Saturday, July 5, 2014

El “cubanismo” castrista en la lengua castellana

A veces detenerse un minuto en los giros idiomáticos del discurso oficial cubano puede darnos una idea exacta de cuál es el estado de ánimo en que se encuentra el régimen, especialmente sus jefes inamovibles. Este es el caso de las últimas palabras de Raúl Castro en la sesión del sábado de lo que, allá en la isla, se hace llamar la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Empecemos por aclarar qué cosa es “asamblea”, ¿no creen?
Según el Diccionario de la Real Academia Española, la definición del vocablo “asamblea” muestra el resultado que vemos en la toma de pantalla que aparece encabezando este escrito.
El vocablo proviene de un galicismo, “asamblée”, y en sus tres primeras acepciones nos dice:
Primera: “Reunión numerosa de personas para discutir determinadas cuestiones y adoptar decisiones sobre ellas”. Del cual podemos decir, si nos atenemos al caso cubano, que mientras lo segundo siempre se cumple unánimemente, lo primero nunca sucede. Nada en esa “asamblea” nacional se discute y siempre se tiene el mismo final: levantar con unanimidad la mano para asentir al “discurso” oficial.
Segunda: “Órgano político constituido por numerosas personas que asumen total o parcialmente el poder legislativo”. Lo más interesante en el caso cubano es que las principales leyes son promulgadas por un poder permanente que es “elegido” una vez cada cinco años, y nunca por la Asamblea Nacional cubana que, además, nunca interviene, o sólo cuando es necesario para darle el respaldo mediático y cubrir apariencias. Pura formalidad.
Burocracia Socialista.
Así tenemos que, en los últimos años, todas las leyes que los medios de comunicación internacionales han llamado “reformas” han sido promulgadas por ese poder extraparlamentario, el “Consejo de Ministros”, que es elegido por este “Parlamento” sin voz – como ya dije cada cinco años – y cuya única tarea, real, consiste en ser convocado para aprobar formalmente lo que ya es, de hecho, una ley funcional.
Es decir, nadie tiene poder total o parcial en esta “asamblea” cubana.
Sigamos.
Tercera: “Reunión que en situaciones especiales asume todos los poderes”. Curiosa definición académica, pero esto no es posible  en Cuba, aunque la formalidad existe en sus documentos fundacionales. Nunca ha existido, y como ya dije, lo contrario es la regla: que el poder extraparlamentario, del dictador o de su coro funcional de marionetas – el Consejo de Ministros – asuma todas las funciones de poder de manera cotidiana, inconsulta.
Y así llegamos a las dos últimas definiciones de “asamblea” que constituyen, en realidad, la definición precisa de lo que en Cuba es su Asamblea Nacional. Desgraciadamente esta definición  es esencialmente militar.
Pero, ¡cuán apropiado para el caso cubano!
Porque, sí, en el caso de Cuba, los “parlamentarios” se reúnen sólo para “su instrucción” o para “entrar en campaña”, como con toda propiedad define la Academia Española de la Lengua. Y, con mucha más extraordinaria precisión, los parlamentarios cubanos se unen y forman “en sus cuerpos respectivos y lugares determinados” al toque de la trompeta militar castrista desde el Palacio de Gobierno donde preside… un general.
Y que no se me olvide que con las “reformas” muchos de esos militares han invadido el organismo civil de la sociedad cubana, entre ellos su “asamblea” nacional, vestidos o no con sus chaquetas verdes.
Entonces, gracias a la Academia Española podemos prescindir de todo diccionario político y filosófico para definir nuestro órgano superior de dirección como lo que es: una dictadura militar.
Y en esta Asamblea Militar, su Presidente “electo”, el General Raúl Castro, sólo ha podido encontrar un único motivo de “éxito” de la “revolución” cubana. En sus palabras:
"Hay un éxito en el cual ha jugado un papel fundamental nuestro pueblo, al cual un día habrá que ponerle una estrella de héroes de la república, de héroe de la revolución a todo este país, a la mayoría de este país, que han resistido, y están venciendo al imperialismo"
Que sólo haya podido encontrar, entre todo el arsenal de argumentos posibles, un solo “éxito” y ese sea del tipo indefinido que es, “resistir el imperialismo”, ya de por sí nos muestra la desesperación en que se encuentran los gestores originales del “proyecto revolución cubana” para hallar razones a su existencia política.
No cuentan con nada. Se les acabó hasta el populismo, las razones originarias de aquel 1959, los sueños “se fueron a bolina”, como pudiera decir un viejo poeta, mal devenido “guitarrero ideológico” por allá, rodeado de sus “serpientes de mar y de cierto mar”.
Y es racional.
Ni la economía demuestra nada alentador, los fracasos en la educación han llevado que en días recientes hablen de reducir a la mitad las universidades, el éxodo cada vez mayor de jóvenes deja sin el necesario relevo generacional a esa misma Asamblea Militar, y la Salud Pública, una de sus banderas populistas por excelencia, ya no resiste el escape de personal hacia “misiones internacionalistas” a Brasil, Venezuela, Ecuador, cualquier otro lugar, del cual muchos de ellos nunca regresarán.
Han tenido que retroceder en la historia y dar marcha atrás a lo que Fidel Castro denominó “ofensiva revolucionaria” para rescatar, si es posible hablar de rescate, la iniciativa privada que fue definida como “parásita” en 1968.
Ya nada les queda… ni tan siquiera su lenguaje que, en un desliz infeliz, le hace quedar hasta su recién estrenado “co-progenitor” – para llamarlo de algún modo - en ridículo, cuando utiliza un típico anglicismo: “jugado un papel” en lugar del muy castellano y español, como quieran calificarlo, “representado un papel”.
Lo que me hace pensar que, ni fue muy buena la educación recibida por Raúl Castro de mano de los hermanos LaSalle, o el asistente que le escribe o corrige sus intervenciones públicas tiene su mente demasiado ocupada leyendo en inglés, pensando en inglés y soñando, quizás, también con escaparse para algún lugar inglés.
Nada, que también el cubanismo castrista nos descubre que asistimos a la época final del régimen de La Habana.

2 comments:

Mario Riva said...

Muy bueno

Manuel Castro Rodríguez said...

Excelente, pero discrepo del final. No es casualidad que el Parlamento ruso aprobara la condonación a Cuba de la deuda de 35.000 millones de dólares, el mismo día en que el Kremlin anunciara la visita del presidente Putin a Cuba para el 11 de julio. Tal parece que esto va a ser una repetición de lo ocurrido hace medio siglo, primero como tragedia y ahora como farsa.