Thursday, September 18, 2014

Entre Baraguá y el Zanjón

No soy historiador, ni pretendo serlo. Tampoco es mi propósito re-escribir la historia. Convertirme en otro Emilio Roig de Leuchsenring, o un nuevo José Luciano Franco. La historia siempre me ha interesado, sin embargo. Debería haber dicho fascinado.
Y la historia de Cuba, casi siempre, echa sus luces, y sus sombras, sobre lo que nos sucede hoy como pueblo, y como sociedad.
Tendemos a mirar las luchas independentistas del siglo XIX marcadas por dos sucesos trascendentes: el Pacto del Zanjón, y la Protesta de Baraguá. Y, ante esos dos hechos, la historiografía repite clichés, re-interpreta desde lejos y al final por los vencedores – como casi siempre, o siempre – lo ocurrido.
La escuelita socialista de maestros, escribanos hípicos del proceso reciente y el periodismo oficial nos remite demasiado a Baraguá, y nos condena el Zanjón a la traición. Se olvida, con demasiada facilidad, con demasiada sospechosa facilidad, las mismas palabras de Roig de Leuchsenring:
“Fue el poder de la Revolución, a pesar de estar moribunda, el que impuso a España las obligaciones que ésta adquirió en el Zanjón”
Esta visión de aquel pacto necesario, ante el agotamiento de las fuerzas mambisas, no se recuerda demasiado en las escuelas, en los libros de la re-historia socialista. No se recuerda en nada. Unos pocos textos del estimado Emilio, publicados sí, pero muy poco leídos en Cuba, por los cubanos.
Los cubanos ignoran a su propia historia… si no se las repiten, o se las dicen otros.
Me pregunto, ¿por qué?
¿Por qué este silencio o cuasi-silencio?
¿Será por el peligroso parecido de la situación cubana actual?
¿Estamos ante un  Zanjón, o es Baraguá el referente como el decrépito en Jefe siempre ha estigmatizado al proceso?
Rechazo las sugerencias que, con demasiada frecuencia, el altar sacralizado del castrismo nos “regala” en su historia.
No me gustan las intransigencias militares, tampoco las bravuconadas lanzadas aun por los más insignes patriotas cubanos. Los patriotas los enuncia la historia, y los que la escriben. No los que la hacen.
Para mí el Zanjón fue el descanso necesario, la paz imprescindible para cosechar un período de acumulación de fuerzas. Creo que hasta el mismo Marti lo entendió de esa forma. Las fuerzas cubanas estaban agotadas. Cansancio, divisionismos, caudillismo – de lo cual estamos enfermos hasta la médula –, y otros ismos.
El Zanjón no fue una traición. Y los que se retiraron tampoco fueron los presuntos traidores que nos regalan en la escuela.
En cambio, la reacción de Maceo me parece más la  intransigencia de la ignorancia, de la incompetencia por no poder reconocer las causas y consecuencias de la debilidad mambisa frente a España, que la intransigencia de la inteligencia, el patriotismo y la valentía.
Pura bravuconería.
Y la bravuconería no apela al raciocinio, sino a la brutalidad.
Baraguá se me remonta demasiado a la bota militar, al pensamiento castrado de “Socialismo o Muerte”, de “Numancia y Maguncia”, de aquel que hoy desaparece en el merecedor olvido del cubano. Se me aparece con la pequeñez del que escribió, sobre la muerte del Apóstol, “ya tuvo que morir el hombrecito”, en carta a Máximo Gómez. Otro que también sufrió de los mismos padecimientos que llevaron al Zanjón de entonces.
Y aquí estamos, arrastrando Baraguá. Despojando al Zanjón de su necesaria existencia. Condenádolo a ciegas. Repitiendo clichés.
Si algo ha caracterizado al cubano ha sido, precisamente, esa “irracionalidad baraguense”, la bravuconería y la falta de realismo. Y en consecuencia, nos olvidamos que ese mismo Maceo tuvo que aceptar un mes más tarde el retiro. Y en las mismas condiciones.
Sí, nos lo dibujan heroico, sublime, magnánimo. Una estatua de bronce.
Inhumanidad de mármol que tanto conocemos en los monumentos.
No me gustan las estatuas de bronce. Los héroes enardecidos. Las botas militares. Las hojas arrancadas a un Apóstol por un “generalísimo”. Los “no nos entendemos”.
Apestan a militancia ciega. Trinchera de intransigencias. Altivez de comandancias militares y cuarteles. Apestan mucho a la Cuba que hoy todos conocemos muy bien, y que nos hace olvidar las lecciones de nuestra propia historia. La misma que Roig de Leuchsenring recordaba sobre el vapuleado y apaleado Zanjón:
“En el Zanjón no fue aniquilado el ideal de independencia, sino vencido el régimen absolutista establecido el año 1837. España reconoció la personalidad de Cuba al pactar con el Comité Revolucionario del Centro.”
Estas palabras no son frecuentes en la doctrina oficial del gobierno de Cuba. ¿Por qué?
¿Será porque hoy sí se habrá “aniquilado el ideal de independencia” del ciudadano ante un gobierno que ha convertido a su pueblo en una ruina?
A propósito del tema, el Padre Varela decía algo que hoy tampoco se recuerda mucho en los colegios cubanos:
“Ningún gobierno tiene derechos. Los tiene, sí, el pueblo, para variarlo cuando él se convierta en medio de ruina en vez de serlo de prosperidad”
Lo que ha llevado a la ruina en Cuba ha sido el espíritu “baraguense” transmutado en “zanjonero”, como despectivamente la historiografía castro-socialista nos la re-escribe.
Es un Zanjón lo que vivió Cuba en 1959, y no un Baraguá.
Es el espíritu zanjo-castrista lo que arrastra el cubano en sus calles y pueblos, y que algunos estampan con el romance de "revolución".
Depuso las armas. Entregó los brazos. Comerció con su alma. ¡Claudicó sin Pactos!
El Zanjón de la Guerra Grande no destruyó el espíritu patriótico del cubano digno, ni a sus héroes. Y España firmó el armisticio dejándole partir al mambí con su digna gallardía intacta.
El Baraguá de hoy no se la deja recuperar al cubano.
¿Quién aquí es el verdadero “zanjonero”?
¿Qué cosa es verdaderamente Baraguá?
En dos instantes muy diferentes de la historia, los caminos se descruzan y cambian de dirección. La historia repite la bofetada… y en esta ocasión, nadie puede reclamar ningún héroe.

3 comments:

Mario Riva said...

Hola Juan Martín,

Me imagino que sepas que sigo día a día tus artículos y los encuentro muy interesantes. Al punto que, a no ser en cuestiones militares, coincidimos totalmente.

Creo que en éste artículo quisiste decir Sagunto en vez de Maguncia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Sagunto

Cuando lo leas llegarás a la misma conclusión.
La historia no es como nos la cuentan, sino como nosotros somos capaces (estudiando mucho) de interpretarla.

Saludos

Juan Martin Lorenzo said...

Hola, Mario. Entiendo lo de Sagunto, pero hago referencia a aquellas repetidas veces que Castro menciono Numancia y Maguncia. Si buscas encontrarás que él se refiere a Maguncia en varios de sus discursos-torpedos de la 1ra parte del período especial. Gracias por leerme y comentar.

Un saludo

Mario Riva said...

Si, ahora que lo dices, lo recuerdo.