Monday, September 8, 2014

Nace “Zeta”

De niño me gustaban los animales y las plantas. Tenía un perro que se llamaba “Johnny”, pastor alemán, de color candela y pelaje hermoso. Pájaros y peces, gallinitas enanas y patos que protestaban cuando trataba de atraparlos.
De adolescente tuve otro “Johnny”, un perrito “sato”, mezcla de cuanta raza podría adivinarse, el otro “Johnny” había muerto entonces. También tuve un caballo, color bayo, que mi abuela había logrado obtener de un tío que tenía una finca en el campo. El patio lo tenía cubierto de orquídeas, rosas y cactus. La obsesión por los cactus la traspasé a mi abuelo, que desde entonces los cultivó y los hizo crecer por doquier.
Lagartijas, arañas, mariposas. La vida silvestre me fascinaba, y la naturaleza. Siempre me pareció que todo lo que me rodeaba debía acompañarme. Y así surgió la fotografía como instrumento para esa compañía.
Tuve una vieja cámara “Lubitel” que me acompañó desde los cuatro años. Sí, no se equivocan: cuatro años. Ese en la foto de este post soy yo, con un berrinche porque mi madre no quiso tomarla en el encuadre en que yo quería hacerlo. Como decía Jean Paul Sartre, “aún  no sabía leer pero era lo bastante snob como para exigir…” mis encuadres fotográficos, lo último lo agrego yo. Ya entonces me había agenciado las luces con unas viejas lámparas de mi madre que mi abuelo arregló a mi acomodo.
¡Vaya vicio!
Desde entonces ya tenía en mis ojos el encuadre, la luz, el efecto extraño que quería lograr en la foto. Mi padre decía que eso era talento. Mi madre le contestaba que el talento de un niño son sus juguetes.
Discusión terminada.
Pero mi vieja “Lubitel” me acompañó siempre. Y así tengo un cajón lleno de viejas fotos. Familiares, amigos, casas, playas y lugares. Muchas descoloridas, con rasguños impuestos por el tiempo y las vicisitudes. Todas en “blanco y negro”, y hoy color sepia, porque el “color” no alcanzaba para el bolsillo.
La fotografía ha sido la cómplice para resguardar memorias, o para que algún lugar, una persona o un pequeño recuerdo queden atrapados para siempre. Hoy que vivo en Canadá, y me puedo dar el lujo de tener una buena cámara, recorrer este hermoso país, o algún otro, o quizás solamente caminar por las calles de mi entorno, mi cámara me acompaña, como lo hizo en aquella corta edad.
Y así decidí que naciera “Zeta”. Un sitio donde colgaré mis pequeños recuerdos. Comentarios incluidos.
No es fotografía turística, aunque pueda serlo. No tiene intención política, como este blog, aunque no me morderé la lengua para evitarlo cuando tenga que hacerlo. La fotografía siempre habla por sí misma. La palabra es sólo el adorno.
El nombre, “Zeta” viene de la última letra de nuestro alfabeto Español, y para honrar mi herencia a través de mis padres. De alguna forma esa última letra nos define como idioma. Definirá también mi sitio de fotografía.
Por ahora “Zeta” no tendrá entradas sobre temas de esa afición. No es un sitio necesariamente para enseñar a fotografiar, aunque se aprende incluso viendo buenas fotos. Yo no creo que la fotografía pueda enseñarse. Se aprenden las argucias, los detalles técnicos, vicios y malas prácticas también, que no significa que el resultado del aprendizaje sea el talento, la verdadera profesión.
Yo creo en el encuadre que nuestro propio ojo nos manda e impone. El balance natural. El toque personal. La firma peculiar en que mostramos, en color o en blancos y negros, el centro medular de una foto.
En “Zeta” habrá fotos y recuerdos. Y quizás, en el futuro, algo de lo que he aprendido, y aprenderé.
¡Bienvenido “Zeta”!

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