita y muy astuta jugada de ajedrez político.
Así de sencillo.

2 comments:

Qbantranny said...

Me permite pasar su ecrito a otros compatriotas? Que como yo quedaran fascinados con su resumen. Simplemente genial y muy cierto. Gracias.

Juan Martin Lorenzo said...

Puede hacerlo. Un saludo.