Sunday, June 22, 2014

El sujeto de cambio

En una de esas edulcoradas entrevistas convertidas en éxito editorial que Fidel Castro sostuvo en los 80, el desgastado caudillo – quizás por uno de esos lapsus que ya anunciaban su decadencia senil - tuvo la aventurera ocurrencia de declarar que sus éxitos políticos superaban lo que en el terreno económico el régimen de Cuba había logrado.
Por supuesto, se hace difícil comprender que un régimen en constante bancarrota económica hable de ‘éxito’ político, y especialmente ese hacedor de ‘milagros’ para la izquierda caviar. Pero Macondo no existe solo en literatura para leer y disfrutar en las tardes latinas, sino también para hipnóticamente creer que existe ese loco lugar, encerrado entre las aguas del Caribe, donde un caudillo envejece amurallado y divinizado, y aún en su silla celestial donde se le siguen concediendo honores y premios académicos.
Que disienta de este mediocre cosechador de ‘vendedores de corbatas’ no es nada nuevo, pero en esta muy oportuna ocasión creo que su memoria se olvida de lo único que ha logrado cosechar en su vida. El premio mayor en su carrera política lo ha encontrado Fidel Castro en haber edificado esa sociedad de ‘hombres nuevos’, indiferentes al futuro político que, en aquella azucarada entrevista, trataba de reclamar éxitos espurios que no posee.
La juventud es la fuerza social motora de toda sociedad. Sin ella, sin su empuje vital, el futuro de cualquier país carece de la centrífuga catalizadora de ideas. La intromisión política hasta en los más sagrados rincones de la sociedad cubana provocó la aparición de esta Generación Z, más interesada en alcanzar con sus dedos un avance tecnológico que un cambio social y político en la isla.
Se puede argumentar que es un hecho global, y puede parecer cierto, pero miremos con un poquito de mayor atención la geografía política del planeta y veremos como en Venezuela, por ejemplo, es el movimiento estudiantil quien cosecha protestas y exige cambios. O quizás, al otro lado del Atlántico, donde también una juventud encabeza las marchas y cuestionamientos en esa España monárquica.
Se puede estar de acuerdo o no, se puede cuestionar lo justo de sus reclamos o lo errado de sus protestas, pero esa juventud existe, no está ausente del escenario político de su país. No es una “Generación Z”, ese hombre nuevo cosechado en Cuba que solo piensa en escapar, irse del país, alcanzar con la punta de los dedos la tecnología para contactar "el mas allá" occidental, buscar ‘la mula’ que le traslade su coordenada geográfica para algún otro entorno, no aparece en esos entornos, es una cosecha solo reverdecida en los predios del anciano loco.
El hombre nuevo de Castro, y el que Díaz Canel reclamara nuevamente por estos días, no es un sujeto para el cambio de la historia, no es el combustible social que mueve la sociedad cubana, no reclama su papel en la historia del país, es solo ese pequeño peón de ajedrez a quien una mano unidireccional mueve su destino.
Ya he hablado alguna vez de ese viejo-nuevo peón de ajedrez, sustituirlo es la única oportunidad de cambiar la indiferencia social en Cuba. Destruir el único "éxito" castrista es la única oportunidad de que Cuba cambie para bien de sus propios, actuales y futuros, habitantes. Pero para que eso pueda suceder los cubanos deben dejar de querer ser sujetos inertes de la historia y convertirse en sujetos para el cambio de esa historia.
De otro modo, ese hombre ‘nuevo’ seguirá siendo aquel triste peón de ajedrez, la pieza clave en la indiferencia que reclama una ideología que considera al hombre ese “animalito” infeliz, incapaz de generar por sí mismo su propio sustento social, filosófico y moral.

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