Sunday, October 19, 2014

Venezuela: un país de Inseguridad en un Consejo de Seguridad

El diputado chavista Robert Sierra fue asesinado a cuchilladas en su casa, para robarle armas largas y dólares que guardaba en su caja fuerte. El juicio espurio a Leopoldo López sigue su curso con más dilaciones, violaciones a su propia defensa y descargos públicos. Y una flamante hija de Chávez se sienta en el Consejo de Seguridad de la ONU.
¿Qué de común tiene estos tres sucesos en la Venezuela de hoy?
¿Cuál es su importancia y su significado?
La caja fuerte de Sierra descubre un matiz secular en la actual Venezuela chavista: convivencia de armas y dólares en las casas de los petro-diputados. ¿Cuántos más Robert Sierra abundan en ese país? ¿Incluirá también a los Diosdado Cabello y al propio Maduro?
No se sabe.
No se conoce hasta que no ocurre un suceso como el crimen de Sierra. Y entonces la Venezuela de hoy, violenta y corrupta, se descubre y se sienta en un Consejo de Seguridad internacional.
¿Cómo el representante de un país inseguro puede hablar en un consejo de una llamada seguridad?
¿Cómo es la Venezuela de hoy?
He aquí una telegráfica imagen de ese país a través de los ojos internacionales, reportes y cifras, de organismos independientes, gobiernos y la propia organización que sienta a María Gabriela Chávez en aquella silla.
La inflación de Venezuela es 8,1 veces superior a la de América Latina según datos a finales del 2013. Ya no sólo es la tasa más alta de la región, sino que ahora es la más alta del mundo, al menos entre los países de los que se tiene información estadística oficial. Sus importaciones cayeron un 13% durante el primer cuatrimestre del año 2014, como consecuencia de la escasez de divisas.
La fuga de capitales financieros y humanos se ha disparado durante el chavismo. Miles de millones de recursos en divisas han salido por la puerta trasera para alcanzar la cifra de 177,5 billones de dólares.
14 años de bonanza de fuga chavista.
En lo que respecta a capital humano las cifras oficiales son difíciles de conseguir. Los gobiernos “bolivarianos” juegan también la ruleta cubana de ocultar sus estadísticas, pero un estudio universitario muestra que alrededor de 1,6 millones de venezolanos han dejado su país desde que Chávez llegó al poder en 1999.
Si de corrupción gubernamental e institucional hablamos, “Transparencia Internacional” posiciona a Venezuela en el lugar 160 en su último Indice Mundial de corrupción publicado. Según ese reporte, la institución pública venezolana  más corrupta es la policía.
Y así lo vemos en el caso Sierra.
Global Financial Integrity (GFI), por su parte, coloca a Venezuela entre los 25 países con mas alta salida de flujo ilícito hacia el exterior, ocupando la posición 22, con 38.97 billones de dólares en el período 2002-2011.
El informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, Justicia y Paz de México reveló que 5 de las 50 ciudades más violentas del mundo están en Venezuela, ocupando Caracas el segundo lugar, superado sólo por la de San Pedro Sula, en Honduras. En la capital venezolana ocurrieron 4.364 homicidios el año pasado, lo que da una proporción de 134,3 casos por cada 100.000 habitantes. 15 más que en 2012.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) – ¿has oído, María Gabriela? –reveló que Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala son los países con la tasa de homicidios más alta del mundo. Esa misma entidad internacional coloca a la republica “bolivariana” en el 3er lugar de América Latina, después de Brasil y Argentina, en el uso indiscriminado de estimulantes entre los jóvenes de 15 y 16 años, con un 1.2% de la población de esas edades en el país.
Según el último Informe del Centro Internacional para el Estudio de las Prisiones (CIEP), Venezuela tiene 161 presos x cada 100 mil habitantes, pero sólo con los datos suministrados del año 2012. El gobierno ha dejado de informar desde entonces.
Es así que no es extraño entender por qué para la consultora internacional FTI Venezuela, junto con Honduras y Guatemala, está entre los países más peligrosos de Latinoamérica para hacer negocios.
Por su parte, para Freedom House, la Venezuela chavista ocupa la posición 171 de su Indice de Libertad de Prensa mundial. Del otro lado del espectro, el Informe anual del Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos sobre Venezuela señala que las principales violaciones de derechos humanos se concentraron, en ese país durante el 2013, en la "corrupción, politización del sistema judicial, y las acciones por parte del Gobierno para impedir la libertad de expresión y restricción de la prensa".
“Reporteros sin Fronteras”, a su vez, coloca a Venezuela en el lugar 116 de su “Clasificación Mundial de Libertad de Prensa” del 2014 y señala:
“El espacio audiovisual nacional está dominados casi por completo por el gobierno y sus anuncios obligatorios, denominados cadenas.”
En cuanto a internet, el gobierno de Maduro ha impuesto graves censuras a diarios online, sitios web como los de “Infobae” y “La Patilla”, e incluso a redes sociales como Twitter en ocasiones de grandes protestas en Venezuela. Freedom House, por ejemplo, ha señalado:
