Sunday, May 18, 2014

La Provincia Cubana

A veces no dejo de pensar que Cuba se ha convertido en una provincia del mundo, y los cubanos somos mucho menos que esos aldeanos que arrastran su vida desde que el sol pestañea, arando alguna tierra infértil, cuidando de que la vajilla usada de la abuela, hecha en alguna factoría inglesa con porcelana china, agrietada y ya manchada por los años, no pierda su última pieza en el ajuar que tendrán nuestros hijos.
Aldeanos que no registran el futuro de sus vidas, que deshojan diariamente sus vidas y no miran el futuro. Agobiados de problemas, silencios, divisiones y enredos familiares. El hermano que vio partir y hoy regresa para darles la sobrevida a “los viejos”, o al que quedó dándole frente a la ancianidad de “los viejos”.
No se vive, se sobrevive. Se expende un refresco aguado hecho de cualquier esencia olorosa. Se “toma prestado” el aguacate de algún solar, la pieza de repuesto de algún equipo en algún almacén desvencijado, se vende la hojarasca que se recibe y se recicla, se escucha los conocidos cuentos de los recién llegados, ayer recién partidos, convertidos en esa pequeña tabla del entramado multinacional de este mundo.
Aldeanos.
La política, las leyes, los discursos no se integran a la realidad, o a la cotidiana vida arrastrada por alguna plaza. Un viejo equipo ruso, o chino, o quizás un LG “moderno”, obtenido por una de esas dádivas familiares de los que “se fueron” y todos los años regresan, muestran una imagen que no existe mas allá que la refrigerada visión de un noticiero oficioso.
Escapamos.
Cuba es esa aldea infeliz a la que todos regresan y no quieren olvidar, pero que no hacemos por cambiar. Una provincia olvidada del mundo, que todos quieren explotar a su antojo. Quizás como referencia para algún paria político en España, o la fruta deseable en el árbol oportuno de algún astuto empresario en busca de un mercado libre de la verde moneda de lengua shakespereana.
Despojados.
Hemos quedado como la naranja del vecino que alguien desgaja de su rama seca, descascara con la esperanza infértil del zumo dulce y nos exprime, devolviendo al suelo polvoriento este hollejo inútil del que algún pájaro se nutre, en alguna aldea olvidada de este planeta.
Provincianos.
Allá, muy lejana, muy sufrida, donde no nos toca su dolor y podemos cerrar el párpado cuando regresamos a la cama, Cuba cierra los ojos, y vuelve a dormir.
Mañana nos devolverá algún otro día.

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