Tuesday, August 5, 2014

Recuerdos de un 5 de Agosto: Maleconazo

Imagen tomada por Karel Poort
Repasar imágenes no es como repasar recuerdos. Un día como hoy, hace 20 años, ocurrieron los sucesos conocidos como “El Maleconazo”, en La Habana. Algunos señalan la fecha como la primera gran “rebelión” contra Fidel Castro.
¿Lo fue aquel 5 de Agosto de 1994?
Cada cual puede repasar sus recuerdos, los que lo vivieron. Y cada cual puede tener también sus propias opiniones, para las cuales no necesariamente tienen que haber tenido la vivencia personal de lo ocurrido entonces.
Estas son las mías. Recuerdos y opiniones.
Lo más notable de aquel día era el estado febril de la calle. Era sábado. Regresaba de mi trabajo luego de una larga semana. Trabajaba entonces en el CIREN como informático. Y aquel día la dirección de mi trabajo decidió que regresáramos temprano a casa: dos horas antes de lo acostumbrado, que eran las dos de la tarde.
Temprano en la mañana tuve que ir a la neuro-villa, que era un área de casas, cita en 204 y 13 en Playa, para los pacientes extranjeros del Centro de Restauración Neurológica (CIREN). Alrededor de las 10 regresé al área clínica.
La primera señal de que algo no andaba bien me la dio la posta del CIMEQ: caras extrañas con fusiles AK en ristre, y los obstáculos que, usualmente, el ejército coloca en las entradas de las unidades para resguardar cualquier tipo de acción violenta. Se hace imprescindible explicar que el CIREN, la parte clínica donde trabajaba, se encontraba en el perímetro del CIMEQ, que es considerado una unidad militar del MININT, y por ello tiene postas militares en sus entradas. Por la que cotidianamente entraba era por la del parqueo: el camino usual de entrada al CIREN.
Aquel día me extrañó ver aquellas armas, los rostros desconocidos de los que la portaban  y, sobre todo, su nerviosismo. Inusualmente se tomaron demasiado tiempo en chequear mi credencial de trabajador del CIREN, chequeando mi rostro, la foto en aquel cartón plasticado y el nombre en el libro de entrada autorizadas. Inusual.
Solo entonces abrieron la reja, separaron algunos obstáculos de alambres y me dejaron pasar.
La entrada al parqueo normalmente contaba con la simple barrera de madera que interrumpía el paso. Y entrar era casi una rutina que ni los mismos guardias, a los que conocíamos muy bien, se tomaban el tiempo y el trabajo en pedirnos el pase. Entonces, barrera, puerta de hierro y obstáculos en la calle era totalmente una incongruencia. Mis pensamientos: algo pasaba.
Me recordaron los sucesos de cuando detuvieron a Hilda Molina. ¡Ese fue mi primer pensamiento!
Al llegar a mi departamento, en la misma entrada del CIREN, comenté lo ocurrido entre mis compañeros de trabajo que, inmediatamente, lo consultaron con una amistad en la biblioteca, usualmente bien informadas, y con el personal de Marketing. A los pocos minutos, todo el hospital “sabia” que ocurría algo, pero no sabíamos qué ni dónde. Presumíamos era en el Hospital.
No tuvimos que esperar mucho. A los pocos minutos alguien comentó que en el puerto de La Habana había grandes concentraciones de personas, y protestas y un grupo de personas había tratado de secuestrar una de las lanchas de Regla.
Eran las 11 de la mañana aproximadamente. Con seguridad no puedo señalar una hora exacta. Pero a las doce del día la dirección del CIREN decidió que debíamos regresar a casa. Y los autobuses partieron. Recuerdo que durante el trayecto un miembro del Departamento de Marketing, de nombre Sergio, nos fue relatando lo que había podido escuchar por la frecuencia radial de la policía. El Departamento de Marketing constaba con un equipo de radio para coordinar el traslado de pacientes extranjeros del aeropuerto al hospital. Aquel día, en cuanto conocieron las primeras noticias, buscaron la frecuencia de la policía y se pusieron a escuchar.
Y así se enteraron de parte del movimiento operativo de tropas, personal de apoyo e incluso incidentes en el muelle de Obrapía, que fue contando Sergio en voz alta por el camino.
Yo cogía el autobús en la primera parada, que era la última al regreso: la Fuente de la India, frente al Parque de la Fraternidad.
Lo primero que pude percibir cuando me bajé del ómnibus fue el nerviosismo evidente en la calle. La gente que se apresuraba hacia Prado, algunos corrían. En el Parque Central, las fuerzas especiales de la policía. No era inusual verlos, pero no a esa hora y en la cantidad que se veía. En la esquina de Neptuno y Prado me detuve antes de tomar el camino a casa, por Neptuno. Hacia el Malecón, y la Punta, no se veía movimiento de tráfico, pero sí mucha gente que, desde donde yo estaba, parecía que corría. Y allá, al final, una enorme concentración de personas, o al menos es lo que podía adivinar desde la distancia.