"La manipulación de los contenidos en línea por el partido gobernante y sus partidarios ha puesto en peligro el ambiente de debate en internet. Ese manejo cuidadoso de los contenidos ha incluido manipular las conversaciones a lo largo de las líneas pro-gubernamentales, la piratería online, desacreditando las voces de oposición a través de imitaciones de cuentas Twitter, y fomentando la autocensura."
Lo que no ha dejado de incluir también la manipulación artificial de la crisis de papel en Venezuela para provocar la salida de periódicos de tradicional oposición al gobierno, o de contenido crítico al mismo, así como el despido de periodistas y reporteros, las compras dudosas de medios de comunicación por grupos comerciales oscuros pero de evidente filiación chavista, y la interrupción del servicio de internet en zonas conflictivas como el Táchira.
La existencia de un cuasi-monopolio de suministro de internet en Venezuela por una sola entidad, CANTV, en manos del gobierno y que controla más de la mitad de las conexiones de internet en el país, ha provocado que informes internacionales coloquen a Venezuela dentro del rango de naciones donde la libertad de internet es muy frágil y de fácil desconexión.
En lo que a la población penal se refiere, Amnistía Internacional en su Reporte Mundial de la Población Penal señala:
“El Presidente Chávez y sus partidarios han utilizado sus poderes en una amplia gama de casos que involucran el poder judicial, los medios de comunicación, y los defensores de los derechos humanos.”
Un retrato telegráfico no muy halagador, ¿no es así?
Y este es el país que acaba de sentarse en una silla del Consejo de Seguridad de la ONU. El mismo país al que esa entidad internacional acaba de reprochar el encarcelamiento de Leopoldo López, y pedir su liberación.
¿Cuál será el propósito del gobierno de Maduro en aquel puesto?
Entorpecer, manipular, callar la voz disidente dentro del país en el coro internacional de voces. Esto es en el plano nacional. En el internacional es servir de labios de quien es su tutor intelectual: el régimen cubano.
Sin lugar a dudas.
Seremos testigos muy pronto de críticas y oposición a la lucha internacional contra los terroristas del ISIS. Veremos acusaciones contra cualquier dirección de la política exterior del gobierno norteamericano. Apoyo a las organizaciones terroristas palestinas. Ayuda a Hamas. Apoyo a los gobiernos regionales, en cualquier parte del mundo, que conforman la alianza anti-americana, por ejemplo, las dictaduras islámicas del cercano y oriente medio. Apoyo a Irán en su programa de armas nucleares. Confraternidad con Corea del Norte.
Y, por supuesto, toda suerte de línea de ataque que se redireccione desde La Habana: embargo a Cuba, política oportunista cubana sobre el ébola, el cultivo del ALBAcianismo regional, integración de la dictadura cubana en el consenso de naciones democráticas de la región y en las reuniones cumbres de los organismos políticos regionales, como la de Las Américas y la OEA.
Hay, sin embargo, un objetivo último a lograr, y que quizás se le escapa a algunos analistas. Tiene que ver con quien ocupa la silla en aquel consejo de Seguridad.
María Gabriela Chávez. La hija de Chávez.
El nombramiento significa el cultivo internacional necesario para un posible cargo presidencialista en Venezuela. Con Chávez muerto y Maduro en cuesta abajo en encuestas de opinión, la Venezuela chavo-madurista cosecha a una hija con ese apellido para el futuro de su “revolución” bolivariana.
Este es el sentido medular de la compra, con petro-intereses entre sus aliados, de la silla de “seguridad” en el Consejo de la ONU.
No se le escapa a Maduro su caída de la gracia popular. Cultiva la muy cercana y sanguínea chavista. Después de todo, los favores se devuelven, especialmente si el peligro se logra apreciar con tiempo en el horizonte.
Maduro soñará con “pajaritos” que le hablan y le cantan canciones, rezará un “padre de-ellos chavista”, instalará falsos ídolos en el santuario nacional, tendrá la inteligencia de un “guagüero cacharroso” en su ruta con baches rumbo a la Habana del Oeste, pero no deja de ser astuto. Encierra hoy a Leopoldo López, castiga a María Corina a no poder salir de Venezuela y le quita el derecho a su silla en la Asamblea Nacional, persigue a cuanta figura de “Voluntad Popular”: cierra el paso a quien lo arrolle en su timón camino a MiraFlores.
Por eso hoy intenta enroscar a López en la conspiración sobre Robert Sierra. Lo necesita hacer, como necesita a María Gabriela Chávez en su Consejo de (in)Seguridad.
Defensa y ataque.
Amarrar hilos, destruir posibles timoneles del estado opositor, acallar voces, eternizarse en el poder a cualquier costo: político, económico y de credibilidad.
Después de todo su tutor intelectual nunca ha tenido esa última garantía de poder, credibilidad, y ya lleva 56 años de vida. Aprendió a mentir, se hizo con la memoria ineludible e imprescindible de la mentira, y se convirtió en su propio rey.
No se puede olvidar una verdad ineludible de Alexander Pope: “el que dice una mentira estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de la primera”.

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