Sunday, October 12, 2014

El ébola, la politiquería y el gobierno de Cuba

Se ha destapado la caja de Pandora con las revelaciones que el Diario de Cuba ha publicado sobre el ébola y la posibilidad de que los médicos cubanos, que contraigan el virus fatal, no sean repatriados, ni aun sus restos en caso de ocurrir algún deceso dentro del personal. Es un tema muy sensible, por la dimensión de la tragedia en Africa, que se extiende ya por otras partes del mundo, también por tocar muy sensitivas cuerdas sentimentales y espirituales entre las relaciones humanas, y por la ostensible indefensión de los nacionales cubanos ante los instrumentos legales en su país.
Ya se sabe, las leyes existen, están escritas, formalmente los tribunales constituidos, y cualquiera puede dirigirse con sus pies a las puertas de la justicia. Esto es lo supuesto, pero detrás de esa puerta el gobierno tiene la llave, una voluntad de acero e intereses en los que no duda de acudir a lo ilegítimo aun al costo de su credibilidad.
Lo ha hecho en el pasado, lo hace hoy, lo hará mañana.
Pero primero vayamos a la esencia, y esa está en dos preguntas imprescindibles: ¿para qué Cuba acude a Sierra Leona a combatir el ébola? Y ¿por qué?
Las instituciones médicas del país no tienen experiencia en enfrentar una enfermedad de ese tipo, que ya ha cobrado muchas vidas, cuyo virus es extremadamente mutable, ya lo ha hecho en más de 200 ocasiones. Es evidente que en algún momento, debido al carácter movible de los flujos de la población a nivel internacional, de las ostensibles relaciones del gobierno de Cuba con países africanos y de la exportación precisamente de personal médico, y de otro tipo, a esas zonas el ébola llegará al país, tarde o temprano, desgraciadamente.
¿Cuántas vidas costará? ¿Cómo reaccionarán las autoridades médicas cubanas en Cuba? ¿Qué ocurrirá y cómo se procederá?
Bueno, parte de las respuestas hay que buscarlas ahora, en Sierra Leona. Y es por eso que la respuesta al “PARA QUE” tiene que ser, apartándonos de todo indicio de política, intereses ideológicos y diferencias filosóficas, tiene que ser, repito, para tomar experiencia con las autoridades sanitarias internacionales que ya han estado enfrentando la tragedia, tienen experiencia y recursos, y saben cómo hacerlo.
Las condiciones fitosanitarias del país, el desastre en que se encuentra la red de alcantarillados y de agua potable, la ausencia de personal médico y paramédico como consecuencia de estas “exportaciones” ideológicas de miembros de los servicios públicos de salud, la carencia de medicinas y el atraso tecnológico y el deterioro de las instalaciones hospitalarias del país, evidentes para todos pero, al parecer, no para las autoridades cubanas provocarían una tragedia de dimensiones nunca vistas si el ébola alcanzara a Cuba. Todo esto hace imprescindible algún tipo de presencia cubana en la región, no hay discusión sobre ese asunto.
Esta sería, por supuesto, la respuesta mirando el problema, porque lo es, desde el centro de una burbuja aséptica, donde el mercadeo político y los intereses ideológicos son parásitos ausentes del ecosistema de esa burbuja ideal.
Desgraciadamente eso está muy lejos del planeta Castro.
La respuesta al “POR QUE” tiene también doble cara, con un reverso muy feo, pero esencialmente el gobierno de Cuba responde a una llamada personal del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. El coreano sabe positivamente que las autoridades cubanas mercadean con sus profesionales, y saben que lo hacen de manera barata, y desesperada, para ganar crédito internacional. Y tampoco se puede dejar de lado la cercanía ineludible del inicio de sesiones de la Asamblea General del organismo que dirige.
Cuba responderá, y lo hará con un ticket grueso, pensó el coreano… como sucedió.
Ninguna sorpresa aquí.
Tomado esto desde el centro de esa burbuja perfecta, aséptica e ideal, es humanamente comprensible y totalmente aplaudible el arribo cubano a tierras del ébola. El problema empieza precisamente cuando Ban Ki-moon colgó el teléfono a Raúl Castro. Quizás mucho antes.
Esencialmente, ¿cuánto de voluntariedad tienen los que escogieron hacer las maletas del no posible regreso de Sierra Leona? ¿Cuál será el costo político de los que se atrevieron a decir que no?
Dejémonos de cuento. Todos los cubanos sabemos las presiones de todo tipo, públicas, secretas, silenciadas y no silenciadas, que recorren los pasillos inevitables de oficinas del gobierno, instituciones públicas, cargos administrativos, carnets de pertenencia a partidos comunistas y juventudes “rebeldes”, posibilidades de viajes y cursos en el extranjero, movimiento de personal y mejoras salariales y de puesto de trabajo, e incluso de índole personal.
Extorsiones socialistas, de eso está lleno el bolsillo de la bata blanca de los médicos y enfermeras cubanos. De todo cubano.
Lo hemos conocido en el pasado con las aventuras bélicas a Angola, Etiopia y Argelia. Estamos, además, en una época de "reformas", el dios dinero que ingresarán esos “voluntarios” africanos contra el ébola es factor ineludible en el asunto. Recibirán una migaja un poquito superior a los que trabajan en “Mais Medicos”, en  Brasil. Un poquito más, palabra clave… incluido su no-retorno.