Sergio nos había comentado que ya en el puerto se habían registrado los primeros sucesos. No sé si es verdad, no puedo asegurarlo. Repito lo que en ese momento conocía. Lo cierto es que Neptuno era un hervidero, pero sobre todo se adivinaba que a la altura de San Lázaro y Prado era donde había más concentración de personas. No podía ver nada de la Punta, por los árboles y los muros del paseo.
Ya en la misma puerta de entrada al edificio de mi casa escuché el primer grito. La primera vez que oía, en mi vida, y en voz alta un “Abajo Fidel”, destemplado. Y otros vinieron. Un grupo de personas, hombres, algunas mujeres, corrían por Neptuno hasta Galiano. Gritaban algo sobre el Hotel Deauville, no entendí entonces qué. Y la primera piedra – no sé de donde vino – cruzó a centímetros de mi cabeza y se estrelló en el muro de la tienda de los bajos de mi casa. Unos centímetros más a la derecha hubiera roto el cristal. Unos centímetros más abajo y hubiera sido mi cubana cabeza la que hubiera sufrido el impacto.
Cuando subí a casa mi madre tenía las tres puertas que daban al balcón herméticamente cerradas. No hubo forma humana que lograra convencerla de abrirlas para saber qué pasaba. No más había entrado en casa, el sonido inconfundible de cristales rotos. Rompían el primer cristal de la tienda de divisas frente a nuestro apartamento. Gritos. Tumulto. “Abajo Fidel” se dejaron oír en los bajos. Personas que corrían.
Supimos por la vecina de al lado, a través de la ventana de nuestro tercer cuarto que se comunicaba con su traspatio, que lo peor estaba en San Lázaro y Galiano. Que habían roto los cristales del Hotel Deaville. Que por San Lázaro la “gente andaba como loca”, lanzando los contenedores de basura, y rompiendo los cristales de los pocos autos que se encontraban por el camino. Que habían atacado a la policía, y que la policía corría, huía del lugar.
Por Neptuno lo que oímos, a pesar de esos cristales rotos, y algún que otro grito de “Castro Maricón”. Así, destemplado y a toda voz, fueron las carreras de grupos de personas hacia Galiano.
Cuando pude salir al balcón, venciendo la protesta de mi madre, lo que más recuerdo es el bullicio de la gente. Los cristales rotos en la acera de la tienda de enfrente. Dos de los grandes cristales de la tienda de divisas habían sido rotos, pero no hubo saqueo alguno porque los empleados se armaron de palos y útiles, y defendieron lo que se encontraba en los mostradores y en el piso de venta. Eso fue lo que nos dijo más tarde uno de ellos, cuando le preguntamos desde el balcón. Ya para entonces había pasado toda la ola de violencia.
Pero, por encima de todo, el recuerdo más vívido de aquel día es la carrera gozosa de un grupo de adolescentes, muchachos y muchachas, que corrían hacia Galiano gritando que la gente se había sublevado allí, entre risas y bachata, como si todo fuera cosa de una gran fiesta.
Hoy no sé aún cómo interpretarlo. ¿No les importaba lo que ocurría, o les importaba y se les hacía gracioso? ¿Era su forma de expresar alguna felicidad o era sencillamente liviandad juvenil?
No lo sé. Los cubanos algunas veces, muchas, casi siempre, o siempre, hacemos de lo más serio un chiste, una broma, el centro de una sonrisa. O sencillamente la carcajada y la bachata.
¡La risa nos ha ayudado a vivir!
Hay personas que tienen otras vivencias y “lograron ver” la represión sobre los “sublevados”. Yo no vi con mis ojos nada de eso, estaba lejos de donde ocurrió, principalmente en San Lázaro y Galiano. Lo que sí algunos me dijeron fue, mucho después, que los mismos que rompieron las vidrieras del Hotel Deauville, o que presumiblemente rompieron aquellas vidrieras para hablar con propiedad, y gritaron “Abajo Fidel” se sumaron a los aplausos cuando horas más tarde, ya pasada la “rebelión”, los gritos y las pedradas, el dictador se asomó al lugar.
Hoy, 20 años después, las dos imágenes que más recuerdo de aquel entonces son los rostros de esos adolescentes riendo y gozando su carrera hacia el Malecón, y mucho después un grupo hombres, muchos de ellos sin camisa, y con una barras de hierro en la esquina de Neptuno y Galiano.
La vecina nos “informó” que esos eran del Contingente “Blas Roca Calderío”, que se habían aparecido como tropa de choque contra los “sublevados”.
A las cinco, ya todo había terminado y estaba en calma.
En la noche vi pasar muchos autos policiales por Neptuno, y la presencia fuerte de la policía se hizo sentir en toda la zona. Un compañero de trabajo me dijo que, alrededor de las 9 de la noche, había visto “pasear” por los alrededores de la Ciudad Deportiva tropas antimotines, y todo el equipamiento especializado para ese tipo de situación: tanquetas antimotines, carros jaulas, tropas en camiones con sus respectivos uniformes.
