Saturday, October 25, 2014

Alas de Mariposa

Fue un largo camino, pero La Habana aprendió la lección. En su relación de amor-y-odio, la emigración cubana ha sido la clave para la supervivencia del aquel régimen. Hemos sido ara, pero también pedestal. De algunos, de muchos, puede que de casi todos en ese tipo de proporción que se le escapa a la racionalidad, y a la nostalgia.
Hemos sido la llave para abrir la puerta financiera a la moneda dulce: la divisa extranjera.
Nos arrebataron las propiedades, y la pertenencia al país. Nos condonaron la filiación patria y nos condenaron al infierno. Desde entonces estamos libres, pero atados.
Nos convertimos en herejes, eternos exiliados del mundo, sin pertenencia a ningún lugar, perteneciendo siempre, sin derecho a la palabra como patente de corso para el regreso: nuestro boleto de entrada a nuestra casa, Cuba.
Y así vivimos. ¿Realmente lo hacemos?
Muchos ni se enteran. Entierran su cabeza en la arena, miran hacia algún otro lado, y hasta en ocasiones blasfeman el rostro del que exige la restitución moral a la dignidad humana del cubano. A toda la dignidad, no a la parcelada, acantonada en aquel grupo de jenízaros que nos lanzó del espacio vital, el nuestro, del entorno alargado donde nacimos, nos vimos crecer, surgimos como fruto fértil de nuestro pasado.
Callar, dejar pasar, admitir con mansedumbre el castigo.
¿Es esa la herencia que nos legó el pasado de nuestra historia?
Martí no admitió concesiones. No quiso negociar la civilidad de la república por nacer ni aun al costo de romper con quienes levantaron su nombre en el pabellón de Cuba con el machete y las balas.
¿Tenemos entonces que hacerlo nosotros?
¿A nombre de qué y quién?
Las botas militares no tienen otro lugar que no sean sus cuarteles, pero hoy se sientan en la silla civil del ciudadano.
Fuimos odio, entonces. Hoy somos mercado, banco despreciable pero imprescindible. Usureros del libre albedrio.
¿Cuándo ocurrió este cambio de señal?
¿Cuándo dejamos de convertirnos en ese islote de Cuba, transfigurado en odio, por los que cancelaron nuestra pertenencia a aquella isla? ¿O lo abandonamos alguna vez?
Las reglas cambiaron. Porque perdieron bolsillos tomaron prestados los nuestros.
Porque perdieron el mercado de víveres, la bolsa de préstamo, el dinero ajeno. Tomaron el nuestro.
Hoy somos hasta sus restaurantes, paladares, timbiriches de antiguedades o enseres domésticos, sus labios, el vaso de leche en el desayuno, la aspirina, las flores para el velorio, y hasta la claque para que aplaudamos en su escenario, el que ellos mismos escogen con su propia decoración de montaje. En el Ecuador del mundo, del planeta. Aplaudiendo. Telegrafiando mensajes.
¡Patético!
Aquel odio no se ha transformado en ningún amor. Aquella rabia profunda no se ha convertido en benevolencia. Los empaladores de herejes siguen siendo los mismos. Nadie ha cambiado. Nadie se ha ido. Alguno se ha acercado al estado larvario de despedida, pero continúa con aliento, y palabras, y labios venenosos.
Sólo se han transformado de aquella larva cruel en alguna mariposa nocturna, venenosa.
Y seguimos siendo su presa.
A este comercio de indignidades algunos le llaman "reformas". Y piden bajar la cabeza, hincar la rodilla, dejarnos vejar con el "encanto de alas" de esta mariposa de veneno nocturno.
Somos sus alas. 
Las hacemos volar, en su misma jaula. Le soplamos aliento a su veneno oculto. Le ponemos en sus patitas el ansiado alimento. Admiramos ese arcoíris de colores en que han transformado su negra alma. Y no entendemos que es sólo una alucinación. Una metamorfosis necesaria en la sobrevida de la bestia.
¡Puro travestismo!
Pobre de nuestra sobrevida.
Pobre de Cuba.
¡Pobres!

1 comments:

Yamel said...

Excelente, no sólo este articulo, sino todos los del Blog. Usted tiene 1 sentido de la memoria historica, merecedor de todo respeto, Y.