Sunday, September 28, 2014

Estación de Cambio

¿Por qué el régimen de Cuba ha logrado mantenerse en el poder por tanto tiempo? Una pregunta secular que creo a todos nos la han hecho más de una vez. Las respuestas, sin embargo, pueden ser tan largas, complejas y oscuras como para llenar la biblioteca de cualquier gran ciudad.
Y de hecho, hay mucho escrito sobre el tema.
Para mí reside en algo muy simple, pero efectivo: el castrismo ha sabido interpretar con éxito la sicología del cubano, se ha sabido adaptar a los cambios sociales operantes en la sociedad, mientras ha administrado el miedo, y ha suministrado las vías para la adaptación a la sobrevivencia dentro del régimen, el oportunismo.
No tiene nada que ver con las políticas económicas, los cambios de dirección en el mercado, incluso la búsqueda de financiamiento exterior a su desfondado bolsillo. Esos problemas externos, por supuestos, los necesitan resolver… y nunca los han resuelto.
Rusia le dio un suspiro de décadas, hasta morirse el elefante de pies de barro. Hoy el sustento exterior viene en cheque chavista, y tampoco resuelve las carencias profundas de la sociedad cubana. No se renuncia al control macroeconómico con mano de hierro, mientras se desechan migajas que nunca funcionaron.
En un día como hoy, 28 de Septiembre, es importante entonces recordar el componente de represión, vigilancia y control que la sociedad cubana ha tenido desde el inicio, instrumentada a través de su gurú fundacional, Fidel Castro. Las raíces del régimen cubano, inevitablemente, hay que buscarlas en la personalidad del dictador, y su familia.
Debería decir, su carencia de vínculos familiares.
He ahí la clave.
Lo que logró Castro fue introducir la división de la familia cubana como llave de cambio, control de sobrevida de un régimen personalizado. Convertir a cada cubano en el “Snowden” particular, ese que firma su contrato de trabajo como espía – a sabiendas de que lo es – para devolverlo cuando pierde su utilidad, la cámara humanoide de video, el agente de espionaje a nivel celular del país. Dividir la mesa familiar, introducir la política de estado, su política, en el desayuno para lograr la expulsión del ciudadano racional como postre. Células automáticas del poder supremo.
Y eso responde a la esencia antisocial de Fidel Castro.
No conoce de límites humanos para la amistad, la familia, la consanguinidad, el respeto a los tradicionales valores humanos del hogar. Y transmitió esa singularidad personal al régimen. A sus instituciones, su forma de administrar, supervisar y financiar su aventura política. Cuba fue su casa, su ergástula, los cubanos su familia alienada de sangre, instrumentos de cambio y soporte a su doctrina personal del poder. Y la gloria.
No hay nada más pequeño que un grande dominado por su orgullo”. Siempre le dijo Cervantes desde “El Quijote”. ¿Lo habrá leído? Muchos confiesan haberlo hecho, sin realmente leerlo.
Control de vigilancia a nivel de cuadra, casa, ciudadano. Renuncia a la opinión personal para imponer objetivos globales ajenos. Intolerancia y extremismo social. Con complicidad ciudadana, gracias a un complejo sistema de entrega de valores que sucedieron al inicio de la jornada “revolucionaria” en 1959, estableció al chivato como héroe socialista del trabajo social.
Desde entonces el “chivatismo” se cuenta como valor humano en Cuba. Se gana el ticket para un puesto, un sillón ministerial, una prominencia política, un viaje literario, una limosna estatal, un auto, o un  simple aplauso oficial.
El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos”. Nos habla desde siglos Cervantes… O su pesadilla, también. Agregaría yo.
Todo esto funcionó muy bien durante mucho tiempo, y logró su cometido gracias a circunstancias externas favorables. Pero Rusia murió.
Y murió Europa del Este.
Y entonces el dictador llamó a Numancia. A la reconcentración de Weyler. Español aquel, descendiente de español este. Colonialistas ambos.
Ya entonces todos los valores habían cambiado. Generaciones enteras habían convivido con la doble moral, el doble discurso, el oportunismo de bolsillo. Y sucedió el Julio del 2008: el preludio de la posible muerte del gurú político de Cuba.
El régimen interpretó, con acierto una vez más, su senilidad. Se necesitaba un ticket para abordar el próximo tren en la estación de cambio.
Es lo que estamos viviendo hoy en Cuba. Lograron encontrar la misma solución, adaptarla a los tiempos, echar sobre los hombros de los ciudadanos la llave para la sobrevivencia del régimen. Algo que el fulano primero supo detectar a tiempo: la división familiar.
“Ricos” y pobres. “Miamenses” y cubanos. Emigrados e “inmigrados”. Bolsillos lejanos y bolsillos locales.
La renta nacional se re-estructuró para nuestros bolsillos de emigrados. Acudimos a ellos para salvar la dicta-republica-castrista. Así de simple. Negocio redondo dinástico. Y una vez más el régimen supo interpretar nuestra sicología como cubanos, y explotar nuestros sentimientos hacia los que “quedaron atrás”, con los bolsillos deshojados, en manos de un régimen que no ha cambiado en nada.
Absolutamente en nada, en lo esencial.
Sólo entrega migajas que nunca funcionaron. Gastronomía que nunca debió ser expropiada. Timbiriches reformistas. Hoy se la entregarán a los otros, no a los originales, no a los que se la expropiaron. A esos no. A otros. Reinterpretan aquella división originaria del 59. Crean nuevas complicidades.
Los de ahora no querrán ningún regreso de los originales, los de antes, los verdaderos dueños.
Y mientras resurgen viejas políticas seculares. Migajas a agentes de cambios como Pancho Céspedes, el Médico de la Salsa, Isaac Delgado, y otras migajas intelectuales a seudo-cerebros culturales que se consuelan con la baratija de principios.
No con los verdaderos principios.
Si algo debió enseñarnos la vida, la historia y todos estos años a los cubanos es a recordar, una y otra vez, las palabras con que se estableció la censura intelectual en Cuba: “Con la revolución todo, en contra de la revolución nada”.
Remplácese la palabreja “revolución”, en la que nunca he creído ni creeré ni un ápice, y colóquese lo que ha sido, y lo que es: dictadura. Hoy en Cuba sólo vivimos una estación de cambio… a lo mismo.

