Monday, September 29, 2014

Oposición vieja. Sobrevivencia joven

¿Qué logró fallar en Cuba? ¿Por qué la oposición no representa una fuerza de cambio y sí lo representa el silencio, la escapada, la sobrevida?
Me gustaría contestar, como lo han hecho tantos, que la represión, la lapidación mediática, la vigilancia, el control, los chivatos, las organizaciones de inútiles ordenados, el oportunismo proletario, y otros muchos etcéteras.
Lo han hecho otros, pero nada de eso explica la huelga de brazos caídos que hemos mantenido los cubanos por 56 años frente al abuso, el totalitarismo. En 1959 abrimos las puertas a un Zanjón silencioso, el verdadero. El histórico fue sólo una tregua necesaria que muchos historiadores se encargaron de re-escribir su versión.
No es raro leer algo sobre Cuba, o palpar el sentido de la gente en las calles para llegar a una conclusión: ya casi nadie cree en el régimen… pero nadie se le opone, todo el mundo se queja… pero nadie protesta. Es un extraño mundo donde quejas  y descrédito no conducen a nada, ni a levantar el dedo.
Los que se llaman opositores en Cuba, por otra parte, no aprovechan estas circunstancias. No crean proyectos de oposición interna. Generan círculos cerrados de creyentes, con alguna proyección internacional. Y así encontramos algunos opositores de Youtube, algunos. No tardan en surgir divisiones, no tardan en enfrentar desencuentros, y los “proyectos” se escriben, florecen como “flores del mal”, para citar a Baudelaire de alguna forma. Del mal, porque no conducen a ningún término, lugar, destino exacto en el entorno social.
No aprovechan la tecnología, por ejemplo, para alcanzar la Cuba alternativa. Cuando el país virtual crece, los celulares en manos de la población siguen aumentando, y algún “paquete” recorre los circuitos visuales de la isla alternativa, la Cuba opositora tiene apagado el dial. Algunos, sólo algunos,  utilizan esa tecnología para sembrar un proyecto en el mercado internacional.  Y otra vez la palabra clave aquí es “algunos”. Otros viven en la época de las máquinas de escribir, y el orgullo personal también empina chiringas a la estratosfera.
¿Les pongo un ejemplo?
Miren la cuenta personal de Oscar Biscet en Twitter. Revisen a quienes sigue y chequeen lo que publica. Para un opositor que habla de dictaduras, democracias y de arrogancias castristas, ¿no les parece arrogante su discurso? Habla como el fulano que ya es presidente de facto de una gran nación y se dirige a gobernantes y súbditos, con la mirada desde “allá arriba”, el infinito.
Una gran decepción el señor doctor.
La oposición cubana vive a un siglo de atraso de la realidad cubana, encerrada y enquistada en sus propias cepas de cultivo. Los jóvenes son la célula de cambio en cualquier sociedad. ¿Acaso se le acercan? ¿Comparten sus problemas? ¿Los oyen? ¿Los representan?
Otros sólo se conforman con ser el ojo que capta la señal, el escribiente que teclea el reporte, el componente indiferente del paisaje social. Testimonio visual, escrito, virtual. Cronista novelero. Reportero para internautas. Nada más.
Y la juventud, en cambio, vive su sobrevida. Abraza la tecnología como en cualquier otro lugar. Construye sus nichos de sobrevivencia en una sociedad que no les garantiza el futuro, y les ha hablado, no con la palabra, sino con la acción, que el oportunismo y la doble moral es la garantía de la vida.
La asumen.
Mientras, esa oposición acostumbrada al viejo quehacer de edificar cientos de “proyectos” como ladrillos en un jardín deshecho, sólo emborrona papeles, publica un reporte en algún medio internacional, desgaja alguna figura del aburrido panorama cubano, recoge sus maletas y se va al olvido.
Que es como decir a Miami.
En Cuba estamos entre una oposición muy vieja, alejada de la tecnología y las generaciones jóvenes, y una sobrevivencia muy joven, que sueña o con hacerse de un dinero fácil, cargar el bolsillo, “vivir y dejar vivir”, o si no escaparse con sus sueños a cualquier otro lado.
Los jóvenes construyen su balsa, toman su avión, aceptan una misión imposible en el Africa, recorren unos días Venezuela para naufragar en días, meses, algún tiempo, en Miami. Digo naufragar porque luego regresan. Maletas llenas de artículos brillantes y nuevos, se toman un café en una orilla de la Habana Vieja, recuerdan el “viejo tiempo” en que inventaban por aquellos lares para ganarse la sobrevida, memorias derramadas de desarraigos y fracasos. Vuelven a naufragar, de alguna otra manera. De la manera más onerosa y trágica. Hundiendo mas el país en esa indiferencia que nos ha asfixiado sicológica y socialmente como pueblo.
No son mejores, ni peores. Son los mismos, iguales, distintos.
Tengo que decirlo, pero desde hace mucho tiempo dejé de creer en esa oposición, y en esa juventud. Lo siento, es cuestión de ser realistas. Soñar no nos puede tapar los ojos del entendimiento. De alguna manera Cuba encontrará su camino, de alguna manera, pero no con los proyectos de hoy. No con la sicología y el hombre nuevo que naufraga en Cuba y en Miami… para citar algún lugar. No importa dónde.
Definitivamente, no con esos.

1 comments:

Mario Riva said...

Triste, pero cierto