Monday, July 28, 2014

Medicina y médicos cubanos: la caída de un mito

Acabo de leer una carta publicada en un sitio Ghanés del estudiante de medicina en Cuba Forouk Adams donde explica, de manera sucinta, las vicisitudes de los estudiantes ghaneses que cursan esa profesión en Cuba. No se trata aquí de abordar los problemas, debería decir los muchos problemas, que los estudiantes extranjeros, como los ghaneses, tienen que enfrentar en la isla. Desde el no envío de los prometidos estipendios con que sus gobiernos negociaron su presencia allí, hasta las “normales” circunstancias que enfrentan los cubanos, sus colegas de estudio.
Entiéndase: “normales” en un país que hace mucho no lo es.
Sus colegas cubanos tienen a sus padres y sus familias allí, más toda la inventiva de la sobrevivencia nacional de la que carece un extranjero en un suelo extraño. Los estudiantes pakistaníes, casi un año atrás, denunciaron los mismos problemas, y hasta hubo un intento de alzamiento donde intervinieron las fuerzas especiales de la seguridad.
De nada de eso quiero hablar aquí. Me detendré, sin embargo, en un punto de la carta del Sr. Adams:
“When we come home poorly trained, we are going to attend to the average Ghanaian, who through no fault of his, doesn’t have to opportunity to choose his doctors. (TRADUCCION: Cuando regresemos a casa entrenados pobremente, iremos a atender al Ghanés promedio, quien sin ser su culpa, no tiene la oportunidad de escoger sus médicos)”.
Las dos palabras claves aquí son: “poorly trained”. Entrenados pobremente, o mal entrenados. Escoja Ud. su par, es lo mismo en el significado.
Los que estamos activos en las redes hemos oído términos similares en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros lugares donde el gobierno cubano ha enviado su andanada de médicos como mercancía… gracias al mito de la medicina cubana.
Cada día, sin embargo, el mito sufre los golpes de la realidad y le desgarra su ficción.
Recientemente, por ejemplo, y hablando de estos mitos, un artículo del Diario de Cuba daba fe de cómo un grupo de científicos cubanos cuestionaban la eficacia de un medicamento para curar el cáncer, publicitado a bombo y fanfarria en internet por LABIOFAM. Y los cubanos sabemos, todos, aquí no se queda ni el gato libre, que con la exportación de nuestros médicos, muchas veces los mejores, a través de los proyectos de “colaboración” – llámese mercantilismo, que es la palabra apropiada – con los países del “eje bolivariano”, el sistema cubano de salud ha entrado en crisis.
¿Alguna vez estuvo dejó de estarlo?
No lo creo, de todas formas hoy se agudiza. Y aquí viene lo que de mito ha ganado la medicina cubana, y también sus médicos. Creo todos recordamos aquella película del gordo oportunista Michael Moore, “Sicko”, donde se documentaba la “asistencia cubana” a los rescatistas del 11 de Septiembre. Moore y su carga de oportunismo recorrieron lo selecto de la medicina cubana para los extranjeros.
Pero no recorrieron la medicina del cubano común. No recorrieron Cuba, recorrieron la parte selecta de esa Cuba que el gobierno cubano siempre muestra, con meticulosa selección, al visitante. Esa es la realidad.
Sin embargo, existe otro lado del rostro de los médicos y la medicina en Cuba… y de cualquier parte del mundo.
Desde hace 14 años vivo en Canadá. Conozco el sistema de salud canadiense, lo he tenido que “sufrir”, vivirlo el día a día, pagarlo con sus tasas, temerlo. Cinco horas esperando en una de esas salas de emergencia para ser atendido por un médico que no sabía interpretar un “rayos X” de mi mano izquierda, en una de las múltiples computadoras del complejo hospitalario, me han hecho pensar en aquellos salones desvencijados de Emergencia del “Calixto García” en La Habana.
Dejemos claro: no existen similitudes en confortabilidad y en tecnología. Pero la asistencia, madre mia, me recuerda a La Habana.
Incidentalmente en aquella ocasión, el médico que me chequeaba la radiografía tuvo que llamar al técnico para que se lo explicara y, ¡Dios Bendito!, frente por frente a los dos estudiantes de medicina que atendían su entrenamiento de ocasión. No recuerdo que ningún médico en Cuba tuviera que acudir al técnico para interpretar una simple radiografía de un esguince.
¿”Poorly trained”? Preguntaría el estudiante ghanés. ¿Acuden ahora a los técnicos con estos “malos entrenamientos”?
No es un “mito” canadiense. Lo viví en el 2005, cuando resbalé montando bicicleta en el verano, con la arena esparcida en la calle. Y en el 2007 tuve un accidente de tránsito que me costó la fractura del hombro izquierdo, dos costillas traseras y una costura de siete puntos sobre mi oreja derecha.
¿Quieren otra anécdota interesante?
El médico especialista que me atendió el hombro izquierdo “no detectó” la rotura de mis dos costillas – la 7 y 8, parte trasera izquierda, cercana al hombro fracturado -. Quien me reportó el “hallazgo” fue la fisioterapeuta en los dos meses de rehabilitación, en el mismo hospital.
