Saturday, August 9, 2014

Jalisco Park desde Canada Wonderland

Carrusel en "Planet Snoopy" en "Canada WonderLand" Foto: Juan Martín
Cada vez que regreso a "Canada Wonderland" no puedo dejar de recordar mi niñez y Jalisco Park. Sin Jalisco, sin el pequeñísimo carrusel atrapado en aquella esquina, mi felicidad de niño no hubiera sido completa. Por supuesto, nada en las dimensiones pueden hacerme recordar "Canada Wonderland" a Jalisco Park. Pero las dimensiones físicas no determinan el tamaño de los sueños. Especialmente de los sueños de los niños.
Jaslisco Park, el Connie Island y el pequeño parque de diversiones atrapado también en una intersección en Varadero, calle 30, un poco más allá, hacen una gran diferencia en la memoria de esa niñez feliz hoy, que soy un adulto.
Lo fui. Un niño no necesita muchas cosas para ser feliz. Unos padres cariñosos y comprensivos. Un pequeño juguete. Un racimo de amigos. Un libro. Una sonrisa. Una palabra cariñosa ante algún percance. Un carrusel.
Hoy Jalisco desfallece en aquel rincón de La Habana. Y el Connie Island lo vi caerse en vida. Levantado algunas veces, a parches. Resucitado otras a desgana, pero ni en la sombra de lo que fue. Y el parque de diversiones de Varadero también desfallece ante la majestuosidad del entorno de grandes hoteles.
Es como si al país lo hubiera abandonado la niñez y lo fueran a ocupar turistas canadienses que juegan golf.
Se construyen hoteles para turistas, y campos de golf para turistas, porque para el cubano el golf es algo exótico, que nunca realmente ha conocido ni puede conocer. Un ¿deporte? demasiado caro para su bolsillo. Inalcanzable, y no sólo por el bolsillo, también por la geografía turística de sus instalaciones que conspira de su posible presencia.
En un país donde la propaganda del gobierno dice de sus niños “somos felices aquí”, ¿cómo es posible que no se ocupen de parques temáticos de diversión? ¿Por qué tantos campos de golf y ninguno de diversión al alcance del cubano? ¿Por qué tanta preocupación por la risa del canadiense que visita y no del niño cubano que vive en su país?
"Canada Wonderland" no se hizo para el turista, se hizo para el canadiense, y el turista es bienvenido también. Los campos de golf en Canadá se hacen para sus nacionales, y el turista también lo visita, si lo desea. Las puertas están abiertas a su alcance, recordando una vez más que ese “deporte” es bastante caro con sus implementos. En lo personal, a mi no me gusta, pero es la variedad de opciones lo que demuestra el interés de un país por sus nacionales.
Los canadienses que visitan Cuba lo hacen con un sentido de apropiación del lugar, con ese sentimiento neocolonial, involuntario en la gran mayoría, pero presente en todos, de que lo que está allí, aquellas instalaciones de lujo, hoteles, campos de golf, restaurantes y discotecas, son para su bolsillo. Y no pertenecen a los cubanos.
Es neocolonialismo turístico.
Los levanta un gobierno que se preocupa del extranjero y se olvida del nacional. Ni parques ni Jaliscos para niños que, además, se conformaban con aquella minúscula esquina del Vedado, en La Habana, que hoy desaparece. Niños que, como yo, en aquel entonces desconocían otras dimensiones de juego, otras libertades de vivir, pero que eran felices con lo poco, los tres minutos de risa montado en un pequeño caballo de madera y yeso. Descascarado por la edad y el uso.
“Somos felices aquí” me recuerda ese carrusel brillante, en un parque inmenso rodeado de atracciones, confituras y dulces, refrescos y comida, risas y gritos de júbilo en las llamadas “montañas rusas” que pueblan "Canada Wonderland". Y quizás por eso mismo me monté en uno de ellos, y di mi merecida vuelta de adulto que regresa a su niñez. Sí, lo hice. Recordar es volver a vivir. Y recordé también la vieja montaña rusa del Connie Island de La Habana que tanto me recuerda el “Wild Beast” de "Canada Wonderland". Aquella vieja montaña rusa de Playa, cayéndose en pedazos, sin montar a sus alegres y reidores que la poblaron en algún momento pasado… de la historia.
Y me pregunto, con pícara maldad, sí, lo reconozco, pero justificada por años de inveterada indiferencia por ese gobierno que hace decir “somos felices aquí”, si también los parques tendrán que esperar la caída de esos que hoy detentan el poder para que, entonces, alguien se pueda ocupar de recordar que también los niños necesitan un campo que no se a de golf, sino de sanas y divertidas atracciones.
Como "Canada Wonderland".

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