Sunday, June 22, 2014

El Planeta Silvio

Casas confortables. Giras artísticas e intelectuales alrededor del planeta. Marketing político de barricadas y aviones. Barricadas de sillas y presidentes. Malos versos y malos poetas, figuras cómodas y apropiadas en el lenguaje bífido de algunas especies, consumidas en la ancianidad. Vida refrigerada, alejada del duro bregar de la calle habanera.
Serpientes de mar, ¿no lo dijo predijo alguna vez?
Lo ignoran todo, pero la lengua dividida en su punta no puede esconderse en la boca desdentada para opinar por los demás, a pesar de que se les escape que “la gente está mucho más jodida de lo que pensaba”. Oficio de ofidios, pluma prestada.
Y ¿qué pensaba?
¿Por qué calles de La Habana han caminado estos personajes?
¿Cuándo ha sido la última vez que Silvio Rodríguez, Alicia Alonso, Alfredo Guevara o el señor Fidel Castro han visitado el final de la calle Monte y “descubierto” las ruinas del “Palacio de las Ursulinas”?
Allí han estado desde hace más de 20 años, cayéndose. Olvidadas en el olvido de sus palabras.
¿Alguno de estos ha tomado algún tren hacia Oriente desde la Estación Central de La Habana alguna vez en alguno de los últimos 30 años?
Puede variar la cifra, añadirle años. Desde algún lugar en el pasado sus memorias se detuvieron en el tiempo y en algún lugar. No en Cuba
En el camino a la histórica estación férrea, si lo han hecho, ¿no se han percatado de la edificación en la intersección de las calles Economía y Misión?
¿No saben dónde quedan las calles?
Cayéndose también a pedazos, allí, donde viven decenas de familias en cuartitos de menos de 3 metros cuadrados, echando la basura, la mierda, el orine a la calle. Sin vanos ni agua corriente, en el mismo corazón de La Habana. No hay que ir a Oriente para verlo.
Tampoco hay que dar conciertos para ver “esa jodida realidad”. La realidad nos abofetea la cara cada vez que salimos de la puerta de nuestras casas en La Habana.
A Alfredo Guevara nadie “le podía decir que esa miseria existe”, pero vivía en un lujoso apartamento rodeado de originales de los grandes pintores cubanos. Ninguna reproducción comprada en un mercado de tercera se rescató de sus paredes acabado su funeral. Este espécimen nunca se le vio recorrer aquellas sucias calles desde que se sentó en su oficina del ICAIC La Habana. Nunca más volvió a ver como tantos viejos edificios en intersecciones tan conocidas como Carlos III y Ayesterán se caían en pedazos… para poner un ejemplo.
O visitar el Hospital “Emergencia” cuando le subía estratosféricamente la presión arterial a la oscura mención de García Buchaca
De la destrucción y la miseria de La Habana no se pueden poner ejemplos… porque no alcanzaría el espacio que un post puede y debe consumir. Visítenla y pregunten por nombres, lugares y contornos arquitectónicos. La Habana muere en pedazos.
Ninguno de estos miembros élites del “planeta Silvio” se entero, se ha enterado, lo sufre o siquiera logra comprenderlo. Para ellos el cubano es incomprensible. No creen que ese pueblo “valga la pena”. Alfredo Guevara no cree en su “calidad” con la eterna levita echada sobre los hombros, suspirando por ver aparecer la torre Eiffel apenas logre abrir su ventana desde su apartamento en La Habana.
Un milagro “garciamarqueano” propio del Macondo habanero.
Para Alicia Alonso, todos sus bailarines son corifeos “del cuerpo de baile” que tienen aún mucho que aprender y se marchan a mitad del camino. Para ella solo hay un camino: la esclavitud silenciosa.
¿Se ha preguntado por qué se marchan… aún en el presupuesto de que estén en mitad de su camino como profesionales?
El caso de Fidel Castro es extremo. No ha vivido nunca en Cuba, al menos no en la Cuba de los cubanos, rodeada de sus aguas cristalinas, el bochorno tropical del sol, sus malos olores de ciudad y el terrible sucumbir del transporte público que soporta sus verdaderos habitantes.
Cuando se proponía lograr algo metía manos a esos bolsillos públicos, que nadie recuenta, y se zambullía a  construir guarderías infantiles – “círculos infantiles” en el argot cubano – y lanzaba la campaña ferviente de guarderías por toda La Habana, inaugurando cada uno, aplastando a los verdaderos habitantes del otro planeta, el real, con aquel verbo macondiano, enjundioso, interminable, infinito.
Círculos de infantes para una Habana que no tiene casas y se les derrumba hecha pedazos.
No importaba que acabadas sus palabras aquel techo se filtrara ante cualquier llovizna pasajera, las encargadas del cuidado infantil intercambiaran palabrotas entre los infantes, y las paredes se despintaran a los pocos días de su milagrosa aparición en aquel pequeño rincón del otro planeta, donde nunca habia estado su majestad.
Pero Castro vivió un planeta alucinante desde una edad más temprana. Desde aquel día que auguró 10 millones y no logró alcanzar su meta, o mucho antes. Manejó los bolsillos de todos y creó su Macondo cerebral rodeado de “vestidores de ideas” enganchados en corbatas en su escaparate ideológico.
No le hablaba al pueblo, se hablaba a sí mismo y aún lo sigue haciendo desde algún rincón, mascullando una postiza armadura de dientes, pensando que existió en alguna Cuba, cuando nunca lo hizo.
Los cubanos pagaron su incoherencia, y él vivió su sueño… en algún otro planeta.
Como lo ha hecho el jodido de Silvio a su haber, Alicia Alonso parada sobre las puntitas de sus bailarines en aquel Gran Teatro que eternamente se reconstruye y Alfredo Guevara, arrastrando sobre sus hombros la chaqueta de algún otro en su vida refrigerada.
Un planeta distinto, una Cuba imaginaria, algún otro planeta intergaláctico de ideas.
Sólo eso.

3 comments:

polo rosales said...

Opinión muy interesante para entender el planeta Silvio.
aunque no lo publiquen porque no contiene loas y alabanzas a San Silvio al menos el moderador comisario de este blog tendrá la oportunidad de leerlo y en privado con el mismo se dirá que es cierto que estos idealistas han vivido su sueño en una burbuja de cristal hablando en nombre del pueblo pidiéndoles sacrificios mientras ellos ven la realidad a través de su óptica personal y los espejos de sus mansiones capitalistas alejados del pueblo que esta realmente bien jodido, extremamente jodido, de eternos pobres han pasado a ser miserables con pena y rabia de sentirse engañados y dejados a su suerte.

polo rosales said...

Así fue como lo publiqué en el blog de San Silvio segunda cita, nunca publican ningún comentario que se aleje de la guataquería de los idiotas. saludos desde Montreal.

Juan Martin Lorenzo said...

Un saludo desde Toronto. Yo no modero mi blog, y no acostumbro responder porque creo los comentarios son el espacio que los lectores tienen para dar su opinion. Pero no me sorprende que esos sitios solo admitan la opinion complaciente.

Saludos,

Juan Martin