Monday, August 25, 2014

Los Acuarios de la Diplomacia Cubana

Hace unos días leí unas declaraciones del ¿embajador? del gobierno de Cuba en Corea del Norte, en ellas se refería a aquel país como “un modelo para los progresistas del mundo”.
La primera pregunta que me asaltó fue, ¿qué entiende el Sr. “embajador” por progresista?
Decidí auxiliarme del muy oportuno acudir “Diccionario de la Real Academia de la Lengua”, y encontré esto:

Con ideas y actitudes avanzadas”, dice la referencia a la palabra en el conocido diccionario.
Y las preguntas comenzaron a surgir, entonces.
¿Es la actitud hostil, aventurera y suicida de ensayos nucleares, y amenazas a gobiernos occidentales y vecinos, de palabra y de hechos, una “actitud de avanzada”?
La hambruna creciente, la desnutrición de 40 mil niños menores de 5 años, la anemia permanente de un tercio de las mujeres en edad de procrear, más de 200 mil presos políticos en las peores condiciones de hacinamiento y represión, campos de concentración, un 20% de la población viviendo sin sistema de saneamiento que impida el contacto de los humanos con sus excretas, ¿son estas las  “actitudes avanzadas” para el embajador de Cuba en Corea del Norte?
Ninguna de estas cifras pertenecen a órganos de prensa ni de inteligencia de "imperialismos", las reportan organismos que están, para los creadores de “teorías de las conspiraciones”, las dictaduras de Cuba y Corea del Norte, y los tontos útiles como Dennis Rodman, fuera de toda duda: la FAO, el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), la UNICEF, la Organización Mundial de la Salud, entre otros.
¿O es que, bajo estas circunstancias, esos organismos se tornan en nuevos miembros del “imperialismo”?
Todas esas cifras contradicen al embajador cubano en Pyongyang, Sr. Germán Hermin Ferras, quien curiosamente muestra un contorno físico muy parecido a Kim Jong Un. Me pregunto si se alimenta de la misma dieta del "progresista" dictador.
Hace unas semanas, casualmente, terminé de leer "Los Acuarios de Pyongyang", un libro impresionante que les recomiendo a todos, escrito por un ex prisionero de uno de esos campos de concentración de Corea del Norte, Chol Hwan Kang, quien logró escapar hacia Corea del Sur vía China. Una aventura que muchos pagan con su vida, pero que él logro superar.
Se me hace difícil, casi imposible, elegir una anécdota, una historia, una declaración del libro de Hwan Kang. Todo él es un grito de dolor sobre Corea. Sin embargo, hay una pequeña reflexión que el coreano hace sobre el hambre que, por lo trascendente e intemporal, recoge toda la angustia y el desgarre de lo que el hambre, el verdadero hambre, provoca en el ser humano:
“People who are hungry don't have the heart to think about others. Sometimes they can't even care for their own family. Hunger quashes man's will to help his fellow man. I've seen fathers steal food from their own children's lunchboxes. As they scarf down the corn they have only one overpowering desire: to placate, if even for just one moment, that feeling of insufferable need.”
Tradución:
“Cuando tienes hambre, no te queda sitio en el corazón para pensar en los demás. Sucede incluso en el seno de una familia: cuando el hambre es muy fuerte, no eres solidario. He visto a padres robar de la escudilla de maíz que llevaban sus hijos al colegio. El ladrón se tragaba el cereal pensando en una única cosa: aplacar, aunque fuera durante unos instantes, esa sensación insoportable.”
Después de leer el libro, después de leer esas líneas que tanto me recuerdan los testimonios sobre los campos de concentración nazis, el “Diario de Ana Frank”, el “Archipiélago Gulag” o “Un día en la vida de Ivan Denisovich” de Solzchenitzyn, las memorias de ex prisioneros soviéticos, recuerdos de antiguos “concentrados” en las UMAP cubanas, me asaltan algunas dudas sobre la ignorancia, la poca instrucción social e, incluso, el esencial analfabetismo literario de este sargento diplomático cubano.
¿Sabrá leer?
¿Habrá leído alguno de estos libros en su vida?
Aparte de visitar el  zoo en la capital coreana, ¿se interesará por los miles de prisioneros que mueren de hambre e inanición en los Gulags de su hermano de gula Kim Jong Un?
Me imagino que entre su política gastronómica indiferencia por esos 200 mil prisioneros políticos, que refieren las organizaciones de derechos humanos y los organismos de la ONU, y la estrecha vigilancia que los órganos de seguridad de la Corea del Norte ejercen sobre todos los miembros del cuerpo diplomático, al señor embajador se le hará muy difícil conocer qué realmente ocurre por aquellos rincones del planeta.
Es patética la función humana que una figura diplomática tiene que ejercer en tales circunstancias, y en tales contornos sociales.
Sin embargo, la actuación onerosa de un embajador en situaciones tan delicadas como las del cubano en días recientes, enfrenta al ser humano que es con el ser político que tiene que ser y representar. Pero es el ser humano el que, en última instancia, debe decidir, por sí mismo, qué papel, qué rol, qué palabras debe expresar, en qué tono, el orden de los vocablos e, incluso, su precisa acentuación.
Es sencillamente un malabarismo lingüístico la profesión en tales circunstancias, pero una persona inteligente, y honrada, puede encontrar una solución de decencia como para preservar su nombre de la prevaricación pública.
El Sr. Germán Hermin Ferras no es esa persona.
Como ya dije, o es un ignorante, o un analfabeto, o su gula le hace repetir tópicos ante los representantes de un gobierno asqueroso. Me recuerdan esos peces que fueron falleciendo en el camino tormentoso del niño que fue Chol Hwan Kang, en camino a su destino horroroso: el campo de concentración Yodok.
Murieron en el camino a la muerte, o decidieron morir, o sencillamente no tuvieron otra opción.
Germán Hermin Ferras tuvo opciones, muchas más que la de esos peces del niño que fue Chol Hwan Kang en su camino hacia Yodok, pero decidió seguir a su personal campo de concentración y hundirse en las excretas que expelen, cotidianamente, el organismo social de este planeta en un lugar llamado Pyongyang.

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