Friday, July 25, 2014

Ningún 26

No debió existir ningún 26. No debió existir la confianza en ninguna palabra en aquel hombre, innombrable hoy, desaparecido de la Cuba real. No debió existir ningún movimiento sustentado en el terror, las bombas en La Habana y los juicios sumarios en “La Cabaña”.
Pero existió un pueblo que gusta de caudillos, oye promesas vanas y entrega las llaves de su voluntad a algún otro sinvergüenza, con palabra dulce, astucia bandolera y mano de hierro.
Sin amigos. Sin familia. Sin palabra que no pudiera violar.
Y así aquel 26 que no debió existir es hoy el símbolo de la destrucción de todo: voluntad, espíritu, pertenencia.
La Habana del 26 de Julio de 1953 quemaba banderas americanas y nunca le quemaban a ella la suya propia, símbolo de nuestra nacionalidad.
El 26 que en aquel lugar se celebra, ¿Artemisa?, pero puede ser cualquier rincón de esa isla que navega en balsas hacia algún otra coordenada del planeta, ese 26 también significa que la historia cambió, para mal. La isla pasó de ser agarrotada y se “transformó” en garrotera. En muchas otras “ínsulas” sur-continentales celebrará mañana esa “transición”.
No debió existir ningún 26, y no tendríamos esas imágenes desgarrando Venezuela, o Bolivia, o cualquier otro lugar. Recordando que Cuba no está allí, ni en su espíritu, ni en su esencia, pero está un mercenario vestido con esos colores, invadiendo, llevando lo único que sabe hacer con eficiencia: exportar destrucciones, represión y silencio.
El Carnaval de Santiago se paralizó aquel día, para siempre. Ya no hay carnaval en la “ciudad rebelde”, tampoco hay rebeldía.  Andrajos verde olivo se convirtieron los “festejos”.
Ningún 26 debió existir para derrocar una dictadura en aras de alguna otra, con otro color ideológico, y alguna otra lógica también más rapaz.
Se acabó el imperio del corazón, comenzó a vivir entonces el de la exclusión y el miedo.
Esa bandera que se quema en Venezuela debió ser la de aquel 26. Aquel símbolo sí representa la sangre, la dispersión y el robo, de lo más fundamental,
¡De la Libertad!

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