Tuesday, June 10, 2014

Los olvidados del embargo

No pasa un día que la prensa de Cuba no se socorra de esa palabra, o en su lugar la oposición, los periodistas oficiales y los independientes. Hablan del embargo los políticos del sur de la Florida, o la ex secretaria del Departamento de Estado en su flamante libro de memorias. Hablan los “patriotas del brete”, estos que se pasan los días llenando posts con sus particulares y muy personales cacerías de brujas a sus enemigos ficticios, y reales en Cuba, endilgando adjetivos, hablando de “democracia”… sin practicarla.
Demócratas y totalitarios. Filósofos de café con leche. Artistas, intelectuales de 40 firmas. Humanos y “divinos”, pero todos se olvidan de hacerle la pregunta a quienes verdaderamente corresponde: al pueblo de Cuba.
Permítanme decirlo con total exactitud: a la individualidad que definimos como pueblo de Cuba. No al concepto del que todo el mundo se socorre eufemísticamente.
Esos son los verdaderos olvidados del embargo.
A un oficial del gobierno de Cuba difícilmente le faltará el vaso de leche para su hija, pero a esta pobre vieja que reposa, ¡quién sabe a qué hora!, en una esquina de La Habana Vieja seguro que no le llega.
Es culpa del otro embargo, el del gobierno de Cuba a sus ciudadanos, de eso no queda dudas, pero ni ese gobierno se atreve a hacerle la pregunta y nosotros nos olvidamos que el sujeto fundamental de la libertad de ese país es, precisamente, esta mujer olvidada en el invierno de su edad en esta esquina.
Hablamos del embargo y presuponemos que todos, o la mayoría, una gran mayoría aprueba ese embargo. Pero no preguntamos.
¿Tenemos miedo?
En el otro extremo nos encontramos las sesiones de la ONU donde tantos gobiernos occidentales votan en contra de Estados Unidos cuando, en su política hipócrita y oportunista, la representación del castrismo presenta sus resoluciones sobre el embargo… del gobierno americano.
Nadie se le ha ocurrido preguntarle sobre un referéndum sobre ese embargo a los sujetos activos, a los que olvida el gobierno de Cuba preguntarle por todo: por cada ley que aprueba, cada absurda legislación que, con mansedumbre de cordero, aprueba una Asamblea Nacional que nunca pregunta a nadie.
En este conflicto ya nadie recuerda, además, que el embargo fue impuesto como sanción por haber requisado el gobierno de Fidel Castro las propiedades de los hombres de negocios norteamericanos. Por supuesto, más tarde apareció la sugerente justificación política de la libertad, la democracia con su Acta, pero el nacimiento fue aquel.
Eso también lo ignora, muy posiblemente, esta mujer que envejece tristemente en su esquina en La Habana.
Nadie le ha preguntado su opinión. Nadie conoce cuál sería su respuesta.
Posiblemente no recibe ninguna ayuda de ningún familiar en el exterior. La seguridad social de aquel gobierno, es posible, le otorgue una mísera cantidad de un dinero que no vale ni para una semana de su subsistencia, y aquí la vemos dormida en una esquina.
¿Qué pensamientos albergará antes de quedarse dormida en este muro?
¿Conocerá que existe este embargo que tanto se debate en el mundo sin su conocimiento ni su respuesta?
Nos hemos apropiado de su respuesta: ¡Todos!
No, no se hagan las falsas ilusiones de que ella es ese caso triste perdido en la calurosa tarde soleada de La Habana. Pueblos enteros, pequeños y grandes, de los que nadie se acuerda ni se menciona en ninguna prensa, tienen cubanos como ella, subsistiendo de una libreta de “abastecimiento” que no abastece, de una “seguridad social” que no asegura nada.
Tienen embargadas sus vidas.
Esperando.
Y alguien habla de libertad, democracia y derechos humanos… pero nadie le pregunta su opinión a esta pobre vieja adormecida en esta esquina.
La semilla de la arrogancia intelectual emigró con nosotros aquel día que decidimos abandonar Cuba. Esta aquí. Respondemos por ella. Por esa anciana que duerme.
Lo sabemos todo.
Creemos saberlo.
¿Cuánto más puede esperar un ciudadano cubano por ser considerado como persona, ente activo en una sociedad?
A Raúl Castro no le faltará su desayuno y su pan de calidad, caliente, y un refrigerio a media mañana. Las tres comidas imprescindibles del día.
¿Nos hemos preguntado cómo sobreviven las personas que no tienen ayuda de nadie, ni del gobierno, ni de un hijo o familiar en “la yuma”, ni del trapicheo ni de la “lucha” diaria?
No es el fútil ejercicio filosófico, ni tampoco el rejuego intelectual lo que provoca estas preguntas. Los verdaderos protagonistas de la tragedia en Cuba nunca han sido preguntados por nadie, no han tenido la oportunidad de la respuesta.
¿Hasta cuándo tendrán que esperar?
¿Hasta cuándo estaremos usurpándole su respuesta?

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