Saturday, September 6, 2014

Macondo sí existe

Y su localización política no cabe a dudas. ¡Es Venezuela!
En el año 2004, por iniciativa política local, el lugar natal del autor de “Cien Años de Soledad”, Aracataca, fue propuesto para ser renombrado como el mítico pueblo de lo real-maravilloso. Se pretendía entonces reactivar, de esa forma, la empobrecida economía local. Fue en vano, el referéndum local mostró poco o casi ningún interés en el renombre.
Macondo quedó sólo para aquel sitio mítico de la literatura. Hoy, por “gracia” del espíritu del chavismo – al parecer –, lo tendremos de vuelta.
Pajaritos que hablan a presidentes electos en elecciones que recuerdan a “San Nicolás del Peladero”, otro mítico lugar pero de la cubana televisión – los oficiales venezolanos parecen tan aplatanadamente cubanos que hasta sospecho han pedido viejos videos de aquel clásico cubano. “Padres Nuestros” que cambian sus letras ancestrales para el sagrario chavista. Nuevas religiones. Políticos que “hacen radio” cantando. Si el asunto no fuera tan patético valdría muy bien enviarle un plátano en una misiva presidencial a Miraflores… recordando, sobre todo, el origen bantú de esa palabra: Macondo.
Es lastimoso ver convertido Venezuela en el lugar de toda esta fauna cuasi-mágica, donde la ignorancia campea a botas largas, y Congresos partidistas rezan a un militar muerto como si fuera Dios.
Pero no lo es, ni lo fue tampoco.
Empobreció al país. Regaló a mansalva petrodólares. Descuartizó propiedades. Compró con el  oscuro líquido negro la voluntad política de legiones de populistas de estado. Mintió sobre enfermedades personales para eternizarse en el poder. Desapareció con la misma rapidez con que un meteoro perece. Quiso remplazar a Dios, y se le cayeron las alas.
El sucesor de aquella ‘santidad’ sufre los embates de las locuras mesiánicas. Herencia cubana, sin lugar a dudas, porque Chávez quiso ocupar el lugar que Fidel Castro había dejado vacante en la izquierda americana. La pobló entonces de santos, cruces, lágrimas mediáticas, cantos y rezos, caracoles y milagreros en jefe. Barro que regresa al barro.
Murió.
Su  ausencia es la causa primaria de esta patética oración verde-olivo, apócrifa, surgida en el coro de un partido que sufre de ausencias, de no tener una figura que atrape el mesianismo profético comunista-cuasi-religioso de aquel no-santo.
Ausencia. Esa es la palabra que provoca esta oración pedorrera, fraguada por infernales manos vestidas de rojo, que trata de suplantar la voz de Dios con la voz de los falsos ídolos de siempre. No ha sido la primera vez, no será la última que ocurra. Todo forma parte de reincidencias infernales de la historia, que repite en burla lo que primero fue tragedia.
‘Santo’ Marx corrige a ‘santo’ Chávez.
En los 30 y 40 a Stalin le decían “padrecito” en tierras rusas, para acercarlo a la posición mitológica que esa figura tenía en la tradición rusa. No hubo que esperar mucho para que, no sólo desapareciera, si no que fuera condenado aquel engendro. Después de todo, las mismas tradiciones rechazan los gestos absurdos de los falsos cultos.
Con Chávez pasará algo muy parecido, aunque las muchedumbres ignorantes que aplaudían al mesías falso, obtuso, levantado sobre los hombros de esa misma ignorancia, le recen, le pidan ‘gracias’ y ‘milagros’, le lloren profecías ideológicas con inspiración castrense. Botas castrenses en vez de alas de ángeles.
¡Las botas regresaran al barro, los ángeles al cielo!
Las religiones asentadas en ideologías perecen con esa misma ideología. Y las falsas oraciones a oscuros ‘santos’ desaparecen con el destrono de esos santos. No hay que esperar mucho, no hay que peinar canas. El soplo inevitable de los tiempos hará que esta misma ignorancia, y los mismos ignorantes que la aplauden, se desencanten y derrumben los altares levantados sobre ese barro.
Esta oración es sólo de ausencias: de líderes, ideas y proyectos.
Perecieron con el ‘milagrero’, como siempre sucede con los déspotas.
Hoy, un Gabriel García Márquez burlón escribe desde algún lugar en el cielo un nuevo Macondo… en Venezuela, y para burla divina.

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