Sunday, August 10, 2014

El miedo y la contestación

Un tal Tejedor de cierres de noticieros se queda en Miami. Desteje hoy, como Penélope ayer, sus palabras de entonces. A veces me he preguntado si quedan mortales que simpatizan con la mitológica Penélope, y también con su hornada de seguidores en nuestros tiempos. Al parecer, la mítica tejedora funciona como leyenda, y se hace virtud en algunas coordenadas.
Yo no puedo creerles.
Son demasiados. Si cada uno de esos que dicen haber sido, ¿cómo dice este “Tejedor”? , “contestatario”, lo hubieran sido realmente en Cuba, hoy tendríamos un entorno político diferente. ¿No creen?
Pero, siguiendo su homérica lógica, ¿dónde están las pruebas de sus polémicas y contestaciones? En un país que no promueve al ciudadano, condena la disidencia y aplaude al soldadito aplaudidor,  al héroe automático en la nave de Ulises, ¿cómo habrá logrado “escalar” hasta aparecer en un noticiero televisivo, aunque sea en sus “cierres”? ¿Cómo habrá logrado tener una “voz” en una emisora de radio, aunque sea en Ariguanabo?
No tengo nada en contra de los que se quedan en Miami. Y tampoco conozco a este “Tejedor” de polémicas vocacionales en la Escuela Lenin. Conocí mas de dos adolescentes que se reían de mitos y leyendas socialistas, y hoy viven un futuro próspero en sillas refrigeradas de instituciones estatales cubanas. Sus reidoras contestaciones de antaño no llegaban ni a los pasillos de la escuela y eran explosiones primitivas de adolescentes, vale aclararlo. Una de esas míticas Penélopes hoy es tejedora de leyendas en la Asamblea Nacional mientras, en su adolescencia “contestataria”, comparó la “japonización” de Corea, durante la invasión japonesa a la península en los 40, con la “sovietización” de Cuba en los 70. Lo hizo desde el fondo del aula de historia y el profesor de turno resulto ser tan indulgente y amable que sólo le recordó la importancia de tener, en ocasiones, en muchas ocasiones, la boca cerrada ante semejantes comentarios metáforas históricas.
La metáfora no sobrevivió aquella clase y hoy, posiblemente, si alguna vez se queda en Miami o en alguna otra coordenada, lo recordaría con quirúrgica precisión. Se olvidaría el resto de su historia silenciosa, por supuesto.
A este Tejedor la polémica lo llevo a la televisión cubana; a mi conocida, la elevó a miembro del Parlamento Cubano.
¡Vaya polemistas!
El reverso, o al menos el otro lado de este asunto, viene a ser la utilidad de estas entrevistas a estos actores de las conocidas “deserciones”, que no lo son. Cada vez que alguien se queda en Miami, cada vez que algún ex miembro de algo abandona una selección de cualquier ballet, un conjunto deportivo cubano, alguna agrupación musical o artística, los medios de la segunda ciudad cubana por excelencia se apresuran a la conocida “entrevista” donde el conocido “actor de cambio” expresa sus conocidas “Quejas estilo Penélope”.
¿Hasta cuándo? ¿Y para qué?
Son cientos, miles los cubanos que por los mismos motivos cruzan el estrecho, alcanzan las costas de islas Caimán, se embarcan por Honduras, cruzan la frontera por México o Canadá. Todas las semanas ocurre algo de este tipo, al punto de que ya es tópico hablar de Cuba y referirse a los balseros, a los “desertores”, a los que como este “Tejedor” desteje su tela diurna en alguna noche televisiva de Miami.
A la vez me pregunto, y le pregunto a estos que destejen viejas fórmulas, ¿no sería más humano y comprensible decir que fue por miedo que no hablaron ni hicieron nada?
Después de todo, el miedo es un sentimiento humano comprensible, pero la mentira hipócrita que oímos cada vez en estas absurdas entrevistas como respuestas no describen válidos argumentos, y mucho menos sentimientos que se pudieran creer con benevolencia, y sí patéticas justificaciones reprobables.
En un país que castiga la disensión con pelotones de “fusilamiento contestatarios” de castricidades frente a disidentes y opositores, que les han lanzado huevos de los que carecen, piedras de las que abundan, y embadurnado con estulticias castrenses de las que le sobran las paredes de sus casas, el miedo es un hecho más real y cotidiano que la protesta, la contestación y el debate público.
El miedo es real en Cuba, la protesta es ficticia, sirve de crédito necesario para el “Resume de Miami”, el currículo necesario para escalar una posición en el mercado mediático de la floridana pequeña Habana, pero no para la verdad de lo que sucede en La Habana.
Yo puedo comprender, e incluso creer, que este tejedor recuerde miedos que tuvo: a perder el empleo, la voz en la radio, la aparición en el cierre de algún noticiero, el salario devengado, el temor a piedras, a citaciones en estaciones policiales, e incluso a la posible salida vacacional por algún tercer país para llegar a Miami.
El miedo es como ese grito silencioso de Munch: lo conocemos todos los cubanos, aunque sea silencioso, mudo y no se oiga claramente en las calles.
Lo de la contestación es el cuentecito mítico de Penélope a la llegada de Odiseo.
¿Se lo creería si fuera el héroe griego?

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