Saturday, August 23, 2014

La Guitarra Náufraga

De pronto el país se detiene, los ministerios cierran sus puertas, los teléfonos se callan, la luz deja de existir en las linternas, la guitarra se rasga las cuerdas.
Todo se acabó, se perdió con la luz extinguida en un estudio de música con un nombre robado al hombre que murió por la libertad de Cuba. Al mismo hombre que le robaron el nombre, le castraron el ejemplo y le fusilaron la palabra en la Cabaña, por aquel otro de la estrella en la boina negra.
56 años La Habana se ha ido destruyendo y convirtiendo en parques con asientos de piedra, y viejos leyendo algún periódico que informa de planes sobrecumplidos, cultura multiplicada, papas y vegetales que inundan mercados, discursos y reflexiones que desbordan aquella boca desdentada del viejo alienista de las eternas plazas, encerrado hoy entre sembradíos de moringa e “investigaciones” agropecuarias.
Onán en tierra infértil.
A esta hora la guitarra gime la canción melancólica del que se olvidó del país, pero se recuerda del arpegio, las cuerdas del violín, sintetizadores y micrófonos. La melodía que no se puede guardar en un disco magnetizado para vender en el mercado por “incomprensiones” de burócratas.
Lo peor del ser patético y miserable es que pierde la noción de serlo. Algunas personas son tan falsas, la hipocrecia y los “olvidos” a conveniencia se han sembrado tanto en el centro de su universo, que ya no son conscientes de que piensan justamente lo contrario a lo que dicen.
¡Patético Silvio!
Rastrera Serpiente.
Ayer, años atrás, cuando no estaban comprometidas sus cuerdas, esa guitarra cantaba por los arpegios de hambre, las cadenas a la palabra libre y la libertad de la melodía sin compromiso.
Hoy no queda nada de eso. Se grita por un estudio, se olvidan los mercados vacios. Se grita por una cuenta eléctrica, se olvidan los miles de hogares que no tienen el vaso de leche para aquel niño que cumplió ayer siete años. Se clama por un naufragio musical, se olvidan los cientos de naufragios que la poesía ha tenido en casi sesenta años.
Poetas, músicos, escritores, cubanos. Balseros que cada semana se acercan a Honduras o Islas Caimán, ¿alguien de esas cuerdas ha tocado algún arpegio por sus naufragios?
Poetas, músicos, escritores, cubanos. Balseros que cada semana toman un avión con rumbo a Canadá, España o Islas Baleares, ¿alguien de esas cuerdas ha tocado algún arpegio por sus naufragios?
Poetas, músicos, escritores, cubanos. Balseros que cada semana abandonan la Amazonia de “Mais Medicos” o la Venezuela chavitizada “gracias” al castrismo, ¿alguien de esas cuerdas ha tocado algún arpegio por sus naufragios?
Un muy incisivo chiste húngaro de la época del estalinismo, por allá por los años 46-47, definía al Socialismo como “una lucha incesante contra una serie de dificultades que no existirían en ningún otro sistema”.
Sin ese sistema que condena al arpegio libre, la melodía sin compromiso y el verso sin sargento político, las dificultades no existirían, la canción sería escuchada, y regresaría la luz a las linternas, los teléfonos volverían a sonar con vida en los ministerios para abrir sus puertas al país, y el país, el país estuviera vivo… sin las balsas.

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