Sunday, July 6, 2014

Los Patriotas del Brete

¿Se han preguntado ustedes cuál es el origen de los “actos de repudio”, del “brete” supuestamente “ideológico” entre cubanos?
Según una de las acepciones del Diccionario dela Real Academia Española, el brete es el “cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía a los reos en los pies para que no pudieran huir”.
En el siglo XIV el término “brete” era el nombre de una trampa para cazar aves. Posteriormente pasó a designar el cepo de hierro que se colocaba en los pies de los presos, a modo de potro de tortura
Según Miguel de Unamuno el brete “… es el cepo prisión estrecha de hierro que se pone a los reos en los pies para que no puedan huir”.
En su “Tesoro de la Lengua Castellana o Española” Sebastián de Covarrubias definía el brete como “… vocablo español antiguo; vale lo mismo que potro”, y aclaraba a continuación que “potro” es: “… cierto instrumento de madera para dar tormento”.
Como este:
No sabemos qué cosas y acciones ponían a Covarrubias en un “brete”, pero sí sabemos que para Unamuno era que le invitaran a un banquete. Resulta que el gran español comía como un pajarito. Pero para el cubano, de acuerdo a la Academia Española, el “brete” es una “discusión acalorada entre dos o más personas”, aparentemente.
¡Pues no! Es algo más.
En un solar cubano, y ya todos sabemos qué cosa es un solar, que no es precisamente esa “casa de vecindad” que refiere modestamente la Academia, el “brete” se puede formar por una simple bacanal alcohólica entre compinches, o el robo de alguna pieza de ropa tendida en algún lugar común, o el simple “chisme” entre rivales, ya previamente indispuestos.
En un solar cubano lo primero que se evidencia es la falta total de privacidad de la vida, la carestía de toda norma de respeto y convivencia, el bajo nivel de vida de las personas, sujeto del posible y futuro “brete”.
Los solares abundan en La Habana, en cualquier municipio de esa gran ciudad y el país, desde que las normas de convivencia y respeto comenzaron a ser violadas en 1959, se ha convertido en “un gran brete”. El solar cubano hoy lo delimitan las aguas del mar Caribe. Hay generaciones de cubanos que no conocen otra forma de vida que esa soliviantada manera de convivir con el prójimo. Y así “navegan” a su futuro.
Golpean el tablero de dominó en el medio de la calle a las dos de la mañana, en medio de una “olorosa” discusión con etílico aliento, y mientras el conveniente policía esquiva la mirada hacia algún otro lado, quizás mirando la “jinetera” de ocasión. Tocan el claxon sin misericordia en cualquier momento del día, o de la noche. Instalan el gigantesco equipo de música en un balcón para que el vecino, con otros gustos musicales, no pueda escuchar su propia música. Peleas entre mujeres celosas, golpes y palizas entre el marido o pareja de ocasión en alguna esquina, por cualquier noctámbula disensión misógina.
El solar es el corazón del “brete” cubano, pero no es su teatro natural. Al menos no lo es desde 1959, cuando el centro del “brete” social se trasladó a la esfera ideológica y se convirtió en política de estado, en tribuna “patriótica”.
Hoy Cuba es un “brete” constante. Hemos tenido “Jefes de Estado” que insultan obscenamente a otros, como hace una “negrita chancletera” con una “blanquita chismera” en alguno de esos solares que le hablaba, convirtiéndose de hecho en “Comandantes en Brete”.
Hemos tenido, y seguimos teniendo, la exaltación “patriótica” del brete frente a embajadas peruanas, casas de futuros emigrados, disidentes y poetas de pensamiento independiente. Tenemos una música “bretera” que desgarra, desde altavoces, a opositores pacíficos acorralados por muchedumbres en su “patriótico brete” frente a sus particulares casas.
Y tenemos esta combinación “ideológica” malsana que se exporta y se convierte en códigos de palabras, en sitios virtuales en internet, en chismes y aspavientos conjeturadores. Trincheras solariegas trasladadas desde La Habana a una ciudad virtual, colmada de gritos, obscenidades, vulgaridades y ritos sexuales tropicales.
Generaciones de cubanos han emigrado del país y se han llevado a rastras el “patriotismo del brete” a otras partes. Lo han convertido en “argumento político”. Lo defienden a mansalva en redes sociales y muros en Facebook. Lo transforman en consignas de “derechos” de inciviles deslegalizados.
Son estos los “patriotas del brete”, que se han llevado a Cuba a cuestas, que la reclaman con la celosa saciedad de la vecina a quien le han “metido los tarros” en el solar habanero, y sale con chancletas y rolos a reclamar su “propiedad” en alguna cama ajena. Han metabolizado ese castrismo y lo han convertido en libros, obsesiones y versos. Poetas del vulgarismo. Intelectuales de la desfachatez.
No respetan a nadie y reclaman derechos de opinión, invadiendo la privacidad y la convivencia civilizada. Se han traído el solar castrista al mundo democrático, sin admitir una crítica, como lo hace la “negrita chancletera” o la “blanquita chismera”.
Se creen patriotas, blasfemando. Se han apropiado de Cuba sin vivir en ella, y olvidando algún pasado. Quizás hoy forman tanto ese “brete ideológico” porque allá, en algún instante del “brete” de sus vidas, en aquel solar nacionalizado, formaron y crearon algún otro, a favor del Comandante en Brete.
¿Y nos preguntamos por qué existen los actos de repudio y por qué siguen existiendo?
Por acá también los hay. Se siguen exportando en masa, en balsas y aviones trasatlánticos.
Para esos “patriotas del brete” lo único importante es el ruido, que se oiga su voz, que recuerden algún nombre. Es el golpe de la ficha de dominó sobre el “tablero” de internet. La estridente cadencia de un reggaetón vulgar en una bitácora cubana. El claxon ensordecedor en un “tweet” grosero. El grito soez, el improperio sexista, la mentira endulzada.
El solar virtual.
Cuba no les importa, les importa su propia “chismería” emigrante, para hablar en términos de solar, como tanto se habla en La Habana y por muchos otros sitios virtuales.
Y es así como el acto de bravuconada ideológica, que se agolpa frente a opositores y disidentes, se convierte en esta algarabía desprestigiada de gritos, improperios y voces en que se centra una gran masa de exiliados, y una gran masa también de opositores.
Nadie está libre de la enfermedad del “brete”, ni los santos varones de alguna iglesia.
Decía Ortega y Gasset:
“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera”
¡Cuánta verdad!

1 comments:

Anonymous said...

Esa es la pura verdad. El brete y los actos de repudio son parte de esta orilla también.