Saturday, July 26, 2014

¿Un guiño prosoviético?

Confluyeron el 26, Artemisa y un antiguo ex jefe de la KGB cubana. La celebración no tuvo la fanfarria de los tiempos del castrismo original, tampoco el general-presidente-dictador habló una palabra. Si algo hay que resaltar de lo ocurrido es, precisamente, lo no ocurrido.
Raúl Castro cedió el lugar a una vieja figura de seguro ADN pro soviético, Ramiro Valdés. Como él, pero diferente.
¿Cómo entender este guiño?
Dos posibles respuestas se pueden aventurar.
La primera es que no había nada que anunciar. Ninguna “reforma” ostensible y apresurada a la vista. Nada que la prensa internacional pudiera digerir en titulares. Todo sigue su curso, pausado, controlado. Lo significativo es que la típica ritualidad de esta fecha se ha ido diluyendo, como si se intentara, a pasos lentos y precisos, eliminar. ¡Quién sabe!, a lo mejor en años futuros ya ni exista este ritual 26.
¿Símbolo de los tiempos?
La segunda respuesta, muy plausible teniendo en cuenta las características intrínsecas del  que hizo la alocución, es que sea un necesario guiño pro soviético después de la visita de Vladimir Putin. Después de todo, Valdés y el ruso comparten una vieja pertenencia a un mismo órgano de vigilancia y represión: G2 y KGB.
Se puede alegar que el “comandante de la revolución” Valdés es artemiseño, el único sobreviviente de aquel golpe cívico-militar frustrado, y del organismo de represión física saltó al organismo de control cibernético en Cuba. Y de eso habló, por supuesto. Pero las coincidencias en espacio, tiempo y personas no son casualidades en una dictadura, y mucho menos en el oficio del castrismo.
En Cuba hablamos de causalidad, pero no casualidad. Lo ocurrido hoy fue sólo un “piropo” para que no se equivoquen con los “cambios”. Todo sigue igual.
Repitió, eso sí, y para no cambiar el libreto, aquello de que hay que “consolidar el socialismo próspero y sostenible”. Viejas palabras, sin contenido real alguno. ¿Quién hoy cree en ellas?
¿De qué “prosperidad” se puede hablar en Cuba mas allá de la que disfruta la oficialidad?
¿O es precisamente esa la que hay que consolidar y sostener?
Es difícil dirimir, poder atrapar en su totalidad el discurso y la gestualidad de lo que ocurrió hoy. Pertenece a una época que desaparece ya, y el discurso, la simbología y los significados se diluyen y pierden sentido. Sobre todo porque ya nada de eso lo tiene. Ya no saben qué inventar, qué vocablos usar, qué palabras repetir en un “socialismo” que ya no existe.
¿Alguna vez existió?
En mi modesta opinión, se quiso hacerle un guiño a los tiempos. Decirle a los que quieran entender que no hay nada, por hoy, que anunciar. Y a la vez, recordarle a los “molestos” del momento que NADA HA CAMBIADO.
Un guiño “transitivo” de la era pro-soviética a la era poscastrista.

Nota: La Foto fue tomada de la Fotogaleria de "14yMedio" titulada "26 de Julio en Artemisa"

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