Wednesday, July 30, 2014

Lógica… ¿entre rejas?

Con el transcurso del tiempo se nos va de la memoria los años pasados en Cuba. Nos acostumbramos al nuevo clima, a las nuevas sensaciones y estaciones del tiempo, a la belleza del otoño con sus anaranjados colores intensos, y la blanca y cristalina belleza de la nieve… sin contar con el frio y las bajas temperaturas, por supuesto.
Cuba tiene una belleza natural, permanente, de verano. No se inmuta con los cambios de estaciones. No existen. Es verde todo el año, e inmutable, y se nos hace aburrido a los cubanos. En cambio, Canadá goza de las establecidas cuatro estaciones, y ese cambio súbito de una a otra trae sus particulares bellezas, y también sus inconvenientes.
Por supuesto, esto es para un cubano que ha vivido una parte de su vida en un clima inmutable, bajo el intenso sol de un trópico indolente y el verdor eterno de los árboles. Para los canadienses, quizás, suceda lo contrario. Anhelan el verde, el calor, lo inalterable de la naturaleza.
Pero no es de las diferencias climáticas, ni de las estaciones del año de lo que quiero hablar, sino de esa foto que hoy me trae los años pasados a la memoria, algunos que ya se me olvidan. La tomé “prestada” de un post de 14yMedio que habla sobre las fuentes “secas” en La Habana.
Y también me trae a la memoria la ilógica que en la mentalidad del cubano, o al menos de la oficialidad cubana, permanece inmutable, como el verde de las hojas en los árboles en la isla.
¿Verde Olivo?
Bromas aparte. Usualmente en verano, y también en invierno, en vez de irme hacia Toronto, esquivo la muchedumbre de la gran ciudad y me voy a Mississauga, una excelente ciudad al oeste de Toronto, quizás más lejos de donde vivo. Pero, a cambio, gozo de la tranquilidad, y la serena presencia de la que ha sido reconocida esa ciudad como la más tranquila, y de menor índice de criminalidad en Canadá. Y también con lugares muy hermosos.
Y aquí, en este parque amplio, con esa fuente enorme “lloviendo” fresca agua de sus contornos, me paso el día con mi familia, y mientras unos juegan con el agua, yo abro mi iPad y leo el libro que aún permanece a mitad, o comparto alguna foto de la tranquila belleza que me rodea. Lo mismo hago en invierno, cuando me llego los fines de semana a este mismo lugar, y a esta misma fuente convertida en pista de hielo.
Y al contraste de estas dos realidades es que me pregunto, ¿por qué en mi país tienen que encerrar entre rejas las fuentes, y los parques, y todo lo que se remoza y restaura?
¿Por qué se imponen leyes absurdas que impiden que los niños, los ancianos, o cualquier persona puedan refrescarse en sus aguas?
¿Qué hay de malo, criminoso, perjudicial que un viajero, o algún pasante por esta Plaza Vieja en plena Habana, quiera hundir sus manos en el agua fresca de un día tórrido de verano y refrescarse su rostro?
Las fuentes están en las ciudades para refrescar la ciudad…pero, primero que a todo, a sus habitantes. No tiene ninguna lógica encerrarla entre rejas, o dejarlas secas.
No entiendo tampoco la dichosa lógica, que expone esa persona en el post de 14yMedio, que dice que “es una indisciplina social” que un niño retoce con el agua de una fuente pública. Para eso existe la fuente, esa es su razón de ser. No es un simple ornato citadino.
La ilógica razón de preservar un servicio público, como es una fuente, encerrándola entre rejas por la supuesta “indisciplina social” de los ciudadanos de un país, es la lógica absurda de los burócratas que no entienden, o no quieren emprender la labor, precisamente, de educar al ciudadano en el respeto y el buen uso social de los servicios públicos, como el que tiene una fuente en un parque.
Muchos cubanos emigran de Cuba, de la propia Habana para Toronto, o Mississauga, de donde son estas fotos, o North York que es donde yo vivo – y otros lugares de los alrededores. No he oído a ninguno que se queje de “indisciplina social”, durante los días sofocantes del verano, de las personas que como ese señor se refresca caminando descalzo por la fuente.
¿O es que llevo ya demasiado tiempo viviendo en un país como Canadá, y se me olvidó la “lógica” entre rejas de la Cuba tropical?
No lo creo.
La libertad no se alcanza encerrando entre rejas lo que es del disfrute público… para supuestamente mantener la belleza, o cuidar la ciudad. La libertad real se alcanza educando a cada ciudadano en compartir esas bellezas, disfrutarlas, y cuidarlas con amor y bondad.
Las rejas no imponen disciplinas, sino lo contrario, prohibición, que es la antesala de la indiferencia y que potencia el irrespeto. Esas rejas de la Plaza Vieja describen un país que discrimina a sus ciudadanos del placer de un servicio público, en beneficio de una belleza inexistente, inmutable.
Y, probablemente, y con mucha seguridad, para el disfrute “estético” de la foto del extranjero turista… ¿canadiense?

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