Sunday, October 26, 2014

Ideología y la Academia Cubana de la Lengua

Cinco y Once. No son dos números, son algo más. Representan dos lados diferentes de un mismo problema: el neocastrismo.
Si a algún niño cubano, en alguna de esas escuelas que tanto presenta la televisión oficial del gobierno, con el correcto uniforme rojo, la pulcra camisa blanca y esa pañoleta roja que señala una ideología, enmarcado en la antiséptica ordenada aula, limpia y pulcra de la ‘casualidad’ socialista de esa televisión orwelliana tropical, se le pregunta “¿qué son los ‘cinco’?” la respuesta será la misma” “los cinco héroes”.
Ninguno responde “los cinco espías”.
Espiar es una cualidad que sólo, para el oficialismo cubano, la ejerce “el imperio”.
El otro número, el once, representa los más de once millones de cubanos presos en un sistema de gobierno inmutable, que muy ocasionalmente desprende migajas, ostensiblemente cuando la oportunidad ya no le deja otro remedio que desecharla de su acerado puño.
Al parecer la terminología socialista exilió ciertas palabras, determinados términos y cambió el significado esencial de algunos vocablos para que no fueran políticamente inconvenientes. El espionaje es uno de ellos, pero “dictadura” fue el primero.
Son curiosas las atonalidades de algunas palabras que necesitan de socorridos apellidos.
Ese mismo niño de roja pañoleta cuando se le enseña, en historia, los años transcurridos entre 1952 y 1958 se le dice que Cuba estaba bajo una dictadura. A secas, sin apellidos.
Es correcto. Las dictaduras no lo tienen. Tampoco la actual.
Pero a ese mismo niño cuando se enfrenta a los años posteriores de aquella fecha le recuerdan que es una “revolución”. Tampoco le ponen muchos apellidos, sobre todo en estos tiempos. Quizás por el temor a que verifiquen la cantidad sangrienta de muertes que provocó, por ejemplo, la francesa en la guillotina con Robespierre. Me imagino que terminaría preguntándose qué tienen en común el francés con el cubano.
¡La guillotina!
O la cantidad de fusilados y muertos en la cárcel con la bolchevique con Lenin a la cabeza.
La “revolución” a secas, no agregan “cubana” porque el país se estremece bajo sus pequeños zapatos... comprados en una “shopping” o enviados desde Miami. Detalles geográficos aparte.
Pasados los años entonces comienzan a “aparecer” los apellidos. Aparece el “socialista” por doquier, y entonces sí se atreve la adjetivación a la caprichosa palabra que sustituye al vocablo inicial, desaparecido para la nueva era. En el atardecer de los estudios de ese niño entonces aparece el marxismo.
Podrido dondequiera. Desechado en tierras bolcheviques, cuarteles alemanes y hasta en las púrpuras oficinas asiáticas de los nuevos mandarines chinos. Esos visten su corbata “Armani”, pulcra y occidental.
Y ahí, en ese atardecer juvenil cubano, renace la “nueva dictadura”, la socialista, la de los trabajadores.
¡Cuán curiosa es la educación del español en la Cuba actual!
Con 56 años es muy extraño no hayan solicitado a la Real Academia de la Lengua Española que cambie algunos términos. Como ese, de la caprichosa y castrista “dictadura”. Pero no lo han hecho.
No lo pudieron hacer, quizás, porque hasta los inicios de los 90 la Academia Cubana de la Lengua (ACuL) era (lo más probable) la única institución cubana realmente independiente en aquella isla. Y entonces llegó el cisma del Cervantes para Dulce María Loynaz y del Castillo.
Entonces el mérito del Cervantes se lo quisieron embolsillar las autoridades escolásticas castristas, aunque nunca pudieron hacerlo con Dulce María.
¡Extraordinaria poeta!
