Sunday, June 15, 2014

Embargo y Dictadura: penúltimas palabras

Se ha escrito mucho, sobre todo en los últimos días, sobre el embargo y no se ha dejado de escribir sobre la dictadura, aunque algunos esquiven con las palabras el término. Agregar algo propio y, a la vez, original, se hace difícil. Aunque la originalidad no es una categoría segura y aconsejable en política.
Se puede ser original para eliminar la vida, como lo hizo Valeriano Weyler en nuestra guerra de independencia de España, y se puede ser original para defenderla, como lo hizo Martí con la palabra y con su ejemplo.
Tratemos, pues, de decir lo propio y olvidemos la originalidad.
Se defiende el embargo, o se le condena. Las coordenadas pueden ser diferentes, pero la esencia es la misma. Entre las dos posiciones no hay nada, ni queda nada: no puede haberlo.
El tiempo, las hipocresías políticas, que en ese terreno es la cosecha común de políticos y partidos, los cambios en las tendencias en el mundo, y también el cansancio y lo que Mario Vargas Llosa ha llamado, con mucho acierto, la “Decadencia de Occidente” – léase el artículo en “El Pais” – ha provocado esta marea eufórica para levantar el embargo a Cuba.
La pregunta esencial sería, en cambio, ¿se “levantará” la dictadura al pueblo de Cuba?
Mi opinión: no lo creo.
Nada cambiará en Cuba: con embargo y sin él mientras se mantenga el mismo régimen de segregación política.
Factores, muchos.
Más de 50 años de práctica totalitaria, y un país que se escapa. Una juventud que no encuentra ningún proyecto social dentro del mismo, complicidades represivas, miedo, asfixia social y cansancio político ha hecho de la pequeña isla “un país destronado y menor”, tomando prestadas las palabras de Vargas Llosa.
Cuba ya no es referencia para nada, o al menos para lo peor.
Y los cubanos no parecen tener deseos de cambiar nada. Es así de sencillo: no nos engañemos. Puede llamarse “oportunismo”, pero esa categoría se la puede colgar a muchos de los que agitan la bandera del embargo en algunos predios, tanto como a los que agitan el anti-embargo.
Muchos salieron de Cuba callados, y no son capaces de reconocer aquel lejano silencio como primer paso de su liberación espiritual. Gritan hoy en las redes, agitan banderas que no levantaron en las plazas. Allí, entre la “reconcentración de Castro”, escribieron “carticas de amor” al régimen. Hoy escriben “carticas de odio” a los mismos personajes.
Entre las dos las fronteras se borran.
Pero seamos concretos. La política del embargo es tema netamente norteamericano. Lo impusieron ellos, y son ellos los únicos que deben decidir. Sí, los únicos.
Todos los demócratas del mundo, los que dicen serlo, los que lo son, o los que con sonrisa neuro-plástica lo suscriben, reclaman a los Estados Unidos, al “país que hasta ahora había asumido el liderazgo del Occidente democrático y liberal” – usurpando otras palabras de Vargas Llosa en el artículo de marras -, que libre por ellos el banderín que otros no han hecho, incluidos nosotros mismos.
Se puede entender esto: es normal que el ser humano busque un modelo de realización personal, social, político. No perfecto, pero perfectible y atractivo. Lo hemos hecho todos, pero no lo hemos practicado.
Cuba vive en la originalidad del país sitiado de Valeriano Weyler, y no precisamente por Estados Unidos, sino por el imperialismo interior de su gubernatura.
¿Será eliminado ese imperialismo con el embargo?
Mi opinión de hoy, en esta coordenada de tiempo de Junio del año 2014, me dice que no… pero puedo equivocarme.
¿Vale la pena, entonces, el embargo para derrocar una dictadura como la cubana?
Mi respuesta es que esa pregunta se la deben responder los americanos y su conciencia. Si, como sugiere la encuesta “America Self_Contained?” de la revista “The American Interest”, la Administración Norteamericana ha decidido jugar el rol de “país destronado y menor” muy posiblemente veremos la caída del embargo, y también la búsqueda desesperada a su desaparición como referencia en el mapa político. Ya lo sugiere la Sra. Clinton en su libro “Hard Choices”.
Punto de reflexión para la próxima presidencia americana.
De otra forma, ese gran país tendrá que encontrar nuevos cauces que encaminen su política exterior para volver a ser referencia, y para crear las condiciones que propicien que “modelos” como el del gobierno de Cuba no subsistan. La forma en que lo haga no corre, precisamente, levantando gratuitamente el embargo, pero esta es mi opinión. Y yo no seré nunca Presidente de los Estados Unidos.
Para los cubanos, los que quieren tener un futuro y un destino en la isla que son, en definitiva, los que deberían ser los protagonistas de este debate, la pregunta no debería ser “embargo o no-embargo”. La disyuntiva esencial que deberían enfrentar es: castrismo vs libertad, totalitarismo vs democracia.
Las respuestas no están en las preguntas, ni tampoco en las manos de otros ciudadanos  en otras latitudes. Están en las calles de La Habana. Los embargos no tumban gobiernos, lo hacen los pueblos, no se olvide esto.
Como ven, no hay nada original en nada de esto. La respuesta ha existido siempre, sólo que nos cansamos de eludirla por muchas razones.
Y esta son mis penúltimas palabras.

0 comments: