Tuesday, June 3, 2014

El ojo cerrado a Tiananmen

25 años hacen de la matanza ejecutada por la dirigencia comunista china contra las protestas en Tiananmen. Desde entonces, nada ha cambiado en China con respecto a los derechos humanos, y occidente sigue siendo el mismo: hipócrita y oportunista.
En aquella tragedia, y en las vidas que costaron, tienen también su carga de culpa las democracias occidentales que, con tibieza, o sin ella, “condenaron” los hechos pero no hicieron nada… por la sencilla razón de que China representaba, y aún hoy representa cada día más, un mercado inmenso de 1.5 billones de esclavos, consumidores y maquiladores
China era entonces y cada día lo es más, una maquiladora inmensa de mano de obra barata en manos de un aparato milimétricamente cronometrado para someter, sojuzgar, y si es necesario asesinar a quienes intentara oponerse… como lo demostraron en Tiananmen entonces.
Muchas veces se le carga a la izquierda, y con razón, el manipular los crímenes horrendos de sus míticas leyendas políticas y filosóficas, ocultarlos, renegar de ellos e incluso impugnarlos asquerosamente. Pero la matanza de Tiananmen existió porque occidente, el occidente demócrata que tanto condena los totalitarismos, no supo plantarle cara a la China comunista y cerrarle los mercados, someterla a un cerco total como se lo merecía ante la masacre. En vez de eso, le tendieron la mano para el mercadeo, desmontaron fábricas de Norteamérica para instalarlas en aquel gigante de baratijas.
Y aquí tienen culpa los gobiernos, y también los hombres de negocios de occidente. Los gobiernos porque no impusieron políticas de freno para impedir aquella matanza, o al menos para castigarla. Y también los gobiernos porque no instalaron leyes que prohibieran, sancionaran e impidieran que los comerciantes no hicieran negocios con la trata humana a precios de baratijas, como lo han hecho.
La culpa de los hombres de negocios es la misma en todas partes: no les importa el costo humano del dinero que hacen. Hoy mismo lo vemos. La compañía de Jack Dorsey, Twitter, accedió a  la censura gubernamental del gobierno paquistaní. Lo mismo ocurre con Google y con Facebook en China. Apple fabrica toda su parafernalia en el país que ejecutó la orden de asesinar en Tiananmen. Y allí ha llevado a la muerte a cientos de personas por la inhalación de productos tóxicos empleados en la fabricación de su tecnología de comunicación. Productos tóxicos que no pueden usar en la Norteamérica democrática.
La tecnología de la información esconde una tumba sangrienta en China, pero eso a nadie le interesa. Como tampoco le interesaron los tanques que cruzaron por encima de los cuerpos de los estudiantes de entonces en Tiananmen, para que hoy las grandes corporaciones cruzaran el océano, se instalaran en aquel gigante asiático y explotaran su mano de obra barata.
A nadie le importó entonces, ni le importa ahora.

Las órdenes fueron dadas desde un cómodo despacho en Beijing por un mandarín comunista chino... pero el beneplacito se propagó por occidente.
¿Les enseña esto algo a los cubanos?
Pues sí.
Nos enseña que las reglas del juego son las mismas de entonces.
La carta de iglesias, ex miembros de gobiernos norteamericanos, ex legisladores y negociantes americanos, las voces en contra del embargo y el castigo contra el castrismo tienen un precedente en Tiananmen, 25 años hoy.
Enseña algo más.
En la medida de que crezca el interés de esos negociadores de víctimas en introducir sus manos inescrupulosas en el mercado Cuba; en la medida en que se haga cada vez más claro que pueden instalarse con sus maquiladoras de baratijas, a costos de indios con taparrabos del siglo XVIII en la isla, y con todas las garantías de ningún otro desalojo, los embargos, las políticas de gobierno para promover la democracia y los derechos humanos serán olvidadas… en aras de cualquier cosa como, por ejemplo, “promover la democracia”, la misma que hoy cumple 25 años en China luego de aplastar con tanques los cuerpos de estudiantes, y enterrar en vida a opositores y defensores de los derechos civiles.
Democracia para victimarios discurriendo elegantes discursillos en la ONU.
Totalitarismos para víctimas atropelladas por tanques en Beijing… o en el malecón de La Habana.
Tiananmen no sólo habla de China, también nos habla de Cuba, de la Cuba de hoy y de la que puede ser mañana.

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