Tuesday, July 22, 2014

El Caballo de Troya

“El caballo estaba en pie, y los teucros, sentados a su alrededor, decían muy confusas razones”. Asi comienza Demódoco a cantar, invitado por Odiseo, como estaba “dispuesto el caballo construido por Epeo con la ayuda de Atenea”.
Primero se deslumbraron y le abrieron sus puertas. Sorprendidos, henchidos de felicidad por tamaña ofrenda de los dioses a su resistencia, se emborracharon de felicidad, y se durmieron en sueños de victoria. ¡Era tanta la hermosura!
Y sucedió lo inevitable. Así nos cuenta Homero en “La Odisea”, 8.514:
“Cantó cómo los aqueos, saliendo del caballo y dejando la hueca emboscada, asolaron la ciudad; cantó asimismo cómo, dispersos unos por un lado y otros por otro, iban devastando la excelsa urbe”
Cayó Troya. Desapareció una civilización. Comenzó el mito.
El caballo de Troya nos recuerda que, muchas veces, la ingenuidad y la decencia en política conducen al desastre. Y se me ocurre que esta invención de Atenea, del ayer griego, puede ser la invención del filibustero oportunista dentro de las mismas murallas de la Troya moderna, los Estados Unidos.
Odiseo hoy no representa ninguna cultura moderna, sino la contracultura del retroceso, de la esclavitud del hombre a un mito. Y el caballo está allí, convertido en nombres, intelectos convertidos en poleas conductoras del mal, dentro de las mismas murallas de la Troya demócrata.
¿Nombres?
Arturo López-Callejas, alias Levy, se me ocurre.
Este gusano convertido en mariposa ponzoñosa que, con una rara operación transformista, desmontó un apellido de su nombre para engancharse otro, y ganar el camino hacia la tierra prometida de Israel. Puerta perfecta para su entrada, en estado larvario, en los predios académicos del imperio moderno: los Estados Unidos. Troya académica e intelectual de la modernidad.
Y allí engullir las mieles del saber, títulos honorarios, gargantillas académicas con que reclamar una intelectualidad servicial, no al liberalismo que dice reclamar para sí mismo, sino para el oculto empleador de su origen. Una vieja larva represiva, adormecida en las ramas verdes y frondosas de la académica Troya moderna, con manoplas de plumas y palabra azucarada, convertida en mariposa multicolor, engalanada con el florido verbo de la duplicidad y el engaño.
Arturo López-Callejas, alias Levy, con autentico ADN castrista. Que se dice liberal, y sólo acude al mercado de las palabras para atacar a verdaderos liberales con posturas verticales contra el imperio del poder que encarna su empleador, en esa isla cercada del Caribe.
Ayer lo hizo contra Carlos Alberto Montaner, pero el gran cubano, que conoce muy bien la psique enroscada en estas larvas troyanas, le suministró el oportuno jarabe del desprecio. La justa medicina para estos insectos en su transformación en mariposa.
Hoy lo hace con Enrique Krauze en el sitio de CubaEncuentro que, por alguna extraña razón, le abre las puertas de su Troya. ¿Cuándo fue la última vez que vi algún escrito de Montaner en ese sitio?
Hmmm, no recuerdo. ¿Lo hubo alguna vez?
Hoy le envié a Krauze, vía Twitter, alguna advertencia.
No es que dude de su altura para responder a este aprendiz de mariposa con ponzoña. No, no dudo de Krauze. Pero el peligro está en la respuesta. Temo que el mexicano alargue su manopla de inteligencia y lo aplaste, provocando la atención, que es lo que él pretende atrapar.
Individuos como estos no reclaman la discusión intelectual, reclaman sólo la atención, la buscan, desesperadamente tratan de imponerse en el mercado de las palabras y las referencias. Mercadeo de centralidad para convertirse, o apoderarse, o ambas, de una marca que no poseen.
Ese es su objetivo. Convertirse en referencia. Que su palabra y su nombre se transforme en marca registrada en política, y se acuñe cada vez que se mencione Cuba. No es discusión académica. No ahora, ahora es la ocasión de conseguir un nombre, un escalón, un título que se cuelgue como una etiqueta en los diarios, internet y el mundo académico cada vez que, en la nueva Troya, se mencione “revolución cubana”, Cuba, sus servidores y su ADN materno.
¡Ojo! Lo que se necesita es el sombrero de la astucia.
Ignorarlo. Despreciarlo. Olvidarlo. ¡El mismo oportuno jarabe de Montaner!
Ante las puertas se encuentra este “caballo de Troya”, esperando a que los teucros sigan “con sus confusas razones”. Y nos cuenta Homero:
“y vacilaban en la elección de uno de estos tres pareceres; hender el vacío leño con el cruel bronce, subirlo a una altura y despeñarlo, o dejar el gran simulacro como ofrenda propiciatoria a los dioses; esta última resolución debía prevalecer, porque era fatal que la ciudad se arruinase cuando tuviera dentro aquel enorme caballo de madera
¿Dejaremos esas puertas abiertas para este agente de inteligencia, transformista de apellidos, con sangre auténticamente castrense?

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