Tuesday, August 19, 2014

Marioneta de Cambio

Ocho meses necesitó Mariela Castro para "confesar" que había sido la única, entre 612 'diputados' a la Asamblea Nacional de Cuba, en votar en contra de la aprobación del 'nuevo' código de trabajo.
¡Interesante!
Mucho más interesante: no lo dijo entonces. No ofreció a la prensa cubana, blogueros de ocasión oficialistas y periodistas extranjeros tan 'deliciosa' primicia. La primera vez que se registra sin que haya mitin de repudio un voto negativo en el Parlamento Cubano. ¿Es que eso no es noticia? ¿Por qué no acudió presurosa como cuando se “corrió”… como pólvora que había caído con el avión de Air Algérie?
Más interesante: no lo dijo en Toronto cuando asistió al WorldPride invitada a cocteles y pláticas gastronómicas. Al parecer, no convenía entonces decir que no apoyó el código laboral por el cual recibió un lindo conveniente premio de un sindicato canadiense... por ese código de marras.
¡Ya no sé cuántas veces Canadá va a servir de hazmerreir de turno de cuanto “pepe el grillo” existe en este mundo!
A estas alturas, diferido ocho meses, con el viajecito hecho, el premio embolsillado y la cobertura de prensa ganada en Toronto, pues vale ahora sacarle la tajada al otro reverso: confesar el 'pecado' de no haber votado por el premio. ¡Perdón!, por el código.
¿Que pretende ahora la Sra. Castro Espín?
¿Qué importancia tiene la confesión?
Mucha y nada.
Mucha, porque demuestra el oportunismo de conveniencia de personajillos como la delfina Castro, que es capaz de poner en ridículo a aquellos idiotas útiles que la patrocinan, por ejemplo, en Canadá.
Nada, porque  el rol de esta marioneta es servir de ficha de cambio. La gota de 'noticia' que sirva de titular adecuado a la ocasión. Ya hablaba en un post anterior de la conveniencia de ir limpiando el santuario Castro ante la posible desaparición del tio de esta fulana. De esto también se trata.
Mucho, porque lo que ‘defiende’ Castro Espín son cambios de afeites, no cambios de esencias. No se habla aquí de sindicalismo libre, de derechos esenciales de los trabajadores, de la independencia del obrero frente a las instituciones estatales. Puro maquillaje mediático, con la muy de moda aura gay.
Nada, porque precisamente de lo que se trata es de la conveniente puesta en escena del reformismo programado. La pregunta esencial es, ¿por qué ahora Mariela castro Espín “confiesa”? ¿Por qué no antes? ¿Por qué el silencio de ocho meses y la palabra gratuita de hoy?
A mí, personalmente, me recuerda el teatro japonés de marionetas, especialmente el teatro Bunraku, cuyas marionetas no están controladas por una sola persona manejando un grupo de cuerdas, sino por varias y son de tamaño casi humano, por lo que necesita de varios hombres para accionar cada parte de sus cuerpos. Las Bunraku son capaces de expresiones faciales y movimientos complicados en las manos, y de expresiones complejas de dolor y culpa.
¿Les recuerda esas marionetas a alguien?
Pues a mí me recuerda a esta señora, hoy, ocho meses después de su “debut” en la Asamblea Nacional donde nadie se atreve a oponerse a nada.
Me pregunto, ¿qué pasaría si alguien más que no fuese la hija del dictador de Cuba se opusiera a algo en esa Asamblea?
¿Estaría haciendo “el cuento” hoy en algún blog de algún ‘activista’ de ocasión… gay?
Mi respuesta: teatro Bunraku.
Pura marioneta de cambio.

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