Entonces lo interpreté, si era cierto - y mi amigo era una persona de confianza -, como una callada advertencia. Muy típico de Castro en persona.
Desde lejos, ya con la frialdad de la lejanía, del tiempo y con más información de la que conocía en aquel entonces, todo parece muy distinto.
Muchos de los que han llamado al “Maleconazo” protesta anticastrista y reclaman como “rebelión” aquellos hechos, en mi sincera opinión, se equivocan.
Sí, los gritos contra Castro se oyeron. Nadie me los tiene que contar: yo los oí en los bajos de mi casa. Las piedras llovieron, una estuvo a punto de aterrizar sobre mi cabeza. Contenedores y basura fue regada por todos los alrededores de donde yo vivía: Neptuno, Galiano, San Lázaro, La Punta, Prado. Las fuerzas del “orden” casi por dos horas estuvieron como sobrecogidas por la violencia de la llamada “rebelión”. No sabían qué hacer, cómo actuar. Estaban, como decimos en buen cubano, apendejados.
Por Neptuno, quienes enfrentaron a los saqueos fueron los propios empleados de las tiendas que existían allí, y también en Galiano. Alguien me dijo que habían asaltado a policías por San Lázaro. La magnitud de lo ocurrido, para los que vivíamos en ese entorno, fue confusa. Porque por dos horas yo no sabía decir quiénes eran los unos de los otros. Y en realidad, aquellos supuestos miembros del Contingente “Blas Roca”, de los que me habló la vecina, y que yo vi con mis propios ojos, tenían todo el aspecto de gamberros con sus barras de hierro, sus palos y la falta de la camisa sobre su torso.
Esa es la realidad.
Mi pregunta hoy: ¿fue una verdadera rebelión popular contra Castro?
Mi opinión honrada: no lo fue.
Fue el cúmulo de frustraciones por no poder irse del país, es mi opinión.
Días antes se había corrido el rumor de que barcos norteamericanos se iban a acercar a las costas de Cuba. Y recuerdo que se había registrado el secuestro de una lancha de Regla en el puerto. No recuerdo si fue el día anterior, o mucho antes.
Hacia menos de un mes de los sucesos del transbordador “13 de Marzo”. Unido a un hecho previo con un barco de ferro-cemento en el Mariel, que muy pocos hoy recuerdan como antecedente.
En el puerto, y esto me lo contó entonces mi tío que vivía entonces en Regla, lo que provocó la primera chispa fue la suspensión de la lancha que hacia la travesía del puerto entre Regla y el muelle de Obrapía. Eso lo supo toda La Habana entonces.
Y fue a partir de ahí que comenzaron los sucesos, alrededor de las 11 de la mañana.
Fue, sencillamente, frustración por no poder irse del país. ¿Era eso una rebelión contra el gobierno?
Definitivamente fue una sublevación popular, pero nunca llegó a las características típicas que define una rebelión. No alcanzo la magnitud y la orientación de ser un movimiento de protesta antigubernamental contra la existencia de una dictadura. No se puede confundir el resultado de una frustración por alcanzar un objetivo, irse del país, con algo de un alcance político de mayor: derrocar un gobierno, que es esencialmente lo de que define una rebelión.
Los “Abajo Fidel” no pedían el “Abajo el Gobierno”. Esencialmente expresaban que Castro no les dejaba alternativa para escaparse, huir del país y protestaban por eso. Pero a nadie se le ocurrió marchar por San Lázaro hasta las oficinas del gobierno en Plaza y allí exigir su dimisión.
Fue ira, frustración expresada en destrozos, protesta espontánea, gritos, violencia y pedradas, y algunas agresiones a miembros de las fuerzas de seguridad. Sublevación, sí. Rebelión, no.
Si los sentimientos de frustración se hubieran convertido en sentimientos anticastristas, antigubernamentales, en contra de la dictadura, aun con la espontaneidad del momento, esa marea humana hubiera avanzado hacia la Plaza y la historia que hoy contaríamos sería muy diferente.
Lo que ocurrió fue que la marea pasó, se aplacaron los ánimos, las fuerzas represivas superaron el miedo y la incertidumbre que, con ninguna duda, los sobrecogió por dos horas.
Y actuaron.
Esa es mi opinión.
Por supuesto, sería muy alentador poder decir que hubo un 5 de Agosto que marcó el inicio de la caída de la dictadura. Lo que hubo fue un 5 de Agosto de frustración contra el proyecto de mucha gente por irse del país, no por ocuparse de sus propios destinos dentro del país.
Amarga lección que seguimos arrastrando veinte años después. Todavía hay muchos que no quieren darse cuenta de la triste diferencia y lo que significa.
Los cubanos no quieren a Fidel Castro, es cierto, pero tampoco quieren tumbar a Fidel Castro. Quieren irse de Cuba.
Esa es la lección última del 5 de Agosto, en mi opinión.