1 comments:

Mario Riva said...

Al principio, muchas promesas y medidas sociales sin la menor base económica que acarreaban el detrimento del erario público. De ahí, que en menos de dos años, tuviera que implantarse una libreta de abastecimiento que dura hasta nuestros días.

Las medidas sociales, a las cuales hago referencia, elevaron el poder adquisitivo del 25% de la población, sin haber (el ¿gobierno?) tomado medidas para aumentar la producción de bienes materiales que apoyaran tal aumento.

La famosa “Ofensiva Revolucionaria” de 1968, de triste recordación, acabó con la propiedad privada de la pequeña y mediana empresa privada. A partir de ese momento, todos los cubanos fueron dependientes del des-gobierno.

La “Patria Potestad”, o lo que es igual, el poder de los padres o ascendientes sobre sus hijos descendientes, fue otro de los pasos para afianzar el control del des-gobierno sobre el núcleo central de la sociedad. La Familia.
Todos los adolescentes tenían la obligación de estudiar en escuelas alejadas de sus núcleos familiares. Los centros de estudios eran regidos política e ideológicamente por el sistema educacional del régimen totalitario. Traducción: El régimen, sin consultar a los padres podía y de hecho pudo arrastrar a los educandos a participar en actividades políticas, siempre favorables a la dictadura.

El control de la sociedad no era y aun no es, tarea simple de los Comités de Defensa (¿de la revolución?).
Recordemos que el Sistema Unico de Vigilancia (SUV) aglutina todos los factores: PNR, CDR, FMC, ANCRC, PP y PCC. Todos vigilándose mutuamente y a cada vecino comprometiéndole o amenazándole.

Por supuesto que estoy de acuerdo en todo lo que dices. Solo quería abundar.