Friday, October 10, 2014

Sepultura Nuclear Socialista

Supuestamente Cuba vivía entonces en la danza de los millones socialistas, aunque la libreta de racionamiento de alimentos y de ropa seguía existiendo desde el comienzo de la eternidad de ese Socialismo, junto con el racionamiento de la libertad de expresión, opinión y de información. Y es, quizás, por todo eso que el proyecto, firmado un día de 1976 entre los regímenes de Cuba y de la Unión Soviética, para construir dos reactores nucleares en Juraguá, a las puertas de la ciudad de Cienfuegos, no causó ninguna noticia importante, ningún temor por parte de la población cubana.
Ajena a temores, riesgos, ajena a conocer la magnitud exacta de lo que se iba a construir, la serena y costera ciudad de Cienfuegos seguía su vida normal, silenciosa. Ningún grupo ecologista local protestó, nadie se preocupó por lo que allí iba a ocurrir.
Ni los pájaros piaron en Juraguá entonces.
Según los estimados, la Central de Cienfuegos constaría de dos reactores nucleares, uno solo de ellos sería capaz de suministrar con energía eléctrica al 15% de Cuba. Su diseño original difería del muy conocido y fatal reactor de Chernóbil, que tantas muertes y fatales consecuencias había causado. Sería, además, el primero que Moscú exportaría para su uso en el trópico.
Sin embargo, su construcción no comenzó hasta avanzado 1983, lo que le dio al régimen de Castro un respiro para construir la habitabilidad del lugar, por supuesto, gracias a la generosa ayuda financiera soviética: 25 billones de dólares, una migaja. Caído el elefante ruso en 1991, el dinero desapareció del bolsillo castrista y con el dinero los más de 300 técnicos soviéticos.
Los ruidos constructivos de Juraguá volvieron a convertirse en el silencio de los pájaros.
Hasta entonces, el 40% de la maquinaria pesada había sido ya instalada. Sin embargo, desde mucho antes, las voces en contra de la aventura nuclear tropicalista rusa en Cuba se habían disparado en la Florida.
Según Manuel Cereijo, miembro del Colegio de Ingenieros de la Universidad Internacional de ese estado norteamericano:
“La posibilidad de que un accidente ocurriera en Juraguá era 15 veces mayor que las probabilidades de una planta norteamericana. De acuerdo con los patrones climáticos del aire alrededor de Cienfuegos, tomaría solamente 24 horas para que los materiales radioactivos alcanzaran la Florida.”
Aun si todo hubiese marchado de acuerdo a la “maravilla” del plan socialista de Castro y los rusos, Cuba hubiera tenido que enfrentar el ineludible problema de los desperdicios nucleares, teniendo en cuenta que nuestra pequeña isla no tiene ningún lugar conveniente para deshacerse de ellos. La moringa nuclear iría a parar, según planes del ideólogo en jefe, a un lugar a nivel del océano cercano a la planta, lo que hubiera conllevado a la contaminación de la flora, la fauna y, en última instancia, a la misma población del lugar.
Al parecer entonces Castro no estaba tan preocupado por el medio ambiente como lo aparenta estar hoy. O todavía el ambientalismo social no tenía la mediatés conocida de hoy. Se vivía aún la fiebre de los millones soviéticos, casi en el umbral de su caída.
Tampoco existían las “reflexiones” del desperdicio en jefe en el “Granma”.
Según Vladimir Cervera, ingeniero jefe responsable por el control de calidad en el reactor, los análisis de rayos X demostraron que las soldaduras de las tuberías del sistema de enfriado habían sido debilitadas por pequeñas bolsas de aire, mala soldadura y daños causados por el calor del trópico. De las tuberías que habían sido aprobadas originalmente, el 15% fueron encontradas con problemas serios.
¿Agresión imperialista? ¿Bloqueo ecológico, perdón, económico? ¿Diversionismo ideológico?
José Oro, ingeniero nuclear de Juraguá, declaró que la estructura de soporte de la planta contenía numerosas faltas en el sellado y defectos estructurales, y que el sistema de suministro de vapor había sido dejado a la intemperie y sin protección desde Diciembre de 1990, lo que había expuesto a todo el equipamiento a la acción altamente corrosiva del salitre tropical del lugar, provocando riesgos críticos de daños potenciales para su funcionamiento.
Toda esta historia, sin embargo, parece murió para bien un día de 1991 con el colapso de la URSS. Cuba se quedó sin planta nuclear, pero también sin el alto riesgo del fatal accidente de catastróficas consecuencias. Y sin que también aparecieran esos sueñecitos de “bomba nuclear”, gracias a Dios.
Casi que me pregunto si con nuestro jolgorio, nuestra manera irresponsable de ver todo, sumado al personalísimo y caprichoso sistema castrista, esa manera que Castro siempre tuvo de ver a Cuba como ese personal gran cuartel de sargentos y soldados, donde todo lo que se decía era una orden sin discusión, y su voz era la única posible a escuchar, la Organización Internacional de Energía Atómica, las organizaciones ecologistas que sí existían en el mundo, y la propia ONU no debieron haber tomado una decisión mas enérgica y haber detenido a tiempo aquella costosa obra.
Si Gorbachov no hubiera existido, si la Unión Soviética no hubiera colapsado, si el Socialismo no hubiera desaparecido de Europa y aquel monstruo de Juraguá hubiera sido erigido, Cuba hoy podría enfrentar algo más que la erosión económica del castrismo.
A esa erosión castro-fascista hubiéramos tenido que sumar la eclosión de pesadilla de las consecuencias irresponsables de ese castrismo en la arena nuclear.
No hubieran sido las bombas de la crisis de los cohetes entre Estados Unidos y la URSS lo que hubiera desaparecido Cuba, sino la bomba nuclear de la irresponsabilidad castrista, y en primer lugar de su hoy decrépito en Jefe, que sigue soñando con Hawkins, alimentos que nunca aparecen y moringa.
Aquí, sin embargo, les dejo con algunas imágenes de aquella pesadilla convertida en una sepultura nuclear socialista, gracias al blog “The Bohemian Blog

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