La voluntariedad del cubano ante la pregunta del gobierno era verde, y se la comió el chivo. O dices que sí y firmas lo que te piden, lo que sea, o ya tienes una cruz en la memoria secular del burócrata que extendió el papelillo.
Nunca olvida.
Detalle importante. Si es inevitable la presencia cubana en Africa, por las razones que ya expuse, el problema reside en la magnitud esa presencia. Y aquí continúan también los matices ideológicos y politiqueros de la decisión castrista.
¿Por qué la exagerada magnitud del cargamento bio-ideológico cubano? ¿Por qué tanto personal de salud, médicos y enfermeras?
Lo razonable e inteligente, para los cubanos envueltos en esta tragedia y para Cuba, hubiera sido enviar una delegación mucho mas pequeña, representativa de especialidades y de conocimientos prácticos del problema… si enfrentáramos la necesidad de responder a la solicitud de Ban Ki-moon desde el centro de la burbuja, ¿recuerdan?
Mientras mayor sea la presencia cubana mayores serán las posibilidades de que algún miembro de esa delegación enfrente los riesgos, y contraiga la enfermedad. Pero el gobierno de Cuba no está en la burbuja des-ideologizada. Lo contrario es lo correcto.
Cuentas sencillas. Estados Unidos tiene una presencia masiva en el enfrentamiento al ébola, pero muchos pertenecen al área militar. ¡Levantemos la parada!
“Cientos de médicos y paramédicos contra militares yanquis”
Este es el pensamiento secular, excavado profundamente desde los inicios del conflicto cubano con la camarilla castrista. Recogen, en cambio, rápidos dividendos mediáticos. Toda la prensa va a contrastar las batas blancas contra el uniforme militar, especialmente las pistolas publicitarias de la izquierda. Y el resultado pueden verlo si hacen una búsqueda en Google, no es simple conjetura.
Inteligencia no, pero malicia y astucia existe en abundancia. ¿Humanismo? Lo siento, un gobierno que no sopesa con cordura, racionalidad y sentido práctico los riesgos de sus ciudadanos, de cada uno de ellos, no importa su filiación política y sus sentimientos humanos, un gobierno que actúa despojado de toda consideración y verdadera humanidad no está obrando con espíritu humanista.
La caridad humana desaparece en el mismo momento que la astucia y la maquinación política hace su presencia en el tablado social.
Y de aquí se desprende inevitablemente la verdadera respuesta al “POR QUE”, mas allá de la llamada del coreano sentado en la ONU. Frutos mediáticos y dividendos políticos en una esfera espiritual donde se olvidan muy fácilmente las manipulaciones ideológicas. Es muy difícil ver los hilos transparentes que mueven la reacción de un gobierno en las manos laboriosas de profesionales médicos. Y se hace muy difícil protestar esas decisiones.
¿Quién tiene el valor suficiente para cuestionar a Cuba por su respuesta en Africa ante el ébola?
Y mucho más importante, después de esta experiencia mucho más mediática que la tragedia del terremoto de Haití, ¿quién cuestionará los reportes locales sobre la competencia de los profesionales cubanos, del sistema de salud local y de la experiencia y profesionalidad de sus instituciones de enseñanza?
Difícil, ¿verdad?
Pues esta es la jugada. Pura astucia.
Nadie entonces recordará que, con mucha probabilidad, estos médicos no pudieron decir que no. Incluso muchos que hoy mismo afirman tercamente que accedieron de manera voluntaria, porque los hay que así lo piensan, no entienden el grado de presión sicológica y necesidad imperiosa de acatar su “voluntariedad”.
Muchas veces he dicho que comprender a Cuba, lo que allí sucede y como sucede, cómo es que piensan y actúan los cubanos, y el por qué de la sicología nacional, es difícil para un analista internacional. No han vivido la experiencia, la mala experiencia, del cubano. No han sufrido de presiones, ni del ambiente secular de conspiraciones y secretismo y, lo más importante, los cubanos mismos no hemos articulado inteligentemente una respuesta ante todas estas circunstancias y preguntas.
Tenemos parte de culpa en este asunto.
Un punto final: la indefensión ante el imposible regreso de los virtuales infestados cubanos y sus posibles muertes. ¿Quién, desde las oficinas refrigeradas de Ban Ki-moon en New York, responde a estas acusaciones y revelaciones de último momento?
¿Qué garantías le ha exigido la OMS al gobierno cubano con sus nacionales en Africa?
¿Por qué el organismo internacional se hace cómplice de estas truculencias legales?
Ustedes conocen las respuestas, y el mismo coreano “onunero” la sabe. No es ni muy tonto, y sí bastante astuto. No ganó aquella silla internacional por una sonrisa idiotizada, ni por un pelado en La Habana.
Hay otras preguntas que habría que hacerse en caso de que el virus llegara a tierras cubanas. ¿Qué grado de verosimilitud tendrían las estadísticas, el tratamiento y la forma de enfrentarlo en Cuba? ¿Qué grado de información y conocimientos y educación se le impartiría a la población? ¿Qué acciones legales e ilegales ejecutaría el raulismo?
Ninguna de estas preguntas la ha contestado Ban Ki-moon, y no creo que le  interese mucho.
La indefensión, entonces, comienza desde aquella llamada desde New York.

Nota: La imagen que encabeza el post provienen de un artículo aparecido en "The Economist". Recomiendo leerlo.

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