La Cuba castrista re-escribe muchas veces su historia, a conveniencias y como consecuencia de los accidentes con que tropieza en el tráfico de su mercadería ideológica. Así sucedió desde la colisión lingüística e ideológica del Cervantes para Dulce María. Esa anciana tranquila, dulce como su nombre, con los ojos que brillaban con la inteligencia y la agudeza que no le hacía olvidar su mambisa estirpe, a pesar de su fragilidad.
No pudieron con ella. Lo hicieron con su nombre.
Desde entonces la Academia Cubana quedó también dividida, con cuatro miembros en el exilio. ¿Lo sabían?
Después del cisma el cuartel general literario de Cuba designó un sargento de su estirpe, que hoy resguarda celosamente, como todo curul de barracas, el santuario verde olivo de palabras, y del que ni vale la pena mencionar el nombre. Los poetas que defienden dictaduras se vuelven bastardos aun cuando son premios Nobel.
Esa no lo es, ni en sueños.
La estación atonal de AcuL antes del Cervantes, y su relación inamistosa con el régimen, quizás sea la causa de que nunca hayan podido cambiar, o agregar, o modificar los significados de ese molesto vocablo “dictadura”. Sobre todo aquellos que hablan de “condiciones excepcionales”, de “prescindir del ordenamiento jurídico” en el país, o peor, el que habla de un “gobierno… que impone su autoridad violando la legislación”. La desdichada palabra no tiene remedios etimológicos para desaparecer, por conveniencia política, el crudo carácter ilegal de lo que significa. Lo cual ya de por sí es el peor dolor de cabeza para el diccionario oficial del castrismo.
El idioma Español tiene lagunas educacionales en Cuba.
Es por eso que no extraña que la enseñanza de la “dictadura del proletariado” no aparezca hasta muy tarde en la jornada de aprendizaje de ese niño. No se le recuerde mucho la orgía de sangre que Robespierre observaba desde su balcón, mientras redactaba bellos escritos “revolucionarios”. O los guardias blancos no existan, por más que hayan muerto alrededor de un millón y medio, en las estadísticas mortales de las cárceles bolcheviques. Lenin era un santo rojo, no blanco.
El español también tiene ideología en Cuba.
Y es por eso, por lo intrínsecamente sucio que tiene la palabra “espía”, que casi ni se utiliza en las conjugaciones normales de la educación primaria y media en Cuba. En su lugar aparece “héroe”.
Porque, al parecer, estar “al servicio de una potencia extranjera para averiguar informaciones secretas” es una “heroicidad”, y no “espionaje” para los actuales miembros de la Academia Cubana Ideológica de la Lengua.
Porque, después de todo, ¿no es su misión velar por el uso de la lengua en ese país?
Y de los 11 millones en la cárcel isleña ¿qué? Pues todo se quedó en 1953, cuando parte de los forajidos que asaltaron una fortaleza militar, para dar otro golpe de estado, lo “encarcelaron” en una prisión que hoy se cae en pedazos en la Isla de Pinos.
Que también cambió de nombre.
Por cierto, no se le explica a ese niño, entonces ya adolescente, que el jefe de los forajidos del 26 salió corriendo, sacando chispas en un “charco de agua”. Cuestión  de pequeños detalles, me imagino. No interesan a la historia oficial del evento.
Hay un detalle más. Abrumador.
La cárcel se quedó en aquella historia del 53, sobre todo, para que a ninguno se le ocurra pensar en la resultante de la operación socio-matemática divisoria ejecutada al pueblo por “su” gobierno. Los posesivos del idioma también han sufrido las consecuencias de los accidentes ideológicos de la Lengua.
Es decir, hablando en el lenguaje preciso del cálculo matemático, el resto: la cárcel de los 11 millones de cubanos.

 Nota: Les recomiendo lean el texto “La Academia Cubana de la Lengua y la Real Academia Española: un vínculo hispanocubano en varios tiempos” de Alejandro González Acosta.

0 comments: