Sunday, August 3, 2014

Viviendo en la Luna

El sitio Café Fuerte publica una entrevista a Antonio Pacheco. Debí agregar “una patética entrevista” al nombre de la estrella del béisbol en mi país. Es patética, y triste aunque no mencione ninguna tristeza, ni ningún drama abismal, ningún dolor, ninguna tragedia mas allá de su escapada “a enseñar y a vivir”.
Se negó rotundamente a hablar de política. Los cubanos cierran los ojos, y la boca, y las manos, y las palabras. No quieren ni hablar.
 “De política no quiero hablar. No soy político. Lo mío es la pelota y enseñar. Vengo a trabajar acá, a enseñar y a vivir”.
¿Cuántos cubanos no dicen lo mismo?
Obvian lo que ya de por sí es política, decir que no se va a hablar. Y se habla. ¿Cuántos se auto marginan a sí mismos de este planeta? ¿Cuántos se niegan la pertenencia a un momento de este día, de este mes, de este año, del instante mismo en que se renuncia a expresar un pensamiento libre?
De eso se trata, sin lugar a dudas. De ser totalmente libres. Por eso se escapa del país, porque aunque se callen, y no quieran hablar de política, aunque acudan a palabras módicas su silencio los delatan, y hacen más política que cuando se niegan a hacerla.
Porque el silencio también es política.
A Antonio Pacheco un sargento político del diario “Trabajadores” – un diario que no trabaja para los trabajadores, sino para el gobierno – le impartió una amenaza escondida en una orden pública. Estableció requisitos para que no se convirtiera en “enemigo para su pueblo”, el pueblo de Cuba. Como si los que pudieran hablar de ese pueblo son los que escriben en un diario oficial, al servicio del gobierno. Los únicos autorizados a usar la voz popular.
Y Antonio Pacheco oyó la voz, y decidió callar.
No nos equivoquemos. Son muchos los que oyen esta voz, aun cuando no le escriban desde un periódico en La Habana, pero recuerdan que tienen que acudir, alguna vez, al Consulado Cubano en alguna gran ciudad del mundo, para pedir su salvoconducto de no ser “enemigo para su pueblo”, que es decir no ser “enemigo” para su gobierno. Un salvoconducto de sumisión, buena conducta, o silencio.
Ya saben, en las oficinas refrigeradas del Palacio de Gobierno la ley de transitividad entre pueblo y poder se cumple, con estricta lucidez desde hace cinco décadas.
Lo sucedido con Pacheco me hace recordar un poema de Jaime Sabines, sobre la Luna:

“Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.”

La poesía a veces, casi siempre, siempre, nos trae ese soplo de fantasía que destella una realidad cruel. El “aire de la luna” afecta a tantos cubanos que no quieren levantar su voz. Arrastran su soberbia y mastican la rabia impura de los agravios, pero callan. Y es parte de su culpa. Parte de esa carga de arrastrar el país y no asumirlo.
Callar.
Antonio Pacheco decidió vivir en algún otro lugar, y respirar a instantes ese frasquito que se esconde en su bolsillo izquierdo, con aroma de la Luna. Para olvidar.

“Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.”

La bondadosa cara de la memoria, de los años pasados, del país que dejaste, de los tiempos que fueron felices a costa de la infelicidad de algún otro. ¡Qué importa! Mirarás lo que quieras ver, y olvidarás lo que quieras olvidar.
Pero no se olvida, se renuncia.
Con cada instante de luna perdemos un trozo de país, un pedazo de tierra arrancada de raíz, flotando naufraga por el mundo, como la balsa escondida que se escapa en la noche, o como aquel velero que no encuentra su estrella en las aguas turbulentas del estrecho que separa nuestras dos orillas.
Si hoy estamos en el punto geográfico, la coordenada política y el momento espiritual de nuestro país es por nuestra propia sobrevivencia en la luna. Durmiendo sobre esa almohada que esconde la hoja tierna. Desechando el deber con nuestro futuro, o el de los demás. Sobreviviendo.
Es la culpa de vivir en algún otro país, con el aroma del frasquito de la luna.

“Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.”

1 comments:

PUÑETERO said...

Pero la ley de ajuste cubano es para perseguidos politicos,no para trabajadores temporales,y trabajo y lugares donde enseñar los tenía en Cuba de sobra,ya de hecho con esas declaraciones vasta para que lo expulsen de Usa o lo metan preso por mentir en emigracion