Wednesday, September 3, 2014

La cabeza del avestruz

A veces me he preguntado a cuáles malabarismos tienen que acudir los ‘periodistas’ cubanos para sobrevivir en aquellos órganos de prensa. Bueno, la respuesta puede usted encontrarla en un escrito de un tal Yuris Nórido para la BBC, todo un ejercicio del enmascaramiento  y la acrobacia periodística para romancear la situación económica del cubano medio.
Leyéndolo se llega a la increíble conclusión de creer en una fábula: en Cuba nada es tan terrible, ni nada es como para que se hable de crisis económica, problemas estructurales de gobierno, y todo lo demás. El gobierno es un magnifico administrador, un alma caritativa y el mejor velador del estado. Y los cubanos, pues no tienen de qué quejarse, viven mejor que Haití.

Así de sencillo.
No en balde se ha hablado tantas veces de paternalismo, apatía y conformismo a todos los niveles de Cuba. Ya el título es la clave de lo que nos espera: “Vivir con 20 dólares al mes (y poder hacer el cuento)”.

Ah, ¡el cuento!
No me interesa desgranar cada una de las argucias que ‘llovizna’ el ladrillo luminario de Yuris Nórdico.
Mas allá de desconocer la situación en que viven centenares de pequeños pueblos cubanos, salir de esa capital que siempre ha sido un espejismo y se cae en pedazos, ignorar que gran parte de la población vive de lo que más de dos millones de cubanos envían por remesas, del robo a mansalva a todos los niveles y lugares del estado, del gigantesco mercado negro al que todos, absolutamente todos los cubanos alguna vez acuden, desconocer las villas miserias que como “El Palenque” y tantos otros minan La Habana, y hacerse de la ‘vista gorda’ con los bajareques que pululan La Habana Vieja, olvidar o cerrar el ojo a los sin casa – que hasta esa misma prensa ha tenido que reconocer –, al parecer no acudir a hospitales o asilos de ancianos, olvidarse del Hospital Siquiátrico Nacional, “Mazorra”, que es otra vez un almacén de locos, desconocer la situación sanitaria de provincias enteras, alcantarillados y sistemas acuíferos en falta, contaminación de ríos y hollín nuestro de cada día en La Habana, cerrar el ojo a “Diez de Octubre”, esa avenida de chozas y esquinas de quinto mundo. Más allá de todo eso, y de otras argucias en el lenguaje enmascarado de su escrito, lo que encierra el más inmenso patetismo es el conformismo subyacente en el mensaje, en el tono, en las justificaciones a un sistema que ha probado ser ineficiente e insalvable.
Desalienta leer esas líneas. Desalienta escuchar de viva voz en el ciudadano de la calle, en Cuba, aquello de que “esto no hay quien lo resuelva, pero tampoco quien lo tumbe”. Desalienta el “para qué me voy a meter en problemas”. Desalienta las justificaciones a mecanismos de la economía oficial, a la libreta de abastecimiento para ‘proteger’ a desprotegidos, que sí han  muerto de hambre en calles, en hospitales siquiátricos, en hogares donde no se reciben ni dólares ni tienen otra forma que vivir con la miseria de las pensiones cubanas. Desalienta escuchar, y leer, y descubrir que se quiere ser ‘mejor’ que Haití, y no mejor que Suiza o Finlandia y Noruega.
Desalienta que se acudan a estadísticas que nadie puede confirmar con organismos independientes sociales, ajenos a los poderes públicos. Que nadie acuda a la crítica en una Asamblea Nacional, donde sólo la hija del tirano ‘se atreve’, con hipócrita libertad de chantaje, que no de pensamiento, a cuestionar cifras, mecanismos y confesiones tardías de problemas.
Desalienta que, desde los mismos predios de la prensa, se quiera justificar una vida de tercer mundo, o quinto. ¿Quién cojones quiere vivir una vida de tercer mundo? ¿Quién quiere vivir en una villa miseria? ¿Quién quiere tener como techo una barbacoa habanera o tener que robar para subsistir? ¿Quién quiere llevar una doble mentira, ideológica y social, para que no lo ‘sacudan’ del trabajo? ¿Quién quiere portar un carnet rojo que no le interesa, solo como ticket de entrada a un puesto en algún hotel de administración pública? ¿Quién quiere vivir ‘atrapando’ extranjeros en la Quinta Avenida, ser “esas mariposas nocturnas” que una guitarra náufraga descubre a conveniencia? ¿O prostituirse, de alma y cuerpo, de nalgas y neuronas?
Pues, los cubanos.
Este conformismo que se arrastra, que carcome como un gusano el espíritu y el alma de Cuba, que hace marcharse a sus hijos a otros lugares y vivir una vida de recuerdos, sobresaltos y arrepentimientos, es eso lo peor que ha engendrado un sistema que no cree en el hombre, porque sencillamente le impide existir con honradez.
Cuando se calla, se justifica, o sencillamente se escribe unas líneas inmensas para endulzar un caramelo amargo, como lo hace Yuris Nórdico, se llega al fondo del abismo. Ya no vale vivir para mejorar, pero la vida es una eterna mejora o no es vida, es sobrevida. Creo fue John F. Kennedy quien dijo que el conformismo es el carcelero de la libertad y el enemigo del crecimiento. Es ese enmascaramiento voluntario, tropical, esa conformidad norcoreana y ese oportunismo del más rancio estalinismo lo que hace a Cuba naufragar.
Muchos, en Cuba y en la diáspora, viven con la cabeza del avestruz enterrada, sumergida, aplastada por una conformidad que les erosiona el pensamiento y les detiene la voluntad.
Y si a ese océano de conformismo le agregamos la gota amarga del oportunismo, el dulce que nos trae esas justificaciones y palabras, de 20 dólares de sobrevivencia, se convierten en la burla mas cínica que un ser humano puede hacerse a sí mismo.
Ya sólo el ejercicio de leerlo provoca lástima, una lástima al descubrir al pobre y pequeño alfeñique en que han convertido al “hombre nuevo” los 56 años de castrismo.

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