Nota: He escrito con anterioridad algo sobre lo ocurrido alrededor de estos acontecimientos. Especialmente un post titulado: "El remolcador de un país".

7 comments:

Karel Poort said...

Hola,

Linda historia personal! Sin embargo, una pequeña corrección: No sucedió el sábado, pero el viernes por la tarde. Me sé porque yo estaba allí e hice las fotos históricas, incluyendo uno arriba. Si usted también quiere las otras fotos (26) que me haga saber.

Saludos,
Karel Poort, Holanda

Juan Martin Lorenzo said...

Karel:

Un saludo. No sabia la foto era suya, yo no tengo ninguna de aquella etapa, desgraciadamente, solo tenía una vieja cámara LUBITEL qu, estando trabajando no la tenia en mi poder. Me interesaria, por supuesto, las 26 fotos restantes. Sobre lo del "sábado", quizás la memoria resbaló porque salí del trabajo a las doce del día. De todas formas, confío en la suya al respecto.

Por favor, hagame sabel el link o la forma de acceder a sus fotos. Me interesan mucho.

Un gran saludo,

Juan Martín

Karel Poort said...

Hola Juan,

Las fotos estan en la página de Facebook 'El Maleconazo 1994'. Scroll abajo (julio 2013).

https://www.facebook.com/ElMaleconazo1994?ref=hl&ref_type=bookmark

Un cordial saludo,

Karel

Karel Poort said...

O aqui:

http://desarraigos.blogspot.nl/search?q=maleconazo

Juan Martin Lorenzo said...

Karel:

Muchas Gracias. Guardaré las fotos. Una de las dificultades que tengo, a la hora de buscar imágenes sobre hechos que viví en Cuba, es encontrar testimonios reales, ajuténticos, de esos hechos. Se hace muy dificil en el caso de Cuba, donde hay mucha manipulación de todo tipo y de todas las partes, lo cual es una agonía intentando autentificar. Algunas de las fotos que encontre en internet, evidentemente, son tuyas, pero no dicen la fuente y al no tener una referencia directa pues desconfio. La que publiqué fue de las que, de manera personal, porque lo viví, encontré que resumía auténticamente el momento. Hay algunas imágenes que no las viví porque yo llegue a la zona alrededor de la 1:30 o 2, y los sucesos comenzaron, especialmente en la zona del puerto, alrededor de las 11 y después se extendieron por la zona de la Punta llegando a Galiano y San Lázaro hasta alcanzar Neptuno, aunque no tanto esa zona. He chequeado la fecvha, y sí, fue viernes. Mi memoria confundió el día probablemente porque nos liberaron del trabajo al mediodía, lo que era habitual los sábados. No recuerdo, sin embargo, haber trabajado aquel sábado. Hace ya demasiado tiempo de todo y los recuerdos se borran, por eso las fotos son un testimonio invalorable.

Un gran saludo, y muchísimas gracias por todo.

Juan Manrtín

Karel Poort said...

La causa de la sublevación en 5 de agosto: Secuestrado un transbordador en el bahia de Havana, un día anterior (jueves).

Saludos!

Karel Poort said...

https://www.youtube.com/watch?v=rBXlOxE70QI