Monday, October 13, 2014

Lenguaje de cuarteles

Confieso que no leo cotidianamente los periódicos del régimen de Cuba, cuando lo hago me sigue abrumando el aburrimiento, lo intrascendente, la lejanía con que escriben estos que en mi país siguen secuestrando la profesión de periodistas. Siguen lejos, muy lejos de lo que ocurre en la calle, de la subida de los precios, de las quejas cotidianas de la población, del suceso que trasciende el chisme, se convierte en “bola” y se transforma en noticia, pero del que no hablan porque “no está permitido”.
No es positivo, responde a “una campaña del enemigo”. Dicen… en la Unión de “periodistas” de Cuba
Y aquí me detengo. Lo volví a hacer, quiero decir, volví a leer “Granma” después de tantas semanas sin hacerlo… y nada ha cambiado. Compruebo, una vez más, que el lenguaje común de esos reportajes del periódico de marras sigue siendo el mismo de por allá, cuando nací en la década del 70. Las mismas palabras, los mismos adjetivos y verbos, las mismas redundancias, las mismas carencias también.
Por ejemplo, ese artículo de Susana Lee sobre la ANIR, otra asociación oficialista de supuestos “innovadores” cubanos. Más allá de lo que dice, o intenta decir, lo único que queda de su lectura es cómo lo dice, ese lenguaje repetitivo de tantos años, ese estilo cortado, de bota militar, de ejército y cuartel. Me remonta a mi niñez, a mi madre que enciende el televisor americano viejo, que entonces aún funcionaba, un Zenith de la década del 50, y yo me encuentro de rodillas en el piso de la sala, cerca de esa pantalla en blanco y negro que sigue sólo atrayéndome en la escasa media hora de dibujos animados, halando un carrito de metal de juguete que en la colorida caja decía “Made in China”.
Y entonces las palabras del locutor recuerdan estas que Susana Lee repite en su viejo-nuevo artículo en la nueva-vieja prensa de siempre.
Las palabras son las mismas: “pase de revista”, “vanguardia de la batalla económica”, “hazañas inimaginables”, “ejército insustituible”, “pelotón de combinadas”, etc.
Lenguaje de cuarteles, adjetivos verde olivos, categorías militares y para terminar ese reporte insípido, que no agrega nada, que no dice nada, insustancial, que nadie va a leer y que leo yo para comprobar una verdad eterna, al parecer: nada ha cambiado desde entonces, sólo los nombres.
¿Quién lee este periódico? ¿Qué se encuentra leyéndolo? ¿Cómo puede esta periodista tener un lenguaje de cuartel, una nomenclatura militar, una dicción de sargento?
Nada ha cambiado. No hay en el escrito un señalamiento crítico a nadie, con la excepción de una autocritica babosa, para ponerle un adjetivo, que aburre, que nos hace escapar al sólo leer las primeras palabras. ¿Quién supera ese segundo renglón? ¿Quién logra terminarlo? ¿Qué noticia es esta para aparecer en la primera plana de un diario nacional, un portal digital que sólo puede ser leído por cubanos, o no cubanos, fuera de esa línea costera de Cuba?
¿Qué fue hacer esta señora en esa reunión de “innovadores”? ¿Aburrirnos con un informe cuartelero? ¿Quién le va a leer el reportaje, o crónica, o lo que sea, no sé cómo llamarlo?
Lo único diferente en la lectura fue el acceso rápido al sitio, lo cual evidencia que o el sitio está hospedado en alguna otra parte que no es Cuba, o se está usando evidentemente el cable submarino pagado por Venezuela para los topos informativos castristas.
¡Esa es la única noticia interesante!
Lo demás me sigue confirmando la presencia del cuartel en la ortografía y el lenguaje del diario, del “pelotón de” soldados que componen el “ejército insustituible” de reporteros que está en el “pase de revista” a la “vanguardia de la batalla” de ideas contando “hazañas inimaginables”.
¿Cuáles serán esas hazañas?

Compruébenlo ustedes. Aquí les tengo la toma de pantalla del ladrillo informativo:

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