Sunday, October 5, 2014

Algunos apuntes sobre el caso Tokmakjian

El régimen de Cuba premió dos veces a Cy Tokmakjian. La primera vez Fidel Castro le otorgó un premio empresarial por ser un modelo de empresario extranjero en relaciones comerciales con el gobierno cubano. La segunda vez Raúl Castro lo “premió”… con 15 años de prisión, tres ya cumplidos con anterioridad de haber enfrentado un juicio secretivo, más la confiscación de todos los bienes e inmuebles de su compañía en el país.
¿Qué pasó con Tokmakjian?
¿Cómo es posible que de ser el cisne blanco del ballet cubano-canadiense se transformó en el cisne negro entre rejas?
Subir y bajar la “montaña”
En el 2009 Cy Tokmakjian, en declaraciones a la revista “Excelencias Magazine”, dijo:
“Cada uno que uno baja la montaña, tiene que volver a subirla. Cuba valora muy bien a las compañías extranjeras que siguen trabajando en Cuba en tiempos difíciles. Tanto los cubanos como nosotros mantenemos una ética, un principio, una ayuda mutua.”
Fueron sus palabras entonces, al valorar 21 años de relaciones comerciales que se extendían en los periodos más difíciles de la economía cubana, cuando ya no existía el elefante ruso y su tubería de financiamiento a La Habana. Hoy nada queda de aquel optimismo, ni de la “buena valoración” del gobierno cubano a la compañía del armenio-canadiense.
¿Cómo se bajó de la montaña Tokmakjian?
Pues, según los documentos desclasificados por el gobierno cubano y obtenidos por Reuters, a través de vacaciones pagadas al ex Vice-Ministro del Azúcar Nelson Labrada (también acusado y condenado), comidas en restaurantes caros y de moda, televisores de plasma y visitas a Canadá, tanto de Labrada como de otro de los oficiales en el esquema de corrupción, Manuel Fernández, en turismo comercial a las Cataratas del Niágara y en gastos de hasta 2 500 dolares en uno de sus casinos.
Minucias.
Mas o menos es este el estilo de lo que Reuters pudo encontrar en las 168 páginas del documento de las “cortes cubanas”, y que las agencias de prensa se han encargado de publicar. La información de Reuters es la oficialmente suministrada por el gobierno cubano porque, importante es decirlo, ninguna prensa tiene acceso, mucho menos la extranjera o independiente, a las salas de los tribunales de la isla.
Tokmakjian sufrió lo que tantos opositores y disidentes han sufrido en el pasado: la falta de transparencia de los tribunales, el rechazo de los jueces a los testigos de la defensa, a las pruebas que avalen la conducta de sus defendidos, e incluso al acceso a las supuestas pruebas de la parte fiscal contra los presuntos culpables.
Según Lee Hacker, vocero del Grupo Tokmakjian en Concord, Ontario:
"Cy never got to defend himself. Almost all of the witnesses we wanted to call were denied appearance by the Cuban court. We did not have a trial by any standard. Cy was not afforded the opportunity to refute what they have accused him of." (Traducción: Cy nunca llegó a defenderse. Casi todos los testigos que queríamos llamar les fueron denegadas su presencia por el tribunal cubano. No tuvimos un juicio bajo ningún estándar. A Cy no se le dio la oportunidad de refutar de lo que lo han acusado)
Se desayunan en Concord del sistema de (in)justicia de Cuba.
Especial para Lee Hacker
Seños Hacker, en Cuba el estándar de (in)justicia es: se es culpable mientras no se pruebe su inocencia… Y espere las calendas griegas para eso.
Por otra parte, en las democracias el estándar de justicia es: se es inocente hasta tanto las cortes no prueben lo contrario, que se es culpable.
No obstante, nada de esto es nuevo bajo los cielos de Cuba, ¿no es así? Pero esperen, ahora viene lo interesante.
Finanzas Tokmakjian en el bolsillo del contribuyente canadiense
Algo muy poco conocido y también poco divulgado es que una casi desconocida agencia federal del gobierno de Canada, la CCC (Canadian Commercial Corporation), ayudó a poner en marcha, con una suma de 418 millones de dólares canadienses (377 millones de dólares americanos), los negocios del Grupo Tokmakjian en La Habana.
La Corporación Comercial Canadiense (CCC) actúa como una agencia de contratación internacional de Canadá, para ayudar a las empresas canadienses en la licitación de contratos con gobiernos extranjeros.
Cuando actúa como contratista principal la CCC ayuda a mitigar los riesgos mediante la firma de un contrato con un gobierno extranjero, y luego un contrato por separado con el proveedor canadiense. Esto asegura que una empresa no tiene que preocuparse de ser pagado, siempre y cuando cumpla con el término del contrato.
En el caso de Cuba, la CCC ayudó a los empresarios canadienses, como Tokmakjian, proporcionando la financiación del comercio a los compradores del gobierno cubano.
Negocio redondo, ¿no es así?
Para el que a estas alturas no entiende el trabalenguas legal, pone en el bolsillo del contribuyente canadiense – como yo mismo, que pago mis tasas, no le robo nada a nadie y cumplo con la ley – toda la financiación del comercio realizado por el gobierno de Cuba a través del Grupo Tokmakjian.
De mi modesto bolsillo, al bolsillo sin fondo del régimen. Ah, de esto, como ya dije, nadie habla.
Mas preguntas que respuestas
La prensa internacional, y especialmente la canadiense, se cuestiona realmente el alcance y la agenda del gobierno cubano en este caso. El “Toronto Star”, el diario de mayor circulación en Canadá, en un editorial sobre el caso del canadiense en Cuba dice:
“A country that Transparency International says is seen as seriously corrupt isn’t doing itself any favours by hauling in long-time foreign investors on dubious charges, holding less than credible trials, imposing harsh jail terms and seizing assets.” (Traducción: Un país que ‘Transparencia Internacional’ dice es visto como seriamente corrupto no se hace ningún favor a sí mismo encarcelando a largos periodos a inversores extranjeros sobre cargos dudosos, sometiéndoles a juicios menos que creíbles, imponiéndoles duras condenas de prisión e incautándoles los bienes)
Por su parte, la CBC es mucho mas explicita en sus planteamientos:
“A number of questions remain unresolved about the case. Chief among them is whether Tokmakjian was guilty as charged or whether Cuba had another agenda in pursuing a case against a businessman previously favoured by top Cuban officials.” (Traducción: Un número de preguntas permanece sin resolver acerca del caso. La más importante de todas es si Tokmakjian era culpable de esos cargos o si Cuba  tenía otra agenda en la búsqueda de un caso contra un hombre de negocios previamente favorecida por altos funcionarios cubanos.)
Y aquí la pregunta que todos se hacen es si Tokmakjian no es un típico “Caso Alan Gross” canadiense. Una especie de rehén por cuestiones políticas.
Otras variantes, sin embargo, pueden apuntar a los cambios de poder en la isla. Tokmakjian fue premiado por Fidel Castro, y era visto como un intocable inversor en Cuba. La salida del viejo dictador y la entrada de su hermano podrían haberlo colocado en alguna otra parte del plato en la comida del régimen.
¿O es que la independencia de Tokmakjian en lograr que los negocios prosperaran, se abrieran paso en un país cuyos escalones de mando son celosamente guardados lo colocó en el centro de mira de la sospecha del poder real en Cuba?
¿Tokmakjian fue visto como un factor de riesgo en la centralidad del poder en ese país?
La falta de transparencia en el juicio, en la prensa y el sistema cubano provocan muchas sospechas de agendas paralelas, alejadas de la alegada corrupción. Nada esta claro, y muy poco se dice y se discute dentro de Cuba al respecto.
Pobre Recompensa
Todo esto hace cuestionarse, no obstante, la efectividad de la política canadiense con respecto al régimen de Cuba. El mismo editorial del “Toronto Star” se cuestiona con patética intensidad, y sinceridad, esto:
“Despite a 52-year American embargo we have consistently traded with Cuba and vacationed there. Last year Canada was Cuba’s fourth-largest trading partner after Venezuela, the entire European Union and China. We did nearly $1 billion in two-way trade. This is a poor recompense.” (Traducción: A pesar del embargo estadounidense de 52 años hemos negociado consistentemente con Cuba y viajamos allí. El año pasado, Canadá fue el cuarto mayor socio comercial de Cuba, después de Venezuela, toda la Unión Europea y China. Hicimos casi $ 1 mil millones en comercio bilateral. Esto es una pobre recompensa.)
¿Se vienen a dar cuenta a estas alturas?
Para los que critican el embargo y a los Estados Unidos, para los cientos que claman que la ley norteamericana da justificación “moral” a una dictadura y debe ser abolida, a todos hay que decirles hoy “Tokmakjian”, y volvérselos a recordar, y repetirlo hasta el cansancio.
Pero no es nada nuevo para los cubanos.
Fuimos los primeros expropiados y robados. Nos quitaron los bienes personales, nuestras propiedades y la propia oportunidad de elegir nuestro destino. Lo que descubren hoy los canadienses con Tokmakjian es plato viejo servido en la mesa cubana.
¡Meriéndenselo!
Todos los medios de prensa, sin embargo, cuestionan la efectividad y oportunidad del premio de Raul Castro al canadiense. Opinan que en un momento donde La Habana necesita con urgencia la inversión extranjera, a raíz de la nueva ley aprobada por el parlamento de la dictadura, y cuando su economía en todas sus ramas necesita del mundo internacional de los negocios, la jugada a Tokmakjian es una bofetada a cualquier intento de acercamiento, simpatía e interés en invertir en Cuba.
Pero en mi opinión se equivocan.
Siempre existirán otros Tokmakjian. Gente que sin escrúpulos aprovechará las facilidades de un régimen totalitario para obtener un blando beneficio, a costa de la explotación de la falta de libertades de un pueblo.
Bolsillos oportunistas han existidos siempre, y no faltarán.
Aquel premio fidelista a Tokmakjian era la bendición a un comerciante sin escrúpulos que negoció con una dictadura, con el bolsillo de todos los canadienses, pagando salarios de miseria en un país que su gobierno controla lo devengado por cada cubano. Y al armenio-canadiense cuya compañía reside en Concord, Ontario, le importó entonces un pepino.
La alegada corrupción del canadiense son sólo minucias a amigos, servidores del plato oficial, que le abrieron las puertas para que lo hiciera, creciera y se expandiera hasta lo que fue. Lo ocurrido tanto a él, en persona, como a sus “corrompidos” se lo merecen.
No se puede hacer negocios con un ladrón si no se es ladrón, se actúa como un ladrón y se comparte el comercio con descendientes de un ladrón como Alí Baba… que no es, ni mucho menos, la figura romántica que la literatura siempre nos ha querido vender.
Al final de la jornada, la (in)justicia que se impone es la del ladrón mayor: el gobierno cubano.
Nota: Algunos enlaces de interés:

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