Y en Canadá la tecnología se derrama en nuestros hospitales. Digo más, los médicos no escatiman usarla para cualquier dolencia. Acuden a ella, son absolutamente “DON NADIE” sin ella. Sin tecnología, aquí, en este país frio, del primer mundo y uno de los referentes de Michael Moore en su “Sicko”, como también lo es Cuba, un médico es una hoja en blanco en uno de esos libros de textos que, una vez, le vi abrir y consultar, delante de mis mismos asombrados ojos, a una médico canadiense en un consultorio de familia.
De más esta decir que deje a la bonita médico, y al consultorio con su libro abierto.
Cuba tiene un retraso de tecnología en el sector médico de más de dos décadas. Es la desnuda realidad. Los hospitales para el cubano común son una vergüenza. Los mejores médicos o los mercantiliza el gobierno con sus “intercambios” utilitarios, importándoles un “comino” la suerte de sus nacionales, o sencillamente huyen, despavoridamente de Cuba, porque se mueren de hambre en un país que no les paga su honrado y esencial trabajo.
Los esquilma.
Y entonces, Ud. puede encontrarse en esas salas de emergencias estos estudiantes tercermundistas de Ghana o Pakistán, en su “entrenamiento pobre”, o algún otro cubano que tiene que suplir la carencia de los otros intercambiados por billetes políticos a Brasil con “Mais Medicos”, o a Venezuela con “Barrio Adentro”.
Yo he encontrado excelentes médicos cubanos en muchas partes, incluso en Cuba. Conozco una pareja que tuvo que irse de Toronto a Alberta para poder ejercer allá su profesión, y sólo elogios los colman. Mi médico de cabecera, un canadiense, admira el ansia de conocimientos y la profesionalidad de los cubanos que conoce. Me lo ha dicho más de una vez.
A mi madre la operaron de cataratas, con esa vieja tecnología cubana, una excelente doctora hace ya mucho tiempo, en la misma Cuba de hospitales achacosos. A mi abuelo materno un simple médico de familia le pudo detectar, en un estadio temprano, un cáncer de pulmón para operarlo a tiempo… sólo con una placa de “Rayos X”, de esa que el médico canadiense, profesor y entrenador de alumnos, no me supo interpretar.
La conclusión de todo esto, sin embargo, es un poco más complicada. Mi primer jefe de departamento cuando me gradué en Cuba me dijo, una vez, que los médicos eran “una suerte de término medio entre el aprendiz de brujo y el artista”, en el buen sentido de los términos. No se me olvida esa frase.
Quien tiene el “aura”, el deseo, la vocación de ser medico de corazón, se levanta sobre dificultades y lo es. La tecnología sólo puede confirmar lo que un médico sospecha, supone, o piensa de una patología en un paciente. Un muy útil instrumento auxiliar.
El gobierno de Cuba olvida que el médico es el alma imprescindible de todo sistema de salud. El gobierno de Canadá, o sus instituciones de salud, creo le prestan demasiada fe a la tecnología.
Los dos casos de “Sicko” funcionan mal en el área de atención a sus nacionales: en la destruida Cuba, y en la tecnológica Canadá.
Si el gobierno de Cuba se “deshace” de sus mejores profesionales de la medicina a través de su mercantilismo, o pagándoles mal y empujándolos a que escapen del país, o sencillamente porque no oye sus quejas, sus reclamos y sus necesidades imprescindibles de vivir una vida honrada y fructífera, aquellos médicos de los que he hablado en líneas anteriores dejarán de existir.
¡Quizás ya no existan en Cuba!
Yo dudo que no los haya. El talento y el amor a una profesión no se cosechan con ideologías. Los sistemas de salud que se centran en la política, Cuba, y en la tecnología, Canadá, destruyen la esencia de la medicina: el médico.
Los médicos y los maestros son dos profesiones esenciales en cualquier sociedad, del tercer y del primer mundo. La vida espiritual y física, material de un país, depende de ellos.
Los “malos entrenados” ghaneses retornarán a su país. Atenderán a ese paciente medio que no puede alistarse en un avión y atenderse en el “Monte Sinaí”, de Nueva York, Estados Unidos, o en el de Toronto. Los nuevos médicos cubanos seguirán siendo tuercas de compromiso político en cualquier lugar, gracias a las directivas oportunistas de su gobierno, y mientras este exista.
Y Cuba seguirá exportando un mito… que ya no existe.
Nota: Sala de Emergencia del Hospital “Trillium”, Mississauga, Ontario, Canadá:
El Departamento de Emergencia del Trillium es el más grande de Canadá, ofreciendo asistencia a 110 mil canadienses cada año.

1 comments:

Joy AB said...

Me gustó mucho su artículo, sobre todo porque habla de las "dos caras de la moneda". Definitivo que lo ideal sería tener la tecnología necesaria y a la vez médicos preparados, y sobretodo, con vocación. Pero quizás estamos ante una utopía que no perdemos esperanzas se cumpla. Saludos.